[R-P] [Enrique Manson] El revisionismo etrusco

Inti Alpert intialpert en yahoo.com.ar
Sab Sep 6 08:27:25 MDT 2008


La argentina es una delicia... me dijo hace relativamente poco un primo 
italiano, de madre inglesa, que vive en londres desde hace 25 años y trabaja 
en Barclais Bank en la oficina de Grandes Cuentas.

...

La Argentina es una delicia, me dijo, porque en los bares la gente habla...

...

Lo que dice Goro a propósito de la nota de Manson es posiblemente cierto, 
pero cro que la original apunta a algo más simple.

...

Argentina es una tierra de pares.

De pares diferentes, pero de diferentes, pares.

...

Y ahí tal vez está su magia

...

Como ya lo dijo charly, ese que escucha un tango y un rock y presiente que 
es él mismo... Con todo lo que el tango y el rock tienen detrás

...

Los que somos hijos de los expulsados de la crisis del 30 y de la segunda 
guerra mundial, también somos excluídos porque la casa de los bisabuelos, 
simplemente, no existe ni nunca existió o está en otro lado y se la afanaron 
otros...

...

Hasta como en mi caso, con una mamá hecha en Napoles y un papá en el Bronx.

...

Y que si tuvieron casa, escuela y una que otra cosa más, para empezar a 
andar; fue por ese proceso que llamamos peronismo y que abreva en todo lo 
bueno que Manson rescata. Como los quilmes que tuvieron escuela, como los 
mapuches que usaron delantal y aprendieron a leer en otro idioma que el de 
sus abuelos, pero que aprendieron. Igual que yo, que también tenía abuelos 
que hablaban otro idioma y eran expulsados de otra tierra. De la que no 
heredé practicamente nada en términos materiales.

...

Siempre que lo veo a Luis D`elía, por quien siento cierto aprecio aunque no 
termine de conocerlo, tengo ganas de charlar de esto con él. Que siempre 
dice que "somos negros" que "somos feos" y yo, que soy blanquito, pintón y 
que hasta cuido el peso (el de comprar y el de la balanza) siento que en 
realidad en la Argentina, salvo la que el llama "puta oligarquía", excluídos 
somos todos.... hasta los empresarios nacionales...

...

E incluídos también.

...

En qué...

No lo termino de tener claro, pero la historia de Europa me produce algo de 
verguenza y me parece que la nuestra es más conciente de lo que no hay que 
hacer.

...

Salvo la Guerra del Paraguay, que es lo peor de lo nuestro, nunca se logró 
que un pueblo de aca se alce en armas contra otro de aca. Y si pasó fue 
poquito... Y tal vez hasta Roca tiene algo que ver en eso aunque no le haya 
importado

...

Y para cualquiera que haya viejado un poco por otros lugares, sea Africa, 
Europa o Asia, eso es algo notable.

...

Tal vez no tenga nada que ver con lo que dice Manson, pero la primer 
república que se construye desde la idea de la pluri nacionalidad es este 
pais (USA lo hizo formalmente pero no realmente y el proceso de Obama es 
muestra suficiente). Y eso hace que hoy la construcción de la "Multi 
Nacionalidad" sea una pavada, porque la Argentina, su modelo político y 
federal, ya lo es.

...

Vivo entre el Once y el Abasto, justo en el medio, en un lugar que yo llamo 
"el pequeño Perú", lleno de "negros" de diferentes orígenes americanos, con 
razgos aindiados, con cara peruana, o de origen Boliviano, con mezcla 
chilena, con un paisaje lleno de judíos, de otros europeos, de asiáticos y 
gente del norte africano y hace poco aparecieron rusos, ucranianos, cubanos, 
haitianos y un a cantidad de putas dominicanas que en pocos años le pondrán 
delantal blanco a sus hijitos de un nuevo color de los cuales cualquiera 
podrá ser diputado, gobernador o presidente.

Magia pura...

...

Pese a lo que digan las modas antidiscriminatorias, nuestro desafío es claro 
y no es el reconocimiento de la diversidad, sino la construción de la 
unidad.

