[R-P] [CLICET] De la provincialización de los hidrocarburos a la provincialización agrícola

Juan María Escobar escobar45 en infovia.com.ar
Lun Sep 22 10:23:05 MDT 2008


Federico Bernal
De la provincialización de los hidrocarburos a la provincialización agrícola
Centro Latinoamericano de Investigaciones Científicas y Técnicas
http://www.cienciayenergia.com

Buenos Aires, Agosto de 2008

Federalismo de masas y federalismo de opereta

Frente al fracaso de las tendencias político-ideológicas de Mariano Moreno y
Manuel Belgrano, el monopolio del Rey fue reemplazado por el de la 
oligarquía
porteña. Comenzó así la escisión de Buenos Aires del resto de las 
provincias,
escisión que para subsistir y prosperar requirió enajenar la riqueza 
nacional a través del
control de la aduana. El partido político de esa oligarquía estaba 
constituido por
comerciantes e importadores (apoyados a su vez por los ganaderos) e 
interesada en el
comercio exterior en general y con el Reino Unido en particular. Su más 
ilustre
representante, Bernardino Rivadavia, será el auténtico fundador del partido 
unitario y
precursor del mitrismo. Fue entonces en oposición a éste que emergió el 
verdadero
federalismo, precisamente como la expresión y el accionar contrarios al 
despojo de la
riqueza argentina por una sola provincia (la de Buenos Aires). En su lugar, 
y con el
objetivo de desarrollar las economías regionales, propuso su redistribución 
equitativa
entre todas las provincias confederadas, esto es, entre las masas excluidas 
y despojadas
del interior.
Si el federalismo (de masas) nació justamente en respuesta al unitarismo 
porteño,
invocarlo como mecanismo para la apropiación provincial de un determinado 
recurso
resulta tan desacertado como absurdo. Que los hidrocarburos (o cualquier 
otra riqueza)
queden en manos exclusivas de la provincia que los contiene es repetir y 
convalidar lo
que la Buenos Aires del siglo XIX hizo con la aduana. Es atentar contra el 
desarrollo
armónico del interior (hoy sólo realizable con su industrialización masiva); 
es oponerse
a la justa redistribución de los recursos de todos los argentinos entre 
todos los
argentinos. En suma, es aplicar un federalismo de opereta o lo que es igual, 
una
provincialización de recursos.

