[R-P] "PANTA REI" (TODO FLUYE)
Prensa Schiavoni
prensaschiavoni en arnet.com.ar
Lun Oct 20 16:11:21 MDT 2008
(A propósito del nuevo doble huso horario en Argentina, cuyos fines son tan
opinables, exhumé este viejo escrito de hace unos años. ¡Saludos! MINGO)
EL RELOJ DE LA VIDA
(Una especulación metafísica acaso inútil)
El tiempo y los relojes no son buenos amigos y ni siquiera se necesitan.
Tampoco se explican por la teoría hegeliana de las esencialidades
dependientes.
El tiempo es eterno, y por lo tanto estático.
No se mueve, ni se consume, ni avanza, ni retrocede.
Existe desde siempre.
Nunca se terminará.
Si el tiempo no fuera eterno, Einstein jamás podría haber descubierto la
Teoría de la Relatividad.
Es más, yo creo que su verdadero gran descubrimiento fue que el tiempo no
tiene origen ni final, y que justamente por ello es posible verificar la
inestabilidad y la finitud de todo lo que contiene.
El griego Anaximandro imaginó con su "panta rei" que el tiempo fluía en la
historia como el agua de un río.
No advirtió que quienes los que en verdad fluimos somos nosotros.
El tiempo siempre está ahí y ha estado siempre.
¿Alguien ha visto alguna vez fluir a un río, o avanzar o retroceder a su
cauce y a sus orillas?
Nos engaña el agua, pero el río es inmóvil.
Los relojes son un invento humano demasiado primitivo.
¿Cómo puede ser posible medir la eternidad, sumarla, dividirla, restarla o
multiplicarla?
¿Es posible planificarla?
Otra vez volvimos a equivocarnos.
Lo único que podemos hacer con los relojes es medir nuestro propio fluir.
En general, casi todas las cosas ocurren con prescindencia del tiempo.
Hoy al mediodía es exactamente igual que mañana al anochecer, o que el año
que viene a la misma hora.
El tiempo jamás esperará por nosotros. Es infinito.
Lo que no podamos hacer dentro de cinco minutos, probablemente lo harán
otras personas dentro de algunas centurias.
Y si nos morimos algún día (cuestión harto probable) al tiempo eterno no se
le moverá un pelo.
Desde siempre viene viendo pasar a gente muy apurada por hacer muchas cosas,
que al final siempre se termina muriendo, las haya podido hacer o no.
Se me ocurre pensar que la prisa es una insolencia mayúscula, una especie de
rebelión insensata de los hiatos irredentos de criaturas malcriadas.
Es como querer apurarlo al tiempo, o retrasarlo o detenerlo.
Él no se moverá nunca, ni hacia adelante ni hacia atrás.
Nunca aprendemos.
Somos nosotros los que nos movemos, los que fluimos en la historia.
Nada ni nadie hará que lo podamos destronar de su mayestática eternidad.
Somos tan obcecados que desde Adán para acá jamás hemos admitido nuestra
condición humana.
Nosotros no somos eternos.
Fluimos desde el nacimiento a la muerte.
Hagamos lo que hagamos, con el concurso de todos los relojes.
Algún día volveremos al polvo, de donde hemos venido.
El único que contemplará sin emoción alguna nuestro final será él, el
tiempo, desde su ominosa eternidad.
DOMINGO SCHIAVONI
Junio 4 de 2004
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