[R-P] ORLOV

maría Sola mariadelsola en gmail.com
Sab Oct 11 22:15:23 MDT 2008


Recordé que a principios de 2007 Nestor nos mandó esta nota del 2006
del científico ruso residente en los EEUU.La encontré entre mis
archivos. Parecía apocalíptica.
Es momento de releerla.

[Dmitry Orlov es un ingeniero en software que, tras haberse formado
en la URSS, emigró a los EEUU y vive ahora en Boston. Sus
observaciones y comparaciones, más allá de un sentido del humor que a
más de un norteamericano no le ha de parecer nada gracioso, revelan
aspectos poco atendidos pero muy concretos del capitalismo real.

Orlov es un observador al cual la experiencia vivida bajo un régimen
social alternativo (y bajo su caída) le permite echar una mirada casi
de entomólogo sobre la profunda crisis del orden social sin sentido
con que tropezó una vez que cruzó los océanos para llegar a la
"tierra de las oportunidades".

Traducción de Néstor Gorojovsky para uso personal. Versión original
en inglés:

http://lists.econ.utah.edu/pipermail/a-list/2007-January/064546.html]

La URSS estaba mejor preparada que los EEUU para la crisis energética
(peak oil)

por Dmitry Orlov

Energy Bulletin (Diciembre 04 2006)

Buenas noches, damas y caballeros. No soy un experto, un académico,
ni un militante. Más bien, soy un testigo presencial. Vi el colapso
de la Unión Soviética, y traté de resumir mis observaciones en un
mensaje conciso.

Queda a cargo de ustedes decidir cuán urgente es el mensaje.

Esta noche les hablaré de la ausencia de preparación para el colapso
aquí, en los EEUU. La compararé con la situación precolapso en la
Unión Soviética. Usaré, como instrumento retórico, la "Brecha del
Colapso", para seguir la línea de la "Brecha Nuclear", la "Brecha
Espacial", y otras varias brechas entre superpotencias que estaban
tan de moda durante la Guerra Fría.

El tema del colapso económico suele ser bastante triste. Pero soy una
persona optimista, más bien animada, y creo que con cierta
preparación se puede encarar esos elementos en buen pie. Como
imaginarán, de hecho me interesa mucho la observación de los colapsos
económicos.

Quizás todos me empiecen a parecer similares cuando llegue a ser
viejo de verdad, pero por ahora no estoy en ese punto.

Y hay una certeza que me viene intrigando. A partir de lo que veo y
leo, parece que hay buenas probabilidades de que la economía de los
EEUU colapse en algún momento del futuro previsible. También
parecería que no estaremos especialmente bien preparados para ello.
Tal como viene la cosa, la economía de los EEUU parece lista para
hacer un truco de desaparición. Y por lo tanto me apresuro a
ofrecerles mis observaciones sobre el colapso soviético, para que
sirvan de algo.

Ya lo sé: hay gente que se va a ofender cuando vean que se compara su
país con la URSS. Puedo asegurarles que los soviéticos hubieran
reaccionado del mismo modo si los EEUU hubieran colapsado primero.
Pero dejemos de lado los sentimientos: tenemos dos superpotencias del
siglo 20, que más o menos pretendían lo mismo: progreso tecnológico,
crecimiento económico, pleno empleo, y dominación mundial.
Discrepaban sobre los métodos. Y obtuvieron resultados similaes: cada
una pasó por un buen momento, intimidó al planeta entero, y asustó a
la otra. Finalmente, las dos entraron en bancarrota.

Había muchos puntos donde los EEUU y la URSS estaban más o menos
iguales. Permítaseme nombrar cuatro.

El programa espacial tripulado de la URSS sigue vivo, y en buen
estado, bajo gestión rusa, y ahora está ofertando los primeros
charters espaciales. Los EEUU han estado haciéndole dedo a la Soyuz
mientras los navíos espaciales que le quedan siguen en el taller.

La carrera armamentística no ha producido un claro ganador, y esta
noticia es excelente porque la Destrucción Mutua Asegurada sigue en
pie. Rusia sigue teniendo más cabezas nucleares que los EEUU, y
tecnología de misíl crucero supersónico que puede penetrar cualquier
escudo antimisiles. Especialmente un escudo inexistente.

En la Carrera de las Prisiones, los soviéticos tuvieron alguna vez un
liderazgo decisivo, gracias a su innovador programa Gulag. Pero poco
a poco fueron quedándose atrás, y ahora, finalmente, los han vencido
en EEUU, que tienen el porcentaje récord histórico de habitantes en
prisión.

