[R-P] Zapala y San Martín de los Andes

Nestor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Vie Abr 3 08:53:24 MDT 2009


Había preparado esto como introducción a la notita sobre los molinos 
eólicos para riego en Zapala. Se me hizo muy largo. Va separado, entonces.

El que viaja desde San Martín de los Andes a Zapala, puede pasar por 
Junín de los Andes. Es un gran cambio, salir del centrito turístico 
súperpaquete impulsado por la oligárquica familia Reynal para meterse en 
una ciudad ganadera, que vive de la cría de terneros (y, antes, de 
caballos) en las estribaciones semiáridas de los Andes Patagónicos.

Junín, creo, esconde una historia.

Hoy en día su vida económica combina la ganadería con el turismo: caza, 
pesca, acceso al centro de esquí de Chapelco y excursiones al Lanín (en 
turismo siempre está en competencia con San Martín, dicho sea de paso, 
donde más bien sale algo perdidosa).

Pero uno piensa que ése no debió haber sido el destino del pueblo. Por 
la ruta, al acercarse a la ciudad, el ancho valle del Chimehuín hace 
pensar en el fracaso parcial de la generación del 80, y quizás en los 
sueños perdidos de Bayley Willis. Neuquén (Junín es una típica ciudad 
del interior neuquino) fue incorporada al territorio argentino por la 
columna cuyana del mendocino Manuel Olascoaga. Gente habituada a hacer 
florecer desiertos, también en Junín tienen que haber imaginado un área 
de riego, que nunca terminó de aparecer.

Es que al pueblo, me parece, le tocó asentarse hacia el cierre del ciclo 
de oro del país agroexportador (mediados de la década del primer 
Centenario). Esa Argentina del mercado interno exiguo y el comercio 
exterior dominado por el acuerdo oligárquico-británico, ya no tenía 
mucho lugar para más valles de riego. Junín, entonces, sufrió el destino 
del Valle Inferior del Río Negro, y en parte el del Valle Medio. O el 
del -ya en Mendoza- valle del Río Grande, cuya sistematización nunca 
pasó de los ensueños desarrollistas.

Falto de mercados para consumir su potencial producción, durante 
larguísimas décadas su existencia dependió más que nada del 
abastecimiento al regimiento local (alguien tendría que hacer la 
historia de la relación entre los regimientos y los pueblos rurales 
durante las décadas del 20 y 30 para entender buena parte de lo que fue 
el peronismo). El apenitas desarrollado valle de riego se concentró en 
las pasturas.

Y eso, todavía, es lo que uno ve cuando pasa por allí: un rotundo río 
discurriendo entre pasturas, en vez de alimentar montes de frutales, 
plantíos de verduras y toda la economía agroindustrial que engendran 
este tipo de producciones. Por supuesto: Junín sufrió mucho con la 
práctica destrucción de la capacidad de integración territorial del 
ejército argentino que fue una de las peores consecuencias de la 
temporaria derrota malvinera en el 82. No Menem sino Alfonsín marcó el 
inicio de esa decadencia, que más aún que a Junín afectó a Zapala. Y 
allí, a Zapala, nos lleva la nota sobre el riego con energía eólica.

Es que en Zapala ni siquiera hay río que se parezca al robusto 
Chimehuín, por lo menos. Pero parece haber un impulso nuevo en el 
proyecto -ya en ejecución- de sumar a la población local con la más 
avanzada tecnología energética. Ojalá el ciclo que fosilizó en la 
ganadería a la bella Junín esté terminando de una buena y definitiva 
vez. Es el momento de apoyarlo con un mercado interno en creciente 
consolidación, pese a quien pese y caigan los títulos de propiedad que 
tengan que caer.

En esta pequeña iniciativa del INTI, INVAP y los residentes locales del 
área rural de Zapala pueden  haber algunas pequeñas revoluciones en 
estado de preñez inicial. Que salgan del nivel embrionario o larval es, 
en parte, asunto de todos nosotros.

Da pena tener que enterarse de esto por una vía calladita como la que 
nos lo hizo saber, y no por la gran prensa. Qué casualidad.



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