[R-P] [Michel Husson] Sobre la naturaleza del capitalismo actual (2).

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Vie Abr 3 20:01:06 MDT 2009


¿TEORÍA CRÍTICA O NEO-REGULACIONISMO?
La teoría del capitalismo cognitivo se basa en un contrasentido
fundamental. Considera una nueva fase del capitalismo, dotada de una
lógica específica y nuevas leyes, en particular en la determinación
del valor. Fascinada por su objeto, la escuela cognitiva presta así al
capitalismo contemporáneo una coherencia que está muy lejos de
disponer y se sitúa a su manera en una cierta lógica regulacionista
que postula una infinita capacidad del capitalismo para renovarse. Por
muchos aspectos, el último libro de André Gorz [11], L’immatériel es
una discusión crítica de este punto de vista y una profundización de
los límites históricos del modo de producción capitalista. Una frase
de Gorz resume de maravillas su posición, que compartimos plenamente:
"el capitalismo cognitivo, es la contradicción del capitalismo". Las
mutaciones tecnológicas actuales son un revelador y muestran que ese
modo de producción es "alcanzado en su desarrollo de las fuerzas
productivas en una frontera, la que una vez atravesada, no puede tomar
parte plenamente de sus potencialidades más que superándose hacia otra
economía". Sin embargo, la teoría del capitalismo cognitivo se reclama
de Marx, y particularmente de esas páginas de los Gründrisse en donde
habla de general intellect [12]. Ya hemos discutido esta lectura a
nuestro criterio falible [13], pero contribuciones más recientes
permiten identificar mejor el error fundamental sobre el que se basa
esta interpretación. El capital, explica Marx, "da vida a todas las
potencias de la ciencia y de la naturaleza, como a las de la
combinación y de la comunicación sociales para volver la creación de
riqueza (relativamente) independiente del tiempo de trabajo que está
afectado en ella". Se diría una anticipación genial del capitalismo
cognitivo y los cognitivistas utilizan evidentemente esta referencia
como el anuncio premonitorio de un nuevo modo de funcionamiento del
capitalismo. Pero esto es un contrasentido absoluto. Porque, en Marx,
esto no es más que uno de los términos de una contradicción.
Efectivamente, el capital persiste en querer "medir en tiempo de
trabajo a estas gigantescas fuerzas sociales así creadas, y
aprisionarlas en los límites que se requieren para conservar como
valor el valor ya creado". El capital busca instrumentalizar las
"fuerzas productivas y las relaciones sociales" como "medios de
producir a partir de la base limitada que es la suya". Ahora bien, se
equivoca: "de hecho, ellas son las condiciones materiales para hacer
saltar esta base". Marx puntualiza aquí la profundidad de la
contradicción entre socialización de las fuerzas productivas y
mercancía mientras que los cognitivistas hacen de esta socialización
cognitiva el principio de un nuevo capitalismo. La conclusión que Marx
saca de ello es que, para salir de esta contradicción, "es necesario
que sea la propia masa obrera la que se apropie de su sobretrabajo". Y
es solamente "cuando esta ha hecho esto" (dicho de otro modo, la
revolución social) que se llega al punto en que "ya no es entonces de
ninguna manera el tiempo de trabajo, sino el tiempo disponible lo que
es la medida de la riqueza". Para los cognitivistas, es dentro del
mismo capitalismo que el tiempo de trabajo puede dejar de ser la
medida de la riqueza. Así, según Vercellone, la importancia del saber
y del no-trabajo, en general, tienen por efecto cuestionar de aquí en
adelante "la teoría del valor por la que el tiempo de trabajo
inmediato consagrado directamente a una actividad de producción
material es la principal fuente productiva del trabajo humano". La
materialidad de la producción nunca ha sido, en la concepción
marxista, un criterio de definición de la mercancía, pero lo esencial
no está en esta sandez stalinoide. Gorz cita una serie de afirmaciones
aún más categóricas que revela una confusión más fundamental entre
"valor como valor de cambio, monetario y mercantil" y valor en el
sentido de "riqueza". Así, para Bernard Paulré, "el valor sale
principalmente del cambio y de la innovación"; Moulier Boutang hunde
un poco más este clavo teórico al proponer definir el capitalismo
cognitivo como un "régimen de acumulación en el cual el objeto de la
acumulación está principalmente constituido por el conocimiento que se
convierte en el recurso principal del valor y que se vuelve el lugar
principal del proceso de valorización". Ahora bien, es el capital (no
sus análisis marxistas) el que confina la economía a la esfera del
valor de cambio, donde el valor-riqueza no está allí más que como un
medio. Y su debilidad mayor es tener cada vez más dificultades para
dar una forma mercantil a valores de uso nuevos, inmateriales y
potencialmente gratuitos. Gorz puntualiza bien el error cometido en
tratar estas innovaciones ligadas a la "economía del conocimiento"
como "la nueva forma del capitalismo", porque esta actitud "enmascara
su potencial de negatividad".

