[R-P] [Andrés Monares] Militares, civiles e integración latinoamericana

Nestor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mar Abr 7 09:14:10 MDT 2009


[Un académico chileno que sorprende por la vehemencia con que sostiene 
/al mismo/ tiempo las banderas de la Patria Grande, de la salida de 
Bolivia al mar, de la integración de las FFAA con sus pueblos, y las 
consignas democráticas más elementales.]

Gentileza Bob Weiss

PIENSACHILE - LUNES, 06 DE ABRIL DE 2009
Militares, Civiles e Integración Latinoamericana
  por Andrés Monares – Chile  (*)

Fui invitado a un seminario sobre militares, democracia e integración 
latinoamericana; en el cual participarían uniformados, en retiro y en 
servicio activo, de diferentes países del Cono Sur... Con la experiencia 
chilena, todo me indicaba que el programa anunciado no era más que un 
eufemismo o una declaración de intenciones.

Pero me vería gratamente sorprendido. Para mi fortuna la realidad le dio 
un bien merecido portazo en pleno rostro a mis prejuicios. Los militares 
resultaron ser democráticos, respetuosos del poder civil y de los 
derechos humanos, recelosos de Estados Unidos e integracionistas. Sí, 
así como Ud. lo lee. Y no sabe el gusto que fue escuchar que el 
mesianismo fruto de la Doctrina de Seguridad Nacional llevó a los 
militares a dar golpes y cometer crímenes atroces, que nunca debieron 
tomar distancia de la ciudadanía, que no debían depender material e 
ideológicamente de Estados Unidos o que los actuales desafíos de América 
Latina y los que enfrentará a futuro se deben revolver en conjunto. Por 
todo lo cual, ¡los propios militares eran demócratas e integracionistas 
convencidos!

Respecto al tema específico de la integración, ciertamente los dichos de 
los uniformados pueden basarse en un imperativo estratégico: un fuerte 
puede derrotar fácilmente a un débil y saquear sus recursos a placer. 
Por cierto, “divide para gobernar” ha sido la política de Estados Unidos 
en el continente, desde sus ingentes esfuerzos por hacer fracasar el 
proyecto de Bolívar de conformar una “Patria Grande” a la fecha. Y sí 
que han tenido éxito. No obstante, como buenos militares, los 
participantes del citado seminario saben que a un enemigo poderoso no se 
le pueden dar ventajas.

Mas, ciertamente, las voces que escuché no se quedaban en eso. También y 
por fortuna, la integración era un objetivo “ideológico” (o “romántico” 
dirán otros con desdén). De ahí que la solución de los problemas 
limítrofes que aún subsisten entre las naciones latinoamericanas, 
señalaban, deben ser prontamente solucionados. De más está decir que por 
vías pacíficas. No había duda alguna en la conveniencia y urgencia de 
lograr tal objetivo.

Al tomar en cuenta todo lo que oí al respecto, no pude dejar de comparar 
a estos militares —unos tipos que “trabajan” en algo que los matará y 
ciertamente no como un accidente laboral—, con las opiniones chovinistas 
de gran cantidad de civiles chilenos que he conocido.

Puntualmente, me quiero referir al tema del mar para Bolivia. Mar que le 
fue arrebatado en una guerra, o sea, algo así como un asalto a mano 
armada. Y cuando las constituciones chilenas de 1822, 1823 y 1833 
reconocían que el límite norte de Chile es el desierto de Atacama. En 
otras palabras, no hay legitimidad en la situación... a menos que 
aceptemos que los cogoteros son justos dueños de lo que roban y que las 
constituciones son documentos a los que no debe hacérseles mayor caso.

Por otro lado, siempre me han llamado la atención los fervientes 
“nacionalistas” que ponen el grito en el cielo por un pedazo de tierra, 
mientras no dijeron ni dicen nada por otras pérdidas de soberanía mucho 
más graves para la conveniencia del país y hasta de sus futuras 
generaciones. Por ejemplo, por la pérdida de soberanía que implicó la 
deuda externa contraída por Pinochet; la venta de empresas del Estado a 
precio vil; o el regalar los derechos de agua, los recursos marinos y 
los minerales a los privados. Visto así, ¿qué será en realidad la 
soberanía para esos singulares nacionalistas? Además, no merece 
comentario alguno pretender extender por toda la eternidad una situación 
de conflicto con un vecino: no siempre tendremos más armas que él y a 
los países les es imposible “cambiarse de barrio”...

Ahora bien, sobre el tema del mar para Bolivia me quiero referir 
específicamente a la experiencia algo curiosa que tuve con dos 
personajes. Estos eran puntualmente mujeres y “comprometidas” con temas 
humanitarios y progresistas. Una con las desigualdades entre hombres y 
mujeres, la otra relacionada a la solución jurídica del tema de los 
desaparecidos. Claro que comparadas con los militares antedichos, estas 
poco tenían que envidiarle a un nacionalista militante. Para ellas ni 
por nada del mundo se le podía ceder territorio a nuestros vecinos. Que 
la soberanía, que el territorio, que lo ganamos, etc.

Tales opiniones, fuera de que me extrañan en sí, me causaron todavía más 
desconcierto dado que quienes las sostenían se suponían sensibilizadas 
con las injusticias por sus labores cotidianas. Asimismo, me sorprendí 
porque eran mujeres. Y siendo mujeres, por lo que he aprendido 
últimamente, deberían poseer características singulares y positivas por 
el sólo hecho de serlo: comprensivas, abiertas, acogedoras, 
consensuales, etc. De hecho, yo hubiera creído que ser expansionista y 
estar contra la integración no cuadraba con el cúmulo de altas 
cualidades matrízticas. Que aquellas eran parte de las típicas actitudes 
masculinas... una más de sus numerosas cualidades negativas.

Para terminar quiero plantear dos cosas. Primero, que las trabas a la 
integración en Chile derivan del chovinismo y racismo de una parte no 
menor de la ciudadanía. En ello fundan sus sentimientos contra otros 
latinoamericanos; y en especial contra los bolivianos. Miserable actitud 
en que basan su complejo de superioridad. En segundo lugar, he de 
aceptar que me confunde que el chovinismo sexista que afirma las 
positivas cualidades del género masculino y las negativas del femenino, 
sea malo y poco riguroso. Mientras que el que invierte los papeles sea 
bueno y riguroso.

Pero en fin, volvamos al principio: ¡qué bueno que existan militares 
democráticos e integracionistas!

(*) Andrés Monares es académico del departamento de Estudios 
Humanísticos    de la facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la 
Universidad de Chile



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