[R-P] [F. Lordon] Para salvar a los bancos del desastre

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Lun Oct 6 07:08:10 MDT 2008


Gentileza de Mario Pereyra

PARA SALVAR A LOS BANCOS DEL DESASTRE

El día en que la Reserva Federal se hizo socialista

Por FRÉDÉRIC LORDON *

* Economista, autor de Jusqu'à quand ? L'éternel retour de la crise
financière (¿Hasta cuándo ? El eterno retorno de la crisis
financiera), Raisons d'agir, París, noviembre de 2008.



Había que tener un espíritu de niño, o bien el gusto por lo
maravilloso, para tomar en serio la postura marcial de las autoridades
estadounidenses al afrontar la quiebra del banco de inversión Lehman
Brothers, postura que a la historia no le tomó más de dos días
convertir en un gesto de desesperación. El hecho de negarse a socorrer
a ese banco de inversión en peligro era una apuesta puntual
extraordinariamente azarosa y, para decirlo de una vez, insostenible,
si lo que se esperaba era que marcara un cambio estratégico.

Es cierto que en los acontecimientos actuales hay elementos como para
desorientar y que la sucesión cada vez más rápida de situaciones
críticas, cada una percibida en tiempo real como una "cumbre" de la
crisis, para ser inmediatamente borrada por otra todavía más grave y
todavía más espectacular, es como para hundir a los reguladores en
abismos de angustia y desorientación.

Los fines de semana de urgencia extrema prosiguen a un ritmo que se va
acelerando – el 16 de marzo, Bear Stearns; el 12 de julio, primer acto
de Fannie Mae y Freddie Mac; el 6 de septiembre, segundo acto de éstos
últimos (véase el artículo de Ibrahim Warde, y el léxico); el 13 de
septiembre, Lehman Brothers y Merril Lynch; el 16 de septiembre (no
esperaron ni siquiera una semana), American Internacional Group (AIG)-
y el binomio Reserva Federal y Departamento del Tesoro, que cada vez
cree haberse superado, descubre que no fue así y que hay que retomar
todo nuevamente.

Otorguémosles el haber, hasta ahora, encadenado desempeños
espectaculares, aunque perfectamente vanos si se trataba de poner un
fin definitivo al derrumbe de las finanzas estadounidenses, y de
haberlo hecho a un costo que no es simplemente financiero, porque ni
el presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke, ni todavía menos
Henry Paulson, ex  presidente de Goldman Sachs, el florón absoluto del
capitalismo absoluto, luego convertido en secretario del Tesoro de una
administración de ultra derecha, seguramente nunca imaginaron vivir un
día la dolorosa paradoja de verse tratados de "socialistas" cada vez
que se ven obligados a aportar sostén público para el salvataje de las
finanzas privadas.

Sin duda, fue también para terminar con esta infamia que uno y otro
decidieron, desde la semana del 8 de septiembre –en el mismo momento
en que agotados por el mega salvataje de Fannie-Freddy parecía
necesario seguir con el de Lehman-,  bajarle a éste el pulgar e
indicar a la comunidad financiera que la próxima etapa se negociaría
sin ellos.

Si se dejan a un lado las vejaciones personales, hay razones para
comprender la posición del tándem "Fed-Treasury"  (Reserva Federal –
Departamento del Tesoro). Las autoridades se inquietan, no sin
razones, por los precedentes que crean cada una de sus intervenciones,
y por el hecho de que los banqueros privados podrían dejarse ir
confortablemente a la quiebra, sabiendo que a último momento "será
necesario" salvarlos, como ya se lo hizo con Bear Stearns y
"Fannie-Freddie". El ánimo se ofusca ante estas facilidades y el hecho
es que uno se mantendría difícilmente plácido ante el espectáculo de
las finanzas arrogantes y enriquecidas cuando todo va bien, pero
refugiándose en el seno del poder público, al que habitualmente tratan
como una aberración de tipo soviético, para mendigar protecciones y
excepciones.

