[R-P] La soja desplaza al algodón en el Chaco
Nestor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Vie Abr 3 09:27:38 MDT 2009
Gentileza Alicia Ester
Domingo, 22 de Marzo de 2009
AGRO > EL DESPLAZAMIENTO DEL ALGODON POR LA SOJA
Chaco
/El área sembrada con algodón en el Chaco era de un millón de hectáreas
y se redujo en pocos años a 160.000. Se perdió el 84 por ciento de ese
cultivo por el avance de la soja./
Por Claudio Scaletta
Un tópico de los voceros de las corporaciones agrarias de la Pampa
Húmeda, reciclado por parte de la dirigencia política, es que “debe
solucionarse el conflicto con el interior”. La afirmación conlleva
algunos supuestos fuertes. El primero es la persistencia discursiva de
la visión “porteñocéntrica”. El mundo se divide en “el exterior”, todo
lo que no es Argentina, y “el interior” todo lo que no es la ciudad de
Buenos Aires.
Pero la cuestión no es sólo semántica. El interior, homologado
discursivamente al “campo”, dista mucho de ser una sola cosa; antes
bien, constituye una sumatoria de realidades regionales muy diferentes..
Existe, no obstante, un factor unificador. Las economías regionales son
subsistemas productivos fuertemente vinculados al mercado mundial
Este carácter predominantemente exportador, producto de las
transformaciones experimentadas por la economía local desde mediados de
los ’70, es el que explica buena parte del auge de la post
convertibilidad (el resto es el crecimiento del mercado interno) y
también los problemas actuales a partir de la crisis internacional, la
que se transmite a las regiones vía caídas de precios.
Las semejanzas, sin embargo, terminan con la macroeconomía. Desde una
perspectiva estructural muchos de los procesos experimentados por el
agro local, como la sojización, tuvieron impactos muy diferenciados
regionalmente. Las transformaciones fueron especialmente fuertes donde
se reemplazaron cultivos intensivos por extensivos. El caso del avance
sojero sobre antiguas áreas algodoneras en Chaco constituye un ejemplo
dramático.
En “Subordinación productiva en las economías regionales de la
pos-convertibilidad”, una investigación realizada por un equipo del
Centro de Estudios Urbanos y Regionales (CEUR-Conicet) y coordinada por
Alejandro Rofman, se analiza el devenir 2002-2007 de algunos circuitos
productivos, entre ellos el algodonero. Por su carácter de bien
transable, la producción de algodón se vio favorecida por la
devaluación, pero a diferencia de otros productos regionales su
rentabilidad no pudo competir “con otros cultivos sustitutivos en el uso
de la tierra”.
De acuerdo con un trabajo de 2004 del actual gobernador chaqueño, Jorge
Capitanich, desde los últimos años de la década del ’90 “el área
sembrada (con algodón) en la provincia del Chaco, principal productora
del país, rondaba antes de la crisis (de 2001-2002) en 1.000.000 de
hectáreas y se redujo en pocos años a 160.000 hectáreas. Quiere decir
que se perdió el 84 por ciento del área sembrada en dicha provincia”.
Para el mismo año del trabajo de Capitanich, una investigación de la
experimental del INTA de Reconquista (Santa Fe) calculaba que el costo
para la producción de una hectárea de algodón en Chaco era de 227
dólares contra 112 de la de soja. Por el lado de los ingresos el precio
del algodón en bruto, iniciada la siembra de la campaña 2004/2005,
rondaba los 700 pesos por tonelada.
Frente a los costos de producción conseguir una rentabilidad positiva
demandaba una productividad por hectárea de al menos 1,5 tonelada,
“nivel raramente alcanzado en campañas anteriores y casi imposible de
obtener en los predios de los pequeños productores”. El resultado fue
que “los medianos y grandes productores algodoneros de la provincia del
Chaco que pudieron reconvertirse tecnológicamente en los noventa
aseguraron sus ganancias volcándose hacia las oleaginosas que, además y
a diferencia del algodón, requieren de escasa mano de obra y no generan
demasiada incertidumbre en cuanto a su rendimiento final”, se precisa en
el documento del CEUR.
Pero si resultó tan favorable plantar soja, ¿quiénes siguieron con el
algodón? Según la investigación fueron aquellos que no pudieron afrontar
los procesos de tecnificación y mecanización necesarios pero que, por
razones culturales y de endeudamiento, no se adecuaron a un cambio o
diversificación de su producción, o no tuvieron opciones para hacerlo.
En general se trata de pequeños productores minifundistas que no tienen
otra alternativa posible de inserción laboral y que producen a escala
reducida, en forma manual, sin equipamiento, sin acceso a financiación y
comercializando lo producido sin opciones a obtener un precio
competitivo. En 2006 sus ingresos no solían superar los 400 pesos mensuales.
El trabajo del CEUR concluye que “las nuevas generaciones sin
capitalización previa y sin acceso a la tierra por el proceso de
concentración quedan relegadas del circuito y optan por trasladarse
hacia espacios urbanos”. Los cambios en la política agropecuaria
reclamados por las corporaciones sectoriales no resuelven estos
detalles, los agravan.
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular