[R-P] Nicolás Casullo

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Vie Oct 10 07:20:19 MDT 2008


Gentileza de Alicia Ester

(De ayer jueves 9 de octubre de 2008)

El intelectual, escritor y docente Nicolás Casullo falleció este
jueves 9 de octubre en Bs. As.

EL COMPAÑERO NICOLÁS CASULLO ENTRO AL COMANDO CELESTIAL.

Nicolás Casullo, fundador de Carta Abierta, es velado toda la noche en
la Biblioteca Nacional , Aguero 2502, y será enterrado en el
Cementerio Británico de la Chacarita , este viernes 10 a las 11hs.

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NICOLÁS CASULLO, EL CURSO DE LA HISTORIA

El espinel a través del cual se articula la entrevista realizada a
Nicolás Casullo, escritor, ensayista y director de la revista
"Pensamiento de los confines", recorre las referencias de sentido
histórico, las cuales constituyen la condición de posibilidad para
argumentar el curso de una sociedad, como así también, la función del
lenguaje y sus palabras en un contexto de crisis de los paradigmas
existentes. Por otra parte, se abre el interrogante acerca de qué es
lo que sucede con nuestra sociedad, cuando la dinámica de los
acontecimientos - como el reciente "cacerolazo" -, se erige sobre
moldes y lógicas massmediáticas.

Nicolás Casullo es escritor, ensayista, novelista, docente de la
carrera de Comunicación Social en la Universidad Nacional de Buenos
Aires, y director de la revista "Pensamiento de los Confines".

Cuando se produjo el Mayo Francés, se encontraba en París. Producto de
esa vivencia es el libro "París 68. Las escrituras, el recuerdo y el
olvido".

Como otros tantos intelectuales del país, Casullo debió exiliarse en
noviembre de 1974.

Su primer destino fue Cuba, por cuatro meses. Caracas, Venezuela, fue
su segundo destino en 1975.

En 1976 viajó a México, donde vivió hasta el año 1983. En ese año
regresó al país.

Entre sus novelas se cuentan: "Para hacer el amor en los parques"
(1970), "El frutero de los ojos radiantes" (1984) y "La cátedra"
(2000).

Entre sus ensayos: "La comunicación, una democracia difícil"(1986),
"El debate modernidad-posmodernidad" (1988), "Viena del 900: la
remoción de lo moderno" (1992), "Itinerarios de la modernidad" (1996),
"Modernidad y cultura crítica" (1998), y "Palabras a destiempo"
(1999)).

La idea es reflexionar sobre el clima socio-político al que arribamos
en el presente, partiendo de la vinculación a la historia social
inaugurada en la década del 80, la cual se caracterizó, podríamos
decir, por tres momentos: el horror de la dictadura militar, junto a
un proceso de concentración económico-financiera; el alfonsinismo y la
frustración de la apertura democrática, y, el menemato, con su ola
privatizadora estrechamente ligada a la hiperconcentración del capital
financiero y la gran exclusión social.

Siempre, cada presente uno lo vive como si toda una historia
confluyese sobre ese presente, y el presente fuese como una suerte de
consumación de todo un proceso histórico.

Hoy sí, podemos decir que a la grave crisis del país, en todos los
órdenes, sociales, económicos y políticos, es producto de una larga
historia también política económica y social, que yo la inauguraría
con el fracaso de la posibilidad de cambio y transformación social de
los 70, donde ahí sí, efectivamente, se dio un quiebre, una
desilusión, no solamente una frustración profunda de toda una historia
que aparecía como planteándose la posibilidad transformadora, junto a
los actores sociales en plena dinámica y presencia de actuación, sino
que a esa frustración le siguió la violencia, la guerra, el genocidio.

Con lo cual podríamos decir que esta historia, por poner un
determinado lapso, comienza con una cosa tanática, mortuoria, una gran
derrota de las aspiraciones de la gente, no nos olvidemos que el
gobierno de Perón en el '73, fue votado por el 62% de la gente.