He aquí cómo, con frecuencia, el estado de ánimo es el medio más
seguro de extraviar el análisis, lo que en ningún caso quiere decir
que la indignación de la cual procede sea ilegítima ni, todavía menos,
que no haya que capitalizarla para acumular recursos políticos que
permitan golpear fuertemente más tarde. Pero sólo algo más tarde –sin
esperar demasiado- es decir, después de haber puesto en claro
analíticamente de qué se trata. Ahora bien, está claro que se trata de
un riesgo sistémico, es decir de la posibilidad, por la densidad de
los compromisos entre bancos, de que la caída de un solo actor
desencadene, por ondas de choque sucesivas, una cascada de quiebras
colaterales.

Para posibles liberales que oyen mal, precisemos que en la expresión
"riesgo sistémico" está la palabra "sistémico", lo que quiere decir
que se trata del "sistema"… es decir, de la totalidad de las
instituciones de las finanzas privadas, potencialmente involucradas en
un derrumbe global. Y, si verdaderamente es necesario ser todavía más
explícitos, digamos que una vez que el "sistema" de las finanzas, por
lo tanto del crédito, está en ruinas, simplemente ya no hay más
actividad económica posible. En absoluto. ¿Resulta esto suficiente
para hacer entrever la enormidad de las consecuencias?

Por más penoso que pueda ser, no hay alternativa a la constatación de
que una vez que la burbuja financiera ha explotado y el riesgo
sistémico se ha generado, el Banco Central pierde casi todo su margen
de maniobra, porque el hecho de que las finanzas privadas tengan la
capacidad de vincular su suerte para lo peor a todo el resto de la
economía –el derrumbe de las finanzas supondrá necesariamente el
derrumbe de la economía- forzando así la intervención pública en su
auxilio, es una toma de rehenes sin posibilidad de evitarla en el
corazón de la crisis. Por eso, una nueva regulación financiera
significativa sólo puede hacerse en torno al objetivo estratégico de
impedir que las burbujas se formen (1), porque después es demasiado
tarde. Sólo puede lucharse contra el riesgo sistémico erradicándolo;
en cuanto se reconstituye, y sobre todo cuando se activa, la partida
está perdida.

La Reserva Federal, aunque no ha manifestado ninguna voluntad seria de
erradicación, les al menos consciente del grado en que está
estratégicamente dominada, en el juego que la opone con las finanzas
privadas en crisis, paradójicamente en una posición de fuerza tanto
más fuerte por el hecho de estar moribundas. Y entonces se somete, con
la muerte en el alma, a las conminaciones sucesivas de los diversos
bancos arruinados para venir en su ayuda, con el riesgo de dejar que
se produzca una catástrofe irreparable.

En marzo de 2008 Bear Stearns amenazó con dejar impagos 13,4 billones
de dólares de transacciones con derivados de crédito (2) – es decir
diez veces más que Long Term Capital Managemente (LTCM) que había
estado a punto de no cubrir su deuda de 1,5 billones de dólares.
Numerosas instituciones financieras de gran calibre han invertido en
estos títulos: fondos de pensión –las jubilaciones-, fondos mutuales
–ahorro corriente del público-, ¡e incluso bancos centrales
extranjeros! Está fuera de la cuestión para la supervivencia del
sistema financiero estadounidense en su conjunto que tal
acontecimiento se produzca.

Henry Paulson, secretario del Tesoro, no tiene necesidad de que le
hagan un plan: el 12 de julio se movilizaron 25.000 millones de dinero
público en líneas de crédito e inicios de recapitalización. Y el 6 de
septiembre, parece que la recapitalización necesitará más bien…
¡200.000 millones ! Perfecto, los contribuyentes pondrán esos 200.000.
"I didn't want to have to do that", confiesa sin embargo Paulson,
asustado de su propio futuro socialista. "No quería tener que hacer
eso" pero, de todas maneras, lo ha hecho. Y verdaderamente no tenía
opción.