Finalmente, los estadounidenses también están ganando la Carrera del
Aborrecido Imperio del Mal. Es  fácil, ahora que no tienen
competencia.

Sigamos con nuestra lista de similitudes entre superpotencias: muchos
de los problemas que hundieron a la Unión Soviética están empezando a
poner en peligro a los EEUU.

Por ejemplo: fuerzas armadas enormes, bien equipadas, muy caras, sin
misiones claras, empantanadas en combate con insurgentes musulmanes;
escaceces energéticas vinculadas al pico de producción petrolera; un
balance comercial crónicamente desfavorable, que culmina en una deuda
externa desbocada. Agréguese una auto-imagen engañosa (a delusional
self-image), una ideología inflexible y un sistema político que no da
respuestas.

Observar un colapso económico es asombroso, y si se lo describe
precisa y detalladamente, muy interesante. Una descripción general
suele quedarse corta, pero permítanme intentarlo. Cierto ordenamiento
económico puede continuar por un tiempo después de haberse demostrado
insostenible, por pura inercia. Pero hay un momento en que una marea
de promesas rotas y presupuestos incorrectos barren todo hasta el
océano. Un ordenamiento insostenible de ese tipo es, por ejemplo, el
que parte de suponer que se puede pedir cada vez más dinero al
exterior, para pagar importaciones cada vez más grandes de energía
mientras los precios de estas importaciones se duplican cada pocos
años. Comprar energía con plata gratis es lo mismo que tener energía
gratis, y en la naturaleza no hay energía gratis. Estamos, por lo
tanto, ante una situación pasajera. Cuando el flujo energético vuelva
de pronto al equilibrio, buena parte de la economía de los EEUU
estará obligada a detenerse.

En uno de mis artículos (disponible en www.SurvivingPeakOil.com) hice
una descripción bastante detallada de lo que sucedió en Rusia. No veo
motivos para que, al menos en términos generales, en los EEUU no pase
algo parecido. Los términos concretos serán distintos, y los veremos
en un instante. Pero, por cierto, deberíamos esperar falta de
combustible, comida, medicamentos e innumerables bienes de consumo,
cortes de electricidad, gas y agua, la caída de los sistemas de
transporte y de la infraestructura en general, hiperinflación,
cierres de fábricas y despidos masivos, todo mezclado con una buena
dosis de desesperación, confusión, violencia y desprecio por la ley.
No tenemos ni el derecho a pensar en grandes planes de rescate, en
tecnología innovadora o en milagros de cohesión social.

Hay gente que, cuando enfrenta este tipo de situaciones, se da cuenta
muy pronto de lo que tienen que hacer para sobrevvir, y empiezan a
hacerlo, en general sin pedirle permiso a nadie. Surge una especie de
economía completamente informal, y muchas veces semicriminal. Gira en
torno a la liquidación y el reciclado de lo que queda de la vieja
economía. Se basa en el acceso directo a los recursos y a la amenaza
de la fuerza más que en la propiedad o la autoridad legal. Los que
tienen algún problema con este modo de hacer las cosas se encuentran
rápidamente fuera de juego.

Éstas son las generalidades. Vayamos ahora a los detalles.

Para estar preparado en caso de colapso, un elemento importante es
asegurarse de que para tener un techo no se necesita una economía que
funcione. En la URSS todas las viviendas pertenecían al gobierno, y
de este modo estaban directamente a disposición de la gente. Como el
gobierno construía también todas las viviendas, se emplazaban en
sitios donde el gobierno podía ofrecer transporte público. Después
del colapso, casi todo el mundo se las arregló para seguir viviendo
en su casa.

En los EEUU, son muy pocos los que poseen con entera libertad y
limpieza su sitio de residencia, y aún en ese caso se ven obligados a
tener un ingreso para pagar la contribución teritorial. Cuando la
economía colapse, los que sigan teniendo un ingreso serán muy pocos,
por lo cual la falta de viviendas se tornará rampante. Agréguese que
la mayor parte de los suburbios dependen del auto para encontrarse
con migraciones masivas de "homeless" a los centros urbanos.

En la Unión Soviética no había mucho transporte además el público.
Pero transporte público había a montones. También había algunos autos
privados, pero eran tan pocos que los racionamientos y escaseces de
nafta carecían de consecuencias serias. Toda la infraestructura
estaba diseñada de modo de ser de mantenimiento casi infinito, y
siguió en marcha incluso cuando el resto de la economía se vino
abajo.