¿FORZADOS AL TRABAJO?
"Los economistas ’contra el pensamiento único’, la mayoría de los
"consejeros científicos" de ATTAC, la fundación Copernic, los
intelectuales socialistas y comunistas, una parte de los verdes, los
revolucionarios de los diferentes trotskismos, nos han preparado un
nuevo pensamiento neosocialista y neo-marxista cuya consigna es la
siguiente: "Fuera de los asalariados, no hay salvación". Nosotros
pensamos, por el contrario, que desde 1968 se ha abierto una nueva
fase política comparable a la salida de la esclavitud: la posibilidad
de fundar la producción y la reproducción de la humanidad en otra cosa
que el trabajo asalariado. Permanecemos fieles al desafío político de
la abolición del trabajo asalariado. No es ni una utopía, ni una
consigna, ni un programa, sino simplemente un camino que millones de
hombres han comenzado a adoptar desde hace tiempo (de manera elegida o
impuesta)". A esta polémica sutil [14]], opondríamos gustosos este
slogan: "todos asalariados, para abolir al conjunto del trabajo
asalariado". Es una discusión que ya tuvimos la ocasión de llevar
adelante [15], para decir que es en vano querer subvertir el
capitalismo oponiéndole la reivindicación de un ingreso garantido, si
se abandona el dominio de la producción mercantil. Nuestro eje de
subversión es el de la reducción del tiempo de trabajo, que permite a
todos y a todas trabajar, pero trabajando menos. Es la conclusión
lógica del análisis de Marx en el que, dicho sea al pasar, se tendrían
dificultades para encontrar prefiguraciones de la idea de ingreso
garantido. El punto de aplicación de tal estrategia es la exigencia de
un retorno al pleno empleo por contratos proporcionales a la baja del
tiempo de trabajo. El control sobre el empleo ejercido con la
prohibición de los despidos, la reducción del tiempo de trabajo y la
redefinición del estatuto de asalariado, es una incursión en el
terreno de la propiedad que va al centro de las cosas, mucho más que
el subsidio de un ingreso que no afecta a las relaciones sociales
fundamentales. Este proceso no tiene nada de lineal. Puede sofocarse,
pero su lógica tiende a una expropiación de hecho. En la sociedad del
tiempo libre, todo el mundo contribuye a la creación de riqueza y
dispone de un ingreso elevado. La ciudadanía está plenamente
realizada, con derechos sociales ampliados, y las ganancias de
productividad ligadas a las nuevas tecnologías se reparten
universalmente en forma de ingresos socializados no monetarios, de
ingresos de trabajo y de tiempo libre, en proporciones que esta
sociedad elige de manera soberana. En este esquema estratégico, las
medidas de emergencia que apuntan a aumentar las condiciones mínimas y
a evitar un proceso de empobrecimiento social tienen, evidentemente,
todo su lugar. Pero no son un sustituto a la transformación de las
relaciones de trabajo (incluso los menos "cognitivos"). La brecha
creciente entre los trabajadores cognitivos y los que no lo son, entre
los que tienen un empleo y los que están privados de él, no es tomada
como una tendencia moderna a la que el ingreso garantido permitiría
evitar a título compensatorio.

