[R-P] Algunas reflexiones sobre Raúl Alfonsín

Facundo Cano dnifacundo en yahoo.com.ar
Mie Abr 1 19:13:13 MDT 2009


     ¿Quién fue Raúl Alfonsín? Medularmente fue un sarmientino, y esa 
impronta lo acompañó desde el inicio hasta el fin de su vida política. Hijo 
de la Libertadora, se formó en el más puro antiperonismo y en tal carácter 
se mantuvo -incluso durante el Proceso- armando opciones dentro del campo 
contrario al justicialismo. Para él, y para todo sarmientino, la dependencia 
es una cuestión de puntos de vista, no respaldada por la realidad objetiva. 
Así, no tuvo cavilaciones antes de aceptar participar de los almuerzos en la 
residencia del embajador de Estados Unidos, Harry Schlaudeman, durante la 
guerra de las Malvinas; se trataba de encuentros en los que, por orden 
directa del Pentágono, se lucubraban alternativas para reemplazar a Leopoldo 
Galtieri en la presidencia. Cabe recordar que pocos días después de la 
derrota del 14 de junio dichas alternativas tomaron forma en un golpe 
interno comandado por la vieja guardia occidentalista de los generales 
Nicolaides, Bignone, Llamil Reston, Trimarco, Vaquero, etc. El hecho es que 
para Alfonsín nunca hubo objeciones de conciencia en haber participado de 
esos almuerzos.
     Al llegar a la Presidencia Alfonsín se manejó como fiel representante 
del estrato cultural sarmientino de la población argentina: lo suyo puede 
sintetizarse como dependencia pero con prolijidad. Juzgó a las Juntas en 
momentos en que Estados Unidos había decidido que ya no necesitaba a los 
militares en América Latina, dejó de lado cualquier grado de independencia 
en política exterior (en particular en el tema Malvinas) y por sobre todo 
fue absolutamente permeable a los aprietes de los organismos multilaterales 
de crédito. Una visión algo difundida habla de un "Alfonsín bueno con 
Grinspun" mutado repentinamente en un "Alfonsín malo con Sourrouille", 
tomando como fecha pivote aquel día de mayo de 1985 en que anunció en Plaza 
de Mayo el lanzamiento de la "Economía de Guerra". Se trata de una 
simplificación. Es tan solo el mismo Alfonsín antes y después de cierto 
grado de vuelta de torniquete en el apriete antedicho. No es posible creer 
que el mismo hombre que en 1984 había convocado a una concentración 
multipartidaria contra el FMI en Plaza Congreso mudara de opinión tan 
radicalmente como para enviar a continuación al Parlamento un proyecto para 
reconocer en su totalidad la deuda externa contraída por el Proceso. No era 
sino el mismo Alfonsín, tanteando ligeramente -como suelen hacer los 
sarmientinos en funciones gubernamentales- la entidad real de los factores 
de poder económico sin jamás intentar forzarlos, antes de doblegarse a ellos 
por completo. De hecho, pagó dicha deuda externa sin el menor gesto de 
fuerza que habilitara una quita, y asimismo puso su mejor esfuerzo en 
privatizar las empresas del Estado aunque en esto fracasó (el peronismo 
quería ese negocio para su propia gestión). Y finalmente prefirió abandonar 
el cargo antes que enfrentar al poder financiero de los dueños de la 
Argentina. ¡No era cosa de malquistarse con Clarín y La Nación, que son los 
que escriben la Historia! Cualquiera que se oponga al nucleamiento de los 
ricos en nuestro país tiene garantizada la execración de los dueños de la 
Historia, como le está pasando al matrimonio Kirchner. Mejor negocio que 
perder la posteridad, evaluó Alfonsín, era perder la Presidencia.
     El establishment apreció esa actitud y a partir de entonces le otorgó 
en los medios un sitial de "autoridad moral republicana", que es el mismo 
con el que lo habrán de perpetuar Clarín y La Nación a partir del día en que 
ha fallecido. Alfonsín, durante el decenio de gobierno de Carlos Menem, se 
dedicó a menear la cabeza frente a desprolijidades y hechos de corrupción 
sin cuestionar las grandes líneas directrices de la entrega del país. Es el 
proceder invariable de todo sarmientino cuando el Gobierno está a cargo de 
un mitrista: recuérdese al propio Sarmiento, a Lisandro de la Torre, a 
Alfredo Palacios, a René Favaloro, a Graciela Fernández Meijide, a los 
socialistas "democráticos" de todas las épocas. En el caso puntual del Pacto 
de Olivos, lo escandaloso no fue haber acordado con Menem la reelección (el 
Mono Antinacional la hubiera conseguido de todos modos, pues contaba con las 
fuerzas parlamentarias para ello) sino haber exigido a cambio la 
introducción de reformas porteñistas y separatistas de increíble cuño 
reaccionario y decimonónico, verdadero núcleo final de la Constitución de 
1994, que no morigeraron sino que remacharon el abismo de sometimiento 
colonial al que estábamos sometidos por entonces.
     Por último, ya con el matrimonio Kirchner en la Casa Rosada, la voz 
inicialmente aprobatoria de Alfonsín terminó confundiéndose, en los últimos 
años, con el espeso coro de los republicanos de reciente ropaje que le 
reclamaban al Gobierno "mesura y seriedad" cada vez que éste tomaba una 
medida patriótica que afectara el patrimonio del establishment. Y sí, 
tampoco en esto Alfonsín se apartó del lineamiento atávico: mitristas y 
sarmientinos deponen diferencias y cierran filas cuando aparece un gobierno 
de signo popular.
     Esta médula sarmientina de Alfonsín se hizo notar incluso en la última 
aparición pública de su vida, cuando afirmó que "la verdadera solución de la 
pobreza es la educación". Epa, ¿y con el imperialismo no habrá nada que 
hacer? ¿Y con el capital extranjero? ¿Y con los banqueros? ¿Y qué se le dice 
a todo graduado universitario que en cualquier taller u oficina recibe como 
toda respuesta a su postulación laboral: "Ah, no, acá gente con títulos no 
queremos"? Sólo quien jamás salió a buscar empleo con los clasificados bajo 
el brazo puede creer que el nivel educativo tiene alguna relación 
inversamente proporcional con la pobreza. No hay cosa que las empresas 
aborrezcan más que los desocupados con un título universitario. Ahora, si 
Alfonsín se refería con esa frase a la "educación en patriotismo" de los 
ricos, vaya y pase. Pero me parece que apuntaba nomás a la educación de los 
pobres...
     En fin. Se fue Alfonsín. Nace un nuevo prócer para el establishment, 
que así alecciona a los futuros gobernantes.

      Facundo Cano 


	

	
		
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