[R-P] [Adrián Ventura] Frenar un tsunami con un paraguas [sobre el muro de Posse en San Isidro]
Nestor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Jue Abr 9 10:34:34 MDT 2009
[Con carita de "yo no fui", el escriba oligárquico estampa esta gran
verdad: "la política, esencial para la construcción de una comunidad, se
volvió intrascendente, incapaz de dar respuestas adecuadas" a esa gran
consecuencia indeseable de la exclusión social que es el temor de los
ricos contra los pobres. Pobres, entendámonos, a los que esos mismos
ricos han estampado contra el muro de la miseria y la desesperación.
Sobre cuáles son las "respuestas adecuadas", no dice una palabra, claro.
Pero uno podría suponer que -pese a toda su probablemente sincera
perorata contra el amurallamiento progresivo de los afortunados en una
sociedad cada vez más desigual- no le resultaría inaceptable "adaptar
las leyes a la realidad", digamos, y reemplazar los cercos perimetrales
con bandas armadas al servicio de la "seguridad" de los explotadores y
los privilegiados...]
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1116872
El escenario
Frenar un tsunami con un paraguas
Adrián Ventura
LA NACION
Jueves 9 de abril de 2009 | Publicado en edición impresa
La construcción de un muro no sólo nace de un disparate legal, sino que,
fundamentalmente, es la prueba irrefutable, tan palpable como su hierro
y hormigón, de que la política no supo responder a la ruptura del tejido
social ni, tampoco, dar una solución lógica a la inseguridad.
Precisamente, ¿quién se hace cargo de la seguridad de la población? Por
lo visto, nadie.
Decir que una reacción es socialmente comprensible, aunque sea
inaceptable, incluso desde el punto de vista legal, parece una
contradicción. Y, en realidad, lo es.
Esta incongruencia nace de un hecho: las autoridades, encargadas de
velar por la aplicación de las leyes y garantizar la seguridad, no se
preocuparon por realizar su trabajo. Y ningún funcionario se siente
avergonzado de su fracaso ni piensa en renunciar. Simplemente, prometen
nuevas soluciones que nunca llegan.
De allí que mucha gente crea que las soluciones hay que buscarlas fuera
de la ley. Esas nunca serán buenas ni aceptables.
Hoy es un muro contra los delincuentes; mañana, una imaginaria barrera
sanitaria que separe a los acomodados de quienes puedan ser portadores
de dengue. Y así sucesivamente.
Un absurdo tan grande como un muro está indicando que la política,
esencial para la construcción de una comunidad, se volvió
intrascendente, incapaz de dar respuestas adecuadas.
* * *
Lo cierto es que hoy las ciudades tienen rutas, autopistas, vías
ferroviarias y plazas enrejadas, obras que con frecuencia disimulan
límites físicos entre barriadas pobres y zonas privilegiadas.
Sin embargo, su construcción está autorizada porque permiten un uso
compartido del espacio público, un aprovechamiento de utilidad general.
Separan, pero también dan la posibilidad de comunicar y de unir.
La construcción de un muro, si se erige como una barrera infranqueable,
tiene otra dimensión: se convierte en un obstáculo a la libre
circulación, garantizada por la Constitución Nacional, además de ser una
fuente oprobiosa de discriminación.
¿Por qué una mujer, tal vez una anciana, debe convertirse en maratonista
para llegar al supermercado? ¿Por qué el niño que, hasta ayer nomás,
cruzaba la calle para ir a la escuela tiene ahora que dar un rodeo de
varias cuadras? ¿Por qué los vecinos de San Fernando tienen que sufrir
la vergüenza de quedar del "otro lado", discriminados y sospechados de
ser todos delincuentes?
Si cada barrio construyese su muro, las ciudades se volverían
intransitables, quedarían incomunicadas, se llenarían de guetos...
En la era en que el correo electrónico, el GPS, Google Earth ?que
muestra hasta los jardines de nuestras casas? y otras tecnologías están
al alcance de todos, incluso de los delincuentes, la decisión de
construir un muro es tan absurda como la pretensión de protegerse de un
tsunami con un paraguas.
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