[R-P] Crisis: ¿se probó, realmente, "todo"?

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mar Sep 2 06:52:37 MDT 2008


[Datos de los medios de prensa de hoy]

El profesor de la Universidad de Columbia José Antonio Ocampo Gaviria,
en las «Jornadas Monetarias» que inauguró Martín Pérez (Redrado) en
Buenos Aires, sobre los modos de capear la crisis económica del mundo
metropolitano que se seguirá extendiendo: «Hay que introducir reglas
anticíclicas, incrementando los requerimientos de capital durante los
booms, y un sistema de previsiones», porque «hay que jugarle a
contramano» a las finanzas, que son cíclicas. En ese sentido, las
agencias de riesgo son nefastas: «suben por demás la calificación en
las épocas de auge y la bajan súbitamente en momentos de crisis.»

Dicho de otro modo: el capital financiero y las instituciones privadas
que se le asocian es un mecanismo de saqueo que se retroalimenta
solito. Y solo el Estado puede enfrentarlo.

En realidad, esta «genialidad» se revela banal a poco que se piense
políticamente la cuestión. La tendencia a separar lo «económico» de lo
«social» lleva a olvidar que lo primero atiende a los intereses de los
propietarios de los medios de producción, y lo segundo al resto de la
sociedad... dividiendo así un todo indisociable.

Muy claro queda esto en las declaraciones de otros asistentes al cónclave.

Edmund Phelps, Nóbel de Economía 2006, dice por ejemplo que «la crisis
financiera llevará a los hogares a ahorrar más. Pero en el mediano
plazo se irá recuperando el consumo de esos mismos hogares». Como
consecuencia, sugiere que «las políticas económicas y las
instituciones» que las rijan sean, «en el actual marco, amplias,
flexibles»...

Eso sí, Phelps cree que algo será rígido: la pérdida de empleos,
puesto que la producida en EEUU en «la actividad de la construcción no
podrá ser compensada por la absorción de trabajadores en otros
sectores, con lo que el empleo general no volverá a los niveles
previos a la crisis»

¡Çuánta miseria en la economía del premio Nóbel!

«Los hogares» que ahorrarán más y luego «recuperarán su consumo» no
serán, claramente, los de los trabajadores, puesto que si el nivel
general de empleo no vuelve a los niveles anteriores mal podrá hacerlo
el nivel general de ingresos -y ahorro- de esos mismos trabajadores y
sus hogares. Entonces, la «sanidad económica» de la burguesía requiere
cierto grado de «enfermedad social» de los asalariados, que
sustentarán de alguna manera la recuperación de los niveles de
ganancias de la clase dominante. Otra vez se presenta el dilema
imperialista: si no se quiere incrementar las tensiones dentro de
EEUU, hay que exportar la crisis. Por lo tanto, hay que tratar de
obtener plusvalía periférica al costo más bajo posible.

De allí que Jacob Frenkel, un financista que preside el Grupo de los
Treinta, entienda que las medidas proteccionistas aparentemente
inminentes en EEUU serían «un desastre». Exige, en cambio, un «ajuste
formidable» que, claro, «genera dolor.» Como vimos arriba, en palabras
de Phelps, el dolor lo han de sufrir otros ¿Porqué? Porque hay que
rajarle a la inflación, que «afecta los contratos» (¡magnífica
exposición del punto de vista del rentista, cuyos contratos solo se
refieren a variables monetarias!) y «no se puede mantener tasas de
interés negativas por mucho tiempo» (no puede ser que los rentistas
pierdan mucha plata...)

Lógicamente, Frenkel propone que sean «los países en desarrollo» los
que motoricen la reactivación futura, y que la producción mundial
crezca por «los mercados emergentes». Sobre este cinismo se apoyan las
propuestas elementales y bastante medievales de un Lyndon Larouche,
dicho sea de paso.

Phelps, finalmente, admite que «ya se probó de todo» y no aparecen soluciones.

Quizás porque _no_ se probó, realmente, «de todo».

Queda por ejemplo pendiente la socialización del capital  monopolista.

El Manifiesto Comunista parece seguir vigente
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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría


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