[R-P] [Antonio Caballero] Colombia, un país de ficción
Nestor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Vie Abr 10 14:31:16 MDT 2009
Gentileza Bob Weiss
Semana – Colombia – 10.04.2009
Opinión
Un país de ficción
/Olga Cecilia piensa publicar más detalles de sus aventuras "en un libro
que saldrá pronto al mercado". Habrá que comprarlo, para conocer nuestra
historia./
Antonio Caballero
Yo no sé si las cosas que pasan en Colombia son ciertas, pero no me
parecen verosímiles. Y sin embargo las cuentan, con la cara seria, los
más serios personajes: presidentes de la República, altos magistrados de
las Cortes, arzobispos de la Iglesia, generales del Ejército y de la
Policía. El Registrador, por ejemplo, acaba de informar que circulan por
ahí las cédulas de un millón quinientos mil colombianos muertos que
pueden ser definitivos (no se sabe si a favor o en contra) en el
referendo reeleccionista del presidente Uribe. Todo lo relacionado con
ese referendo es inverosímil: el hecho mismo, el texto redactado, los
dineros recaudados, las contribuciones de hampones conocidos. Hasta las
firmas deben ser ficticias: las reconoció el mismo Registrador que habla
de las cédulas perdidas, así que a lo mejor son firmas de muertos, como
las que en los más terribles tiempos de la violencia
liberal-conservadora de hace medio siglo denunciaba Laureano Gómez: "¡Un
millón ochocientas mil cédulas falsas!".
Todo es inverosímil, digo. Miren ustedes, por ejemplo, la última portada
de la revista Cambio. Es cierto que últimamente se ha venido
especializando en revelaciones rocambolescas sobre un estrambótico
personaje que compró media Colombia y unas islas del Caribe con una
fortuna amasada vendiendo televisores en La Hormiga, Putumayo. Pero lo
de esta vez es más extravagante incluso que la historia aquella del
brujo mentalista que manejaba por hipnotismo la Fiscalía, o que lo del
Procurador que absuelve delitos como si fueran pecados veniales, a
golpes de flagelo y pinchos de cilicio. La revista Cambio, insisto, es
seria. Su director es un respetado ex canciller de la República. Su
propietario es una de las empresas más tradicionales del país: la Casa
Editorial El Tiempo, creada hace casi un siglo por un entonces futuro
presidente de la República y recientemente convertida en "socio
estratégico" de una de las más poderosas editoriales de España. Sus
periodistas figuran entre los mejores del país. ¿Y qué saca esta semana
Cambio en la portada?
La foto de una jovencita casi impúber, llamada Olga Cecilia Vega
Cubillos y a quien el titular designa como "la emisaria de la CIA".
Ninguna otra imagen suya aparece en las nada menos que seis páginas de
reportaje que le dedica la revista, pero ella misma nos hace saber que
no es tan joven como parece, pues ha tenido que separarse de sus hijos a
causa de "las persecuciones de los organismos de seguridad del Estado".
Persecuciones desencadenadas por su participación -una "gestión
humanitaria" y no remunerada- como intermediaria entre la CIA, el FBI y
el gobierno de los Estados Unidos por un lado y, por el otro, el
Secretariado de las Farc a través del difunto comandante 'Raúl Reyes',
de quien ella niega haber sido amante, en la negociación que a espaldas
del gobierno de Colombia pretendía canjear a los dos militantes de las
Farc detenidos en cárceles norteamericanas, 'Sonia' y 'Simón Trinidad',
por los tres pilotos mercenarios norteamericanos que las Farc tenían
secuestrados en la selva. ¿Cómo llegó esta muchachita tan lejos y tan
alto? Se lo cuenta a los redactores de Cambio en entrevista telefónica
desde su asilo político, con toda sencillez:
-Después de haber trabajado en la radio, en la Secretaría de Salud del
Huila como jefe de prensa, y en el Instituto de Salud del Caquetá en el
mismo cargo.
¿Inverosímil? No. Estamos en Colombia. En el mismo país del hermano de
la periodista Olga Cecilia Vega, del misterioso fotógrafo Baruch Vega
que desde su apartamento en Miami ha sido el intermediario y organizador
de todas las negociaciones entre los narcotraficantes colombianos y las
autoridades de los Estados Unidos.
Como es apenas lógico, la joven Olga Cecilia piensa publicar más
detalles de sus aventuras "en un libro que saldrá pronto al mercado".
Por eso las partes más jugosas -nombres, etcétera- no las revela en la
entrevista de seis páginas que le concede a la revista Cambio: como ella
misma dice, "le quitaría sustancia a mi libro".
Habrá que comprar el libro, pues, para conocer nuestra historia. Como
hay que comprar también el de los mercenarios gringos, y el de Clara
Rojas, y el de Íngrid Betancourt, y el del brujo de la Procuraduría, y
la recopilación de los diarios de la radioperadora del 'Mono Jojoy'
hallados en una caverna en medio de la selva, y los mensajes
electrónicos del computador de 'Raúl Reyes' rescatado de las ruinas
humeantes del campamento guerrillero bombardeado en la frontera del
Ecuador, y los otros mensajes, de signo contrario, almacenados en el
computador del contador del comandante narcoparamilitar 'Jorge 40'.
Y, por supuesto, en cuanto terminen de filtrarse, los textos de las
chuzadas telefónicas del DAS, de la Casa de Nariño, y del Ministerio de
Defensa.
Nos vamos a enterar entonces de cosas increíbles.-Pero-ciertas.
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