La población de los EEUU depende casi por completo del automóvil, y
confí en mercados que controlan l importación, el refinamiento y la
distribución del petróleo.

También confín en un flujo continuo de inversión pública en
construcción y reparación de caminos. Los autos mismos necesitan una
corriente firme de repuestos importados, y no están pensados para
durar mucho. Cuando estos sistemas, que se interconectan de modo
complicado, dejen de funcionar, buena parte de la población se
descubrirá a la vera del camino.

A largo plazo, el colapso económico afecta casi del mismo modo al
empleo en el sector público y el empleo en el sector privado. Las
burocracias públicas colapsan con mayor lentitud porque tienden a ser
de reacciones lentas. Por otro lado, como las empresas de propiedad
estatal tienden a ser ineficientes y a acumular inventarios, queda
mucha producción que los empleados se pueden llevar a sus csas y
poner en el sistema de trueque. La mayor parte del empleo soviético
estaba en el sector público, y gracias a eso la gente tuvo algún
tiempo para pensar qué iba a hacer.

Las empresas privadas tienden a ser mucho más eficientes en varios
rubros. Por ejemplo, en despedirse de su gente, en cerrar las
cortinas, y en liquidar sus activos. Como la mayor parte del empleo
en los EEUU está en el sector pivado, deberíamos esperar que la
transición al desempleo permanente, para la mayor parte de la gente,
sea muy abrupta.

Cuando la gente se enfrenta a la adversidad, suele recostarse en la
familia. La crisis habitacional crónica de la Unión Soviética solía
terminar con tres generaciones viviendo bajo el mismo techo. Esto no
los hacía felices, pero al menos estaban acostumbrados a estar con el
otro. La expectativa normal era que, pase lo que pase, estarían
juntos.

En los EEUU, las familias tienden a estar atomizadas y distribuidas
por diversos estados. A veces les cuesta tolerarse cuando se reúnen
para Acción de Gracias o Navidad, incluso en los mejores tiempos. En
malos tiempos podría resultarles difícil convivir. En este país ya
hay demasiada soledad, y dudo que el colapso económico la cure.

Para alejar el mal, los estadounidenses necesitan dinero. En un
colapso económico suelen haber hiperinflaciones que disuelven los
ahorros. También hay un desempleo rampante, que disuelve los
ingresos. El resultado es un población que en gran medida no tiene ni
un centavo.

En la Unión Soviética el dinero podía comprar muy pocas cosas. Se lo
tomaba más como un cospel que como riqueza, y los amigos lo
compartían. Muchas cosas -entre ellas la vivienda y el transporte-
eran gratuitas o casi gratuitas.

Los bienes de consumo soviéticos eran siempre motivo de burla:
heladeras que calentaban la casa... y la comida.  Si uno conseguía
una heladera, tenía suerte, y una vez que la tenía en casa tenía que
arreglárselas para hacerla andar. Pero cuando uno lograba hacerla
andar, era una herencia familiar inapreciable, que pasaba de
generación a generación, sólida y de mantenimiento prácticamente
eterno.

En los Estados Unidos se suele escuchar que algo "no vale la pena
arreglarlo". Con eso basta para que un ruso vea todo rojo. Una vez me
contaron de un ruso de edad avanzada que entró en ira cuando se
enteró de que ninguna ferretería de Boston le podía vender resortes
para la cama. "Tiran colchones en perfecto estado de conservación,
¿cómo se supone que los voy a reparar?"

El colapso económico tiende a cerrar tanto la producción local como
las importaciones, y por lo tanto es de vital importancia que
cualquier cosa que uno utilice se desgaste lentamente, y que si se
rompe uno pueda arreglarlo. La producción soviética solía ser
increíblemente duradera. La producción china que se puede conseguir
por aquí dura mucho menos.

El sector agrícola soviético era notoriamente ineficiente. Mucha
gente cultivaba y producía su propia comida: incluso en tiempos de
relativa prosperidad. En cada ciudad había almacenes de alimentos, a
los que el gobierno proveía según cierto esquema de distribución.
Había pocos restaurants, y la mayor parte de las familias cocinaba y
comía en su hogar. Ir de compras era una actividad más bien trabajo-
intensiva, y significaba llevar pesads cargas. A veces se parecía a
la cacería: acechar ese elusivo pedazo de carne que andaba
escondiéndose detrás de algún mostrador de negocio. Así que la gente
estaba bien preparada para lo que vino después.

