[R-P] quequeré, la cancha y el G-20?

Abulafia abulafia en arnet.com.ar
Dom Abr 5 13:19:04 MDT 2009


Interesante. Me gusta el análisis que desde Sevilla hace don Juan Torres. El 
lenguaraz del fracaso, Aznar, queda aquí mencionado. Es nuestro Menem con 
bigotito, el enano. A zapatero, a quien creo haber visto por allí, ni lo 
nombra. El de Zapatero es un socialismo con Rolex y alpargatas.
Es evidente que la pretendida cosmovisión europea no termina de entender a 
los que llama "Países del Este".  El autor, "rojillo" parece, ubica bien a 
los "progresistas" de la progre cumbre.
Sarkozi, haciendo el payaso cordial, no pudo parar, con una inversión de 
150.000.000 de euros en despliegue represivo, la protesta antiglobal ni los 
destrozos del motín popular en Estrasburgo.
en fin....
OUTA




 Parole, parole, parole por tierradegenistas Pro @ 05. 04. 09 - 10:00:00

Con un poco de suerte, es posible que el desprestigio del neoliberalismo se 
lleve consigo en su bancarrota ese sucedáneo soso y perverso que son los 
'progresistas', socios de los primeros en todo lo destructivo y vergonzante, 
y ajenos a las esencias del socialismo que deberá renacer de sus cenizas.
Genista

Cumbre del G-20: Parole, parole, parole...

por Juan Torres López - Sevilla, españa
para Sistema Digital

La cumbre de Londres ha terminado con un comunicado que va mucho más allá 
que cualquier otro en la historia económica reciente. Hay que reconocer que 
hacía mucho tiempo que no se reconocía un fracaso político y de ideario de 
modo tan explícito y que no se ponía tan claramente en negro sobre blanco la 
necesidad de orientar la economía mundial hacia otros derroteros.

El final de la era del secreto bancario, la puesta en cuestión de los 
paraísos fiscales, el reconocimiento de los "grandes fracasos" de la 
regulación financiera dominante, el tránsito hacia una "economía verde", la 
toma en cuenta de la "dimensión humana de la crisis", la apuesta por el 
gasto intervencionista e incluso por la política monetaria expansiva para 
lograr una recuperación "inclusiva, verde y sostenible" de la economía son 
expresiones que hasta hace muy poco solo eran propias de ecologistas 
izquierdosos u otras gentes de mal vivir y que ahora, sin embargo, asumen 
como suyas los líderes del mundo.

Hay que felicitarse por ese cambio de lenguaje que incluso está exasperando 
a las derechas instaladas en el liberalismo de cartón piedra neo-con que 
frente a la crisis reclaman todavía más mercado y menos gasto, como entre 
nosotros propone el inefable ex presidente Aznar, es decir, más de lo que 
justamente la ha provocado.

Además, se ha acordado movilizar un billón de dólares para combatir la 
crisis, una cantidad ingente si se compara con lo que se ha hecho en otras 
ocasiones aunque sea, sin embargo, francamente insuficiente para todo el 
planeta si se tiene en cuenta que es la misma que acaba de movilizar solo 
para Estados Unidos su presidente Obama y que, en realidad solo, una cuarta 
parte irá destinada a fomentar directamente el comercio mundial.

Se trata, en todo caso, de un acuerdo histórico y que en su letra va mucho 
más allá de lo que la mayoría de los analistas y ciudadanos quizá estábamos 
esperando. Podría ser de gran calado si los principios más abstractos que 
contiene se concretaran en el futuro, pero se puede quedar en muy poco si se 
limita a poner en marcha lo que anuncia que se hará de forma inmediata.

Efectivamente, solo hay dos grandes cuestiones que se pueden considerar como 
virtualmente materializadas: el billón de dólares y la creación de una gran 
agencia para supervisar las finanzas internacionales.

Pero el billón de dólares es muy posible que sea escaso si, por ejemplo, se 
extiende la depresión en Europa del este (en donde ya están prácticamente 
paralizadas las economías de Ucrania, Hungría, Rumania, Letonia, Lituania, 
Bulgaria...), si llega con más fuerza a América Latina o si prosiguen los 
problemas bancarios, como es previsible. Y, además, se trata de fondos que 
no está seguro que queden finalmente vinculados a usos que aseguren que 
realmente la economía cambie hacia la orientación productiva que se propone 
el documento.

Por el contrario, creo que sí cabe esperar algo más en el futuro de la 
agencia supervisora. Seguramente, el inicio de una nueva era financiera que 
no podrá repetir lo que ha venido sucediendo hasta ahora, sencillamente, 
porque así el capitalismo se come a sí mismo.

Pero, en todo caso, u aunque abrirá con más o menos dificultades la nueva 
etapa y los nuevos modelos de prácticas financieras, no podrá resolver a 
corto plazo el problema fundamental que tiene planteada la economía mundial 
y al que la cumbre no ha dado una respuesta clara ni operativa: la falta de 
financiación bancaria a la actividad económica.

Como tampoco se ofrecen soluciones inmediatas y coherentes con el ánimo de 
transparencia, responsabilidad y rigor a la masiva "intoxicación" del 
sistema bancario global y sin cuyo remedio no se podrá garantizar que la 
economía vuelva a recuperar su tono vital.