Como Lehman es mucho más chico que la "Fed-Treasury", ésta piensa
poder encontrar una ocasión de "tener una opción". Y no quiere
perderla bajo ningún pretexto. A este banco se le hará pagar por los
otros, y con toda la rabia que tuvo que tragarse al dejarse torcer el
brazo las veces anteriores. Pero, sin embargo, para lograr un
excelente desprendimiento de la bilis que ofrece, la "oportunidad"
Lehman exigía ser cuidadosamente evaluada antes de "dejarlo morir".
Teniendo en cuenta su tamaño y la exposición de los demás bancos que
son sus contrapartes, ¿una cesación de pagos de Lehman constituye o no
un riesgo sistémico?

Es cierto que la exposición de Lehman en productos derivados era
infinitamente menor que la de Bear Stearns -29.000 millones de dólares
contra 13,4 billones (3)… pero, de todas maneras, Lehman desplazó a
Worldcom del primer lugar de la lista, convirtiéndose en la mayor
quiebra de la historia de Estados Unidos, con 613.000 millones de
deudas. Sin embargo, es evidente que desde el punto de vista técnico
no hay una cesación de pagos equivalente, ya que Lehman tiene activos
y el procedimiento de liquidación tiene precisamente el objeto de
realizarlos.

Pero, ¿cuánto valen exactamente esos activos? Esa es la cuestión. Hay
un mínimo de 85.000 millones de títulos variados (entre los cuales
50.000 millones de derivados de subprime) que el plan de recuperación,
finalmente abortado, que fue estudiado durante el fin de semana del 12
al 14 de septiembre, preveía contener en una bad bank (sociedad de
rescate que se hace cargo de los créditos morosos) ad hoc. Su valor en
este momento es de 85.000 millones, pero es razonable preguntarse lo
que quedará al término de una venta de liquidación, aun cuando,
concientes del riesgo de que sus valores se derrumben todavía un poco
más, las autoridades estadounidenses piensan en una liquidación
"ordenada", por lo cual debe entenderse una liquidación escalonada en
varios meses.

Pero de todas maneras, el quebranto se anuncia severo; y esto no es
sólo un problema para Lehman. Porque la norma contable del
"mark-to-market", es decir, la contabilización de los activos al valor
de mercado instantáneo, obligará a todas las otras instituciones
financieras a valorizar, a su vez, al precio de liquidación "especial
Lehman" los mismos activos de los cuales sus balances todavía están
llenos, sufriendo al final las depreciaciones suplementarias que
pueden imaginarse.

Todavía, si el riesgo de desvalorizaciones colaterales fuera el único…
Pero a ello se agrega el riesgo de contrapartida ligado al hecho de
que las múltiples transacciones en las cuales Lehamn estaba implicado
van a quedar no terminadas. Y, finalmente, el riesgo de activación de
los CDS (Credit Dafault Swap), esos productos derivados que ofrecen a
quienes los compran un seguro contra las pérdidas de valor de sus
diversos activos en obligaciones. Si hay asegurados, es porque del
otro lado hay aseguradores. Ahora bien, la quiebra desencadena
implacablemente la operación de los CDS emitidos como protección de la
deuda de Lehamn, y las indemnizaciones a pagar se anuncian
importantes.

Esto es algo muy molesto, porque la experiencia indica que el
mecanismo securitario de los CDS, impecable en los papeles, ha
revelado ser uno de las más dudosos; y el mercado de los CDS es de una
extrema fragilidad, que hace temer grandes sacudidas cada vez que se
recurre a él, un poco brutalmente, por una quiebra. Desgraciadamente,
en el momento en que se produce la bancarrota de Lehman, se acababa de
salir de la nacionalización de "Fannie-Freddie", la cual muchos temen
que represente ya por sí sola un riesgo importante para el mercado de
los CDS…

