[R-P] Neologismos en la prensa argentina DIME CÓMO HABLAS.

Fernando Morón fermoron en gmail.com
Jue Oct 23 02:48:07 MDT 2008


Neologismos en la prensa argentina
DIME CÓMO HABLAS...



Un diccionario publicado por la Universidad Nacional de General
Sarmiento reseña 1.300 neologismos aparecidos en la prensa nacional
entre 2003 y 2005. Abundan los vocablos referidos a la economía y a
los derechos humanos. Su análisis permite leer los cambios sociales,
las tensiones políticas y las modas que atravesaron el país en los
últimos años.


Diego Rosemberg
Periodista.
(c) LMD ed. Cono Sur


"El trabajo revela la sociedad post crisis", define Andreína
Adelstein, coautora de 1.300 neologismos en la prensa argentina, junto
a Inés Kuguel y Gabriela Resnik (1).
La cantidad de nuevos términos económicos que se incluyeron en del
lenguaje cotidiano habla de la importancia que tuvieron las finanzas
en todos estos años. "Riesgo país", "default", "megacanje",
"tercerización", "formador de precios", "base monetaria",
"cuasimoneda", "off shore, "holdout", son apenas un puñado de ejemplos
que se suman a otros preexistentes pero que las investigadoras
consideran también neologismos por no haber sido incluidos en ningún
tipo de diccionario de español o de argentinismos hasta esta
publicación, como son los casos de "hiperinflación", "deuda externa",
"convertibilidad" o "microcrédito".

Campo de disputa ideológica

Muchas de estas nuevas palabras o expresiones no fueron acuñadas por
los propios periodistas, sino absorbidas sin filtros del lenguaje
utilizado por sus fuentes. Y, se sabe, las fuentes siempre son
interesadas: intentan seducir a la prensa con sus relatos de los
hechos para que los medios instalen en la opinión pública sus puntos
de vista sobre la realidad. "Cuando consultamos a algunos economistas
para que nos especifiquen las definiciones de estos neologismos, nos
comentaban que la primera vez que los habían visto no era en los
diarios, sino en los documentos que hacían circular los organismos
internacionales para sugerir las políticas que se debían aplicar en el
país", señala Kuguel.
No parece casual, entonces, que las investigadoras hayan descubierto
que buena parte de estos términos connotan pesimismo y sensaciones de
temor. En su última visita a Argentina, la periodista canadiense Naomi
Klein manifestó que el ex ministro de Economía Domingo Cavallo le
había admitido en una entrevista que a los capitalistas les entusiasma
que la población tenga miedo en situaciones de crisis porque pueden
avanzar más fácilmente con sus programas y sacar mayores ventajas.
El contagio del habla social con la jerga económica llegó al
contrasentido de definir como un "banco de alimentos" a un proyecto
solidario que recibe donaciones de comida para distribuirlas en zonas
carenciadas. ¿Existe alguna institución menos solidaria que esas
entidades financieras a las que se llama "banco"?
El lenguaje es un campo más –aunque no menor– de disputa ideológica.
Por eso, en algunos casos aparecieron dos neologismos diferentes para
designar a una misma situación. El ejemplo más claro tal vez sea el de
"capitales golondrina" o "fondos buitre", según se quiso connotar de
manera positiva o negativa a los capitales invertidos de manera
especulativa y por breves lapsos en la economía de un país.
El uso sutil de las palabras para fijar posición sin que la opinión
quede expuesta de manera explícita no es un recurso novedoso en la
prensa argentina. Desde los años '80, por ejemplo, en la mayoría de
las crónicas sobre conflictos gremiales suele expresarse que los
trabajadores "acatan" las medidas de fuerza, utilizando para informar
un verbo que connota sumisión a una orden de la autoridad. Rara vez,
en cambio, los periodistas hablan de "adhesión" a los paros
sindicales, expresión que significaría que los trabajadores se suman y
participan de manera voluntaria en las huelgas.
Uno de los neologismos que aparece en el trabajo publicado por la
Universidad de General Sarmiento sirve de ejemplo para mostrar cómo
las nuevas construcciones muchas veces pretenden guiar las lecturas.
Los medios de comunicación utilizan con frecuencia el neologismo
"globalifóbico" para referirse a los militantes que tienen una
posición ideológica contraria a la actual globalización. El nuevo
vocablo asocia a estas personas con una fobia que, como indica el
diccionario, es un temor irracional. De esta forma, sus acciones no
pertenecerían al universo de la política sino al de la salud mental.
"Sería bueno saber con qué grado de conciencia se utilizan estos
términos. En medio del conflicto del campo escuchaba decir 'piquetero
rural' o 'golpismo' y yo me preguntaba si los periodistas estaban
diciendo lo que realmente querían decir. Por momentos la sensación es
que cualquiera dice cualquier cosa y a quien trabaja con la palabra
como materia prima se le podría exigir mayor responsabilidad", opina
Adelstein.
En el reciente conflicto desatado por la implementación de las
retenciones móviles resultó interesante analizar cómo algunos medios
fijaban posición utilizando la palabra "paro" o la expresión "lock
out", según editorializaban a favor de los ruralistas o del gobierno
respectivamente. También fue sustancioso observar cómo comenzó a
expandirse el neologismo "agronegocio". Hasta hace unos años, los
economistas argentinos hablaban de "agricultura" para designar a una
rama de la economía que –sin desconocer la disputa de intereses que
allí se daba– aún conservaba algún apego a los modos de vida y las
costumbres regionales. Los organismos oficiales, sean ministerios o
secretarías, todavía utilizan ese vocablo en su propia denominación.
En cambio, el neologismo "agronegocio", un término que fue propalado
con admiración por los suplementos rurales de los diarios, parece
ostentar atributos positivos de modernidad y encripta en su
connotación una forma de explotación rural que incluye a los fondos de
inversión (buitres o golondrinas, según quien los mire), los "pools"
de siembra, los fideicomisos y las semillas trangénicas.

