[R-P] [Plan Fénix] Luchar contra las retenciones es luchar contra la industria
Nestor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Vie Abr 3 09:48:36 MDT 2009
Gentileza Alicia Ester
Domingo, 29 de Marzo de 2009
DOCUMENTO DEL PLAN FENIX
Agrotensiones
/Culminó otro lockout del campo representado por la Mesa de Enlace. Ante
la persistencia de la protesta de un grupo de productores, los
economistas reunidos en el Proyecto Estratégico de la Universidad de
Buenos Aires-Plan Fénix plantean el debate sobre la política
agropecuaria. Destacan que lo que está en juego no es el interés
sectorial, sino el patrón de acumulación y distribución. Proponen crear
una comercializadora de carácter público y revisar la legislación
referida a los arrendamientos rurales. Y reafirman su postura a favor
del mantenimiento de las retenciones./
Por Plan Fenix *
“Los reclamos por suprimir las retenciones a las exportaciones primarias
ocupan, desde hace algún tiempo, un lugar destacado en la agenda de los
medios de difusión. Los argumentos al respecto tienen muchas veces un
contenido simplista, pero ello no impide que esto sea avalado por
partidos políticos, organizaciones intermedias, cámaras empresariales y
hasta organizaciones sindicales.”
Así comenzaba un comunicado que emitiéramos desde el Plan Fénix, en
marzo de 2005. Cuatro años después, el debate sobre el tema permanece,
con mayor vigor, habiendo atravesado instancias dramáticas durante el
año 2008, con fuertes reverberaciones en el plano político y partidario.
Una y otra vez se han reiterado argumentos a favor o en contra de este
instrumento. Así lo hemos hecho también nosotros, exactamente hace un
año. Reafirmamos nuestra postura a favor del mantenimiento de las
retenciones, graduando su impacto por producto, escala de explotación y
región geográfica.
Se trata de un instrumento con indudables efectos positivos:
* Permite socializar parte de la renta primaria, que de derecho
corresponde a toda la comunidad.
* Introduce un tipo de cambio diferenciado que favorece un
desarrollo armónico de agro e industria, transfiriendo al conjunto de la
economía la ventaja comparativa agrícola.
* Brinda holgura fiscal al Estado, lo que habilita el financiamiento
de inversión productiva y otras prestaciones estatales, sin presionar
sobre los mercados financieros.
La historia argentina de las últimas tres décadas avala esta postura:
los dos ciclos más exitosos de la economía en términos de crecimiento
(1963–1974 y 2003-2008) en los últimos 50 años contaron con la
aplicación de tipos de cambio diferenciados mediante retenciones.
Sobresale en ambos casos el fuerte impulso resultante para las
exportaciones industriales no tradicionales, que crecen en términos
reales a un ritmo muy superior al de las exportaciones agrícolas. Es
ésta una herramienta insustituible para apuntalar al desarrollo con
equidad de la Argentina, sobre la base de un modelo híbrido, que combine
ventajas comparativas naturales y aquellas que permiten la actividad de
transformación.
En la actual coyuntura se añaden algunos elementos novedosos. La caída
de los precios internacionales (que han regresado así a valores próximos
a los históricos) ha reducido el margen de ganancias extraordinarias del
año pasado. A ello se agrega una sequía inédita, con valores de
precipitación pluvial menores en 50 por ciento o más con relación a
promedios históricos, que ocasiona la disminución de los volúmenes
producidos (particularmente en los casos de trigo y maíz).
A la disputa en torno de la posible apropiación de tales ganancias, que
produjo la escalada del conflicto, se suman ahora los requerimientos
para paliar la situación crítica ocasionada por la mencionada
circunstancia climática.
La postura de las patronales rurales, respaldada por parte importante de
la oposición política, no ha variado, sin embargo: el reclamo es por la
abolición o drástica reducción de las retenciones, sin otros
aditamentos. Ante este escenario, el Gobierno ha anunciado recientemente
algunas medidas, a partir de reuniones con los representantes rurales,
que desgravan parcialmente algunas producciones (pampeanas y
extrapampeanas), segmentan la aplicación de retenciones y brindan
subsidios para revertir la reducción del stock ganadero. Se mantiene la
alícuota para la soja, habiéndose dispuesto en estos días su parcial
coparticipación con las administraciones provinciales y municipales.
Entendemos que modificar los principios que sustentan el sistema de
retenciones sería equivocado. A los argumentos ya mencionados debemos
agregar la profundización de la actual crisis internacional, con
impactos recesivos que llegarán inexorablemente a nuestro país. Hoy más
que nunca, desguarnecer al Estado constituye un grave paso en falso, que
entraña riesgos considerables. No es éste el momento, seguramente, de
privilegiar intereses sectoriales, sobre todo cuando nada indica que la
supervivencia de los emprendimientos agropecuarios esté bajo amenaza.
Sólo los acreedores de la aún impaga deuda social de la Argentina tienen
derecho a este tipo de reclamo: hablamos de niveles de pobreza y
marginalidad que no pueden ser aceptables.
Ahora bien, los argumentos aquí expuestos no son por cierto desconocidos
para la generalidad de los analistas y actores del quehacer económico y
social. Cualquier persona razonablemente informada e intelectualmente
honesta puede reconocer su validez, más allá de los matices con los que
el instrumento de las retenciones puede ser aplicado.
