[R-P] Maradona, Passarella, Eber Ludueña y Hugo Chávez
Alberto Clérici
albertoclerici en yahoo.com.ar
Mar Sep 16 07:59:22 MDT 2008
Clap clap clap por su análisis fulbolero compañero.
Sólo le faltó mencionar a un Riquelme para que sea redondito.
Como verá, ya sabe cuales son los colores que me identifican.
Lo saludo desde Tucumán
Alberto
Subject: [R-P] Maradona, Passarella, Eber Ludueña y Hugo Chávez
To: "Lucha de masas para recuperar la Argentina"
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Cc: Lucha de masas para recuperar la Argentina
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Mucho se ha hablado en esta lista sobre lo inconveniente del discurso
de Chávez en torno a la situación boliviana. Sin dejar de atender a la
validez de esas argumentaciones, deseo dejar en claro que pese a todo,
como mi conocimiento de los detalles de esa situación es menor que mi
confianza en el buen sentido del Comandante, trato de no sumarme a esa
crítica o al menos al modo firme con que varios la han expuesto. No
estoy solo en esto...
Es cierto que la jacarandosa floripondia caribeña a veces choca con el
taciturno talante andino (que, cuidado, sigue bien al Sur de Bolivia
tierra adentro de la Argentina, eh). Y es cierto también que los
países más esquilmados de América Latina (y Bolivia se cuenta entre
ellos, quizás encabezando el pelotón) tienen un ardiente sentimiento
de nacionalismo local que no debe despreciarse sino antes bien ponerse
al servicio del patriotismo grande de todos.
No será la primera vez, entonces, que desde la tierra de Bolívar
alguien se vaya de boca y suscite enconos innecesarios en el Sur. Ya
Bartolomé Mitre supo usar esas costumbres oratorias para inventar un
mitológico Bolívar antisanmartiniano, ambicioso, pérfido y tenaz en su
vocación irrefrenable de dominio unipersonal. A Rufino Blanco Fombona
le llevó la vida limpiar esa basura de la imagen que teñía al
Libertador a orillas del Plata. Pero más allá de que Hugo Chávez
debería tratar de adecuar sus discursos al destinatario, deseo
equilibrar los tantos subrayando cierto aspecto de la práctica
política y discursiva del hombre de Miraflores que es el que lo hace
insustituible y necesario, así como es, tal y como aparece ante
nosotros.
1. Dos setiembres, dos países, dos planetas
Ante todo: comparto por completo la idea -justamente merecedora de que
alguien la resalte, porque de tan obvia se la suele pasar por alto- de
que no estamos en las condiciones del Chile de 1973. La comparación
entre el setiembre del 2008 boliviano y el setiembre santiaguino de
ese año, a mi entender, no se sostiene. Pero me interesa aprovechar
esta constatación para ir hacia otro lado, quizás para abrir otro
debate (y por eso cambié el título del correo).
Lo que deseo argumentar aquí es que este nuevo panorama _refuerza_,
en lugar de disminuir, la necesidad de que al menos alguien asuma el
papel que ha asumido Chávez en todo el berenjenal boliviano.
La influencia del «comunismo internacional», encarnada en Fidel
Castro, en el Chile de 1973 era al menos parcialmente real y (aspecto
esencial del problema) amplios sectores de la UP la consideraban
positiva. Demasiada gente, dentro y fuera de Chile, veía la cuestión
de Allende en términos de "Oriente-Occidente", en términos de
"socialismo-capitalismo", y no de reunificación latinoamericana.
Este planteo hoy ya no se sostiene y ha dado paso a una sinfonía
compleja, donde viejas antinomias ideológicas retrocedieron frente a
la concertación, medio a los ponchazos pero real, de diversas
tendencias con un fin común. El buen resultado de los esfuerzos
latinoamericanos ha pasado a depender de la armonía con que se
conjuguen las distintas personalidades, tanto individuales como de los
pueblos que componen le Nación en ciernes. La equivocadísima idea que
presidía la OLAS, de que cada pueblo de América Latina debía hacer
primero "su" revolución para luego marchar hacia la unidad, ha muerto
para siempre. Ahora empieza a verse cada vez más claro que la marcha
hacia la unidad es el camino hacia la revolución DE TODOS LOS PUEBLOS
DE AMÉRICA LATINA JUNTOS.
2. Debilidad y potestad tribunicia
Pero es precisamente porque ha aparecido este concierto que la
política de unidad de los americanos se tiene que dar tocando todas
las notas, armonizando todos los instrumentos, aprovechando todas las
coyunturas y, en especial, _entendiendo el papel que juega la
vanguardia política realmente existente, que en este caso se denomina
Hugo Chávez Frías_. Uso adrede el término "vanguardia", tan justamente
desprestigiado en la Argentina, porque en este caso no se trata de un
loquito que se desprende del movimiento general sino del ariete que
lleva ese movimiento hacia el mejor destino posible.
