[R-P] Min de Petroleo de Venezuela sobre clase obrera y burgesia nacional

Fred Fuentes fred.fuentes en gmail.com
Mar Sep 9 18:15:22 MDT 2008


La dura batalla
por el socialismo


RAFAEL Ramírez Carreño, ministro de Energía y Petróleo de Venezuela y
presidente de PDVSA

El proyecto socialista planteado por el presidente venezolano Hugo
Chávez, cuenta hasta ahora con amplio apoyo popular. Pero está
encontrando -como era previsible- numerosas dificultades y un tipo de
oposición que no le hace asco al golpismo ni al magnicidio. El próximo
23 de noviembre el proyecto revolucionario tendrá que someterse a una
nueva prueba, esta vez la elección de gobernadores y alcaldes.
El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), en proceso de
construcción, deberá demostrar que es la fuerza conductora del país.
Aunque encuestas confiables otorgan a Chávez más de un 55% de respaldo
personal, no sucede lo mismo con su partido. En el PSUV las aguas no
escurren tranquilas. Desde luego, están los apetitos y ambiciones de
los caciques electorales que nunca faltan, sobre todo en un partido
con más de cinco millones y medio de afiliados. Pero el tema de fondo
es la lucha ideológica que comienza a darse en torno a un proyecto
socialista al que faltan todavía muchas definiciones.
Uno de los vicepresidentes del PSUV es el ministro de Energía y
Petróleo y presidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA), Rafael
Ramírez Carreño. De conocida -y respetada- militancia en la Izquierda
revolucionaria de Venezuela, Rafael Ramírez aborda en esta entrevista
con PF el tema del socialismo. Lo hace desde una posición realista,
consciente de los obstáculos que ese proyecto tiene en un país como
Venezuela, pero con lealtad al socialismo por el cual dieron sus vidas
muchos revolucionarios en la lucha armada y que ahora -por una vía
pacífica y con estricto respeto a la Constitución y las leyes-
comparten millones de venezolanos, sobre todo en los sectores más
modestos de la población.
Ramírez proviene del Partido de la Revolución Venezolana (PRV), que
prolongó la lucha guerrillera iniciada en los años 60 por los partidos
Comunista y MIR, a través de las Fuerzas Armadas de Liberación
Nacional (FALN). Cuando le llegó su hora de derrota y quiebre al PRV,
Ramírez y otros militantes fundaron la Esperanza Patriótica, cuyo
primer jefe fue Diego Salazar -ya fallecido- y luego el propio Rafael
Ramírez, que estuvo en esa responsabilidad hasta que la Esperanza
Patriótica -descrita como "algo más que un movimiento, un sentimiento,
una relación humana basada en el profundo afecto entre sus miembros y
el inmenso amor por la causa revolucionaria"- atendió al llamado del
presidente Chávez para disolverse e integrar el PSUV.
La primera parte de esta entrevista -sobre el precio del petróleo y la
crisis energética mundial- se publicó en PF 663, hace 45 días, cuando
el precio del combustible alcanzaba el "récord histórico" de 135
dólares… y que ya rompió la barrera del sonido de los 145 dólares el
barril.
A las preguntas de Punto Final, el ministro Rafael Ramírez contestó
con reflexiones sobre el proyecto socialista para Venezuela, cuya
síntesis publicamos en esta edición.
MANUEL CABIESES DONOSO
En Caracas



E n nuestro país el tema del socialismo es muy complejo. Se ha
discutido mucho en el pasado y, desde luego, hoy se discute mucho más,
porque está planteado como una posibilidad real. Desde siempre hemos
tenido claro que no hay manuales ni libritos que resuelvan los
numerosos problemas teóricos y prácticos que plantea un proyecto
socialista. Como también que no hay modelos, que ninguna revolución es
idéntica a otra, que cada una es un proceso original, propio de cada
pueblo que emprende la construcción del socialismo.
Es probable, además, que en Venezuela la situación sea aún más
compleja, porque la actividad petrolera ha introducido deformaciones
tremendas en lo económico, social y cultural. Aquí más que el tema de
cómo la burguesía se apropia de la plusvalía que produce el trabajo de
los hombres, el problema es cómo la burguesía y el imperialismo se
apropian de la renta petrolera. Sucede que la renta petrolera es un
gran problema porque barre con la formación de las clases sociales. En
Venezuela no hay una burguesía nacional ni de ningún tipo. Lo que hay
es un sector periférico que se aprovecha de la renta petrolera y que
acumula así muchísimo dinero y poder. Ha capturado la renta petrolera
a través de la banca y de la especulación financiera, pero no produce
ni un tornillo. En consecuencia, no tenemos tampoco una clase obrera
que podamos valorar como la clase hegemónica que hará la revolución".

