[R-P] [Michel Husson] Sobre la naturaleza del capitalismo actual (1).

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Vie Abr 3 19:57:02 MDT 2009


¿Hemos entrado en el "capitalismo cognitivo"?

 [1]por Michel Husson [2]


CAPITALISMO COGNITIVO Y CAPITALISMO REAL

El vector de esta gran mutación es la "revolución de las NTIC" (nuevas
tecnologías de información y de comunicación) cuyas principales
características pueden resumirse así [4]:

o rol creciente de lo inmaterial, "virtualización" de la economía; o
papel de la información y de Internet; o captación por la empresa y el
mercado de la innovación social; o rol de las NTIC (nuevas tecnologías
de información y de comunicación); o invalidación del modelo clásico
("smithiano") de división del trabajo; o retroacción entre consumo y
producción; o disolución de las líneas divisorias entre capital y
trabajo homogéneo o entre calificados y no calificados; o ascenso de
la sociedad de red; o decadencia del paradigma "energético y
entrópico" en la producción de riquezas; o rol dominante de las
economías de aprendizaje en la competencia; o importancia de los
saberes implícitos no codificables e irreductibles al del maquinismo;
o globalización de la performance; o especificidad del bien
información en cuanto a su uso y a su apropiación; o generalización
del fenómeno de externalidades.

Este conjunto heteróclito corresponde a procesos que, en su mayoría,
se pueden identificar hoy. Pero ¿el conjunto de estas tendencias
define un nuevo paradigma coherente? ¿Estas nuevas formas de
organización van a volverse hegemónicas, o se trata de
transformaciones que se articulan con formas más clásicas de trabajo?
Para aclarar estas cuestiones, lo mejor es comenzar por la
organización del trabajo. No se descubre a este nivel ninguna
tendencia a un ascenso potencial del modelo cognitivo suficiente para
suplantar el modelo actualmente dominante, que podemos calificar de
neo-tayloriano. Por el contrario, asistimos a una articulación entre
estos dos modelos. Esta cuestión no es de hoy. Hace, por lo menos diez
años que se discute esta temática de un nuevo modelo de trabajo, que
bautizaron "toyotismo": se evocaba entonces la polivalencia y la
implicancia de los trabajadores como nuevas fuentes de productividad y
de calidad. También hace diez años que Lazzarato y Negri [5]
respondían de manera muy retórica a este tipo de objeción: "La primera
objeción destaca el hecho que el trabajo de tipo antiguo es todavía
muy importante en nuestras sociedades. La segunda insiste sobre el
hecho que es únicamente en las zonas, a través del mundo, en donde la
dialéctica capitalista ha producido sus frutos últimos que el trabajo
bajo la forma del general intellect tiende a volverse hegemónico. El
carácter totalmente correcto de estas objeciones no puede negar para
nada o sub-evaluar el poder de la evolución. Si el pasaje a la
hegemonía del nuevo tipo de trabajo, trabajo revolucionario y
constituyente, no aparece más que como tendencia, y si la puesta en
evidencia de una tendencia no debe confundirse con el análisis de
conjunto, por el contrario, un análisis de conjunto no vale más que en
tanto él se esclarezca por la tendencia que preside a la evolución".
Todo esto está muy bien, pero esta tendencia a la hegemonía se
convierte, por arte de magia, en realización de la hegemonía. Carlo
Vercellone [6] habla de una "nueva figura hegemónica del trabajo,
marcada por su carácter cada vez más intelectual e inmaterial". La
realidad es totalmente diferente y las transformaciones tecnológicas
son aprovechadas para controlar mejor a los trabajadores. Las
obligaciones que sufren nunca han sido tan penosas, y las nuevas
tecnologías son aprovechadas para ejercer un control cada vez más
cerrado y cada vez más individualizado como lo ha mostrado bien Thomas
Coutrot [7] a partir de un amplio conjunto de encuestas y de estudios
de campo. El postulado, no obstante esencial, según el cual
asistiríamos a una "disolución de las líneas divisorias entre capital
y trabajo homogéneo o entre calificados y no calificados" no tiene,
por ende, ningún fundamento empírico. El capitalismo contemporáneo se
caracteriza, en realidad, por una dualidad en la dinámica del empleo.
Los empleados efectivos crecen, en efecto, por los dos extremos: por
un lado, los efectivos de los "trabajadores cognitivos" crecen muy
rápidamente, pero la masa de empleos creados se encuentran en los
empleos poco calificados del comercio y de los servicios a las
personas. Esta estructura es particularmente clara en Estados Unidos
que debería ser la tierra de elección de este nuevo capitalismo. Esta
dualidad salta aún más si se examina la situación a nivel mundial.
Como lo hace notar de entrada El Mouhoub Mouhoud en su contribución
[8] al libro coordinado por Vercellone: "a este proceso centrífugo de
repartición mundial de las actividades económicas se opone un
movimiento de polarización de las actividades en beneficio
esencialmente de las zonas desarrolladas de la Tríada. Esta
polarización está particularmente marcada para lo que concierne a las
actividades intensivas en conocimiento". Si se piensa a nivel del
planeta, "una cierta diversidad de las trayectorias es perceptible a
nivel de las naciones, de los territorios, de los sectores y de las
firmas. En particular, las lógicas de producción taylorianas parecen
haber encontrado una segunda juventud a través de la difusión de un
cierto número de innovaciones tecnológicas y organizacionales. Una
dualidad es perceptible en el seno del sistema productivo entre una
lógica productiva ’cognitiva’ y una lógica productiva ’tayloriana
flexibilizada’. Estas dos lógicas productivas tienen consecuencias
distintas sobre la localización de las actividades económicas y apelan
a estrategias de desarrollo de los territorios diferenciados."