En los EEUU, la mayor parte de la gente obtiene su comida en un
supermercado. Llega allí desde muy lejos, por medio de camiones
diesel refrigerados. Muchos, ni siquiera se toman el trabajo de ir de
compras, y prefieren la "fast food". Cuando cocinan, es muy raro que
cocinen sobras.  Todo esto es muy poco saludable, y su efecto sobre
la cintura de la nación se ve con toda claridad en cualquier playa de
estacionamiento. Hay mucha gente que apenas si parece hacer otra cosa
que ir y venir de sus autos, y parece carecer de toda preparación
para lo que va a pasar después. Si de pronto tuvieran que empezar a
vivir como los rusos se romperían sus rodillas.

El gobierno soviético arrojaba recursos a programas de inmunización,
al control de infecciosas y al cuidado básico de la salud. Operaba
directamente un sistema de clínicas, hospitales y sanatorios de
propiedad estatal. Quienes sufrían enfermedades terminales o crónicas
tenían motivos de queja, y tenían que pagar por la atención
privada... si tenían el dinero.

En los EEUU, la medicina busca una ganancia. A nadie parece
importarle mucho. Hay realmente muy pocos campos de la actividad
humana donde un estadounidense se niegue a la motivación de la
ganancia. El problema está en que si no hay más economía, no hay más
ganancia, y con ella los servicios que permitía tener.

En general, el sistema educativo soviético era de excelencia. Produjo
una población abrumadoramente culta, y muchos grandes especialistas.
Todos los niveles tenían educación gratuita, pero en la educación
superior podía haber becas y a menudo se ofrecía el cuarto y el
alquiler. Después del colapso económico, el sistema educativo se
mantuvo bastante bien. El problema era que los graduados no tenían
trabajos que encontrar una vez que se recibían. Muchos se
desorientaron.

En los EEUU, el sistema de educación superior es bueno en muchos
aspectos: investigación pública e industrial, equipos deportivos,
orientación vocacional... La educación primaria y secundaria no logra
en doce años lo que las escuelas soviéticas solían lograr en ocho. La
escala masiva de estas instituciones, y el gasto de sostenerlas puede
llegar a ser demasiado para el ambiente post-colapso. El
analfabetismo ya es un problema en los EEUU. Cabe esperar que empeore
mucho.

La Unión Soviética no necesitaba importar energía. El sistema de
producción y distribución fallaba, pero nunca colapsó. Los controles
de precios mantuvieron prendidas las luces incluso en medio de la
peor hiperinflación. En los Estados Unidos, la situación energética
parece poder describirse como un "fracaso de mercado". Cuando hay
escasez de mercancías clave, los mercados libres desarrollan ciertas
características perniciosas. El gobierno de los EEUU entendió esto
muy bien durante la Segunda Guerra Mundial y tuvo mucho éxito con sus
medidas de racionamiento de muchas cosas (desde la nafta hasta los
repuestos para bicicletas). Pero hace mucho tiempo de eso, y desde
entonces la inviolabilidad de los mercados libres se ha convertido en
artículo de fe.

Mi conclusión es que la Unión Soviética estaba mucho mejor preparada
que los EEUU actuales para un colapso económico.

He dejado de lado dos importantes asimetrías entre las
superpotencias, porque no tienen nada que ver con la preparación para
el colapso. Hay países que, simplemente, tienen más suerte. Pero las
mencionaré, para dar un panorama más completo.

La composición racial y étnica de los EEUU se parece más a Yugoslavia
que a Rusia, y una vez que llegue el colapso no deberíamos esperar
que sean tan pacíficos como Rusia lo fue. Las sociedades de mezcla
étnica son frágiles, y tienden a la explosión. Desde el punto de
vista religioso, la URSS estaba relativamente liberada de cultos
apocalípticos del día final. Muy poca gente quería que una bola de
fuego del tamaño del planeta anunciara la segunda llegada de su
salvador. A decir verdad, esto fue una bendicion.

Un área en la cual no veo Brecha de Colapso alguna es en la política
interna. Las ideologías pueden ser distintas, pero la adhesión ciega
no podía ser más similar. Es cierto: resulta más divertido ver cómo
dos partidos capitalistas se agarran a los trompazos que tener
solamente un partido comunista para votar. Las cosas por las que
combaten en público suelen ser pequeñas maquetas de política social,
elegidas para que sea fácil quedar bien con el público. El Partido
Comunista no ofrecía más que una píldora amarga. Los dos partidos
capitalistas ofrecen dos placebos, a opción del votante. La más
reciente innovación es la elección con definición fotográfica: cada
partido compra la mitad del voto y el resultado sale del ruido
estadístico como el conejo de un sombrero.