LAS AMBIGÜEDADES DEL INGRESO GARANTIDO
Para los cognitivistas, el ingreso garantido es el proyecto adecuado a
la nueva fase del capitalismo, y la palanca de la transformación
social de la que deben apoderarse las multitudes [16]. No se discutirá
de nuevo esta aserción, para examinar las modalidades prácticas de tal
garantía de ingreso. En la obra colectiva que ha dirigido, Vercellone
nos reprocha arrojar el ingreso social garantido "al mundo oscuro de
las utopías sin mañana" porque éste representaría 30% del PBI.
Vercellone tiene derecho a pensar que el proyecto de Keynes "presenta
también muchas analogías con el análisis que Marx, en los Gründrisse,
efectúa de la tendencia hacia el estadío del General Intellect" pero
no hará de nosotros, Michel Rocard. Veamos lo que escribíamos: "si se
trata de un ingreso garantido "suficiente", como propone André Gorz,
es decir, del orden de 4.000 a 5.000 francos por mes y por persona
(niño y adulto), y sin suprimir la seguridad social, entonces sí,
puede tratarse de un instrumento de liberación (fuera) del trabajo:
pero esto supone una redistribución radical de los ingresos (2.400 mil
millones de francos a financiar, ¡o sea el 30% del PBI!) ¿Es más fácil
de realizar que una "buena" reducción del tiempo de trabajo creador de
empleos? Podemos dudar de esto: si partimos del postulado que ’se
acabó el empleo’, nos privamos de un importante terreno de lucha, el
de la empresa y el de la relación capital-trabajo, que siempre ha sido
-y continúa siéndolo ampliamente- central en la construcción de las
relaciones de fuerza sociales". Se puede prolongar este debate, ya que
Vercellone toma como suya la proposición de René Passet, así
formulada: "todo francés de más de veinte años se beneficia con un
subsidio anual legal en el umbral de pobreza y todo individuo de menos
de veinte años, de un ingreso igual a la mitad de este" [17]. Si se
actualizan para el año 2001 las cifras de Passet (40.000 francos por
año) que se refieren a 1996, y si se las convierte a euros, el costo
total del subsidio universal así calibrado es de 370 mil millones de
euros, lo que representa un poco más de un cuarto de PBI, y un poco
menos que el proyecto de Gorz. A menos de atenerse a un discurso
ideológico, es necesario hacerse la pregunta sobre el financiamiento.
René Passet propone reciclar "las economías derivadas de la supresión
de la parte del sistema de protección actual con la que la garantía de
ingreso haría doble empleo; esencialmente, según la clasificación
francesa, los subsidios por maternidad-familia, empleo,
vejez-supervivencia, pero no salud-enfermedad, que se mantendría".
Esto cubre aproximadamente las tres cuartas partes de las sumas a
encontrar (ver cuadro 1), y el resto podría distribuirse en el tiempo
al redistribuir el nuevo valor creado por el crecimiento. Este
proyecto no marcha sin apartarse de su objetivo. Primero, la respuesta
que "se distribuye en el tiempo" hace caer la muralla China que se
quiere erigir entre la versión subversiva del ingreso garantido y la
versión neoliberal a 20.000 francos por año. Pero, sobre todo, el
reciclaje de los traslados sociales no es aceptable, y es bastante
sorprendente que ni Passet, ni Vercellone, que lo retoma, no perciban
esto. En lo esencial, es un enorme traslado en detrimento de los
jubilados. Después de la reforma, todas las pensiones abonadas se
situarían a nivel del umbral de pobreza. Actualmente, los 12 millones
de personas de más de 60 años reciben hoy 184 mil millones de euros de
prestaciones a la vejez, o sea 12,5% del PBI. Después de la reforma,
no cobrarían más que el subsidio universal (alrededor de 7.400 euros
anuales) y la prestación recibida sería en promedio dividida por dos.
Es entonces un traslado de cerca de 100 mil millones de euros que se
opera así. Solo los jubilados que se benefician con otros recursos que
su pensión tendrán un ingreso que supera el umbral de pobreza. Ponemos
a Passet y Vercellone frente al desafío de defender tal proyecto en el
debate actual sobre las jubilaciones, porque está en oposición directa
con los ejes de la movilización social.

Cuadro 1. Las cuentas de la protección social en 2001 - Fuente: Drees [18]]
	Prestación miles de millones de euros 	% del total
Vivienda-pobreza 	18,4 	4,4 %
Maternidad-familia 	42,2 	10,1 %
Desempleo 	7,5 	6,6 %
Vejez-supervivencia 	183,7 	44,0 %
Salud 	145,7 	34,9 %
Total 	417,5 	100 %

