[R-P] sólo para subversivos
Fernando Morón
fermoron en gmail.com
Dom Oct 19 13:16:00 MDT 2008
Por José Pablo Feinmann (en Pagina 12)
Hay frases que deben agradecerse. Hay personajes que no pueden dejar
de ser lo que son y, por consiguiente, en algún momento se les escapa
la verdad. Tan hondamente la llevan en sus corazones. Hacemos
referencia al señor vicepresidente de la CRA (Confederaciones Agrarias
Argentinas). No sólo dijo algo que pensaba, algo de su historia
personal, de su infancia tal vez, hizo una síntesis admirable de la
educación argentina desde 1880 hasta el presente. Acaso algo haya
cambiado. Pero es difícil cambiar las cosas en ese ámbito. Tan cerrado
está, tan estructurado, que todo cambio es "subversivo". El personaje
se llama Néstor Roulet. Un argentino como cualquier otro, que se educó
en la escuela argentina, bajo sus valores, bajo su visión de los
hechos. Se trata de un militante agrario. Un hombre con fe en la
tierra y en Dios. Su fe en Dios la manifestó por medio de su fe en la
Virgen, que, Santa Trinidad mediante, es lo mismo. Dijo: "Después de
120 días en la ruta, luchando, parando y gritando, evidentemente hubo
una mano de arriba que nos iluminó. Detrás de esa mano estuvo la
Virgen María, pidiendo por todos los productores argentinos". Tal vez
sea más razonable decir que la mano que los iluminó no vino "de
arriba". Aunque si tenemos en cuenta que esa mano fue la del
vicepresidente del partido al que enfrentaban, hombre que cumplía, en
tanto tal, su función de presidir el Senado, hombre que había llegado
ahí por elección del partido gobernante, y que, súbitamente, da una
voltereta y les vota a favor a los agraristas, no puede caber duda
alguna: alguna iluminación celestial tuvo lugar ahí. Sí, detrás de la
mano de Cleto estuvo la de la Virgen. Es asombrosa la intervención de
los dioses en los momentos decisivos de la vida argentina. La "mano de
Dios" fue la que hizo el gol de Maradona ante los ingleses, que vengó
la deshonrosa derrota del Ejército del majestuoso general Galtieri en
Malvinas. Un Ejército formado por jovencitos vejados por sus
superiores más que por el enemigo y del que hasta la fecha se han
suicidado 290 ex combatientes. Pero "la mano de Dios", que empujó la
de Maradona, lavó el honor argentino. Ahora es "la mano de la Virgen".
Que, sin duda, empujó al Cleto a su célebre voto "no positivo",
ejemplo de la palabra dada a los compañeros de fórmula, aquellos a
quienes decidió unirse, pero también ejemplo de que la libertad es la
esencia de la política, de modo que si uno tiene ganas de no actuar
según había prometido hacerlo y decide hacer lo contrario es porque es
libre, sépase esto bien, pues se trata de un nuevo principio: la
traición es la expresión suprema de la libertad. Porque todo aquel que
traiciona se libera, ante todo, de la palabra dada. ¿Qué es eso de
someterse a lo que uno ha dicho? Uno es libre. Y un hombre libre dice
algo hoy y mañana otra cosa. De modo que nadie espere nada de la
"palabra de honor" de otro. Bah, ¡esas antigüedades! La "palabra de
honor" ata al ser humano a algo que dijo en el pasado. La "traición",
en cambio, lo mantiene en estado constante de libertad. De decisión,
de elección permanente. Si quieres tener a tu lado a un hombre libre,
no exijas mi "palabra de honor", déjame ser libre. O sea, clavar mi
puñal en tu espalda siempre que se me antoje. Morirás, pero a manos de
un hombre libre. Esta es la ética-Cleto. Me he tomado la libertad de
apenas esbozarla, pero prometo darle más desarrollo porque es, en
verdad, revolucionaria. Bien, según Néstor Roulet, que es el
vicepresidente de CRA (Confederaciones Rurales Argentinas), la Virgen
María ha pedido por todos los productores argentinos.