De cómo el federalismo cambió de protagonistas y objetivos

El verdadero federalismo blandido por las provincias tuvo su última 
aparición en el
siglo XIX durante los gobiernos liberales de Mitre y Sarmiento (y en el 
siglo XX con las
puebladas de Mosconi y Tartagal contra el menemismo). Hasta la presidencia 
de
Avellaneda sirvió como instrumento de defensa a la arrogancia y al 
avasallamiento de la
ciudad-puerto, tanto la de Buenos Aires como la de Montevideo. Pero con el 
joven
tucumano, el decisivo apoyo electoral recibido de diez provincias y su 
consigna de
campaña: "federalización de la ciudad de Buenos Aires", el federalismo de 
masas
asumirá la presidencia y verá realizado su gran sueño seis años después con 
la
incorporación de la ciudad Capital a la nación. Con la derrota de Mitre por 
el ejército
roquista en 1880, "el factor centrífugo de la unidad argentina era 
aniquilado" (J.A.
Ramos. Rev y Contra). En adelante, el interés provincial será sinónimo del 
interés
nacional y viceversa.
Pero, como aludimos al comienzo, el verdadero federalismo tuvo su última 
actuación en
la década del ´60. Entonces, la oposición del interior hacia las políticas 
en materia de
recursos naturales emanadas de la separatista y egocéntrica Buenos Aires 
resultaba tan
lógica como históricamente justificada. Por ejemplo, en 1862 y a pedido del 
Poder
Ejecutivo, el político y diputado de minas sanjuanino Juan Domingo de Oro 
terminó la
redacción del Primer Código de Minería (CM) del país. Oro atribuyó la 
propiedad de las
minas a la Nación, no importara el territorio en que se encontrasen. Dicho 
proyecto,
presentado a la comisión revisora en 1863, no fue tratado en el Congreso y 
quedó
aplazado como consecuencia del rechazo provincial.
Un rechazo que hundía sus raíces en el federalismo de masas, curtido por 
décadas de
desconfianza de los caudillos provinciales hacia el unitarismo porteño. Se 
trataba de la
dicotomía: "Buenos Aires-Provincias". Al respecto, conviene recordar que en 
plena
elaboración del CM, el Gobierno "Federal" de Mitre -haciéndose eco de las
recomendaciones de Sarmiento de "no economizar sangre de gauchos" y de 
"quemar
ordenadamente todos los edificios públicos de Paraná"- (Crónica Argentina. 
J. Pérez
Amuchástegui, 1979), aniquilaba al caudillismo popular, endeudaba al país 
con
empréstitos de la banca londinense y abría las puertas de la aduana a los 
capitales
extranjeros y a las importaciones masivas de manufacturas. Paralelamente, 
Vélez
Sarfield, padre del Código Civil de 1864, declaraba el principio rector de 
la política del
gobierno: "Buenos Aires es piedra fundamental sobre la cual se construirá la
nacionalidad argentina en todas sus relaciones interiores y exteriores" 
(Ibídem, 1979).
El éxtasis porteño era infinito. De la mano del bisabuelo de José A. 
Martínez de Hoz, la
oligarquía vacuna se aventuraba a crear su propio partido político, la 
Sociedad Rural
Argentina. Mientras tanto, el resto del país sucumbía al atraso y a la 
asfixia social y
económica. De allí la lógica provincial de negar la entrega de los recursos 
naturales en
su territorio al unitarismo porteño. Su explotación era el único instrumento 
de desarrollo
genuino del que aún disponían. Y además, ¿por qué habrían de compartirlos si 
Buenos
Aires jamás lo había hecho con su propia riqueza, la aduana?
De la misma manera que con el CM de 1862, el enfrentamiento Buenos Aires-
Provincias surgió, décadas después, con los proyectos de nacionalización del 
petróleo
impulsada por el yrigoyenismo. Pero esta vez, las clases sociales, los 
actores y los
objetivos detrás del "federalismo" habían cambiado. Casi medio siglo de 
postración,
nulo desarrollo de las fuerzas productivas y la falta una economía 
convergente hacia un
centro interior fundado en la producción capitalista industrial, había 
engendrado en la
mayoría de las provincias (incluida Buenos Aires) oligarquías exportadoras 
tan
contrarias a la unificación nacional como aliadas al capital extranjero. 
Salvo honradas
excepciones, nada les importaba a sus referentes incorporarse a un mercado
centralizado, pues ello implicaba perder los resortes económicos que los 
alternaba
indefinidamente en el poder. Y dado que un auténtico país federal se 
caracteriza por
hacer del Estado el instrumento centralizador de la economía nacional y de 
la
redistribución y explotación "federal" de sus riquezas naturales, la 
provincialización de
recursos (la apropiación por una provincia) se convirtió en escudo supremo 
contra el
"intervencionismo" estatal y las políticas populares. Dicho resumidamente, 
al cambiar
los actores e intereses de clase detrás del federalismo, éste abandonó su 
carácter
progresivo original para convertirse en uno regresivo y reaccionario.
A modo de síntesis y relacionado con la ley petrolera del yrigoyenismo, 
transcribimos la
siguiente reflexión del pensador neoliberal Guillermo Yeatts: "Una vez más, 
el único
freno a la política estatizante fue el federalismo. Una vez más, durante los 
debates
parlamentarios de 1927 y 1928, en los que se discutió y dio media sanción al 
proyecto
del monopolio petrolero estatal, se repite la existencia de la aproximación 
entre
empresas privadas y elites provinciales, que juntas levantaron las banderas 
del
federalismo y de la defensa de los derechos constitucionales provinciales" 
(El Robo del
Subsuelo, 1996).