Una clase obrera
conservadora

"Las ideas planteadas por el Che respecto a cómo otras clases se
apropian de la ideología del proletariado, son las que tenemos que
aplicar a nuestra realidad, porque no contamos con una masa obrera
crítica. Muy por el contrario, más bien la clase obrera que existe en
Venezuela muchas veces se comporta en forma profundamente
conservadora, porque goza de un conjunto de privilegios y lucha por
mantenerlos. De manera tal que el modo de producción predominante, que
es la gigantesca renta que produce el petróleo, no es producto del
trabajo y de la manufactura, sino de un recurso natural que a la vez
captura una renta mundial. Si el precio del petróleo se dispara a 130
dólares el barril (ahora está sobre 140 dólares, N. de PF), a
Venezuela ingresan once mil millones de dólares. Resumiendo: no hay
obreros, no hay burguesía nacional, no hay nada…Lo que hay es un
conjunto de gente que vive de la renta petrolera. Esto tiene una
réplica en millones de hombres y mujeres que conforman los sectores
marginalizados no sólo de la actividad económica, marginazalizados
también en lo cultural y en todo. En este país tenemos un serio
problema de exclusión. ¿Exclusión de qué? Pues ¡exclusión de la renta
petrolera! Por lo tanto, para hablar en serio de socialismo hay que
pasar necesariamente por fortalecer el Estado. El Estado es el único
ente capaz de garantizar que el control de la inmensa renta petrolera
pueda tener un destino social útil".

Otro destino para
la renta petrolera

"En el pasado reciente, el Estado venezolano era un Estado capitalista
que orientaba el usufructo de la renta petrolera a fortalecer a la
oligarquía nacional y a los intereses transnacionales. Hoy, tenemos un
Estado revolucionario y nuestro trabajo es hacer que esta renta
petrolera, en primera instancia, tienda a lo social -porque tenemos
una deuda gigantesca con nuestro pueblo-; pero también ayude a crear
la estructura económica y productiva capaz de darle un piso firme a la
construcción del socialismo.
Por eso estamos empeñados en que el Estado vaya asumiendo el control
de importantes áreas de la producción. Ya tenemos el control del
petróleo, eso era lo más importante. También controlamos la renta
petrolera: el 96% de los ingresos del petróleo ahora se quedan en el
país. Hemos hecho cuantiosas inversiones sociales: la gente no sabía
leer ni escribir y se moría de pobre. Todavía faltan muchísimas cosas
por hacer en el plano social pero estamos avanzando muy firme.
Ahora estamos empeñados en ampliar nuestras capacidades productivas:
creemos que actividades fundamentales para el desarrollo económico de
Venezuela, como las industrias básicas, los complejos industriales, la
petroquímica, las industrias capaces de crear y reproducir la
actividad económica, etc., deben estar en manos del Estado, para tener
la posibilidad real de comenzar a construir el socialismo. Hasta ahora
ni siquiera teníamos esa posibilidad, porque los medios de producción
estaban bajo control privado. ¿Pero esto significa que nosotros
queremos controlar toda la cadena de la economía? ¡No! Hay una
actividad periférica y de servicios que no nos interesan. Nuestro
objetivo es hacer hegemónica la presencia del Estado en las grandes
industrias básicas del país, para poder planificar la economía.
Teniendo ese control podríamos decidir que ciertos productos y ciertos
bienes se destinen a un objetivo específico, que es garantizar que
serán atendidas las necesidades elementales de nuestra población".

"No hay oligarcas
de gran corazón"

"En la actualidad, por ejemplo, si el gobierno quiere hacer casas
tiene que lidiar con las transnacionales que controlan el cemento.
Ellas tienen su propia estrategia que es contraria a la nuestra, que
es nacional, y exportan toda su producción. Si queremos construir el
socialismo -y eso pasa por dotar de viviendas a nuestra población-
tenemos que tener el control de las cementeras, y por eso se están
nacionalizando. Si nosotros, que somos un importante país productor de
acero no tenemos cabillas para hacer casas, ni tuberías para
acueductos, ni tubos para la industria petrolera, porque las
transnacionales se llevan el acero, eso nos obliga a establecer un
control para garantizar que se atiendan las necesidades básicas de
acero de nuestro país. Si pretendemos garantizar a la población el
abastecimiento de alimentos, ¿cómo vamos a impedir el
desabastecimiento artificial si la cadena de distribución está en
manos de la oligarquía venezolana? No hay manera, porque no hay
oligarcas de gran corazón. Los capitalistas son capitalistas, si ven
que hay especulación mundial con los alimentos, son capaces de
quitarle la leche a un niño venezolano para especular con la leche, de
quitarle el maíz para hacer negocio con el biocombustible".