Esto es secundario. Roulet dijo algo mucho más importante. Habló de su
maestra de historia. Y –suponemos que con cierta nostalgia por esos
años escolares de plenitud– dijo que ella le enseñó que la grandeza de
esta patria que habitamos había sido hecha, era debida a tres
instituciones: la Iglesia, el Ejército y el campo. Instó a la
población en general a "activar eso" porque con esas tres
instituciones y el resto de lo que hay en el país la Argentina debiera
ser "realmente un país grande". La Argentina es un "país grande".
Difícil saber qué clase de grandeza tiene. Pero que es grande, lo es.
Y lo que Roulet cuenta de su buena maestra es cierto. Esa es la
educación que todos, no sólo él, hemos recibido: la Argentina se
inicia en 1810 y ya se había insinuado en las gloriosas jornadas de
1806 y 1807 donde pueblo y Ejército, juntos, echaron al invasor
colonialista británico, al que luego el señor Roulet y sus amigos le
vendieron la carne durante larguísimos años. En 1810, un abogado con
marcas de viruela y un militar, Saavedra, hacen la llamada Revolución
de Mayo. En 1820, anarquía. Porque los caudillos bárbaros del interior
atan sus cabalgaduras en la Plaza de la República. En 1826, el
constitucionalismo de Rivadavia, el "más grande hombre civil de la
tierra de los argentinos", según dirá el general Mitre, y nuestro
primer empréstito: la Baring Brothers se pone al servicio del
desarrollo argentino. En 1828, Lavalle, mal aconsejado, fusila a
Dorrego. Pero sólo porque fue mal aconsejado. En 1830, la primera
tiranía. Rosas y la Mazorca. Los Libres del Sur, que eran buena gente
de campo, se rebelan contra el tirano. La gente de honor huye a
Montevideo. En 1852, otra vez la libertad, gracias a los ejércitos del
general Urquiza. En Pavón, el general Mitre vence a Urquiza y se
afianza la organización nacional, que se consolida en 1880, con el
militar Roca, que conquista el desierto y reparte la tierra a poca
gente pero buena, de su familia y de algunas otras, todas de gran
alcurnia. En 1910, el primer centenario. Somos el granero del mundo.
El país de los ganados y las mieses que canta Lugones. Este es el gran
momento. La "patria de nuestros padres y abuelos". Aquí la maestra del
señor Roulet se habrá detenido largamente a explicar el momento cumbre
de la Argentina. Luego, la inmigración. Alguna, laboriosa. Otra, no.
Para los no-laboriosos: Ejército. Para los laboriosos: jornales,
mendrugos, pero el honor de vivir en el gran país del Sur. La tierra
sigue dando sus frutos. Es la patria. En sus entrañas reposa el ser
nacional. Luego, la crisis del '29. El proyecto agrario se derrumba.
Era una caricatura de país. Pero no: Julito Roca negocia las carnes
con Inglaterra y a seguir. Sustitución de importaciones. Y en seguida
un grave inconveniente: ese general Perón, un enemigo del campo. La
segunda tiranía. El campeón de las retenciones a través de un
organismo totalitario: el IAPI. Pero ahora sí, más unidos que nunca,
el campo, la Iglesia y el Ejército salvan al país. El tirano huye. La
libertad vuelve a reinar. Hasta que regresa traído por un movimiento
juvenil subversivo–marxista. Pero se muere. Y otra vez: la Iglesia, el
Ejército y el campo y un señor de Acindar, Martínez de Hoz, hacen
tronar el escarmiento. El campo aplaude, disfruta, se siente seguro y
hace grandes negocios. La Iglesia consuela el corazón atormentado de
los patriotas que tienen que hacer esos vuelos necesarios pero que
solían incomodar a ciertas almas no tan seguras de la misión de la
patria en ese momento. Ahí, la Iglesia: "Hijo mío, has hecho lo que
Dios te ordenó hacer. No sufras. Si la patria te exige que arrojes
jóvenes vivos al río color de león, tú lo haces. Te absuelvo por toda
la eternidad". Y el Ejército, que estaba muy bien preparado (por la