...

En ese marco, el modelo federal argentino, el IVA y las rentas nacionales 
como modelos impositivos generales, la posibilidad que ofrcen aunque no se 
utilicen como corresponden las territoriales, la obligatoriedad del voto, la 
ley 1420 con todas sus limitaciones y derivaciones. Y algunas cosas más son 
lo que hacen que hasta teniendo la posibilidad de residir en muchas partes o 
de tener varios pasaportes, algunos elijamos este aunque nuestro "origen" 
sea otro.

Y la construcción de la Unidad Suramericana debe ser eso mismo.

Ni perder identidad ni perder libertad, sino unificar esfuerzos en aquello 
donde la unidad sea precisamente, un instrumento de construcción de 
libertad.

...

En ese marco, leo la nota de Manson... y me gusta mucho.

Porque más allá de que su oficio sea el de historiador, remite al presente 
que se ve en las calles...


----- Original Message ----- 
From: "juan maría escobar" <escobar45 en infovia.com.ar>
To: "Inti" <intialpert en yahoo.com.ar>
Cc: "Lucha de masas para recuperar la Argentina" 
<reconquista-popular en lists.econ.utah.edu>
Sent: Saturday, September 06, 2008 9:30 AM
Subject: [R-P] [Enrique Manson] El revisionismo etrusco


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CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN



DEL REVISIONISMO ETRUSCO A LA DIAGONAL CALFUCURÁ

 Enrique Manson

Publicado en la N&P

Ell Correo-e del autor es  ejmanson en arnet.com.ar

Por Enrique MansonAgosto de 2008 Hace algunas décadas apareció una corriente
de historiadores, sociólogos y pensadores que descubrieron algo que sabíamos
hace tiempo: que los indios son seres humanos.  Esa nueva corriente ganó
espacio, y no ha faltado algún legislador nacional, representante de
provincias patagónicas pero de itálico apellido, que propuso declarar algo
así como día de luto al 12 de octubre. Justamente, basándose en el hecho de
que muchos de estos "revisionistas" descendían de la inmigración de los
siglos XIX y XX, Fermín Chávez empezó a tomarles el pelo hablando de un
revisionismo etrusco.  Claro, pobres etruscos.  Su cultura fue aplastada por
los romanos y casi nada ha quedado en las tierras de donde han venido muchos
de esos defensores del indio. Con el auspicio de personas tan respetables
como Osvaldo Bayer -que se nos ha puesto bastante obsesivo y cerrado en
ciertos temas- hoy muchos de esos renovadores de batallas lejanas, andan
queriendo derribar estatuas de Roca y cambiar nombres de calles.  Más
auténticas me resultan las pintadas que he visto en la avenida del general
de La Larga en la ciudad de Neuquén, en la que manos anónimas -que bien
pueden haber sido mapuches- cambiaron el nombre en los carteles indicadores
por el de lonco Calfucurá. En estos días, Diego Gutiérrez Walker por una
parte, y Nestor Luis Montezanti han vuelto a tocar el tema, y con ello han
terminado de tentarme para aportar algunas opiniones, por si valen la pena.
Claro que empiezo por decir que A MI, ROCA NO ME GUSTA NADA Decía el maestro
Pérez Amuchástegui que la historia es comprensión del pasado. Mal podemos
juzgar a quienes ya están muertos, como alguna vez le hicieron al Papa
Formoso al que desenterraron para, después de una parodia de juicio -en el
que no se podía defender- lo condenaron a ser arrojado a las aguas del
Tiber. Me parece que a Formoso, que estaba bastante muerto, no le habrá
dolido mucho la cosa. Sin embargo, cuando miramos el pasado, es inevitable
que algunos personajes nos ganen el corazón y otros nos sean antipáticos.
Hay algunos que nos gustan y otros que no nos gustan.  ¿Cómo no me va gustar
ese oficial gallego que dejó el ejército español -cuando ya España no
existía, porque nadie podía suponer que alguna vez Napoleón se iba a caer- y
se enamoró de la tierra en la que había nacido por casualidad. Y la hizo
independiente, y luchó, desde lejos, por esa independencia hasta morir de
viejo. ¿Cómo no me va a gustar aquel señorito de uniforme a quien llamaban
despectivamente padrecito de los pobres, y quien los pobres llamaban de la
misma manera. Y por quien decían que su muerte había nublado el cielo? ¿Cómo
no me va a gustar el estadista que inventó la argentina, juntando los
pedazos que el egoísmo portuario había desintegrado? El mismo que, cuando se
vinieron los vapores de guerra y los cañones de las dos primeras potencias
de la tierra no les aflojó un tranco de pollo y con su coraje inspiró -un
siglo después- aquel triunfo que decía: ¡Que los tiró a los gringos!Juna
gran sieteNavegar tantos maresVenirse al cuete No me pasa lo mismo con el
presidente que inventó la deuda externa, les regaló el crédito y la moneda a
los ingleses, y desató una guerra civil cuando peleábamos contra enemigos
externos para conservar a la provincia mas querida.  Tampoco me cae
simpático aquel que aconsejaba no ahorrar sangre de gauchos, ni ese otro que
exigía que se respetara su siesta cuando las esposas y las hijas pedían
piedad por los que iban a ser fusilados. Y como me va a gustar Roca. Aquel
que consolido la colonia feliz, el que abandonó nuestro protagonismo
continental ("San Martín no nos legó la obligación de proteger al Perú",
diría el prestigioso diarito de Mitre), el que pensaba en términos
darwinianos y racionalistas de la chusma y de los bárbaros. Nuestras
simpatías o antipatías por quienes nos precedieron tienen que ver con la
identificación de las ideas, de las creencias, de los sentimientos y de la
conciencia del pasado común. GENOCIDIO O ENCUENTRO DE CULTURAS. Durante
mucho tiempo, la historia americana fue estudiada desde la perspectiva de
los que llegaban. Es vulgar repetir aquello de que si los mexicanos
descienden de los aztecas y los peruanos de los incas, los argentinos
descendemos de los barcos. Pero es tan erróneo hacernos bajar de los barcos
como imaginar nuestra historia desde la perspectiva del indio invadido. La