De cómo se expresaron las voces del unitarismo petrolero

A pesar de la media sanción, las operadoras transnacionales, la izquierda 
portuaria, el
anti-personalismo y los conservadurismos provincial y porteño se aliaron en 
la Cámara
Alta para rechazar el monopolio estatal y la nacionalización del petróleo 
propuesta por
el yrigoyenismo. Al frente parlamentario, se le adosó una activa hueste de
gobernadores, publicaciones locales y extranjeras, y lobbistas de empresas 
afectadas.
Benjamín Villafañe (h) -gobernador de Jujuy entre 1924-1927-, fue hijo del 
escritor,
político y líder del partido unitario del noroeste argentino, Benjamín 
Villafañe (1819-
1893), a la sazón, amigo personal de Juan Lavalle y socio de los gobiernos 
porteños de
Sarmiento y Mitre. Como era esperable, su hijo, el Villafañe gobernador, se 
opuso a la
nacionalización del petróleo, alegando que su aprobación: "lanzará sobre 
Jujuy un hálito
de muerte" que "lo condenará a la miseria y despoblación eternas". Prolífico 
autor de
sendos libros y manifiestos, opinaba del yrigoyenismo que: "no es un partido 
político.
Es una enfermedad nacional y un peligro público" (Petróleo y Nacionalismo en 
la
Argentina. Carl Solberg, 1982). Por su parte, el gobernador de Mendoza, José 
Hipólito
Lencinas (1922-1924) señalaba públicamente: "que las élites porteñas sólo 
pensaban en
medrar con las riquezas de las provincias" y que la victoria parcial en 
diputados: "le ha
permitido [al oficialismo] centralizar en Buenos Aires el dominio y gobierno 
de esta
inmensa riqueza" (Lencinas, 1958), juicios que plasmó años después en su 
libro
titulado: "El Petróleo y los jerarcas del centralismo porteño".
Del mismo modo, y en una muestra más de la ligazón entre este provincialismo 
de
recursos y el concepto que del "federalismo" tuvo y tiene el unitarismo 
porteño, el
diputado nacional por el partido Conservador (1918-1926) y consejero legal 
de la
Standard Oil, Matías Sánchez Sorondo, temía que la ley petrolera del 
yrigoyenismo
fuera la antesala "a la redistribución de la propiedad rural" ya que "en el 
fondo la guerra
es a la estructura social". Sobre la nacionalización del petróleo, el futuro 
ministro del
interior del gobierno provisional de 1930, señalaba que: "con esta ley 
monstruosa [.]
las provincias desaparecerían como entidades territoriales y políticas ante 
la nueva ley"
(Ibídem. Carl Solberg, 1982). Por último, la revista estadounidense Oil 
Weekly señalaba
en un artículo de octubre de 1929, que: "la oposición y el desinterés del 
Senado [en el
tratamiento y aprobación de la ley petrolera] han favorecido a las compañías 
privadas".
Efectivamente, el Senado demoró el tratamiento de la ley, que se hizo eterno 
con el
golpe de 1930. YPF Sociedad del Estado como una empresa poderosa, 
centralizada y de
proyección nacional fue bastardeada. Había triunfado la provincialización de 
recursos o
el unitarismo petrolero, luego ratificados por sendas leyes en la década del 
´30. La
expansión del Estado-Nacional empresario había sido inmovilizada.
De cómo se expresan las voces del unitarismo agrícola o sojero
Ochenta años transcurrieron de los debates petroleros durante el segundo 
gobierno de
Yrigoyen. De la igual forma que con la propuesta de nacionalización 
petrolera, la
aprobación de la 125 no sólo hubiera legitimado e inaugurado la entrada 
estatal al sector
agropecuario, sino que hubiese comenzado a federalizar su renta. Pero 
análogamente a
la ley yrigoyenista, la victoria del federalismo de opereta durante los 
debates
parlamentarios de la Resolución 125 frenó la "intervención" estatal y la 
redistribución
de la renta agrícola entre todas las provincias, únicamente realizable si es 
captada por el
Estado-Nacional.
Un día después de la votación en el Senado, una editorial del diario La 
Nación, se
refería al papel determinante que la cuestión del federalismo o de la 
