[R-P] [Claudio Díaz] La burocracia intelectual
Nestor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Vie Abr 3 09:24:26 MDT 2009
Gentileza Alicia Ester
La burocracia intelectual
Por Claudio Díaz
Lo que resulta ciertamente increible es que a la hora de buscar “las
pruebas del delito” no encuentren ningun documento o testimonio concreto.
Los Principitos. Así podrían firmar sus próximas notas los dos
periodistas de Le Monde Diplomatique. Los Principitos, insistimos, por
aquello de que lo esencial es invisible a los ojos. A los de ellos,
claro. Porque son cortos de vista. O por una cuestión de ceguera
política. Al cerrar los ojos a la objetividad no pueden distinguir lo
bueno de lo malo. ¿O será que se ponen lentes para el sol y ven todo lo
que proviene del sindicalismo peronista en tono oscuro?
Si no es un problema visual, entonces cuesta entender mucho cómo es que
en la mira de sus catalejos resultan ser lo mismo Hugo Moyano y Luis
Barrionuevo (o Armando Cavalieri y cualquier otro de los “jóvenes
brillantes” que se recibieron de traidores con el profesor Menem).
¿Ustedes ven bien, muchachos? ¿No tendrían que ir al oculista?
Que Moyano, uno de los poquísimos dirigentes sociales que puede exhibir
una coherencia de pensamiento y compromiso por la defensa de los
trabajadores, sea puesto a la misma altura de los que colgaron la
campera y los principios para calzarse la ropa y las ideas del jet set
liberal, es una pifia que podría dejarse pasar si estuviéramos en
presencia de jugadores amateurs. Pero no. El análisis con tufillo
calumnioso viene empaquetado con el moño glamoroso y la fragancia a
perfume francés de una publicación que se precia de ser progresista.
Sin embargo, eso no es lo más sorprendente. Lo que resulta ciertamente
increíble, o patético, es que a la hora de buscar “las pruebas del
delito” para incriminar al secretario general de la CGT y probar que es
un “corrupto” igual a Barrionuevo, Cassia, Pedraza y otros más, no
encuentren ningún documento o testimonio concreto y decidan ir en busca
de dos testigos que uno no sabe si reír o llorar. Por un lado,
¡Perfil...! ¡Perfil...! Es decir, ¡Fontevecchia...! Y por el otro (de
pie, señores; que se abra el telón...): ¡El “Pata” Medina!
La seriedad y el profesionalismo con que trabaja el medio conducido por
Fontevecchia, así como también la rigurosidad con que se encaran los
productos periodísticos que edita, están fuera de toda discusión. Habría
que recordar, por ejemplo, que en 1983 la por entonces revista La Semana
(antecesora de Noticias) decidió armar una producción especial en la
base naval de Mar del Plata llevando a un grupo de chicas pulposas y
famosas (Noemí Alan y Adriana Brodsky), de la troupe de Gerardo
Sofovich, con el propósito de entretener nada menos que a la valiente
muchachada de la Armada (con el Tigre Acosta y Astiz a la cabeza) que
había demostrado su coraje con luchadores sociales, mujeres y abuelas a
quienes habían secuestrado, torturado y asesinado, aunque después de eso
se cagaran en las patas a la hora de enfrentar a los ingleses en las
Malvinas.
En 1984, Fontevecchia también quiso dar muestras de su creatividad
periodística. Y para aprovechar el show que algunos medios montaron al
“descubrir” que en la Argentina habían desaparecido miles de personas
(algunas de ellas arrojadas desde aviones al Río de la Plata), decidió
que el periodista Daniel Dátola (hoy autor teatral) se subiera con una
docena de muñecos a un avión alquilado, para tirarlos al río desde 5 mil
metros de altura y demostrar, en la repugnante nota, cómo es que los
marinos amigos del dueño de Perfil asesinaban a prisioneros.
Quizás aburramos con estas historias que refieren a la calidad moral de
quienes enjuician a Moyano, pero esta defensa también quisiera que se
recuerde que en 2005 la revista Noticias publicó una tapa en la que
presentaba al que (según el serio y prestigioso semanario de
Fontevecchia) era el hijo del entonces presidente Kirchner, Máximo. “El
misterioso hijo del presidente”, decía el título. Y sugería que el joven
era el encargado de realizar algunas tareas no muy santas a favor de sus
padres. Pero resulta que el de la tapa no era Máximo, sino un tal
Marcelo Martínez Casas, por entonces gerente de Asuntos Legales de Canal
9 y yerno, nada menos, que del banquero menemista Raúl Moneta.
Ahora podríamos hablar un poco del Pata Medina. Hombre de la UOCRA,
primero menemista y luego duhaldista, totalmente ausente o
“desaparecido” como luchador social en toda la década del ’90, cuando
las conquistas laborales caían como las industrias y los ladrillos de la
construcción, no vamos sin embargo a hacer lo mismo que DV y DC ya
hicieron: es decir, acusarlo de chanta, corrupto o traidor sin tener
pruebas de ello. Pero averiguamos que tiene cuatro causas pendientes en
la Justicia.
La primera es por un accidente automovilístico en La Plata. Según el
expediente, Medina atropelló al docente y maratonista Victorio Pascual
Panella. La causa tramita en un juzgado de La Plata y el número de
expediente es 318.203. La segunda causa es de la Justicia Federal. Está
imputado de coacción agravada por amenazar a los dueños de la empresa
Bautex. El número de expediente es 6229. La tercera es un proceso
judicial por hurto y coacción. Medina, según admitió en una entrevista
periodística, se subió a una máquina vial durante un paro en una empresa
y amenazó a obreros. Por esta razón estuvo 80 días detenido. En la
última causa (la Nº 1347, en el Tribunal Oral Nº 4 de la Justicia
ordinaria), fue encontrado culpable por amenazar de muerte a un tal
Vega, delegado de otra línea interna de la UOCRA, en unas elecciones del
sindicato.