Por otro lado, se abren rendijas a través del comunicado final de la cumbre 
a reformas que podrían ser sustanciales como las del secreto bancario o la 
desaparición de los paraísos fiscales pero que realmente no suenan sino a 
fuegos de artificio porque al mismo tiempo que se plantean se da como 
inamovible el principio de libertad de los capitales, o porque no se 
contempla la imposición internacional o el establecimiento de regímenes 
bancarios muy distintos al que ha terminado por consolidarse y que son los 
factores que incentivan y hacen posible la especulación financiera.

Curiosamente, en el comunicado se va más lejos que nunca en la formulación 
de objetivos y deseos estabilizadores e incluso sociales, en relación con el 
empleo, con el medio ambiente, con la cooperación, la intervención estatal o 
la regulación represiva de las finanzas internacionales. Pero, al mismo 
tiempo, se mantienen las bases que en estos últimos años le han hecho tanto 
daño: los "principios del mercado", el orden comercial que ha incrementado 
las asimetrías y desigualdades entre las naciones, la privatización y 
mercantilización de los servicios esenciales y, por supuesto, las 
instituciones internacionales que más empobrecimiento consciente, daño 
económico y sufrimiento humano han provocado quizá en toda la historia de la 
humanidad: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la OMC.

Mucho tendrá que cambiar la voluntad, las ideas y la actuación de los 
actuales gobernantes para que estos organismos, en donde es materialmente 
imposible que se reflejen democráticamente los intereses de los 
empobrecidos, pasen a tener un papel diferente al que vienen desempeñando.
Es significativo, por ejemplo, que en el documento no aparezcan mencionadas 
ni una sola vez palabras como pobreza, desigualdad o hambre, cuando están 
muriendo casi 30.000 personas cada día por ésta última causa. O que se 
mencione la necesidad de limitar los sueldos de los directivos (que al fin y 
al cabo son pecata minuta en el mundo de las grandes finanzas) y no los 
inmensos beneficios de los bancos y de los grandes financieros y 
corporaciones, que es lo que verdaderamente determina la pauta distributiva 
y, por tanto, la vida de la gente. Y, por supuesto, que para nada se haga 
mención de las políticas deflacionistas que en los últimos años han 
producido una pérdida fatal de la capacidad de compra y, en consecuencia, 
del dinamismo de las economías que ha contribuido en tan gran medida a 
producir la crisis.

Es sintomático, por ejemplo, que al mismo tiempo que en la cumbre se 
proclamaba la necesidad de más transparencia y rigor regulatorio, en Estados 
Unidos se haya comenzado a flexibilizar el principio contable del 
market-to-market (que obliga a valorar los activos a precios e mercado) para 
poder hacerlo a los de adquisición y así mejorar artificial y falsamente las 
cuentas de los bancos. Una "mentira piadosa", en expresión del catedrático 
de Contabilidad Oriol Amat, que ya se hace en Europa desde octubre del año 
pasado.

Lo que sucede, en definitiva, es que los deseos que manifiesta el documento 
de conclusiones de la cumbre podrían ser encomiables pero los medios, en su 
mayor parte, van a resultar de muy poca efectividad sencillamente porque no 
se han planteado claramente las causas de la crisis. Y sin poner en claro 
las causas de la enfermedad solo un milagro puede hacer que el médico pueda 
curarla.

Más bien parece que los distintos países o grupos de ellos han tomado 
posiciones para el futuro. Estados Unidos (como ya señalé en un artículo 
anterior) no ha esperado a los demás y tomó la decisión de salvarse gracias 
a que puede tirar de la máquina de hacer billetes. Ha movilizado hasta ahora 
casi 13 billones de dólares en forma de gasto, garantías o préstamos (casi 
el 100% de su PIB que es de 14,2 billones de dólares), a costa de 
incrementar de modo colosal la circulación monetaria. El Reino Unido se ha 
unido a esa estela a fin de evitar que una profundización de la crisis 
dinamite por completo su emporio financiero que está tan directamente 
vinculado a la lógica financiera que ha provocado la crisis. Y, por otro 
lado, China trata de salvar los muebles como puede, garantizándose mercados 
exteriores y evitando que sus reservas de dólares no terminen por ser puro 
papel mojado. Europa (que ha movilizado recursos por un valor que no llega 
ni al 5% de su PIB), y diga lo que diga Sarkozy después de su representación 
teatral previa, ha pintado muy poco, a punto como está de que el viento del 
este le produzca una neumonía doble.

En suma, Estados Unidos ha hecho unas cuantas concesiones retóricas que no 
vienen mal a Obama y se dispone a liderar la salida a la crisis inundando 
una vez más de su moneda al resto del mundo. Si logra salvar pronto su 
aparato productivo se abrirá para todos una espita de luz en unos meses. Si 
no lo consigue, no le quedaría otro recurso que el de la inflación para 
aliviar la deuda que está generando contra el mundo. O la guerra.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada (Universidad de 
Sevilla).

Juan Torres López - GANAS DE ESCRIBIR






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