disyuntiva: Estado
Nacional-Provincias (léase Estado Nacional-Mercado) había tenido en el 
conflicto:
"[Cobos tuvo] la virtud, en su momento, de entender mejor que la presidenta 
y su
marido que la naturaleza de la crisis era federal". Y es precisamente por 
esta razón que
la derogación de la 125 no puede ser atribuible a la "invencibilidad" de las 
cuatro
entidades. Tampoco a los errores del gobierno de no discriminar a los 
pequeños o muy
pequeños productores (cuando lo hizo no incidió en el resultado), ni al 
binomio
Sociedad Rural-clase media. Fueron el unitarismo agrícola (provincialización 
de
recursos), el anti-estatismo y la alianza con el sector privado empresario y
comunicacional las causas subyacentes de la derogación. Política y 
culturalmente, el
federalismo de opereta se impuso al federalismo de masas.
Y fue desde un principio y en estos términos que el sector agrario y la 
oposición
encararon la disputa. Por ejemplo y anticipando la posición de Santa Fe en 
el conflicto,
el ministro de economía Ángel Sciara señaló que "el federalismo en la 
Argentina cada
vez se aleja más de lo que plantearon nuestros fundadores" (ProDiario, 
14/5/08). Por su
parte, la senadora Estenssoro manifestó en su intervención del 25 de junio 
en la Cámara
Alta: "[El tratamiento de] esta ley deberá restablecer un federalismo real 
en la
Argentina, un federalismo no declamado, sino verdadero, que redistribuya el 
mapa del
poder y la riqueza entre el gobierno nacional y las provincias". En igual 
dirección se
despachó su jefa, Elisa Carrió: "está claro que la libertad, el federalismo 
y la República,
están en juego" (Crítica Digital, 14/07/08). Reflexiones magistralmente 
condensadas
por Luciano Miguens durante la conferencia de prensa con motivo del 
lanzamiento de la
122 Exposición Rural: "Esperamos que después de un debate de cuatro meses 
que
mantuvo prácticamente paralizada y en vilo a la sociedad argentina, los 
senadores, que
son los legítimos representantes de los pueblos del interior, cuyas 
economías son las
más afectadas por la Resolución 125, hagan un análisis profundo del tema y 
realicen
una contribución democrática, que honre esa representatividad que los 
pobladores les
confiaron. Lejos de convertirse en los operadores de los gobernadores o los 
guardianes
de las cajas provinciales, son por mandato del pueblo argentino los 
representantes de las
provincias en el Poder legislativo y su obligación es defender los intereses 
de los
pueblos de esas provincias, que hoy están en jaque por decisión del Poder 
Ejecutivo.
Hoy el Senado tiene la llave para destrabar este conflicto y espero que esté 
a la altura de
las circunstancias" (SRA - 10/7/08).
A la par de esta estrategia, se ubicó también la oligarquía 
agrícola-ganadera de la CRA.
Horas antes del acto de Rosario del 25 de mayo, el otro referente de la Mesa 
de Enlace,
Mario Llambías justificó su actividad militante despachándose con un: "no se 
puede
depender tanto de un poder central". Ponderación mejorada dos meses después, 
durante
su paso por la CGT Celeste y Blanca de Barrionuevo, al convocar a que los 
argentinos
nos "saquemos de encima la dominación", puesto que "no hay federalismo y 
faltan los
recursos que les corresponden a las provincias" (Diario Perfil 15/07/08). 
Pocos días
antes, el senador radical Ernesto Sanz declaró que en la Argentina: "el 
sistema federal
está deformado porque una bolsa de dinero que le corresponde a las 
provincias es
captada por el gobierno nacional", añadiendo de cara a la votación en la 
Cámara Alta
que: "los 3 senadores de cada provincia deben votar en contra del proyecto 
oficial"
(Tres Poderes, 13/07/08). Queda claro que para estos connacionales o se 
tiene un
gobierno central afín o se hace de la Pampa Húmeda -al decir de Abelardo 
Ramos- un
nuevo Gibraltar en el Plata.