La tendencia natural de todo gobierno en condición de debilidad, como
lo son los latinoamericanos, es hacia la prudencia, la timidez o la
aquiescencia con el poderoso. Bajo esa circunstancia, todo error puede
ser grave e incluso fatal. Es casi diríamos un dato constitutivo de la
vida social y no solo de las "relaciones internacionales". Ya
Maquiavelo lo veía con claridad. Los fuertes gobiernan a partir de ese
dato inicial, de esas características de los débiles: en ellas se
apoyan para desplegar su temeridad, su audacia y su intransigencia.
Por lo tanto, para desarrollar un curso "prudente" desde una posición
débil, y cuando hay varios jugadores en ese rol frente a uno solo en
el otro, hace falta que los débiles tengan un «loquito» que
contrarreste a los más temerosos. Eso que los romanos habían
instituído en la figura del tribuno de la plebe: un radicalizado que
les marque la cancha a los conservadores del campo ajeno (desde ya)
pero (también) del propio.
3. Déjenme hablar de fútbol que en este caso sí corresponde
Desde el punto de vista de un cuadro chico (y en eso algo de
experiencia tengo, como hincha de Argentinos Juniors que soy), solo se
puede empezar a pensar que es posible hacer una buena campaña y ganar
muchos partidos cuando aparece un radicalizado así, de tres cuartos de
cancha para adelante. Recién allí puede uno decir que existe una
posibilidad _real_ de romperla cuando la pelota se pone en juego. El
viejo Santos tenía dos de esos tipos: Pelé y Garrincha. Sin ellos,
ninguno de los demás (y los había soberbios) hubiera podido pasar a la
gloria.
Es cierto: no se puede ganar un partido solo con delanteros
habilidosos y audaces, pero mucho menos se lo puede ganar solo con
defensores. Y como todo el mundo sabe, es mucho más fácil encontrar
buenos defensores que buenos delanteros. También por eso, cada dos por
tres, alguien clama en el fútbol por la defensa del habilidoso.
En política es igual. A los conservadores no hace mucha falta ir a
buscarlos; están allí por definición: el poder (sea del Estado, sea
económico, sea académico) siempre es conservador y se le suman los
oportunistas. Conservadores y oportunistas nacen casi por generación
espontánea. Y son legión.
Pero los goles se hacen porque existen los buenos delanteros, los
habilidosos corajudos y que van al tefrén heroicamente: haciendo
paredes y hasta caños inimaginables en medio de una tempestad de
puñetazos aleves y patadones descalabrantes. Bueno, los
revolucionarios son a la política de los pueblos oprimidos lo que son
los habilidosos al fútbol de los clubes chicos.
Son escasos, esos tipos a los que no les gusta cuidarse paciendo el
cuarto de cancha del fondo cuando la mano viene peleada. Su
equivalente en política son los que no se crían bebiendo la cómoda y
tentadora miel podrida del oportunismo. Y son más escasos aún, en
ambos planos, porque cuando despunta uno así, en seguida se le acercan
los conservadores para limarlo y recomendarle que se cuide. En
política, se lo rodea para enseñarle "modales" (que, en nuestra
América, son los modales del lacayo, claro...), con lo cual algunos
que pintaban bien terminan tirándose al suelo apenas ven venir a un
rival.
Si tengo que hacer goles -paso inevitable (recordémoslo) para ganar un
partido- prefiero a un Tévez que encara aunque después se hace echar,
y no a un palurdo cualunque (no hago nombres, porque de ese tipo de
jugadores está lleno el fútbol de hoy día) cuya única habilidad es
tirar para atrás las jugadas porque los del lado contrario son muy
grandotes, o hacer una plancha para liquidar un ataque demoledor.
Necesito un "diez", y no "mentiroso", como esos animales que algún
entrenador supo poner alguna vez en el fútbol argentino con el único
fin de mandar afuera toda pelota con que los defensores del equipo
rival intentaban armar alguna jugada desde el fondo.
Necesito también defensores, claro. No les quito mérito alguno: yo
mismo, cuando he jugado al fútbol de potrero, era un defensor (y para
colmo maleta de veras). Pero en esto me pongo en hincha: con el
defensor, por bueno que sea en lo suyo, no tengo oportunidad de ganar
jamás salvo que se de un azar a todas luces inimaginable en la vida
política de alto vuelo. Con Tévez, tengo varias oportunidades, en
cambio, de abrir el marcador a mi favor. Después puede darse o no la
bocha, pero insisto: los Tévez, los "locos", son los imprescindibles.
Los otros son muy reemplazables, se los consigue por docena.
En nuestra política americana actual, los Chávez, no _a pesar_ de sus
"locuras" sino _debido a ellas_, cumplen el papel de los Tévez en
fútbol. (Y ojo que puse adrede un ejemplo irritativo para los
argentinos, después del partido con Paraguay donde Tévez se hizo
echar...)