EL "APROXIMADAMENTE" Y EL "LO QUE SEA"
La corriente del capitalismo cognitivo es muy representativa de un
método que consiste en querer ser moderno e innovador a toda costa,
corriendo entonces el riesgo de poner de manifiesto sólo un aspecto de
la realidad social estudiada. Tal empresa se acompaña en general de un
cierto eclecticismo, que consiste en movilizar todo de quien puede ir
en el sentido de la novedad. Evidentemente es más gratificante adoptar
la postura del gran iniciado anunciando al común de los mortales las
revoluciones que se despliegan ante sus ojos y de las que no saben
captar toda su magnitud. Se podría ironizar al evocar el punto de
vista de esos trabajadores pobres, sometidos a una precariedad y a una
miseria tan modernas como Internet, y que no se han dado cuenta que
desde ahora en adelante, estamos instalados en una sociedad de lo
inmaterial y de la primacía del conocimiento. Pero esto sería una
posición simétrica tendiente a negar o a anular por medio de otra, la
realidad de las transformaciones en curso. Lo más difícil es adoptar
un análisis dialéctico que apunte a evaluar correctamente el alcance
de lo que es nuevo, mientras se examina si lo nuevo no reproduce lo
viejo e incluso lo muy viejo. Por un lado, en efecto, las
transformaciones de la relación salarial nos conducen nuevamente a un
capitalismo pre-industrial, en el que la clase obrera no estaba
plenamente constituida. El punto de vista correcto nos parece
precisamente este: la modernidad capitalista permite reproducir las
formas más antiguas de servidumbre asalariada. El eclecticismo de la
corriente cognitivista se vuelve a encontrar en sus fuentes de
inspiración, entre las que Moulier Boutang cita por ejemplo a Aglietta
[9] o Rifkin [10]. Ahora bien, estos dos autores acumulan las
desmentidas prácticas y sus construcciones teóricas padecen una
obsolescencia acelerada. Rifkin es un de los inventores de la tesis
del "fin del trabajo" y Aglietta el creador del "capitalismo
patrimonial". La tesis del fin del trabajo extrapola las ganancias de
productividad realizadas en los sectores de punta, para deducir de
esto que el trabajo se vuelve una especie en vías de desaparición, de
tal forma que el objetivo de pleno empleo se convierte en una utopía
reaccionaria y que es necesario reflexionar sobre una noción de plena
actividad y proponer un ingreso universal. Ninguna chance: el periodo
de embellecimiento 1997-2001 ha dado lugar a numerosas creaciones de
empleos (10 millones en Europa) que han conducido a discutir de nuevo
las condiciones de posibilidad de pleno empleo. Por cierto, la
reducción del tiempo de trabajo se ha pasado mal en Francia, y la
inversión de coyuntura ha hecho repartir el desempleo en alza, pero
este periodo ha hecho presentir la posibilidad, bajo ciertas
condiciones, de crear empleos al repartir entre todas y todos las
horas de trabajo efectuadas, en lugar de resignarse a un eterno
déficit de empleo. Las teorizaciones de Aglietta no han resistido
mejor al retorno a la baja de la tasa de ganancia en Estados Unidos y
a la profundización de su déficit externo, que han mostrado que no
existía productividad cognitiva intrínseca y que la nueva economía no
podía extenderse al resto de la economía mundial, ya que se basaba
justamente en una capacidad muy particular de Estados Unidos de drenar
capitales. De manera general, la inversión bursátil ha dado un severo
golpe a la tesis del capitalismo cognitivo, al mostrar que el
capitalismo contemporáneo no había logrado para nada inventar un medio
de liberarse de la ley del valor. Finalmente, una cierta fascinación
tecnológica impregna estos análisis y hace corto circuito en la
reflexión sobre el modelo social de conjunto que se deriva de ellos.
Todo sucede como si este modelo fuera derivado de la tecnología de
manera unívoca. Tenemos allí un resurgir de lo peor de un marxismo
vulgar que olvida la ambivalencia de las tecnologías. Las redes,
Internet, la comunicación, son proezas técnicas, pero que pueden
servir de base a la mejor o a la peor de las sociedades.



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