De cómo Cleto Cobos resolvió el gran dilema del radicalismo

Luego de un maratónico debate de más de 16 horas, discursos históricos e 
histriónicos,
actitudes explicables y otras enigmáticas, la Cámara Alta se expidió con un 
empate.
Todas las miradas confluyeron entonces al presidente del Senado que con su 
voto no
hizo más que confirmar su linaje antipersonalista. Ciertamente, el "no 
positivo" de
Cobos viene a resolver la gran contradicción del radicalismo: personalismo y 
antipersonalismo.
Contradicción que -como el conflicto disparado el 11 de marzo-nace y se
desenvuelve ligada a la cuestión federal.
La disgregación de radicales entre personalistas y antipersonalistas 
evidenciado en la
década del ´20, se remonta en realidad a los debates parlamentarios sobre la
federalización de Buenos Aires (su integración al resto del país). Por un 
lado, Hipólito
Yrigoyen, diputado por el roquismo y favorable a la federalización de la 
ciudad Capital;
por el otro, el opositor Leandro N. Alem. Este último, opinaba que de 
concretarse la
federalización se estaría: "creando un poder monstruoso, que al devorar las 
energías
provinciales adquiriría una fuerza incontrolable capaz de avasallar a las 
soberanías
regionales" (Revolución y Contrarrevolución en la Argentina. Jorge A. Ramos, 
1999).
La posición de Alem era coincidente con la de Mitre y Tejedor, emblemas 
porteños
contra la "nacionalización" de la aduana y la ciudad Capital. De allí que, 
una vez
impuesta la federalización, los elementos separatistas porteños 
(conservadores y
antipersonalistas), la Pampa Húmeda y el Litoral se sirvan de la falsa 
antinomia
"intereses provinciales - intereses Estado-Nacional", como única barrera a 
la expansión
aglutinante del Estado. El voto de Cobos refleja esta antinomia: días 
después de la
derogación de la 125, el mendocino justificaba su decisión a un grupo de 
periodistas
expresando que: "los funcionarios (senadores y diputados) electos 
representan ante todo
a las provincias". Sin dudas un razonamiento propio de Alem, eco de una 
Argentina
anacrónica que se resiste a su unificación político-económica.
El resultado: Cobos es el gran héroe del federalismo. de opereta. Un 
federalismo
regresivo y reaccionario, cuyo contenido liberal-unitario transformó la 
disyuntiva
"Buenos Aires-Provincias" (justificada históricamente hasta el gobierno de 
Avellaneda)
en: "Estado Nacional-Provincias". Y como es sabido que en ausencia del 
Estado es el
Mercado quien gestiona, "regula" e "invierte", la disyuntiva finalmente 
termina por
mutar en: "Estado Nacional-Mercado". La Resolución 125 sintetiza este 
enfrentamiento
y su derogación, la victoria transitoria del mercadismo, en este caso, 
agrario.
Cobos es, indudablemente, el héroe del federalismo de opereta pero también 
el de su
principal aliado, el Mercado. Y al vicepresidente recurre este último frente 
a la aún
"indeseable" presencia estatal. El pasado 27 de agosto, los representantes 
de la Bolsa de
Cereales visitaron al vicepresidente para transmitirle su malestar con las 
normas de la
ONCCA, organismo estatal que según el presidente de la Bolsa, Ricardo 
Forbes: "afecta
el normal desarrollo de los mercados y del comercio internacional" 
(Infobae -
27/08/08). Por otro lado, la Fundación Libertad, realizadora del 4to 
Congreso de
Economía Provincial, Santa Fe 2015 titulado: "Federalismo y Desarrollo. 
Implicancias,
Económicas, Políticas y Sociales", cuenta para el cierre del evento con la 
inestimable
presencia del vicepresidente de la nación. En la página oficial de la 
Fundación -a pocos
pixels de distancia del anuncio del congreso- un artículo "Sobre el 
Federalismo" de
Alberto Benegas Lynch llama poderosamente la atención. Allí, su autor 
manifiesta que
"el medular de la idea federal es descentralizar y fraccionar el poder" 
(Fundación
Libertad on-line. Ingreso 09/09/08). Si el mitrismo contemporáneo persigue 
que la
máxima investidura presidencial vuelva a sentirse "huésped" en la 
ciudad-puerto -el
primero tucumano, la segunda platense-, no existen dispositivos más supremos 
y
contundentes para ello que la descentralización y el fraccionamiento del 
gobierno
central.

