[R-P] La comunicación en la Argentina; blanco y negro, por Gabriel Fernandez

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Mie Sep 17 03:54:22 MDT 2008











La comunicación argentina en la actualidad






Blanco y negro





Gabriel Fernandez *





El año en curso se ha convertido en el tramo más contradictorio en materia comunicacional de las últimas décadas.


Ya no se trata de comprender, como en otras áreas, la parsimonia de los avances o el estancamiento, la mejoría acelerada o las dificultades.


En este rubro mandan el blanco y el negro, los contrastes integrales.


Toda una banda de acción oficial avanza en sentido nacional popular como nadie lo hizo desde el advenimiento de la democracia. Otro sector,  tan o más importante, retrocede al punto de dañar gravemente aquellos intentos.





Desde antes del conflicto agropecuario, aunque reimpulsado por la dimensión del mismo, latía en Cristina Fernández de Kirchner la idea de democratizar la comunicación en la Argentina.


Por eso instruyó a sus nuevas autoridades del Comité Federal de Radiodifusión para que elaboraran una ley más equitativa que la vigente. Una ley que se aproximara a las necesidades informativas y educativas populares.


Los realizadores de la nueva norma trabajaron correctamente al vincularse con los medios alternativos y comunales, con las centrales sindicales y los movimientos sociales y culturales para preparar un esbozo profundo e innovador.


Entre las características centrales de la iniciativa cabe destacar la disposición de un 33 por ciento del aire y la pantalla para los medios privados tradicionales, un 33 por ciento para los medios públicos estatales y un 33 por ciento para los medios públicos sociales.


Si ese proyecto resulta sancionado, lejos de cualquier censura, se incorporarán nuevos actores. Nadie dejará de ver a Tinelli o a Susana, si así lo desea. Pero aquellos que demanden otras opciones, las tendrán. Podrán, por ejemplo, mirar Telesur en lugar de deglutir CNN. Bastante justo. Relativamente justo, pero bastante justo al fin.


A esta labor del Comfer cabe añadirle el respaldo explícito que implicaron las críticas de la presidenta y de su esposo, Néstor Kirchner, al accionar de los conglomerados mediáticos, así como la legalización de varias radios populares y la difusión de parámetros culturales hondos y dinámicos en algunos medios estatales.





Sin embargo, desde otras zonas del gobierno, se anularon o se recortaron las pautas publicitarias destinadas, precisamente, a los medios populares, alternativos, culturales y sociales que se pretende potenciar.


Objetivamente, muchos de esos espacios que congregan alta calidad y participación popular, además de haberse constituido en fuentes laborales, agonizan. Están a punto de tener su lugar en la grilla; están al borde del cierre por inanición.


La paradoja es evidente: aquellas voces que podrían respaldar el rasgo nacional popular del gobierno frente a las empresas más poderosas y conservadoras, están debilitándose aceleradamente, lo cual evitará en un futuro próximo que brinden el debate adecuado sobre este y otros temas.


Los grandes conglomerados, en tanto, siguen cobrando puntualmente las pautas publicitarias estatales, sin por ello ahorrar, con matices, campañas que van desde lo “destituyente” hasta la diatriba, desde la provocación hasta la tergiversación directa de la realidad nacional e internacional.





Algunas regiones del Estado tienen sus ideas al respecto: para dar batalla en el flanco comunicacional escogen engordar empresarios conservadores entregando ingentes sumas de dinero para articular medios que valoren la gestión oficial.


Así, han entronizado como referente periodístico a Daniel Hadad, entre unos pocos más de similar perfil. El más prestigioso periodista argentino le dijo a este redactor, con una sonrisa triste: “Cuando los necesiten no van a estar”.


Para llegar a canalizar recursos hacia estos empresarios liberales, se dejaron de lado genuinas, creativas, profundas, jauretcheanas y potencialmente masivas propuestas de diario, radio, televisión e Internet surgidas del campo nacional, popular y latinoamericano.