Bien, esa frustración permitió, frente a la carencia de toda
resistencia y a una política de muerte, miedo y terror, reconstituir y
reorientar el país hacia una Argentina donde la lógica pasaba por la
especulación financiera, por los créditos internacionales para
determinados sectores, por las importaciones que suplantaban las
producciones nacionales.

Desde el '76 en adelante, la Argentina cambia su rumbo histórico, y
comienza a plantearse en función de capitales
financieros-especulativos y de una merma muy grande de la producción
nacional.

Esto trae aparejado, ya en la época de la dictadura, una marginación
social, un cierre de empresas, un quiebre de una Argentina industrial
que allá por los '70 estaba absolutamente desplegada, con un 2,5 de
desocupación; digo una Argentina caracterizada por la muerte del
compre nacional, por una suerte de gigantismo de Estado prebendario
que siguió desolando las arcas nacionales, y ya para cuando llega la
democracia, el eje central del país está trazado.

Lo que va a ocurrir de ahí en más es una progresiva y paulatina
descalcificación de lo que podríamos definir como el gran momento
industrial, trabajador, obrero de una Argentina en permanente progreso
capitalista que va a significar, al mismo tiempo en el campo de lo
político, una cada vez mayor merma de la presencia de las
organizaciones sindicales, de la presencia obrera, de la agremiación,
de la posibilidad de plantearse una línea política objetiva en
relación a los intereses nacionales y a los intereses populares.

Ya el triunfo de Alfonsín, si bien es el triunfo de una Argentina que
busca una salida democrática, "una salida hacia la libertad y hacia la
vida", como planteaba el propio Alfonsín en la campaña de 1983, por
otro lado marca la muerte de un sujeto político que había sido
protagonista en los últimos cuarenta años del país, que es la del
peronismo, la caducidad de sus conducciones que respondían a un
proyecto histórico.

Es decir, la sensación que se tiene es que en ese momento el peronismo
ya está absolutamente agotado, que ya no tiene banderas, que el mismo
peronismo niega sus banderas, así como negó a su propia ala izquierda
exterminada por la dictadura, buscando un pacto de no-intervención, de
no-investigación, de no-recuperación de la problemática de los
derechos humanos.

Eso hubiera significado el gobierno de Italo Luder de haber triunfado.

En ese sentido, podríamos decir que ahí tenemos un elemento crucial de
la crisis de la Argentina.

Un movimiento histórico que reunía a los sectores populares, a las
grandes mayorías, a la clase obrera organizada; que había reunido lo
más fuerte de una instancia revolucionaria - la llamada Juventud
Peronista o la Tendencia Revolucionaria -, desaparece de la escena
histórica.

No sólo desaparece sino que crea un estado de confusión ideológica, de
venta de su propia alma, que luego se va a notar palmariamente con la
aparición de Carlos Menem.

El peronismo aparece así, casi en forma dantesca, con su signo
contrario, como consecuencia del fracaso del alfonsinismo en distintos
niveles: en el campo político, en el económico; en el plano de los
derechos humanos, en el problema del juicio y la absolución de los
propios militares que habían producido el genocidio.

Con la llegada del Menemato, podríamos decir que esta Argentina que
empieza a despuntar en términos dominantes antinacionales allá por el
'76, llega a su consumación con la venta del país en su totalidad, con
una problemática que, si bien era cierta, se necesitaba una profunda
reforma del Estado, porque el Estado ya estaba caduco y esa Argentina
del fracaso alfonsinista no daba más, pero en realidad la política
menemista sirvió simplemente a los efectos de gestar un nuevo
gerenciamiento, un nuevo sector privilegiado, una nueva y muy alta
capacidad de corrupción donde entró de lleno la política peronista en
casi todo su conjunto

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Néstor Gorojovsky
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