De cómo se profundiza el federalismo de opereta

El presidente de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi calificó de 
"maravilloso" el
resultado de la 125, resultado que a su criterio permitirá construir con 
"esperanza" un
"país federal". El dirigente pidió además: "reivindicar la actitud de Cobos, 
como la de
los 36 senadores que se animaron a tener una actitud en forma autónoma" 
donde "no
importó de qué signo político eran sino que pensaron en el interior del 
 país" (El Litoral -
17/07/08). Análogamente, el presidente de la Confederación de Asociaciones 
Rurales de
Santa Fe, Roberto Ferrero reconoció estar "muy contento porque primó la 
racionalidad
[.] La gente del interior y de las grandes ciudades incluso se expresaba 
porque se
estaba avasallando fuertemente el federalismo". Para Ferrero, que la 
presidenta haya
decidido llevar el debate al Congreso: "nos termina dando la razón: si 
funcionaban las
instituciones no debían ocurrir hechos como la imposición del centralismo, 
la soberbia y
el abuso del gobierno nacional" (El Litoral - 17/07/08).
Pero, ¿fue el abuso y la soberbia del gobierno nacional lo que indignaba al 
sector
ruralista? ¿O fue la amenaza de un Estado "interventor" expansivo, que 
además de
comenzar a regular la anarquía agraria osaba embucharse parte de la renta 
diferencial?
Dos años atrás, Llambías había sido más sincero cuando expresó la 
"preocupación y
disgusto por la pérdida de rentabilidad que tienen los productores 
agropecuarios" y que
obedece al creciente flujo de nuevas "intervenciones del Estado" (El Litoral 
27/10/06).
La experiencia histórica demostró a los discípulos de Mitre la relación 
directa entre
intervencionismo estatal e integridad nacional. El Estado argentino (como 
cualquier
otro) obtiene y renueva su fortaleza de la unidad económica, política, 
cultural y militar
de la nación toda. De aquí la importancia de atacar simultáneamente al
"intervencionismo" estatal y a la integridad argentina. Si el neoliberalismo 
gobernara
actuaría resueltamente sobre ambos pilares: privatizando empresas del Estado 
y
provincializando recursos. Pero como no lo hace, utiliza al celebérrimo 
federalismo de
opereta para unificar el "interés provincial" contra el "centralismo 
 porteño", pues, está
claro que sin "unidad provincial" no hay forma de contrarrestar al más 
poderoso Estado
Nacional. Esta estrategia está en marcha y recibió vigoroso impulso con la 
derogación
de la 125.
Al día siguiente de la votación y con el objetivo de armar una organización 
similar a la
que nuclea a los Estados productores de Hidrocarburos (OFEPHI), la Mesa de 
Enlace
reclamó formalmente: "la creación de un Consejo Federal Ampliado, 
representado por
todas las provincias, la Secretaría de Agricultura y las organizaciones de 
la Mesa de
Enlace" (Nuestro Agro - 18/07/08). Privatizada YPF SE, las provincias 
productoras o
los Estados productores (como les gusta llamarse) fueron creando sus 
respectivas
empresas provinciales de energía y/o hidrocarburos. Empresas que desde la 
OFEPHI,
junto a la totalidad de las provincias productoras y las operadoras privadas 
no sólo se
opusieron a la creación de ENARSA, sino que desde entonces entorpecen y 
traban el
normal accionar y desenvolvimiento de la estatal. Una vez creado y bajo el 
paraguas del
federalismo de opereta, el Consejo Federal Agropecuario Ampliado (CFAA) se
convertirá en una poderosa herramienta política y de lobby para frenar el 
avance de la
ONCCA, la AFIP y demás instituciones o dependencias estatales sobre el 
sector.
Entretanto, la convocatoria de la Mesa de Enlace recibió su primera gran 
adhesión. En
su visita a la 101º Muestra Anual de Industria y Ganadería organizada por la 
Sociedad
Rural de Rafaela, Santa Fe, el gobernador Hermes Binner reclamó también la 
urgente:
"convocatoria al CFAA", agregando que "[la producción de la provincia] está 
en
función de un país que necesita y va a salir con el campo" (ElOnceDigital - 
19/8/08).
La lucha por la renta agropecuaria se habrá perdido cuando desde el Consejo 
se
proponga y apruebe la creación de empresas agrarias para cada uno de sus 
miembros,
amparadas en una suerte de Ley de Federalización de los Recursos Agrarios, a 
imagen y
semejanza de la Ley de Federalización de los Hidrocarburos y de 
Privatización de
Yacimientos Petrolíferos Fiscales.