OAS y la Escuela de las Américas) para limpiar al país de la escoria
antioccidental y anticristiana, lo hizo. Y luego esa heroica gesta de
Malvinas, que nuestro pueblo apoyó (y si no vean esa Plaza de Mayo
vivando al Ejército en la persona del general Leopoldo Fortunato
Galtieri, vean ahí a nuestro pueblo de Mayo sosteniendo otra gesta
contra el imperio que buscó someternos en 1806 y 1807) y perdimos pero
volveremos. Y luego la democracia (en la que nunca nos vimos muy
cómodos pero que se amoldó a nosotros maravillosamente). Alfonsín se
hizo el difícil durante dos años e injurió a los héroes de la guerra
contra el marxismo, pero vino ese peronista magnífico, Carlos Menem, y
nos dio todo lo que queríamos y se llevó todo lo que él pidió, para él
y para sus fieles compinches, que eran muchos. Total, esto da para
todo. Lo único necesario para que sea así es que los que no son
nosotros se mueran de hambre. Grandes días los del señor Menem, hombre
de campo al fin y al cabo. Hombre del interior. Y ahora estamos otra
vez atacados por la escoria nacionalista, estatista, montonera,
marxista y enemiga de la patria y de la tierra. Pero el pueblo, como
en las grandes jornadas de la patria, sigue a nuestro lado y lo
demostró. En esas cacerolas de este otoño cuya grandeza nadie podrá
narrar volvió a escucharse el repiqueteo glorioso del tambor de
Tacuarí.
Esta es la historia que le enseñaron a Roulet en la escuela. La
historia que él creyó porque era la de los suyos. La que siempre se
enseñó. La que todos tuvimos que aprender. La que nadie se atreve a
modificar. La naturalmente argentina. Debo confesarlo: le tengo una
enorme envidia a Roulet. El es un argentino, no yo. Ni yo ni todos
esos que andan por ahí, con apellidos raros o con colores de piel
tirando a negro, a carbón, a tierra, no de campo fértil, sino de
basurero, de baldío. Yo ando estos días medio vanidoso porque publiqué
un libro de filosofía de casi mil páginas. Pero qué idiota: ¿qué le
importa eso a Roulet? El tiene mucho más. No necesita hacer nada. El
país es suyo. Uno escribe mil páginas porque tiene un apellido de
judío de mierda y tiene que justificarse de algún modo. Hacerse un
lugar. ¡Hola, aquí estoy! Me eduqué en Viamonte 430, de donde salían
marxistas a montones. No me gusta la tierra. Y creo que la oligarquía,
la Iglesia y el Ejército hicieron un país para ellos, un país, diría
si me permiten, de mierda y que mataron con inenarrable crueldad
siempre que se vieron en peligro. Pero no. No debo creer eso. ¡Qué
lindo sería creer lo que creen ellos! El país lo hicieron la Iglesia,
el Ejército y el campo. Creer lo que cree Roulet. Sentirse así: con
los pies sobre la tierra de uno. Con una identidad poderosa. ¡Con
mucha guita, caramba! ¿Cuánto creen que voy a ganar con ese podrido
libro de mil páginas? Nada. Lo que Roulet gana con media res. Lo que
le paga a un peón, al que encima después lleva a sus manifestaciones
patrióticas, con bandera y todo. Para colmo, las librerías hacen
enormes pilas con un libro de Savater, que pretende ser de filosofía.
O se vende a patadas una huevada infernal de un agroperiodista que
dice cómo vivir mejor y más seguro y más pleno. Y si esos libros se
venden más es porque los compra Roulet, él y los suyos. Que saben muy
bien qué leer.
Ahora, lo justo es justo. Soy un resentido. Reviento de la envidia.
Pero puedo jurar algo. Nunca se me daría por creer que la Virgen o el
Mesías o Buda o Mahoma... Pero no: no derivemos. Roulet dijo: la
"Virgen María". Nunca se me daría por creer que una mano me ilumina
desde arriba, y que detrás de esa mano está la Virgen María pidiendo
por todos los pobres filósofos argentinos. Mi relación con lo sagrado
es compleja. Transita entre la ira, la duda y la exigua esperanza. Por
la pelotudez, nunca.
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