[R-P] Los niños banderilleros

silvio ansaldi silvioansaldi en yahoo.com.ar
Lun Sep 1 11:57:17 MDT 2008


Esta terrible nota sobre los pesticidas usados para fumigar y las consecuencias en aquellos que han estado en contacto con el veneno , como
asi tambien el programa emitido la semana pasada por canal 11 , a las 23
hs sobre el glifosfato usado en la soja y el envenenamiento que produce ,
como asi tambien , la desertificacion , de los campos aledaños .
Todo ellos deberia haber sido usado , de una mejor manera , para informar
a la poblacion sobre el envenenamiento de las zonas aledañas de los campos
sembrados con soja y asi ,  haber tenido un argumento de mayor peso
que el monetario , para entablar la disputa de la opinion publica sobre el
conflicto del campo .De haber estado bien manejado , probablemente , se hubiera podido ganar la batalla mediatica , contra el campo .
No sin razon , ese programa , no fue emitido durante el conflicto con el
campo .
Son verdaderos homicidas , los responsables por el envenenamiento de personas que trabajan con estos peligrosos productos , en la soja y demas
cultivos.

Silvio Ansaldi


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        entileza de Arturo Avellaneda arturavellaneda en msn.com

        LOS NIÑOS FUMIGADOS DE LA SOJA

        Argentina / Norte de la provincia de Santa Fe

        Diario La Capital

        Las Petacas, Santa Fe,

        29 septiembre 2006 

        El viejo territorio de La Forestal , la empresa inglesa que arrasó con el quebracho colorado, embolsó millones de libras esterlinas en ganancias, convirtió bosques en desiertos, abandonó decenas de pueblos en el agujero negro de la desocupación y gozó de la complicidad de administraciones nacionales, provinciales y regionales durante más de ochenta años.

        Las Petacas se llama el exacto escenario del segundo estado argentino donde los pibes son usados como señales para fumigar.

        Chicos que serán rociados con herbicidas y pesticidas mientras trabajan como postes, como banderas humanas y luego serán reemplazados por otros.

        'Primero se comienza a fumigar en las esquinas, lo que se llama ’esquinero’.

        Después, hay que contar 24 pasos hacia un costado desde el último lugar donde pasó el ’mosquito’, desde el punto del medio de la máquina y pararse allí', dice uno de los pibes entre los catorce y dieciséis años de edad.

        El “mosquito” es una máquina que vuela bajo y 'riega' una nube de plaguicida.

        Para que el conductor sepa dónde tiene que fumigar, los productores agropecuarios de la zona encontraron una solución económica: chicos de menos de 16 años, se paran con una bandera en el sitio a fumigar.

        Los rocían con 'Randap” y a veces “2-4 D” (herbicidas usados sobre todo para cultivar soja). También tiran insecticidas y mata yuyos. Tienen un olor fuertísimo.

        “A veces también ayudamos a cargar el tanque. Cuando hay viento en contra nos da la nube y nos moja toda la cara', describe el niño señal, el pibe que será contaminado, el número que apenas alguien tendrá en cuenta para un módico presupuesto de inversiones en el norte santafesino.

        No hay protección de ningún tipo.

        Y cuando señalan el campo para que pase el mosquito cobran entre veinte y veinticinco centavos la hectárea y cincuenta centavos cuando el plaguicida se esparce desde un tractor que 'va más lerdo', dice uno de los chicos.

        'Con el ’mosquito’ hacen 100 o 150 hectáreas por día. Se trabaja con dos banderilleros, uno para la ida y otro para la vuelta. Trabajamos desde que sale el sol hasta la nochecita. A veces nos dan de comer ahí y otras nos traen a casa, depende del productor', agregan los entrevistados.

        Uno de los chicos dice que sabe que esos líquidos le puede hacer mal: 'Que tengamos cáncer', ejemplifica. 'Hace tres o cuatro años que trabajamos en esto. En los tiempos de calor hay que aguantárselo al rayo del sol y encima el olor de ese líquido te revienta la cabeza.

        A veces me agarra dolor de cabeza en el medio del campo. Yo siempre llevo remera con cuello alto para taparme la cara y la cabeza', dicen las voces de los pibes envenenados.

        -Nos buscan dos productores.

        Cada uno tiene su gente, pero algunos no porque usan banderillero satelital.

        Hacemos un descanso al mediodía y caminamos 200 hectáreas por día.

        No nos cansamos mucho porque estamos acostumbrados.

        A mí me dolía la cabeza y temblaba todo. Fui al médico y me dijo que era por el trabajo que hacía, que estaba enfermo por eso', remarcan los niños.

        El padre de los pibes ya no puede acompañar a sus hijos. No soporta más las hinchazones del estómago, contó. 'No tenemos otra opción. Necesitamos hacer cualquier trabajo', dice el papá cuando intenta explicar por qué sus hijos se exponen a semejante asesinato en etapas.

        La Agrupación de Vecinos Autoconvocados de Las Petacas y la Fundación para la Defensa del Ambiente habían emplazado al presidente comunal Miguel Ángel Battistelli para que elabore un programa de erradicación de actividades contaminantes relacionadas con las explotaciones agropecuarias y el uso de agroquímicos.

        No hubo avances.

        Los pibes siguen de banderas.

        Es en Las Petacas, norte profundo santafesino, donde todavía siguen vivas las garras de los continuadores de La Forestal.
        Fuente: Diario La Capital , Rosario, Argentina






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