Ahora bien, seguramente la "Fed-Treasury" contaba con este conjunto de
amenazas para desprenderse del salvataje de Lehman y "convencer" a los
banqueros de la plaza que lo tomaran a su cargo, ya que era de su
interés, en el mejor de los sentidos. Pero nada se hizo y ningún plan
privado salió de ese fin de semana frenético. Es que "Wall Street" es
una abstracción que abarca una colección de intereses particulares, a
veces divergentes. El plan de recuperación cuyo fracaso llevó a Lehamn
a presentarse en quiebra preveía la compra del "buen banco" por
Barclays y el Bank of America (finalmente éste se dirigirá hacia
Merrill Lynch) y la contención del "mal banco" se iba a hacer con un
financiamiento colectivo de la plaza.

Pero "la plaza", entendiendo por eso a aquellos que no cuentan con los
medios para comprar los buenos segmentos, no por eso fue menos
solicitada para enjugar las desvalorizaciones de los malos segmentos,
y ha tenido dificultades para aceptar utilizar las utilidades, con
grandes gastos, para permitir a dos afortunados irse con las joyas de
la corona, dejando a otros las reparaciones del castillo en ruinas.

En verdad, todo el fin de semana del 12 al 14 de septiembre no fue más
que una gigantesca partida de póquer mentiroso: entre la
"Fed-Treasury", que mostraba su voluntad de no moverse, y Wall Street,
que en principio la interpreta, pero equivocadamente, como una
estrategia de tensión para hacer aumentar el compromiso de los bancos
privados, el conflicto entre esos bancos privados que se dividen entre
compradores oportunistas y financistas obligados -que refunfuñan por
tener que constituir una flor para los primeros, pero que también
saben que su propio interés no es indiferente a la supervivencia de
Lehamn-, las condiciones estaban más que reunidas para hacer
improbable la coordinación del salvataje.

La "Fed-Treasury" no mentía. Dejó hacer. Ya no era más socialista.
Pero – aunque no lo sabía todavía en ese momento- ¡sólo por dos días!
Y, sin embargo, ¡tiene tantas ganas de creer en ello! Desde hacía casi
una semana se veía fuertemente alentada por todos sus admiradores, un
poco desorientados por las sorprendentes vías que se vio obligada a
tomar hasta ese momento. El editorialista del Financial Times comenta
con satisfacción: "Es hora de que las autoridades se retiren (…) Lo
que se hizo hasta ahora debería ser suficiente (4)". Pero no es la
"Fed-Treasury" quien decide si "lo que se hizo es suficiente" o no,
sino la situación.

Ahora bien, no sólo la situación de Lehman no ha revelado todavía sus
verdaderos riesgos, sino que la apuesta de la Fed está lejos de haber
ganado en el momento en que creía repudiar su socialismo, porque, por
detrás, maduran otras situaciones que amenazan ya con hacer su
reverencia a la despedida de los Compañeros de la canción (grupo vocal
francés de comienzos de la Segunda Guerra mundial): reversibles y a
repetición.

La primera gala de retorno no esperó cuarenta y ocho horas para seguir
a la de presentación, ¡y qué fiesta! AIG es elegible como un caso de
libro. Todas las aberraciones de las finanzas contemporáneas se
concentran en ella y se ofrecen como espectáculo. Como el simple
oficio de asegurar era tan monótono, AIG estableció una filial de
"productos financieros" y se lanzó de cabeza al mercado bastante
especial de los CDS.

Y he aquí a AIG, en pleno período de ruina financiera, comprometida
por 441.000 millones de dólares de títulos a asegurar, de los cuales
57.800 millones estaban vinculados a los subprimes (5). Resulta inútil
decirlo, sus pérdidas son colosales: 18.000 millones de dólares en los
tres trimestres pasados, y el que está en curso se anuncia
resplandeciente porque, entre activación de los CDS y
desvalorizaciones colaterales, la quiebra de Lehman podría hacer subir
la pérdida acumulada de AIG a 30.000 millones de dólares, entre los
cuales también se encuentran 600 millones vinculados a la
desvalorización completa de las acciones "Fannie-Freddie" luego de la
nacionalización.

En estas condiciones, las agencias calificadoras, obnubiladas por la
necesidad de reconstituir una virginidad para hacer olvidar tantos
errores pasados, no dudan en degradar severamente la calificación de
AIG, lo que tuvo como primer efecto el obligarla a satisfacer
inmediatamente las provisiones denominadas "apelación a los márgenes"
para compensar el deterioro de su calidad de asegurador en los
contratos (CDS) en los cuales está implicada. ¿Pero cómo puede AIG
sacar inmediatamente 10.000 a 13.000 millones de dólares de "apelación
a los márgenes" cuando se encuentra ya en vías de hundirse?

Durante una jornada, la "Fed-Treasury", todavía en la embriaguez de su
muy reciente "desocialización", pero de toda manera un poco
estremecida por la amplitud de los daños que se anunciaban, imagina
coordinar un socorro privado en el cual Goldman Sachs y JP Morgan
estarían a la cabeza de un crédito sindicado de 75.000 millones de
dólares para AIG.

Si uno recuerda todavía que apenas en la víspera, se les había pedido
a los diez principales bancos de la plaza constituir un pool de 70.000
millones de dólares para sostener la liquidación "ordenada" de Lehman…
La imposibilidad del socorro privado era previsible, y la necesidad de
intervención pública inevitable. Uno no deja de quedar pasmado por la
forma extrema que iba a tomar.  Por medio de un préstamo puente de
85.000 millones de dólares del Banco Central, el Estado adquiere el
79,9% del capital de AIG.

Aún en su brevedad, el comunicado de la Reserva Federal del 16 de
septiembre no deja de ser vertiginoso. ¿Hay algún antecedente del
extraordinario hecho de que la "Fed" preste dinero a un "no banco"?
Puede medirse aquí la amplitud de las concesiones que le habrá
arrancado la crisis. En marzo había decidido, por primera vez desde
1929, admitir a los bancos de inversión en el refinanciamiento (al
cual, hasta ese momento, sólo tenían derecho los bancos de depósitos);
he aquí ahora una empresa de seguros en la ventanilla…

Pero lo que sigue es todavía más sorprendente. Porque, por un lado, la
Reserva Federal y el Tesoro parecen actuar como una unidad orgánica
cercana a una fusión pura y simple. Y, por otro, la participación
federal del 79,9% en AIG aparece como "la contrapartida" del préstamo
de la "Fed". ¿Pero desde cuándo un préstamo es otorgado a cambio de
una participación de capital? El préstamo está destinado a ser
devuelto, está garantizado con todos los activos de AIG y su tasa
penalizadora fue fijada a propósito para incitar a su devolución lo
más rápidamente posible. Pero una vez agotado el crédito, el Estado
Federal seguirá siendo accionista del 79,9%. Entonces ocurre que ha
realizado una toma de control sin desatar,  por el momento, el
paquete: ¡una expropiación! Tratándose de recaída en el socialismo,
ésta es una y bien fuerte.

El New York Times informa que Henry Paulson y Ben Bernanke, al
aparecer el 16 de septiembre por la noche, para anunciar su plan,
tenían "un aire sombrío". Es fácil entenderlo, porque a su lado el
presidente venezolano Hugo Chávez parece un títere liberal vendido al
gran capital: ¡él cuando nacionaliza, paga! Pero las acrobacias ultra
socialistas de nuestros dos compinches recién comienzan. Porque ahora
estamos mucho más allá de las tensiones de liquidez, para hacer frente
a las cuales la Reserva Federal está bastante bien armada.

Ahora que las pérdidas extraordinarias han mermado en su núcleo las
bases de los capitales propios, estamos ante una crisis de solvencia
generalizada, que se ha adueñado del sector financiero. Un frenesí
imperativo de recapitalización se declaró desde marzo y, de Bear
Stearns a Lehman, pasando por "Fannie-Freddie", todos  los momentos
críticos han tenido como origen una duda sobre la capacidad de los
bancos involucrados para recaudar capitales (6).