La pobreza de argumentos para descalificar a alguien con quien, es
evidente, se tiene una animadversión política o ideológica, es hija de
la carencia y escasez de recursos intelectuales. Todo se remite a una
serie de recortes periodísticos. Ni un dato propio, ni siquiera una
pista, tienen los fiscales. ¿Dónde está la mansión grande como la cancha
de River donde podrían caber como 70 “casas comunes”? Si es que existe,
¿Moyano la robó, se la usurpó a alguien, la compró con dinero que les
sacó a los trabajadores? Un poco más de precisión y justeza, muchachos.
Y, sobre todo, más seriedad. Porque si no el trabajo de ustedes se
asemeja bastante al de esos agentes de inteligencia que años atrás
aseguraban haber detectado a un peligroso marxista o subversivo, porque
lo habían visto comprar un cassette de Mercedes Sosa.
La otra manera de saber si dirigentes como Moyano son ladrones, es yendo
a los lugares de trabajo a pedir la opinión de los trabajadores. Claro,
para eso hay que salir de la comodidad de la redacción, tomar un taxi y,
encima, entrar a un sindicato, con todo el terror que ello les genera a
ciertos hombres de letras. ¿Por qué no hablan con los camioneros? Vayan,
pregúntenles a los recolectores de residuos, a los distribuidores de
alimentos... Les van a decir cuánto ganan, qué hoteles y campings
tienen, qué tipo de cobertura médica en hospitales que parecen hoteles
cinco estrellas, a dónde lleva el gremio a pasear a sus hijos en
vacaciones de invierno. Háganlo nada más que por curiosidad... A
propósito, ¿cuánto les pagan a ustedes en Le Monde...?
Ensuciar a Moyano sembrando la sospecha de que posee bienes mal habidos
y conseguidos a costillas de los trabajadores no es más que un trabajo
sucio para limpiarles el camino a los que verdaderamente explotan y
negrean a los laburantes. Porque, a propósito del título de la nota
publicada en Le Monde y su argumentación central, no es verdad que haya
trabajadores pobres porque sus dirigentes sindicales son ricos. Si bien
es cierto que algunos de ellos han hecho “carrera” para convertirse en
millonarios, poseyendo empresas, campos y abultadas cuentas bancarias,
el punto central y se diría que casi único por el que la Argentina tiene
a gran parte de su fuerza de trabajo en condiciones de indignidad y
miseria es el resultado de la aplicación del modelo capitalista explotador.
Por eso tampoco se puede dejar pasar lo que constituye un verdadero
sofisma: eso de que el enriquecimiento de los dirigentes sindicales es
una “cosa natural, propia de la picardía criolla”.. Que exista una
docena de gremialistas, no más que eso, que se enriquecieron por no
haber defendido la dignidad de sus compañeros, no puede tapar que haya
otros miles que han tenido y tienen una conducta intachable, y que viven
dignamente como cualquier hijo de vecino. Por eso acercamos una lista de
hombres que ocupan los más altos lugares en la conducción de sus
sindicatos y que desde hace años demuestran estar al servicio de los
trabajadores, como Julio Piumato, de Judiciales; Juan Carlos Schmid, de
Dragado y Balizamiento; Omar Plaini, de Canillitas; Horacio Ghilini, de
Docentes; Luis Pandolfi, de Lavaderos y Tintoreros; y Juan Belén, de la UOM.
Que los periodistas den por hecho que todos son corruptos, que
generalicen de una manera tan extrema es –como se dijo al principio–
mirar la historia con ojos prestados. O con anteojeras. Como esos
caballos salvajes que, provistos de esa funda, salen a galopar sin poder
mirar a los costados, con la idea fija de llevarse todo por delante. Que
es lo que les gusta a los enemigos del poder sindical, que desde los
medios que dominan hacen de la caza de gremialistas ciertamente
traidores a los intereses de sus representados el deporte preferido.
Pero no porque defiendan la honestidad como valor (ellos no lo son) sino
para meter un tiro por elevación a todo el movimiento obrero.
Las tapas de revistas o los informes televisivos con Cavalieri en una
playa privada del Caribe o Pedraza en su mansión de Villa Sarmiento, son
“balas que pican cerca” para herir ayer a Ubaldini, hoy a Moyano y
mañana a quien continúe en la senda de defensa del interés de los
trabajadores. Si la burocracia sindical está constituida por una clase
social acomodada, perezosa para no abandonar el estado de
confortabilidad que usufructúa y prejuiciosa para no modificar ideas que
puedan entrar en contradicción con sus intereses, entonces habrá que
convenir que en el país de la intelectualidad bien pensante también hay
unos cuantos burócratas.
*Periodista, profesor de historia y escritor. Entre sus títulos se
encuentran el Manual del antiperonismo ilustrado, La ultraderecha
argentina y La prensa canalla (compilador). Obtuvo tres Martín Fierro
(1992, 1993 y 1995) al mejor servicio informativo por el noticiero de
Radio Mitre, del cual fue productor entre 1991 y 1997. Trabajó en La
Razón, El Periodista, El Porteño, Línea y Clarín. En 1988 le otorgaron
el Premio Latinoamericano de periodismo José Martí.
Fuente: Contraeditorial www.elargentino..com http://www.elortiba.org/
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