Se puede hacer la misma observación para los desocupados, en donde ya
ninguno recibiría a partir de ahora subsidios superiores al umbral de
pobreza. Los partidarios de esta posición tendrían dificultades para
defenderla en el seno del movimiento de desocupados, si solamente
abandonaran el terreno del discurso abstracto. El balance para la
rúbrica maternidad-familia es más complicado para establecer, en la
medida en que los menores de 20 años reciben un medio subsidio, sin
que se sepa si los padres pueden utilizarlo o si se trata de una
libreta de ahorro de la que el joven podrá disponer cuando tenga
veinte años. Una profunda ambigüedad pesa en lo que concierne a las
mujeres. Por otra parte, es sorprendente constatar que la literatura
cognitiva no introduce prácticamente nunca la dimensión de género y no
reflexiona sobre las especificidades del trabajo de las mujeres. Esto
proviene sin duda de una tendencia exacerbada a la conceptualización:
ya no se habla más de las mujeres, como no se habla de los
trabajadores concretos, de los que se contentan con extraer el
arquetipo cognitivo. Pero hay otra razón para este olvido, es que la
cuestión del derecho al empleo de las mujeres hace aparecer, de manera
particularmente sensible, las contradicciones del discurso
cognitivista. Si el trabajo asalariado no es otra cosa que una
esclavitud, entonces las mujeres deberían felicitarse en principio de
ser apartadas de él y exigir enseguida un ingreso garantido como
contrapartida de su actividad social. Pero ¿cómo no ver que este
razonamiento choca de frente contra las aspiraciones igualitarias de
las mujeres en materia de empleo? Pagarles un subsidio para que, o
porque ellas no trabajen, este es un proyecto que no es especialmente
progresista, y el ingreso garantido se parece al muy dudoso salario
maternal [19].

¿QUÉ PALANCA PARA LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL?
Si se amplía la perspectiva, se percibe que al discurso cognitivista
le falta coherencia inmediata, pero también, que su proyecto se
evapora si se lleva su razonamiento al límite. Las mutaciones
tecnológicas tienen por efecto que se trabaje cada vez menos, y que se
trabaje haciendo otra cosa, formándose y comunicando. En una pura
sociedad de abundancia en donde la riqueza fluiría libremente de las
redes y de los automatismos, se la podría distribuir de manera
totalmente desconectada del trabajo que, por otra parte habría
desaparecido. Notemos al pasar que en este paraíso, ni siquiera hay
que garantizar el ingreso, ya que la abundancia reina. Utopía absurda,
esto es muy cierto. No llegamos hasta acá: todavía es necesario un
gasto de trabajo mínimo. La comunicación nutre mal a su hombre, y será
necesario cultivar bien (¿en redes?) algunas hectáreas de tierra para
producir un poco de trigo y de uvas. Existen en Internet sitios
médicos muy sofisticados, pero no curan nuestras caries. Los
intermitentes del espectáculo, a veces presentados como los arquetipos
del nuevo status de trabajador [20], cambiarán su actividad por otras
formas de trabajo, por ejemplo la que consiste en construir salas de
espectáculo. ¿Cómo se hace pues, la unión entre estas dos cuestiones:
la repartición del ingreso, por un lado, la repartición del trabajo
social del otro? La proposición de un ingreso garantido sin
contrapartida no resuelve esta segunda cuestión, y no puede aportar
tampoco respuesta a la primera. Si no existe ninguna contrapartida,
entonces una fracción de la población decidirá lógicamente no
trabajar, a menos que se postule un grado de conciencia social que no
puede ser más que un resultado deseable, pero sería peligroso plantear
previamente. Para convencer de trabajar a una parte de los
beneficiarios del ingreso garantido, será necesario ofrecerles una
remuneración más elevada. Pero, ¿quién decide: los propietarios
privados del capital, los colectivos de ciudadanos, una deliberación
de conjunto de la sociedad? Si no se responde a estas preguntas, se
abre la vía a una sociedad dualista con, por un lado, los excluidos
del trabajo que cobran el ingreso garantido y, por otro, una capa de
asalariados que disponen de un empleo y por esto, de un ingreso
superior. Por esto, la reivindicación de un empleo para todos es la
única base posible de un socialismo democrático fundado en un
principio de cambio generalizado entre la sociedad y el individuo: el
aporte del individuo a la sociedad funda la realidad de los derechos
de los que él dispone. El derecho al empleo efectivo equivale a la
desmercantilización de la fuerza de trabajo. La esclavitud asalariada
no puede retroceder mientras que los no -esclavos son pagos por no
hacer nada, es necesario que las ganancias de productividad sean
consagradas prioritariamente a fabricar tiempo libre para todo el
mundo. Finalmente hay, en el proyecto de ingreso garantido, una
tendencia absurda a extender el campo de las transacciones
mercantiles, ya que "el carácter líquido de este ingreso, por lo
tanto, no afectado" [21] es claramente afirmado. Esta es una nueva
incoherencia: si el capitalismo cognitivo pone una idea a la orden del
día, esta es la de gratuidad. Ahora bien, sus teóricos se apuran por
demandar más flujos monetarios. Todo progreso social pasa, sin
embargo, por un grado de socialización creciente, que es una
desmercantilización, y potencialmente una desmonetización. Los famosos
descuentos obligatorios que constituyen el blanco de los neoliberales
ocultan, por ejemplo, la educación y la salud, una y otra gratuitas en
principio. Un proyecto progresista apuntaría a restablecer y a
extender el campo de la gratuidad, a ampliar los derechos sociales
garantidos en forma de libre puesta a disposición. Los sostenedores
del capitalismo cognitivo proponen paradójicamente a las "multitudes"
recorrer el camino inverso con la instauración de un ingreso garantido
en forma monetaria e individual, que sustituye de hecho a la
movilización por una reducción radical del tiempo de trabajo. A las
aproximaciones teóricas, le agregan así una orientación estratégica
que tiene por efecto abandonar el corazón de las relaciones de
explotación. Tal es sin duda nuestro principal desacuerdo con esta
escuela.

