[R-P] Fidel y los militares batistianos

Juan María Escobar escobar45 en infovia.com.ar
Mar Sep 30 14:00:40 MDT 2008


Fidel y los militares batistianos


Suele suceder que muchos, en Argentina y América Latina, se atribuyen
seguir en su accionar político la experiencia de la revolución cubana,
pero en los hechos parecieran tener muy poco conocimiento de cómo se
desarrolló el proceso histórico concreto. Un ejemplo de lo antedicho
lo tenemos en la política de las fuerzas revolucionarias hacia los
militares cubanos que defendían al gobierno dictatorial de Batista.

Cabe señalar que las Fuerzas Armadas cubanas de la época
pre-revolucionaria no se forjaron en la lucha por la independencia tal
como lo fueron sus homólogas  en la  mayoría de los países
latinoamericanos. Por el contrario los combatientes "mambises" que
llevaron a cabo una larga y sacrificada lucha contra el poder colonial
español fueron desmovilizados luego de la invasión de Cuba por el
ejército yanqui a raíz de la guerra contra España de 1898. Los nuevos
ocupantes crearon una policía militar para el mantenimiento del orden
interno  que a la partida de los marines (luego de dejar establecido
en la constitución cubana que tenían el  derecho de volver cada vez
que los intereses imperiales lo requirieran) se constituyeron en el
ejército de la nueva república oficialmente "independiente".

Pese a tan poco glorioso origen el movimiento revolucionario liderado
por Fidel Castro a partir de 1953 permanentemente tuvo hacia los
integrantes de los cuerpos  armados un política que buscaba separarlos
del régimen cipayo-maffioso de Batista y sus secuaces. Tal es así que
en su alegato en el juicio que se le hiciera a consecuencia del
fracasado asalto al cuartel Moncada, Fidel declaró: "Yo vi muchos
soldados combatir con magnífico valor....Unos están vivos, me alegro;
otros están muertos; sólo siento que hombres valerosos caigan
defendiendo una mala causa. Cuando Cuba sea libre, debe respetar,
amparar y ayudar también a las mujeres y los hijos de los  valientes
que cayeron frente a nosotros. Ellos son inocentes de las desgracias
de Cuba, ellos son otras tantas víctimas de esta nefasta situación."

Aún denunciando las torturas atroces y las ejecuciones sumarias que se
perpetraron contra los revolucionarios que cayeron prisioneros en
aquel intento de levantamiento armado, no dejó de deslindar
responsabilidades en el seno del ejército y evitó hacer caer culpas
colectivas sobre el conjunto de la institución:  "Como quiero ser
justo antes de todo, no puedo considerar a todos los militares
solidarios de esos crímenes, esas manchas y esas vergüenzas que son
obras de unos cuantos traidores y malvados, pero todo militar de honor
y  dignidad que ame su carrera y quiera su constitución, está en el
deber de exigir y luchar para que esas manchas sean lavadas, esos
engaños sean vengados y esas culpas sean castigadas si no quieren que
ser militar sea para siempre una infamia en vez de un orgullo".
También afirmó en forma contundente: "el honor que ganaron los
soldados que murieron lo mancillaron los generales mandando asesinar
prisioneros después del combate."

Poco antes de la ofensiva final que llevaría al ejercito rebelde hacia
La Habana, al realizar una proclama apoyada por el conjunto de las
fuerzas políticas y sociales de la sociedad cubana, se dirigía de esta
manera a las fuerzas armadas a las que venía enfrentando en durísimos
combates desde hacía dos años: "A los militares decimos que ha llegado
el instante de que nieguen su apoyo a la tiranía; que confiamos en
ellos, que sabemos que hay hombres dignos en las fuerzas armadas y que
si en el pasado centenares de oficiales, clases y  soldados han pagado
con la vida, la prisión, el destierro o el retiro su amor a la
libertad y su oposición a la tiranía, muchos quedan en esa actitud.
Esta no es una guerra contra los institutos armados de la República,
sino contra Batista, único obstáculo a la paz que desean, anhelan y
necesitan todos los cubanos, civiles y militares."

Finalmente, dejó sentado un principio que es compartido por todos los
auténticos revolucionarios de todas las latitudes y de todos los
tiempos y que los hombres y mujeres de la izquierda nacional hacemos
nuestro, recordando a nuestros caídos en la larga lucha por la
liberación de nuestro Pueblo y nuestra Patria: "Para mis compañeros
muertos no clamo venganza. Como sus vidas no tenían precio, no podrían
pagarlas con las suyas todos los criminales juntos. No es con sangre
como pueden pagarse las vidas de los jóvenes que mueren por el bien de
un pueblo; la felicidad de ese pueblo es el único precio digno que
puede pagarse por ellas".

Juan María Escobar 




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