De cómo el atraso abona el federalismo de opereta

La principal y más dura oposición al monopolio estatal petrolero y a la 
federalización de
los recursos impulsada por el yrigoyenismo provino desde Salta (en menor 
proporción
de Jujuy y Mendoza). El escasísimo desarrollo de las fuerzas productivas del 
país y su
desconexión a un mercado centralizado, hicieron de la estructura económica 
de esta
provincia (extensible al resto, a excepción de Buenos Aires) una primaria y 
atrasada,
desbordada de elementos pre-capitalistas. Salta devino así en una importante
exportadora de ganado y de azúcar a las regiones chilenas productoras de 
nitrato, apenas
cruzando los Andes. Pero en 1918, el mercado chileno se derrumbó como 
consecuencia
de la invención alemana de substitutos sintéticos, perjudicando notablemente 
a las
familias ricas salteñas que vivían de la demanda trasandina. De allí que con 
el boom
petrolero en Salta a partir de la primera década del siglo pasado, las 
élites salteñas hayan
visto en este recurso el sustituto de su desmoronado negocio con Chile. 
Ahora bien, a
diferencia del azúcar y el ganado, este nuevo y rico recurso precisaba de 
ingentes
capitales y personal especializado. La solución no pasó por YPF SE, porque 
haberle
abierto las puertas a las provincias hubiera significado abrirse al 
Estado-Nacional,
medirse con el poder local emanado de un gobierno central. Por el contrario, 
la
respuesta vino de la mano del capital extranjero, enemigo acérrimo del
"intervencionismo estatal" e indiferente a la administración provincial 
mientras ésta no
afecte su tasa de ganancia. La política salteña del período relatado 
ejemplifica la
posición que prevaleció en Mendoza y demás provincias petroleras del 
noroeste entre
1916 (debates sobre el Proyecto Melo-Moreno) y 1930. Si bien el conflicto 
con el
Estado-Nacional se agudizó durante la década del ´20, tuvo su pico con los 
debates
parlamentarios de 1927 y 1928 y culminó con el golpe de 1930, la reacción 
provincial
resurgirá una y otra vez, y lo hará cuando por la Casa Rosada desfile un 
gobierno
democrático, nacional y popular. La derrota de una revolución industrial en 
la Argentina
había dado sus frutos: el atraso y la desigualdad del país, su ausencia de 
capitalismo y el
subdesarrollo punzante de las economías regionales se convirtió en un 
flagelo que aún
hoy sigue aquejando a la nación.
En efecto, aunque interrumpido transitoriamente durante el primer y segundo 
gobierno
de Perón, el atraso del país y su desigualdad interna no han dado el brazo a 
torcer.
Habría que esperar la huida de De la Rúa, para que recién en 2003 un 
gobierno nacional
se propusiera revertir los dos mayores obstáculos de una Argentina moderna,
industrializada y soberana. No obstante y sin desmedro de lo conseguido en 
materia de
reindustrialización del aparato productivo, los números revelan que el 
atraso y la
desigualdad siguen a la orden del día. En la actualidad, sólo cinco 
distritos aportan el
80% del total del PBI nacional, mientras que Buenos Aires y Capital Federal 
aportan
casi el 60% del total (Buenos Aires Económico - 11/9/08). Algo parecido 
ocurre con el
consumo de combustibles, tanto en el parque automotor como para la 
generación
eléctrica, indicios de la actividad comercial, industrial y socioeconómica. 
Nuevamente,
se destacan muy sobre el resto Buenos Aires y la Capital Federal, 
concentrando el 47,
85 y 98 por ciento del total nacional en el consumo de naftas, fuel-oil 
(participa como
combustibles en usinas térmicas) y jet-fuel (combustible aéreo), 
respectivamente (PFC
Energy - Septiembre 2008). Finalmente, la provincia de Buenos Aires y 
Capital Federal
poseen el 57,4% del total de trabajo privado del país (Buenos Aires 
Económico -
11/9/08).
Ahora bien y como se viene señalando a lo largo del trabajo, resulta 
interesante advertir
la relación directa entre la desigualdad y la distribución de la riqueza 
nacional con el
grado de dependencia y la voracidad de las provincias hacia los recursos 
naturales
(petroleros, mineros y agrarios) dentro de sus límites geográficos. Dado que 
sus
economías atrasadas no desean (ni pueden) desprenderse de ellos, brota 
espontáneo el
federalismo de opereta. En este sentido, es justo señalar ciertas 
excepciones a la regla,
sólo explicables por la matriz ideológica de la máxima autoridad provincial. 
Por
ejemplo, durante el enfrentamiento Yrigoyen-gobernadores provinciales, el 
único
gobernador aliado a la política nacional petrolera -por extensión, YPF SE- 
habría de ser
Adolfo Güemes, gobernador de Salta (1922-1925) y nieto del legendario 
defensor de la
Frontera Norte. Nada casual.
El atraso y la desigualdad del país profundo -sumados al rango de 
"propietarias"
otorgado por los decretos y las leyes cimentadas en la reforma menemista de 
la
Constitución de 1994- empujaron y empujan a las provincias ricas en recursos
naturales, a sus gobernadores, sus familias tradicionales y al sector 
privado, a desviarse
de la esfera de un Estado centralizado, a rechazar la federalización de su 
renta (como se
vio, sólo posible si es captada por el Estado-Nacional) y a diversificar su 
economía a
través del desarrollo de las fuerzas productivas vinculado a un mercado 
interno. Al igual
que Salta en tiempos del yrigoyenismo (con la salvedad de Güemes), las 
provincias
mineras permiten hoy la exportación de minerales a cambio de migajas; las 
provincias
petroleras se desgarran las vestiduras para que las operadoras vuelvan a 
exportar crudo
en un país con muy escasas reservas; y las agrarias no hacen sino coincidir 
con la
sojización de la agricultura, convocando a un Consejo Federal Agropecuario 
regido por
el criterio federal de la Mesa de Enlace.
A modo de prueba y en materia de hidrocarburos, la actual gobernación de 
Neuquén:
"espera un déficit de 427 millones de pesos para este año", que según 
entienden sus
funcionarios obedece "a que los precios [valor de corte de un barril de 
crudo] en el
mercado interno son bajos" (Revista Petroquímica - Edición Nº236). La 
posición de
Neuquén es compartida por todos los Estados productores. Sin excepción, 
reclaman
subas del precio del petróleo, subas que de aprobarse implicarán aumentos de 
entre 30 y
40% para las naftas y el gasoil. Presionan desde la OFEPHI para que el 
gobierno
nacional termine con el control de precios del petróleo en el mercado 
interno y
disminuya las retenciones, pues, según se quejó el gobernador de Chubut, 
Mario Das
Neves: "obliga a las petroleras a vender el crudo en el mercado interno [en 
lugar de
exportarlo]" (TN - 17/6/08). El atraso del país potenciado por el festín 
extractor y
depredador hidrocarburífero de los noventa condujo a que las economías de 
estas
provincias se hicieran altamente dependientes de un recurso natural, no 
renovable y
escaso. Cuando de acá a unos 7 u 8 años el país se quede sin petróleo ni gas 
natural,
¿cómo soportarán sus cuentas? En lugar de acentuar su dependencia de un 
recurso
primario de muy poca vida, sujeto además a los vaivenes internacionales, las
gobernaciones deberían demandar a la Casa Rosada (justamente con el dinero 
que dicen
estar cediéndole) la industrialización masiva de su provincia, esto es, la 
diversificación
y modernización de su aparato económico.
En conclusión, la primarización de las economías provinciales y el 
desinterés casi
generalizado de fundar una industria moderna y tecnológicamente avanzada 
como única
y efectiva arma contra su propio subdesarrollo, abonan y fertilizan el 
"campo" para la
proliferación del federalismo de opereta. El atraso y la desigualdad de la 
Argentina -y
de los argentinos adeptos a la zoncera del destino agrario del país- son los 
pilares de
esta falso federalismo, obsoleto y balcanizador emblema contra el 
"centralismo de
Buenos Aires".

