[R-P] Separatismo y lucha de clases: el caso Macri
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Vie Sep 12 06:32:23 MDT 2008
[Muy importante lo que nos ha acercado la Charo desde su mirador
salteño. Estas noticias viejas son más nuevas que nunca.]
La lucha de clases, esa vieja amiga del reaccionario (pero serio)
François Guizot, vuelve a asomar por entre las costuras mal terminadas
de la bolsa de Pandora que abrió el derrumbe del primer experimento
comunista hacia 1989. Las clases dominantes nos vuelven a enseñar que
debajo de todos los acontecimientos fundamentales de la política
acecha, impertérrita, la lucha de clases.
Sí, sí, señores. La muy vetusta y hasta «inexistente» lucha de clases,
vuelve por sus fueros en cada acto de las clases dominantes en el
sistema de explotación mundial. Y esto se revela aún en los detalles
(ninguna casualidad: ya sabemos que es en los detalles donde asoma la
cola del Malo).
Es la segunda vez que esto pasa en la historia moderna de la
humanidad. Las clases dominantes enseñan historia y política cuando se
ven en la necesidad de aplastar para siempre una ola revolucionaria,
tras haberla forzado a morder el polvo de mala manera. A la batalla
física, material, con sangre, tendones y nervios literalmente hechos
masilla, sigue la batalla mal llamada «cultural» por el
restablecimiento de la hegemonía ideológica.
La primera vez fue hace doscientos años. La «lucha de clases» fue
puesta en valor después del Congreso de Viena por los sectores más
reaccionarios de la Europa señorial repuesta en el poder por la caída
de Napoleón. La trajeron al centro de la escena los historiadores
legitimistas franceses. Guizot, el más grande y mejor: su «Historia de
la Civilización en Europa» es en este sentido un verdadero manual de
método.
Frente a la recién derrotada ola revolucionaria (la que en Francia
había llevado de la Convención a Waterloo) recurrieron al pasado para
«restaurar»(1) el presente y combatir al futuro implícito en las
nubosas idealizaciones dieciochescas que lo habían sacudido hasta la
médula. La diferencia crucial entre esos años y los nuestros es que,
sin la experiencia histórica que sobrevino luego, las clases
señoriales se creyeron en posesión de una victoria definitiva,
sentimiento ajeno a las burguesías imperialistas de fines del siglo
XXy principios del XXI; esta convicción les permitía hablar claro,
cosa que ahora no sucede.
Sin embargo, por más claro que pudieran hablar no lograron hacer
ciertas cosas. En particular, no pudieron retornar al Ancien Régime,
no pudieron expropiar al campesinado francés para reconstruir las
grandes propiedades de la vieja y putrefacta nobleza. Pero al menos
pudieron detener el curso del pensamiento revolucionario, consolidando
sobre la base de la pequeña y mediana propiedad agraria una oposición
masiva a las «alucinaciones racionales» que habían sido necesarias
para empujar la Revolución Francesa hasta el final.
Para ello, sus historiadores opusieron a la «locura reciente» -que tan
malos frutos había traído a la «Francia eterna»- la solidez
conservadora del Buen Viejo Régimen injustamente denostado; cualquier
parecido con la actual realidad rusa, epitomizada en la película «El
Arca Rusa», es cualquier cosa menos casual. A la razón pura de los
enciclopedistas opusieron el realismo sociológico (aunque el término
no se hubiera inventado por entonces, ése era el trabajo de estos
historiadores legitimistas): mostraron el estado de conciencia
inmediata de las _clases sociales_ realmente existentes en la historia
francesa y europea para ponerle un dique a las tendencias
abstractamente igualitarias que habían llegado a engendrar, el Bon
Dieu no lo permita, un Cayo Graco Babeuf ya antes de que terminase el
siglo XVIII.
No de otro modo se comportó entre nosotros un historiador patriota y
güemesiano, aunque conservador, del Noroeste Argentino, el gran Don
Bernardo Frías. Cuando se burlaba del acto de manumisión en Tiahuanaco
hacía notar que las masas indígenas convocadas allí por los delirios
iluministas del morenismo lo único que atinaron a hacer es pedirle
aguardiente al pobre jacobino que había venido a liberarlas. Allí
también se vislumbra la lucha de clases, claro.
Es en este marco preciso que cabe entender el renacido separatismo
americano(2). Los sacudones fisurantes desnudan, invariable y
permanentemente, su base de clase. La geografía se carga de contenido
social y político. El macrismo, con su desprecio flagrante por los más
humildes, con su petulancia de parvenu sin madre conocida, con su
desesperante necesidad de legitimarse ideológicamente tras el incendio
de 2001, descubre en Rajoy y sus huestes el fundamento teórico de su
derecho a la existencia:
Y de paso nos revela el fondo podrido del «autonomismo porteño», que
tras su supuesto «progresismo» seudodemocrático mal esconde la misma
zarpa que en Bolivia está llevando el país al borde de la guerra
civil.