Venezuela importa
el 90% de sus alimentos

"En esta etapa, estamos tratando de incidir en el control de los
estamentos más grandes e importantes de la producción para planificar
nuestro desarrollo económico y atender a nuestras necesidades, y no se
conduzcan con la lógica globalizada del capitalismo o sirvan los
intereses particulares de nadie. Como dije, en muchos segmentos de la
economía ni siquiera existe presencia de una burguesía nacional. Por
ejemplo, los alimentos los importamos en un 90%. El país tiene
problemas como el que señalaba el cantautor uruguayo Daniel Viglietti:
"a desalambrar". El latifundio ocupa buena parte de nuestras tierras.
Hace poco les decíamos a los empresarios del sector agropecuario que
allí ni siquiera se podía construir el capitalismo -y mucho menos el
socialismo- porque todavía están vigentes formas feudales en la
tenencia de la tierra.
A nadie le interesaba trabajar el campo porque todos vivíamos del
petróleo. Como había suficiente dinero para importar alimentos, para
qué íbamos a atacar el latifundio y cultivar la tierra. Los
latifundistas que usufructuan de la renta petrolera poseen cientos de
miles de hectáreas que destinan a pasear, pescar o cazar. A Venezuela
venían Rockefeller y el papá de Bush a pescar en nuestros ríos, a
disfrutar los paisajes de un país profundamente distorsionado en su
economía y atrasado en su desarrollo".

Socialismo, un asunto
de soberanía

"Como se puede apreciar, el tema del socialismo pasa en Venezuela por
un asunto nacional, de soberanía del país. Tiene que existir un plan
básico que permita crear las condiciones para construir el socialismo.
Si no controlábamos la industria petrolera, si no controlábamos los
recursos naturales ni la renta, ni con todas las buenas intenciones
podríamos siquiera intentar la construcción del socialismo. Pero eso
ya lo tenemos. Luego, con un pueblo que está en condiciones
paupérrimas en lo social, en educación, en salud, no podemos ni
siquiera pensar en construir el socialismo. Este pasa por un conjunto
de cuestiones fundamentales que permitan articular un sistema
productivo y distributivo de índole socialista. Y además están las
definiciones políticas. Porque un asunto muy importante es que aquí
hubo mucha confusión -no sólo en Venezuela, es cierto, también a nivel
mundial- sobre el socialismo; mucha gente de Izquierda había
renunciado incluso a la posibilidad de construir el socialismo.
Plantearlo como bandera, como objetivo político, como hacemos en
Venezuela, es un gran avance programático; con todas las
indefiniciones que aún puedan existir, el pensamiento progresista ha
vuelto a pensar en un socialismo del siglo XXI".

Un nuevo pensamiento
socialista

"El pensamiento político no puede construirse de la nada, tiene que
edificarse con los aportes hechos por otras experiencias, tanto las
exitosas como las menos exitosas. Sobre eso hay que construir un nuevo
pensamiento socialista. En Venezuela estamos en una batalla básica y
crucial: rescatar nuestra soberanía y devolver a la nación el
usufructo de sus recursos. Esta batalla pasa por defender el derecho
del pueblo venezolano a decidir su destino a fin de caminar hacia el
socialismo. Claro, no se trata de esperar que todo esté resuelto para
iniciar la construcción de socialismo, porque probablemente podríamos
desembocar en cualquier otra cosa. Ya estamos dando pasos en lo
económico. Es fundamental crear la base económica para sustentar el
apoyo que el pueblo está entregando a las propuestas socialistas del
presidente Chávez. Si nos descuidamos, podríamos estar tratando de
construir un socialismo inmerso en el capitalismo. Las estructuras que
existían cuando el chavismo llegó al poder todavía están ahí, y muchas
de ellas intactas. Nuestro problema principal ha sido impactar esas
estructuras, reformarlas, y en algunos casos, desecharlas, montando
nuevas estructuras.
Luchar por el socialismo, en un medio capitalista, es muy difícil,
porque los valores y relaciones capitalistas están presentes,
influyen, presionan. Si nos equivocamos, se reproducen. Por eso la
discusión sobre el socialismo en Venezuela tiene que considerar que es
un proceso que apenas está empezando, y que tiene que ir acompañado de
una intensa práctica. Hemos tenido importantes logros, también hemos
cometido no pocos errores. Nuestra revolución tiene que ser muy
crítica con ella misma, discutir con mucha lealtad la unidad en la
acción, para ver y analizar cómo avanzamos mejor y más rápido
acompañando al presidente Chávez, que es el líder de este proceso".



(Publicado en revista"Punto Final", edición Nº 666, 11 de julio, 2008)



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