Argentina -hispanoamérica- es tierra de inmigración. De muchas
inmigraciones, a Dios gracias, que tuvieron sus choques y sus
enfrentamientos, pero que han dado los cimientos para la construcción de un
mundo mestizo y original. Acierta Gutiérrez Walker cuando se pregunta si los
llamados pueblos originarios no lo son del estrecho de Behring o de las
llanuras siberianas.[1] Todos vinimos de ajuera, diría el paisano. Los
indios, los españoles de la conquista, los africanos -que no vinieron por su
voluntad pero aportan a la cultura y a la identidad común- los gringos del
XIX (que incluyen a los nuevos gallegos, que no eran Irala y Garay) y del
XX. Y hasta los del XXI, con sus ojos rasgados y sus lenguas endemoniadas.
Allá por los sesenta del siglo pasado, Nicomedes Santa Cruz, poeta negro
peruano, hablaba de este continente poblado por Rubias bembonas, indios
barbudos y negros lacios. La conquista española fue cruenta. Como la de los
aztecas en el valle de México o la de los incas en el Perú. Como la de los
mapuches en territorio que ellos llamaron tehuelche, pero que pertenecía a
quienes se decían Aonikenk o Günün-a-küna, según fueran del sur o del norte
patagónico. La conquista española fue cruenta, pero España fue el único
imperio que hizo examen de conciencia. No sólo por el promocionado Fray
Bartolomé de Las Casas, sino por aquel dominico, Francisco de Vitoria, que
jamás había pisado el mundo de Colón pero que cuestionaba desde la
Universidad de Salamanca, que "el emperador fuera Señor del Mundo", que el
Papa tuviera derecho a asignar las tierras americanas, y que afirmaba que
los bárbaros (hoy tal vez, los pueblos originarios) eran dueños legítimos de
sus tierras. Es cierto que, cerca del rey, no faltaban los que a su manera
aseguraban que Moctezuma tenía armas de destrucción masiva. Fue cruenta,
pero ¿fue un genocidio? Claudio Sánchez Albornoz hizo alguna vez un estudio
acerca de la reducción de población aborigen en la América post colombina.
El establecía diversas causas, la primera desde luego, las muertes en las
guerras de conquista. Otra era el resultado de la explotación abusiva en
casos como los de la minería de metales preciosos, y también la producida
por enfermedades importadas de Europa, para las cuales los americanos no
tenían defensas.[2] Pero no menos importantes fueron las resistencias
psicológicas a los embarazos y los abortos provocados por las madres indias
que, no querían traer hijos a un mundo que había cambiado profundamente, y
no sólo por la dureza de las condiciones de explotación, sino por que el
reemplazo de una cosmovisión por otra, que llenaba de misterios al porvenir.
Sin olvidar el genocidio erótico producido por el mestizaje.  Cada mestizo
que nacía era un indio (y un español) menos en la estadística.  Es que si en
muchos lugares del continente hubo brutales violaciones, en otras la cosa
fue bastante voluntaria.  Como en el paraiso de Mahoma, como llamó algún
casto fraile a nuestra Asunción del Paraguay. Cuenta Ulrico Schmidl de la
niñas que una noche habían sido elegidas para acompañar a Irala y se
escaparon cuando el caudillo dormía, y agrega: "Es que nuestro capitán era
viejo. Si nos las hubieran dado a nosotros, los infantes, seguramente no se
habrían escapado". De ese mestizaje, no siempre forzado, nacieron los
mancebos de la tierra que acompañaron a Garay y que hicieron que Santa Fe y
Buenos Aires fueran ciudades americanas pobladas por americanos. Fueron los
enemigos de España los que, exagerando hechos reales, crearon la leyenda
negra. Aquellos que no se mezclaban con los indios y que preferían
exterminarlos o encerrarlos en zoológicos humanos llamados reservaciones.
Fue un embajador norteamericano en México el que instaló en su sede el
retrato de Moctezuma, que fue la rendición, cuando tal vez hubiera sido más
apropiado hacerlo con el de Cuautemoc, que fue la resistencia. Pero algunos
prefieren pelearse con Felipe II, que está muerto y enterrado y olvidarse
que la que se pasea por nuestros mares es la IV flota (humanitaria) de los
Estados Unidos. Pero la conquista fue el germen de la unidad que fue el
sueño de San Martín y Bolívar, de Perón y de Ibáñez y que hoy, en el 2008,
estamos mas cerca que nunca de alcanzar. Aporta a esa unidad el que un
lacandón de Chiapas y un guaraní de Misiones sólo puedan entenderse en
Castilla. VENIMOS DE DISTINTOS ORÍGENES PARA CONSTRUIR UN DESTINO COMÚN
Todos vinimos de afuera. Y todos nos mezclamos acá.  En esta Patria que se
construye día a día.  Que se estaba construyendo cuando Roca andaba por los
desiertos en lo que, como dice Montezanti, fue un paseo militar, casi sin