Cualquier persona sabe que la supresión de las retenciones no paliará
los impactos de la crisis internacional, ni tampoco devolverá la lluvia
perdida. En consecuencia, la presente puja en torno del tema no refleja
sino un posicionamiento torpe y de miras cortas. Quienes abogan por la
eliminación de las retenciones, en función de su interés sectorial
inmediato, sacrifican una estrategia que a la postre resulta más
beneficiosa para el conjunto. A ello contribuye, por otra parte, una
dirigencia política incapaz de pensar más allá de la coyuntural
capitalización de la protesta.
Entendamos que –tal como lo dijéramos en declaraciones anteriores– no es
sólo el interés sectorial sino el patrón de acumulación y distribución
lo que aquí está en juego. Hemos vivido y sufrido las consecuencias de
esquemas fundados en la revaluación cambiaria y el desfinanciamiento
estatal. No están tan lejanos los recuerdos del empobrecimiento de los
años ’90 y la correspondiente crisis terminal de 2001. Sin embargo, hay
quienes parecen añorar este modelo.
Señalamos además que –más allá del fragor producido por los numerosos
cruces verbales– el posicionamiento gubernamental ha carecido de la
necesaria claridad. En lugar de ofrecer una fundamentación equilibrada y
articulada de esta política, se ha recurrido a argumentos parciales, ora
apuntando a aspectos distributivos, ora señalando necesidades fiscales.
La dirigencia política argentina debe comprender –desde el Gobierno o
desde el llano– que es imperativo persuadir desde la razón, y a la vez
desde una perspectiva que valore el bienestar del conjunto de la sociedad.
De la misma manera corresponde reclamar a los medios de comunicación un
tratamiento objetivo, que no priorice una toma de posición, como hoy se
observa en forma generalizada. Este conflicto debe ser encarado en
términos adecuados no sólo a la coyuntura sino a una senda de desarrollo
con equidad. Esto es, en el marco de un proyecto nacional todavía por
definirse para la Argentina.
Deben esclarecerse por lo pronto los intereses y la representatividad de
los actores, lo que lleva a reconocer que la dirigencia enfrentada a las
retenciones no representa a la población campesina de recursos y
horizontes productivos limitados. Se trata por lo contrario de
propietarios de medio y alto porte, rentistas en muchos casos, y en su
mayoría de la llanura pampeana. Ellos se han beneficiado
considerablemente con la conjunción de precios altos y devaluación
verificada en los últimos años. Así lo evidencian los elevados precios
de la tierra (e incluso de los inmuebles urbanos en las ciudades del
interior agropecuario pampeano).
Pero la realidad de la actividad agropecuaria en la Argentina es
considerablemente más compleja. Ella comprende producciones de diversa
naturaleza y escala, cadenas de intermediación fuertemente
oligopolizadas en muchos casos, proveedores de insumos críticos también
concentrados.
Es necesario entonces comprender la problemática agropecuaria en toda su
diversidad. Esto implica ir más allá de la cuestión puntual de las
retenciones.
El modelo de agricultura intensiva en tecnología que se ha desarrollado
en la última década conlleva una fuerte expansión del cultivo de soja,
en detrimento tanto de usos más equilibrados de los suelos (lo que puede
comprometer la sostenibilidad a futuro), como de cultivos más intensivos
en uso de mano de obra en zonas extrapampeanas.
Asimismo, ha puesto en entredicho la viabilidad de la actividad
ganadera, que se ha visto desplazada, afectando el stock total e incluso
la actividad lechera. Se avizoran los riesgos propios del monocultivo en
términos de su viabilidad ecológica como de precios internacionales no
previsibles.
Estos aspectos requieren definiciones estratégicas por parte del Estado,
ya que la preservación del suelo y la sostenibilidad en el largo plazo
no pueden dejarse libradas a las señales de mercado dado el limitado
horizonte de evaluación de los decisores privados. Estas definiciones se
encuentran ausentes. Sólo se han ensayado medidas puntuales, con éxito
diverso.
Debe ser objeto de particular consideración la agricultura de escala
familiar en áreas alejadas de las zonas cerealeras. Asimismo, las
cadenas de elaboración y comercialización, tanto en granos como en
carnes, hoy día se apropian de una parte no desdeñable de la renta
primaria. Esto amerita un estudio en profundidad para su reformulación.
Es imperativo un ejercicio participativo de planificación sectorial, que
defina un perfil futuro a la vez factible y deseable, en lo que atañe al
sector y a su vinculación con el resto de la economía.
Se podrán establecer así los roles que cada actividad debe cumplir en el
conjunto del quehacer agropecuario, incorporando explícitamente la
consideración de aspectos ambientales. Otros tópicos que deben integrar
esta agenda son la creación de una comercializadora de carácter público
y la revisión de la legislación referida a los arrendamientos rurales.
Las herramientas de intervención gubernamental deben encontrarse
correctamente diseñadas y ser implementadas en forma confiable. La
imagen resultante debe ser la de un Estado comprometido con una política
eficaz, con aristas diversas, correctamente fundamentada, y que no se
limita seguramente a introducir un tipo de cambio diferenciado o a
atender requerimientos fiscales.
Se requiere entonces a la vez voluntad de diálogo y convicción fundada
en la defensa de posturas que benefician al colectivo de los argentinos.
La negociación de ninguna manera puede transcurrir bajo la amenaza de
medidas que comprometen la continuidad de las actividades productivas,
ni mucho menos con la concreción de aquéllas.
El conflicto con el sector agropecuario lleva ya demasiado tiempo. Urge
en esta nueva etapa una solución duradera en pro de un proceso de
crecimiento sostenible y equitativo, ajustada además a un escenario
internacional muy diferente y seguramente más duro que el que vivimos en
los últimos años.
* Proyecto Estratégico de la Universidad de Buenos Aires-Plan Fénix.
http://www.pagina12.com.ar
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