Uso acrítico del lenguaje

La creación de eufemismos es otra de las técnicas habituales que se
utilizan para generar corrientes favorables de opinión o, al menos,
para evitar las negativas. Así nació en el Departamento de Estado
estadounidense la expresión "daños colaterales", con la intención de
evitar mencionar a las inexplicables muertes de civiles ocasionadas
por las operaciones bélicas. En Argentina y América Latina es posible
rastrear el mismo mecanismo en la expresión  "flexibilización
laboral", un neologismo que generó interesantes tensiones de sentido.
Al principio fue difundido desde esferas gubernamentales como un
eufemismo que permitía disimular que la nueva legislación del trabajo
no significaba otra cosa que la precarización y la anulación de
históricos derechos adquiridos por los trabajadores. Pero más tarde,
el uso corriente terminó por darle a la expresión una valoración
negativa cuando la realidad se encargó de despejar todo tipo de dudas
sobre qué consecuencias trajo aparejada la puesta en práctica de la
normativa.
Fue un periodista deportivo, Ezequiel Fernández Moores, quien en plena
crisis de 2001 pudo tomar distancia sobre el trabajo de sus colegas y
describir con lucidez el uso de los eufemismos y la incorporación
acrítica del lenguaje de las fuentes: "Es notable como en los medios
de comunicación –señaló Moores en una charla pública– se incorpora
dócilmente un tipo determinado de lenguaje: podemos decir con
facilidad que los pobres saquean supermercados pero no que los bancos
saquean ahorros. Al saqueo de los bancos lo llamamos corralito".
El diccionario 1.300 neologismos en la prensa argentina no se propuso
como un trabajo exhaustivo, se realizó tomando un muestreo azaroso
sobre tres decenas de ejemplares del diario Clarín y otras tantas del
diario La Nación, por lo que se presume que la cantidad de nuevos
términos es aun mucho mayor. "Elegimos analizar los neologismos del
periodismo porque hoy usa un lenguaje muy cotidiano, está en un punto
intermedio entre lo coloquial y lo técnico, sin llegar a ser
excesivamente jergático", explica Adelstein que, junto a Kuguel, ahora
trabajan en una investigación más abarcativa sobre la terminología que
los argentinos emplearon en los últimos 25 años.

Recuperación democrática

Dentro del vocabulario surgido desde que se recuperó la democracia,
las especialistas encontraron que en el área de derechos humanos se
registran numerosas resemantizaciones, es decir viejas palabras que
cobran nuevos significados. Tal es el caso de "madres", "abuelas",
"hijos", "hermanos" o "desaparecido". También nacieron palabras para
designar situaciones hasta el momento inexistentes, como es el caso de
"escrache", la manera que la población inventó para condenar
socialmente a los represores de la última dictadura mientras la
condena judicial era inexistente. "Muchas veces el periodista crea
palabras para generar nuevos sentidos o para condensar gran cantidad
de información en poco espacio. En ese sentido, el caso más
paradigmático de estos tiempos tal vez sea el término 'K': 'radical
k', 'transversal k', 'estilo k', 'modelo k'", grafica Kuguel.
Asimismo, las dimensiones de la crisis del 2001 fueron directamente
proporcionales a la impronta que ésta marcó en la lengua. Por ejemplo,
cuando se hizo necesario designar nuevas formas de protesta nació
–entre otros– el término "acampe", ya no para definir una actividad de
campamento sino para referirse a las manifestaciones en espacios
públicos que incluyen las instalaciones de carpas. Las ingeniosas
ocupaciones que surgieron para combatir los récord de desocupación
también necesitaron de nuevas palabras. De pronto, los medios de
comunicación comenzaron a hablar de "cuidacoches", "paseaperros",
"limpiavidrios" o "cartonear". Y el debate que al mismo tiempo se
desató sobre la seguridad dejó sus huellas con novedosas expresiones
como "gatillo fácil" o "meter bala", según se denunciara o se
fomentara el abuso de armas de la policía. Un repaso agudo por cada
una de estas novedosas expresiones permite advertir rápidamente por
qué caminos transita Argentina.

1 1.300 neologismos en la prensa argentina, Universidad General San
Martín, Buenos Aires, mayo de 2008, 208 páginas, 18 pesos.




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