[1] Sommes-nous entrés dans le "capitalisme cognitif"?", Critique
communiste N°169-170, 2003 http://hussonet.free.fr/cogniti.pdf. La
traducción al castellano fue publicada en Panorama Internacional,
semanario electrónico de la FT-EI (www.ft.org.ar). Se publica con
autorización especial del autor.

[2] Economista. Autor de Les Casseurs de L’État, Le grand BLUFF
capitaliste entre otros importantes libros junto a decenas de
artículos.

[3] Yann Moulier Boutang, "Nouvelles frontières de l’économie
politique du capitalisme cognitif", éc/artS n°3, 2002 <html>[<a
href="#nh4" name="nb4" class="spip_note">4</a>"
class="spip_url">http://www.ish-lyon.cnrs.fr/labo/wa... Se retoma aquí
la presentación de Moulier Boutang, ya citada.

[5] Maurizio Lazzarato y Antonio Negri, "Travail immatériel et
subjectivité", Futur antérieur N°6, 1991.

[6] En su contribución a la obra colectiva que ha dirigido: Carlo
Vercellone (dir.), Sommesnous sortis du capitalisme industriel?, La
Dispute, 2003.

[7] Thomas Coutrot, Critique de l’organisation du travail, La
Découverte, "Repères", 1999.

[8] El Mouhoub Mouhoud, "Division internationale du travail et
économie de la connaissance" en Vercellone, op. cit.

[9] Michel Aglietta, Le capitalisme de demain, Note de la Fondation
Saint-Simon, 1998.

[10] Jeremy Rifkin, L’âge de l’accès, Pocket, 2000.

[11] André Gorz, L’immatériel, Galilée, 2003.

[12] Karl Marx, Manuscrit de 1857-1858 "Gründrisse", tome 2, Editions
sociales, 1980, págs.192-197.

[13] Michel Husson, "Communisme et temps libre", Critique communiste
N°152, 1998.

[14] Maurizio Lazzarato, "Garantir le revenu: une politique pour les
multitudes", Multitudes N°8, 2002. <html>[<a href="#nh15" name="nb15"
class="spip_note">15</a>"
class="spip_url">http://multitudes.samizdat.net/arti... Thomas Coutrot
y Michel Husson (2001), Avenue du plein-emploi, Attac/Mille et une
nuits.

[16] Es la única, por otra parte, en todo caso en Michael Hardt y
Antonio Negri, Empire, Exils, 2000.

[17] René Passet, L’illusion néo-libérale, Fayard, 2000.

[18] Drees, "Les comptes de la protection sociale en 2001", Etudes et
résultats N°196, 2002. <html>[<a href="#nh19" name="nb19"
class="spip_note">19</a>"
class="spip_url">http://www.sante.gouv.fr/drees/etud... Anne Eydoux y
Rachel Silvera, "De l’allocation universelle au salaire maternel, il
n’y a qu’un pas à ne pas franchir", dans Thomas Coutrot et Christophe
Ramaux (eds), Le bel avenir du contrat de travail, Syros, 2000.

[20] Pierre-Michel Menger, Portrait de l’artiste en travailleur:
métamorphose du capitalisme, Le Seuil, 2003.

[21] Yann Moulier Boutang, "L’autre globalisation: le revenu
d’existence inconditionnel, individuel et substantiel", Multitudes
N°8, 2002.



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