De cómo reimplantar las condiciones subjetivas del federalismo de masas

Para desarticular el federalismo de opereta es preciso comenzar a trabajar 
en el orden
cultural, desplazándolo de las colonizadas neuronas del pueblo argentino 
para
reemplazarlo por el federalismo genuino. Estaremos así instalando las 
condiciones
subjetivas que brinden sustento a una política federal auténtica en la 
Argentina. A tales
efectos, resulta preciso comenzar por indagar cuáles son los héroes 
"federales" de los
miembros supuestamente "federales" de la Mesa de Enlace (los referentes de 
Miguens y
Llambías son bien conocidos).
Para el líder de la FAA, el superhombre federal no es otro que el 
vicepresidente Cobos.
Al menos así lo expresó un día después de la votación en el Senado. Si el 
federalismo de
Buzzi es pues, de corte antipersonalista, ¿qué nos deparará el 
fundamentalista agrario,
Alfredo De Angeli? Durante su campaña a favor de la derogación de la 125 en
Concordia, Entre Ríos, subrayó que la pelea "es por el federalismo" e instó 
al
gobernador Sergio Urribarri a: "agarrar nuevamente la bandera del 
federalismo de
Pancho Ramírez y Urquiza" (Diario del Sur Digital - 4/6/08). ¿Qué mágico 
artefacto,
qué glorioso artilugio fue capaz de erigir en héroes del federalismo 
justamente a los
grandes traidores de la causa federal en el Río de la Plata? El mismo De 
Angeli, nos
brinda una pista: "En la escuela primaria, Urquiza y Pancho Ramírez eran la 
Historia.
Después seguíamos con Belgrano, la bandera, San Martín. Pero Urquiza y 
Pancho
Ramírez, por el federalismo. Siempre el federalismo" (Diario Perfil. 
Entrevista a
Alfredo De Angeli - 13/6/08). ¡Cuando no! La enseñanza escolar en Entre Ríos 
se
encarga de formar nuevas generaciones de entrerrianos amantes de las 
versiones
provinciales del separatismo porteño. Aquí compendiado el insólito 
federalismo del jefe
entrerriano de la FAA: Urquiza, el traidor federal de Pavón; Ramírez, el 
traidor federal
de Artigas. Suficiente para deducir el federalismo del ala izquierda de la 
Mesa de
Enlace.
Pero no se puede pretender reemplazar el federalismo de opereta, sin 
distinguir los
conceptos más sobresalientes del federalismo de masas y su vinculación con 
su máximo
y auténtico inspirador. El federalismo en la Argentina nació como la 
respuesta política,
económica, social, cultural -y su prolongación "militar" en las montoneras- 
de un país
excluido por la oligarquía agro-exportadora y mercantil de la ciudad 
portuaria.
Washington Reyes Abadie en su monumental obra Artigas y el Federalismo en el 
Río de
la Plata (1986), explica que el artiguismo aduanero (Reglamento de Aranceles 
de 1815)
se "propuso controlar el comercio interior y exterior de la Liga Federal en
contraposición al régimen aduanero del puerto de Buenos Aires en manos del 
partido
unitario". Fijó "la tasa general por derechos de introducción [de 
mercancías] entre un 25
y 40% según su clasificación", cuyo máximo arancel correspondía "a productos
competitivos con las artesanías americanas [locales]". Una política 
económica
totalmente enlazada a la política agraria, a su vez plasmada en el "Proyecto 
de
Agricultura" (1815), diseñado para socializar la tenencia de la tierra, 
alentar su uso y
obligar al propietario a invertir en ella so pena de "despojo con 
indemnización". De la
misma manera, el artiguismo cuidaba celosamente del desarrollo y la 
protección a las
artesanías (industrias) locales, controlaba el comercio interior y exterior 
por medio de
tasas interprovinciales, aranceles de derechos en función del origen y 
destino de los
productos, prohibiendo además su salida e ingreso conforme al estado de la 
producción
local. Todo ello -y aquí lo fundamental- bajo la premisa y la constante 
lucha por
nacionalizar la "renta aduanera" como herramienta de promoción de un ascenso 
social
constante de las clases bajas.
Amenazado por el constante saboteo de porteños y montevideanos, uno de los
problemas que angustiaban al caudillo era la defensa del consumo local "del 
mal arreglo
y arbitrariedad de los abastecedores que hacían escasear la carne y el pan, 
con
padecimiento del público, en medio de la abundancia de los trigos y del 
ganado que
diariamente se mata entre el vecindario y los saladeros" (Ibídem, 1986). 
Artigas
respondía a esta problemática con fuertes políticas interventoras en materia 
de abasto
del consumo local, regulación de la producción de carne (matanza de ganado), 
agentes
contralores del comercio exterior y medidas precautorias y represivas hacia 
el
contrabando. Por lo que se ve, el federalismo artiguista no era muy afecto a 
la
desregulación de los modelos económico y agrario.
A propósito de lo expuesto, conviene preguntarse el arancel que hubiese 
aplicado
Artigas a la producción (exportación) de un "fruto de la tierra" que 
cultivado o
fabricado localmente no fuera consumido por el país y además compitiera con 
la
producción de otras materias primas necesarias a la demanda interna. De 
haber existido
la soja, tal vez hubiese sido afectada con el 40%. Asimismo, cabe 
interrogarse también
el tipo de respuesta dada por el líder federal ante "el mal arreglo y la 
arbitrariedad" de
los abastecedores que hicieron escasear la carne y el pan durante el pasado 
lockout
patronal. Por último, no sería descabellado coincidir en un Artigas 
demostrando su total
apoyo a los agricultores familiares y pequeños propietarios excluidos por el 
mercadismo
agrario, tal cual el pregonaba entre los campesinos excluidos del litoral y 
la Banda
Oriental.
Los señores de la Mesa de Enlace, cada uno a su modo, omiten hablar del 
federalismo
de masas porque al hacerlo implicaría volcarse por un accionar populista, 
estatista,
industrialista y de nacionalización de la renta agropecuaria para usufructo 
de la totalidad
de la población (hoy, cerca de 40 millones de argentinos).

Federico Bernal. Buenos Aires, 31 de Agosto de 2008
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