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Jue Sep 4 12:51:23 MDT 2008


Recibo y envío

WILLY KURT TANK, EL CREADOR DEL PULQUI 1
PRESENTÓ A RONALD RICHTER AL GENERAL PERON

3/IX/08 
Por Enrique Oliva
          El ingeniero aeronáutico alemán Willy 
Kurt Tank, ganó merecida fama internacional por 
su prestigio como original diseñador y 
constructor del Pulqui 1 en Córdoba. El avión a 
propulsión a chorro arañó la velocidad del sonido 
y fue exitosamente probado en agosto de 1947 en 
esa provincia por el piloto teniente Edmundo 
Weiss. Días después era presentado en el 
Aeroparque de Buenos Aires ante el general Juan 
Domingo Perón y una muchedumbre aplaudió esa 
creación que colocaba a la Argentina en el 
exclusivo círculo de los países más avanzados en 
materia de tecnología de punta en aviación.
          Tank conoció a Ronald Richter en 
Londres donde éste había sido invitado a dar una 
conferencia, después de la Segunda Guerra 
Mundial. Allí hablaron largamente sobre 
las  especialidades de ambos y las afinidades de 
la física nuclear en la aviación. Tank quedó 
sorprendido por la idea del austriaco de utilizar 
un procedimiento simple para dotar de energía 
atómica a los aviones. En esos momentos era 
impensado ese tipo de propulsión logrado tras 
muchos años de investigaciones solo en 
portaaviones  y submarinos. Pero hasta ahora 
(2008) no se ha podido aplicar esa forma de 
combustión en aeronaves. ¿También en esto, como 
en la sonofusión, habrá que recordarlo a Richter?
           Tank trajo a la Argentina a una buena 
cantidad de científicos alemanes para colaborar 
con él, conjuntamente con muchos expertos 
argentinos, en el Instituto Aerotécnico de 
Córdoba. Allí se trabajaba ya en estudios de 
otros tipos de aviones como los llamados ala delta.
          “Estando en París –declara Richter al 
periodista Jorge Camarasa-  alguien le llamó 
desde Suiza de parte de Willy Kurt Tank…Me 
transmitió la invitación del alemán, pidiéndome 
que viajara a Buenos Aires para trabajar al 
servicio del gobierno argentino. Como no tenía 
otras  obligaciones y necesitaba un empleo, tres 
meses más  tarde llegué a la Argentina”.
          Richter dice en la citada entrevista 
que arribó a Buenos Aires el 16 de agosto de 1948 
“y una semana después, en compañía de Tank y su 
ayudante August  Siebrecht, se reunió con Perón”. 
Así comenzó la relación del Presidente con el 
científico austriaco. No podía venir mejor 
recomendado que por quien era demostradamente 
serio y  exitoso, el ingeniero Tank, quien lo 
hospedó junto a él en el chalet Monserrat durante 
los 4 meses que estuvo en Villa Carlos Paz.  A 
poco andar, tenía dependencia directa del 
presidente. Así pasó a la isla Huemul en San Carlos de Bariloche.
          Mientras Richter estuvo en Córdoba y 
luego en la isla Huemul, de 20 hectáreas bajo su 
absoluto dominio, ya venía demostrando su 
carácter inestable. Pasaba de la euforia y 
alegría al mal humor. Pero era un trabajador 
incansable, aunque con tendencia a aislarse y, 
con frecuencia, sin ningún fundamento, a sentirse 
perseguido. Eran cualidades no raras de los hombres especiales.
          Para cuanto podía precisar, Richter 
contó con la colaboración del Coronel Enrique P. 
González, íntimo amigo del General Perón y su 
compañero del GOU (Grupo de Oficiales Unidos) 
cuando programaron y ejecutaron la Revolución de 
1943. González fue la única persona que he oído 
tutear al presidente y era el nexo con otros 
programas  de investigaciones científicas de avanzada.
          Intrigas, celos y críticas por lo que 
otros científicos veían a Richter como 
“privilegiado” por el presidente llevaron a 
mediatizar  la situación y la opinión opositora 
hizo trascender al exterior desprestigiando el proyecto de Isla Huemul.
Y así terminó un intento científico que en los 
últimos tiempos ha recobrado confianza con los 
trabajos que en San Carlos de Bariloche se vienen 
realizando hoy en colaboración con universidades 
nacionales y extranjeras y  exportando tecnología 
argentina de alto nivel. Dios quiera no nos venga 
otra revolución destrozadora y mate lo que tantos 
años de esfuerzos han sido necesarios para buscar 
el camino del progreso por las investigaciones 
científicas. Así lo comprendió el General Perón; 
supo apostar, tomando la iniciativa de la 
creación y los costos de los posibles riesgos.
          El libro más vendido escrito para 
mostrar al mundo al “embaucador” y el “fiasco” de 
la Isla Huemul, es de un físico muy promocionado 
por esa obra, a la que dedicó 8 años de trabajo, 
y logró varias traducciones para el exterior. En 
internet tiene decenas de sitios propios y ajenos 
desde antes de la publicación del libro y otros 
diciendo dónde puede comprarse un ejemplar y su 
precio en distintas monedas. Ahora otros 
escribirán sobre la “sonofusión” y también 
deberán hablar de Ronald Richter como un 
científico precursor. Tampoco deberá olvidarse 
esta vez elogiosamente a quien fuera su mecenas argentino.





	

	
		
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