acciones bélicas.  Y con un particular genocidio, del que cita al arquitecto
indigenista de Bariloche Santana diciendo: "... despreciaba (Roca) al
aborigen al punto tal de llegar a asesinar 350 mil personas y quitarles sus
tierras".  La cifra es disparatada a más no poder, aunque es cierto que el
Zorro "despreciaba al aborigen", por que su credo era aquel que ponía "el
progreso" en "el hombre blanco: científico -el pensamiento positivista-,
unilateral. excluyente." Y por eso, entre otras cosas, Roca no me gusta
nada.  Por que una cosa era ocupar el espacio sólo poblado por los restos
del imperio de Calfucurá -que efectivamente no existía desde 1874- y ganarle
de mano al expansionismo chileno, y otra las salvajadas a que se sometía,
desde el darwinismo positivista, a los salvajes.  Que tampoco eran nenes de
pecho al tratar a las cautivas.  Ocupar antes que los chilenos, y aquí una
disgreción.  No me parece serio insistir con la chilenidad de los mapuches.
Venían tan de afuera como los criollos y los gringos, pero la nacionalidad
estaba en construcción.  Y Namuncurá juró la bandera argentina, aunque su
padre hubiera nacido del otro lado de la cordillera. De todos modos, el
indio fue el derrotado.  Y derrota es humillación, y por generaciones, los
descendientes de los vencidos se tuvieron por menos.  Muchos, si no todos,
eran los hijos y nietos de indios que ocultaban o disimulaban su origen.  Es
positivo que hoy eso esté cambiando.  Cada vez son más los que reivindican
su origen, como con igual derecho todos reivindicamos el de cada uno,
aceptando la diversidad originaria pero construyendo a la unidad de destino.
Aunque la mezcla, el mestizaje, se dio de tal manera que no falta el
guerrero destacado que, pese a ser en su vida jefe de muchos hombres de
lanza, era en su origen, huinca.[3] Hoy las comunidades indígenas están
entre los sectores más postergados de nuestra sociedad.  Pero no son los
únicos.  Y su recuperación y el legítimo derecho que ejercen para la defensa
de sus intereses no justifica suponer a la Argentina como un país
multinacional. Justamente en momentos en que la gran batalla de nuestra
América es la que se da frente a la posibilidad de producir, por fin, la
unidad soñada por los fundadores de la independencia.  En un momento extraño
en que las partes de la nación hispanoamericana están gobernadas por un
milico nacionalista, un economista que cree en la economía al servicio de su
pueblo, un obrero industrial, la hija de un asesinado de Pinochet, un indio
aymara, una militante de la JUP de los '70. Algo está cambiando.  Acierta
Norberto Galasso cuando dice que San Martín y Bolívar vuelven a cabalgar en
nuestro continente. Es cierto que esa unidad, la única posibilidad de un
destino en el mundo que se acerca, tiene sus enemigos.  Y no sólo los
grandes poderes mundiales.  También el racismo antiamericano de algunos
blancos de Santa Cruz de la Sierra y de algunos blancos de Caballito. Pero
hay un renacer de la que a principios del siglo pasado un poeta, Rubén
Darío, a quién la burocracia colonialista ubica como nicaragüense llamaba en
su poema a Roosevelt La América ingenua que tiene sangre indígenaQue aún
reza a Jesucristo y aún habla en español Y la que actualizaba en la segunda
mitad del mismo siglo, aquel negro peruano que decía: Nací cerca de
CuzcoAdmiro a PueblaMe inspira el ron de las AntillasCanto con voz
argentinaCreo en Santa Rosa de LimaY en los Orishas de Bahía.. Poso la
frente en el Río BravoMe afirmo pétreo sobre el cabo de HornosHundo mi brazo
izquierdo en el PacíficoY sumerjo mi diestra en el Atlántico Por las costas
de oriente y occidenteDoscientas millas entro en cada OcéanoSumerjo mano y
manoY así me aferro a nuestro ContinenteEn un abrazo Latinoamericano.

[1] O del sudeste insular asiático, donde se navegaba en canoa, se usaba la
cerbatana y se practicaban cultos cruentos, como nuestros guaraníes o
jíbaros, como sabemos por las lecturas de Salgari, como dijera algún
presidente argentino de infausta memoria.
[2] Fue el caso de la viruela, endémica en el viejo mundo. A cambio de la
cual, los españoles se llevaron la sífilis que, en el Río de la Plata dio
cuenta del primer adelantado, Don Pedro de Mendoza.
[3] Como en el caso del gran Pincén, según nos dice Jorge Sulé en su Rosas y
los indios. La madre de Pin Then (el dueño del decir) habría sido una
cautiva que llegó a los toldos con la cría al pie. Por lo que el gran toqui
no habría sido siquiera mestizo, sino cristiano de padre y madre.


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