He conocido esas propuestas, he participado en la elaboración de varias de ellas y he observado el desconocimiento con que fueron rechazadas. He escuchado también los motivos esgrimidos para entregar los recursos a ese empresariado: “son conocidos” y “ellos saben”. Créase o no.





Bueno. Le cuento, lector. El mecanismo es, más o menos, así.


Los medios concentrados son deficitarios y subsidiados. Están lejos de la competencia capitalista que proclaman. Los sostienen un puñado de empresas, que los impulsan como agitación y propaganda, y el Estado, que no siempre tiene claro su rumbo, pese a los aciertos antes mencionados.


Los niveles de venta y de audiencia se asientan en la posesión de un mercado cautivo, y se corroboran a través de medidoras de audiencia y lectura que pertenecen a las mismas empresas que los subsidian y, en algunos casos, a ellos mismos.


De allí el temor a la más libre competencia que implica el reparto del dial y la pantalla en nuevas opciones. Ya tuvieron, sólo en los meses recientes, una prueba aterradora de la creatividad popular: Peter Capussotto y sus videos y los Cuentos de Fontanarrosa lograron más espectadores, desde el Canal Siete, que sus competidores “a la cabeza del ranking”.


Pero hay muchas más cosas que esas empresas saben y varios integrantes del campo popular ignoran: por ejemplo, que cuando una emisora alternativa entra limpia –cuestión técnica, es decir, económica—a una zona, compite entre el tercer y el quinto puesto con las radios grandes en ese lugar.


¿Qué pasaría si esas emisoras, o si canales de televisión populares, tuvieran el andamiaje técnico económico para transmitir con una potencia equivalente a la que emplean hoy los portadores del mensaje único hacia un mercado cautivo? Digo equivalente, no superior. En la cancha se ven los pingos.


En contraste, los medios alternativos no son deficitarios. Se autosostienen con el trabajo de los profesionales y los pobladores que consideran la necesidad de expresarse, informar y opinar desde su perspectiva. No contraen deudas pues no tienen cómo adquirir créditos, y se asientan en un entramado solidario complejo.


Ese entramado solidario decae cuando la situación económica general se complica, como en los últimos meses. Y no hay empresas a las que les interese el país dispuestas a sostener esa comunicación, pues la misma promueve la defensa de los intereses nacionales y populares, no el aplastamiento liberal conservador del país.


Allí es donde una pauta de tres mil pesos –si leyó bien: tres mil pesos—mensuales del Estado podría apuntalar lo esencial. Y esa pautita no está porque hay quienes confían en que Hadad batallará a capa y espada contra el diario La Nación para lograr que la opinión pública confíe en la democracia.


Y porque quienes hacen medios de comunicación alternativos, “no son conocidos”, o “no saben de empresas”. Es decir, con poco hacen mucho, en lugar de promover presupuestos deficitarios alucinantes en detrimento del fisco. A lo cual, recordemos, hay que añadirle las pautas que se les entregan a los grandes conglomerados.





Finalmente, ni Scalabrini Ortiz, ni Jauretche ni Walsh escribieron en los grandes medios. El primero estuvo un rato en La Nación hasta que se avivó y se piantó.


Algunos rasgos de la política comunicacional oficial están ahogando a los herederos de esos hombres. Y si algún zonzo cree que “no hay” herederos de esa estirpe, sólo lo convoco a leer y a escuchar los medios que nuestra gente está realizando hoy.


Y a imaginar a esos medios, potenciados por una estructura técnica y económica adecuada.





Piense lector. Ya padecimos, en este período, dos enormes campañas destinadas a potenciar la voz del zonzo como criterio nacional: Blumberg y El campo. Si este esquema persiste, ¿cuál será la próxima?



GF/ Director Periodístico Revista Question Latinoamérica / Director La Señal Medios / Conductor La Señal Radio





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MEDIOS


Director Gabriel Fernandez




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