4. Herrera y el patriotismo uruguayo
Veámoslo de otro modo, para obviar esas pasiones de cancha: estamos
ante una nueva versión del escenario en que nos dejó una gran lección
Luis Alberto de Herrera. Era el jefe de la oposición (blancos) al
presidente colorado que iba a negociar en Washington la situación
uruguaya en la Segunda Posguerra. Ante la pregunta, le aseguró que
podía contar con todo el apoyo del herrerismo. El presidente sonrió
complacido, y le agradeció que no hiciera lío en Uruguay mientras él
estaba en Washington. Herrera, entonces, aclaró que -para que el
presidente colorado pudiera negociar a favor del Uruguay echándole la
culpa de toda intransigencia a los blancos- iba a lanzar, contra lo
esperado por ese presidente, una violentísima campaña
antinorteamericana en Montevideo. Si Herrera no hubiera existido en el
Uruguay de 1945, habría que inventarlo, y del mismo modo si hoy Hugo
Chávez no existiera, habría que inventarlo...
Fue gracias a Herrera y su campaña "exagerada" que EEUU no le pasó por
encima como una aplanadora al Uruguay. Y es gracias a Chávez y sus
declaraciones "exageradas" que Argentina y Brasil, con sus luces y
sombras, pueden ponerse en el centro de la escena: Caracas cierra "por
derecha" las alternativas posibles.
5. Fuerzas Armadas bolivianas y comando bolivariano
Pero es cierto que el efecto sobre las FFAA bolivianas ha sido
negativo. Podríamos preguntarnos si ha sido más negativo que el de las
ilusiones "nacional-indigenistas" del Vice Presidente de ese país,
pero eso es otro tema (¿lo es?). En todo caso, el alto comando
militar, un alto comando cuya lealtad a los intereses americanos
podría llegar a demostrarse cuando menos discutible, se apoyó en las
declaraciones de Chávez para encocorarse. Esto es indiscutible.
Sin embargo, (a) tiene razón Chávez cuando dice que esas FFAA no han
dicho aún ni una palabra sobre la intervención de EEUU, mientras que
sí hablan de "intervención" venezolana; pero entonces hay que decir
que (b) también en las FFAA bolivianas es bueno que haga ese tipo de
declaraciones
Ayudan a que los sectores antinacionales de sus mandos (y las de otros
ámbitos de Bolivia) acepten gustosos el apoyo que le llega a Evo desde
el Plata o del Planalto; lo prefieren antes que el del "loco
caraqueño" (¿cuántas veces, en su propia época, le habrán dicho lo
mismo a Bolívar los representantes de la raza infame e inmortal de los
oportunistas y los temulentos?)
6. Volviendo al fútbol: los defensores infatuados y el papel que les toca
Por último, vale la pena hacer notar que las palabras de Chávez son
más efectivas cuanto más serias sean. Tras largos años de experiencia
política, ya se sabe que cuando Chávez habla no está expresando ningún
"realismo mágico caribeño".
No hablo en el vacío, me apoyo en mis recuerdos políticos y los de
varios más. Eso del "realismo mágico caribeño" fue el despectivo
juicio (henchido de soberbia) que le mereció a alguien, trece años
atrás, el magnífico discurso de Chávez en la calle Salta esquina
Chile, la sede del entonces Partido de la Izquierda Nacional que ahora
se continúa en Patria y Pueblo.
La cosa (aclaremos dijo Lemos) no es personal: de este género hay
tantos ejemplares como hay defensores (buenos o malos) en el fútbol.
Este tipo de pícaros, seguramente, andan ahora mismo deslizando en
diversos corrillos (al menos donde su innato sentido de la
conveniencia les indica que pueden expresar sus más íntimas
convicciones) que "a Chávez se le fue la mano", y otras cosas
parecidas.
Bueno, es normal. Así operan los retardatarios en el campo popular.
Está bien que existan. A veces ayudan a poner cordura en el entusiasmo
ajeno. Pero también es bueno que se los distinga, para no darles más
valor que el que tienen en verdad, ni prestarles más oídos de los que
realmente merecen.
La historia solo se enamora de quienes son dignos de ella. Los demás
son (somos, quizás) comparsa, necesaria pero accesoria. El problema
está en cuando esos comparsa pretenden pasar por habilidosos
goleadores en lugar de recogerse humildemente al lugar modesto desde
donde contribuyen (contribuimos) a victorias que conquistan (pero
quizás, también, conquistemos...) otros. Los peores son los que
mientras hacen esa representación mentirosa degluten el nutrimento que
los otros han preparado.
De aquí a cien años, la luz de un Maradona (incluso la de un Gatti) y
sus locuras brillarán más fuerte que nunca, mientras que los
Passarella o los Aguirre Suárez, y como ellos los miles de efectivos
defensores que -admirables en cierto modo en lo suyo- supieron
(supimos) impedir el despliegue de habilidad ajena, habrán (habremos)
caído en un olvido del que quizás solo los salve la satírica prosa de
Eber Ludueña (a quien en lo personal, y como mal jugador en defensa
pero pésimo en ataque, estoy eternamente agradecido).
--
Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría
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