Porque a no engañarnos. No se trata solo de buenos negocios cuando la
burguesía neoimperialista de la España hija (ingrata) de Franco
afirma, como nos hace saber el sitio Rebelión, que en el «planteo de
los empresarios, sería fundamentalmente la necesidad de que la Ciudad
de Buenos Aires logre su plena autonomía "para tratar toda inversión y
financiamiento directamente con el alcalde (Jefe de Gobierno)"». El
plan imperialista es generar enclaves, donde se demuestre cómo «"un
marco legal de seguridades y garantías" para los inversores» sirve
para reforzar el perfil «moderno y desarrollista» del hijo dilecto del
capital concentrado puesto en función de gobierno. Es un separatismo,
un secesionismo, hijo de una mayoría coyuntural en las elecciones del
núcleo socialmente privilegiado de la República Argentina.
No es solo para hacer negocios (aunque, como es lógico, ante todo es
para hacer negocios) que este ariete madrileño de la burguesía
imperialista europea intenta volver a hacer pie en una Argentina que
los vomita mucho más que lo que está dispuesto a aceptar incluso el
gobierno nacional. Su intención es «reunirse con los equipos técnicos
del próximo gobierno y avanzar en el diseño de las obras que la Ciudad
necesita principalmente en materia de transportes». En el fondo,
quieren demostrar que son capaces de diseñar una ciudad que sirva a
sus necesidades de capturar plusvalía periférica y al mismo tiempo de
solución al menos a algunas de las más desesperantes consecuencias de
la falta de planificación que subyace a todo el edificio del modo de
producción capitalista.
Es el viejo verso imperialista: mostrarnos a los bárbaros que ellos
también pueden beneficiarnos en nuestra vida cotidiana, alejarnos de
toda absurda idea de soberanía nacional, liquidar el nacionalismo
semicolonial, y si nada de esto es posible, entonces crear enclaves
«autónomos» que les sirvan al mismo tiempo de vidriera, coto de caza y
fuente de ingresos adicionales. Si el macrismo no hubiera sido parido
por una historia concreta, que le impide pensar en profundidad, hace
rato que estaría tratando de hacer un gobierno que beneficie al
ciudadano de a pie y a los más humildes, al costo que sea (incluso a
pérdida, poniendo plata a raudales), para luego abalanzarse sobre todo
el país y uncirlo férreamente al carro de los chupasangres
planetarios.
N O T A
(1) Una nota para rioplatenses: la Restauración, en Europa
continental, tenía un sentido casi opuesto al que tuvo en el Plata más
o menos por el mismo tiempo, aunque la elección del título de
«Restaurador» por Don Juan Manuel de Rosas no deja de apuntar al
costado más oscuro de su propia constitución...»heredadas llos nos
enseñan, tal como lo hicieron durante la Restauración Legitimista
(2) Y uso el término «americano» en su sentido original, el de
«Americano criollo», ya que esa cosa que florece al Norte del río
Bravo, en rigor, carece de nombre (¿qué clase de nombre tiene un país
que solo dice de sí mismo que es una «unión de estados»?). Ese país,
que se suele dar a conocer, quizás avergonzado de su falta de
identidad clara, como "Ammmmérica", usa el término «América» como una
determinación geográfica.
Lo desmiente así al mismísimo Hegel, que había decidido que los
americanos del Sur carecíamos de historia. En efecto, el alemanote fue
aquí infiel a su propio método, ya que mientras él escribía sus
grandes obras nosotros veníamos echando las bases de la única creación
auténticamente original en el Hemisferio Occidental. La formación que
prosperó en la América anglosajona no fue sino un trasplante,
corregido y mejorado, de la civilización burguesa que ya había
construido Europa occidental. La América indoibérica del Sur, en
cambio, todavía no ha mostrado ni siquiera una millonésima parte de
todo lo que tiene que aportar de creación propia al conjunto de la
Humanidad.
---------- Forwarded message ----------
From: maría Sola <mariadelsola en gmail.com>
Fecha: jueves, 11 de septiembre de 2008, 7:15 pm
Las derechas van posicionando sus fichas en el tablero del capitalismo
corporativo global con sede en Latinoamérica. El candidato en
construcción deberá provenir de alguna de las castas empresarias
parásitas del Estado para adoptar en su camino al poder un discurso de
falsa modernidad con una base de sustentación popular surgida
preferentemente de actividades de carácter deportivo, masivos como el
fútbol.
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Néstor Gorojovsky
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