El modo en que los EEUU manejan el disenso y la protesta es,
ciertamente, más avanzado: ¿para qué vas a meter presos a los
disidentes si se los puede dejar gritando al aire hasta que se saquen
el gusto?

El modo en que los EEUU enfocan la contabilidad es más sutil y
matizado que el soviético. ¿Para qué transformar una estadística en
secreto de estado, si se puede, con métodos oscuros, distorsionarla?
Por ejemplo: se "controla" la inflación tomando el precio de la
hamburguesa en lugar del precio de la carne, y de ese modo se
minimizan las entregas de fondos a la seguridad social.

Mucha gente dedica un montón de energía a protestar contra su
gobierno, irresponsable y que no da respuestas. Parece una terrible
pérdida de tiempo, teniendo en cuenta que no le sirve de nad. ¿Les
alcanza con poder leer en la prensa extranjera notas sobre sus
esfuerzos? Se sentirían mejor, creo, si dieran a los políticos tan
escasa atención como los políticos les prestan a ellos. Es tan fácil
como apagar el televisor. Si lo intentaran, descubrirían que nada ha
cambiado en sus vidas: nada de nada, excepto quizás una mejoría
general de su estado de ánimo. Quizás también descubrirían que tienen
tiempo y energía para dedicarse a cosas más importantes.

Ahora, presentaré algunos enfoques (realistas y de los otros) sobre
cómo cerrar la Brecha del Colapso. La listita puede parecer algo
facilonga, pero téngase en cuenta que se trata de un problema muy
difícil. En realidad, es importante que recordemos que no todos los
problemas tienen una solución. Puedo prometerles algo: este problema
no lo resolveremos esta noche. Lo que trataremos de hacer es
iluminarlo desde distintos ángulos.

Mucha gente se enfurece contra la falta de respuestas que da un
gobierno sin sentido de la responsabilidad. Suelen decir "Lo que hay
que hacer es un...", agregando el nombre de un proyecto oficial
enorme y exitoso del pasado (un plan Marshall, un proyecto Manhattan,
un programa Apolo). Pero los libros de historia no explican nada
sobre cómo preparar un gobierno para enfrentar el colapso.

La Perestroika de Gorbachev fue un ejemplo de cómo trata de evitar o
demorar el colapso un gobierno: probablemente soo sirvió para
acelerarlo.

Me gustaría que el gobierno hiciera algunas cosas para prepararse
para el colaps. Me preocupan en particular las instalaciones,
depósitos y sumideros tóxicos y nucleares. Es difícil que las futuras
generaciones puedan controlarlos, especialmente si el calentamiento
global las sumerge. Hay mugre suficiente por allí como para matarnos
a casi todos. También me preocupan los soldados que queden dispersos
en ultramar: ningún país puede hacer algo más vergonzoso que
abandonar a sus propios soldados. Habría que desmantelar las bases
militares de ultramar, y las tropas tendrían que ser repatriada. Me
gustaría ver cómo se dispersa de un modo controlado y a tiempo la
gran población de las prisiones, en vez de presenciar una mnistía
general caótica. Finalmente, creo que esta farsa de deudas que nadie
pagará jamás ya ha durado demasiado. Limpiar el libro de cuentas le
dará tiempo a la sociedad para un reajuste. Como ven, no estoy
pidiendo ningún milagro.

Pero si alguna de estas cosas sucediera lo consideraría un milagro.

Una solución del sector privado no es imposible: solo es muy, muy
improbable.

Ciertas empresas estatales soviéticas eran, en lo esencial, estados
dentro de estados. Controlaban lo que podría describirse como un
sistema económico completo, y podían seguir en marcha incluso sin la
economía. Siguieron siendo así incluso después de la privatización.
Enloquecían a los consultores de administración de Occidente:
jardines de infantes, casas de retiros, lavaderos y clínicas
gratuitas en cantidades interminables; vea, no se trata de su
cometido competitivo central, hay que desinvertir, hay que poner en
mejor línea su funcionamiento. Los gurúes occidentales de la
administración dejaron pasar lo más importante: la capacidad
competitiva central de estas empresas estaba en su capacidad de
superar un colapso económico. [...]

Hay que tener en claro que la Unión Soviética llegó a estar preparada
para el colapso sin tener conciencia de ello, y no porque hubiera
existido algún programa de crisis. El colapso económico tiende a
cambiar el signo negativo de ciertos rasgos econ'micos. Lo último que
queremos es una economía próspera, en crecimiento, en perfecto estado




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