[R-P] [Jorge Rachid] AYER, HOY Y MAÑANA

Nestor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mie Abr 1 13:38:49 MDT 2009


AYER, HOY Y MAÑANA
  Un artículo de jorge rachid


Cuando la única cura del rencor es la muerte, es porque la sociedad está 
enferma.

Despidiendo los restos del ex presidente Alfonsín, estas reflexiones 
marcan el momento actual y otros episodios de nuestra historia reciente 
y no tan reciente.

La crispación, el encono, la agresividad, el denostar permanente a 
cualquier precio, el oposicionismo feroz, la crítica personal, la 
demolición moral del adversario, la judicialización de la política, la 
foto antes que la película en un torneo permanente, mediático de lid sin 
códigos, sin valores, sin compromiso con el futuro, el país o nuestro 
pueblo, conllevan a situaciones políticas de las cuales es difícil 
volver, en vida.

Le pasó a Irigoyen. No hay mas que ver los diarios de la época, en 
especial La Nación, para ver una verdadera carnicería moral contra "el 
Peludo". Le pasó a Perón, antes de su primera elección y después de su 
derrocamiento sanguinario del bombardeo de Plaza de Mayo de la 
Revolución Fusiladora . Hombres probos perseguidos y mancillados, con 
sus bienes expropiados como si fuesen delincuentes de la talla y la 
honradez de Ramón Carrillo. Pasó por esto Alfonsín en su hiperinflación 
y la entrega adelantada del gobierno, y seguramente seguirá pasando en 
una Argentina de aguas batidas por huracanes de pasiones no resueltas 
pero con trasfondo claro de pugna de intereses.

El pueblo lo resuelve con su acompañamiento y su dolor en la hora de la 
despedida. Cierra la historia y las calumnias quedan sin siquiera valor 
de inventario, solo como muestra de la mediocridad caranchera de los 
factores de poder, que sin otros códigos que el dinero y la codicia, 
enlodan y ensucian a quienes ofrecen su vida a la luz pública asumiendo 
el compromiso de la función ejecutiva. Se pueden equivocar, incluso 
pueden los hombres y mujeres públicos tener políticas con las que no 
estemos de acuerdo, pero esperar la muerte para la reivindicación, es un 
dato extraño en una sociedad que pretende compartir un destino común.

En este hoy, en esta foto estamos cuando la película nos marca que hace 
un rato nomás, acá, en el 2001, todos los sectores sociales en la calle, 
contra el enemigo común conocimos el rostro alucinante de la muerte 
represiva, la estafa dineraria financiera mas importante de nuestra 
historia y la conmoción institucional severa que provocó el repudio 
unánime del pueblo argentino. Eso fue ayer, hace poco. Pero años atrás, 
en el 76, el clamor empujado por sectores sociales de intereses 
concretos y poderosos económicamente, a nueve meses de las elecciones, 
con embajadas de países centrales de por medio, desplazaron al gobierno 
constitucional de Isabel Perón, produciendo el hecho que inició el 
magnicidio mas importante de la historia argentina, no sólo de vidas 
humanas, sino de proyecto de país, clausurando la vida y los sueños de 
millones de argentinos, acabando con la movilidad social ascendente del 
estado de bienestar que desde décadas acompañaba el desarrollo del 
pueblo, terminando con la legislación laboral y endeudando al país para 
su sometimiento posterior como se verificó en la década del 90.

Mañana seguramente otros hombre y mujeres serán llorados y quizás 
acompañados con palabras circunstanciales por antiguos adversarios, 
compatriotas que desde otras trincheras demolieron no ya políticas, en 
las cuales están en todo su derecho, sino a personas, con 
caracterizaciones morales y referencias personales alejadas de las 
decisiones políticas que tuvieron que adoptar.

El poder y el compromiso público es un ejercicio de difícil tránsito que 
requiere desde voluntad de entrega hasta experiencia necesaria, desde 
templanza para soportar agravios hasta prudencia en las decisiones, 
desde humildad para saber que no siempre se puede hacer lo que se quiere 
sino lo que se puede, hasta coraje para enfrentar las condiciones mas 
duras que son las que suelen presentar los intereses externos.

La democracia limitada del Consenso de Washington, que imponía el 
Mercado como referencia absoluta del ser o no ser democrático, ha 
terminado. En especial en Latinoamérica esta situación ha despejado un 
camino hacia la unidad y la autodeterminación de los pueblos, impensable 
décadas atrás. Nuestros gobernantes están asumiendo posiciones inéditas 
que generan conflictos de intereses de miles de millones de dólares. 
Desde la AFJP a Aerolíneas Argentinas, desde la quita de deuda a impedir 
las recetas del FMI como práctica extorsiva,, desde reinstalar la 
legislación laboral solidaria y los Convenios Colectivos como práctica y 
mecánica de entendimiento obrero-empresarial, desde la respuesta a las 
jubilaciones con trece aumentos y movilidad además de la incorporación 
de aquellos expulsados del mercado laboral de los 90 que nunca se 
jubilarían por no llegar a los treinta años de aportes, desde el UNASUR, 
los acuerdos regionales de Defensa y la intención del Banco del SUD, son 
situaciones que cambiaron el marco económico-social con su consiguiente 
conflicto.

La historia a través de los pueblos juzga a los protagonistas, los 
inscribe en el afecto o los recuerdan como archivo, pero también el 
pueblo vota y elige mas allá de los gritos estentóreos originados en la 
pugna política. Ahí se define la situación institucional y la corrección 
o no de la política instrumentada. Por ahora es el mejor método, aunque 
imperfecto y en permanente revisión, pero es el único y excluyente que 
otorga legitimidad de origen a los gobernantes y a sus acciones, junto a 
los otros poderes del Estado.

Es la hora que los argentinos sepamos que la lucha de intereses es y 
será permanente entre quienes acumularon en años de injusticia y quienes 
queremos restituir la balanza de la Justicia Social en un marco de 
construcción de un Modelo Argentino Social y Productivo Solidario.

Por eso, acabar con el agravio gratuito ahora sin esperar a la muerte, 
es una decisión patriótica  para restablecer el respeto por nosotros 
mismos y nuestros gobernantes.

JORGE RACHID
CABA, 31 de marzo de 2009




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