Ahora bien, para que haya recapitalizaciones, ¡hace falta que haya
recapitalizadores! Pero la gran mayoría no tiene los medios para ese
tipo de esfuerzo: los bancos colegas luchan por conservar el poco
capital que les queda; los fondos soberanos (7), de los cuales se ha
esperado mucho, tal vez demasiado, han meditado sobre sus últimas
contrariedades, ya que su sensacional entrada en escena, en marzo, se
apoyaba en la hipótesis de que los precios de los activos
inmobiliarios y de las acciones habían tocado fondo; pero ya sabemos
lo que ocurrió después, y las desvalorizaciones que de ello resultaron
los convencieron de mirar dos veces las cosas antes de actuar a partir
de ese momento. Queda, entonces, el Estado, el único que puede hacer
"la tarea" cuando ya nadie quiere ni puede.

Así es como Karl Bernanke y Vladimir Illich Paulson no han llegado
todavía al final de sus penas. La gorra con la estrella roja les va
como los tiradores a un cerdo, pero ellos han comprendido, por lo
menos, que deberán mantenerla ajustada en la cabeza todo el tiempo
necesario, a la inversa de los furiosos locos liberales que apelan a
"dejar que ocurran las quiebras" y a la moral del castigo. Sólo hay
una lectura de este imperativo de vestidura, y una suculenta paradoja
hace que un ex presidente de Goldman Sachs deba hacerla suya: las
finanzas liberalizadas son estructuralmente de una inestabilidad
explosiva; no sólo es seguro que desencadenarán catástrofes
repetitivas, sino que son incapaces de evitarlas por sí mismas; ¡ah,
las famosas "soluciones de mercado" a las cuales apelaba el comunicado
europeo del 29 de enero (véase el recuadro más abajo)!

Sólo el Estado, mediante un gesto de pura soberanía, absolutamente más
allá del derecho común, al permitirse lo impensable -como nacionalizar
sin límite para pagar más tarde, y captar unilateralmente todos los
dividendos, incluso los de acciones que no poseen (¡)-, puede poner
fin a los rendimientos crecientes de derrumbe que alimentan los
mecanismos del divino mercado. Entonces, será la gorra o el
Apocalipsis.

Más bien la gorra, porque se acerca el alba radiosa que se levanta
ante nuestros ojos: el cortejo de los subprime no ha terminado
totalmente cuando se anuncia el de los Alt-A mortgages. Intermedios
entre los prime (estándar) y los subprimes, los créditos Alt-A fingen
haber pedido algunas informaciones sobre la situación de los tomadores
de crédito, pero toleran que se haya respondido de manera incompleta o
con algunos "errores": según un estudio del Mortgage Asset Research
Institute, la casi totalidad de los expedientes Alt-A (realizados por
los corredores para los bancos) exageran los ingresos de los tomadores
de crédito en por lo menos un 5%... y más de la mitad ¡los sobrevalúa
en más del 50%!

En la categoría Alt-A se distinguen los créditos denominados
Option-ARM (Option Adjustable Rate Mortgages), que tienen como
característica ofrecer al tomador de crédito varias posibilidades en
cuanto al inicio de los pagos. Una de ellas, particularmente
tentadora, ofrece no solamente no empezar a devolver el capital
durante los primeros años, sino también empezar pagando parcialmente
los intereses; de esta manera puede llegarse a comenzar con tasas
provisorias del 1%, a las cuales resulta difícil no sucumbir.

Evidentemente todas estas facilidades dan lugar a prórrogas para los
años posteriores, y el reset (el reajuste de la tasa) resulta así más
doloroso. El tomador promedio de option-ARM ve como sus pagos aumentan
de golpe un 63%. La agencia financiera Bloomberg evalúa en 16% los
retrasos de pago de más de dos meses en los Alt-A emitidos desde enero
de 2006. Estas demoras en los pagos van a acelerarse el año próximo y
pueden durar hasta 2011, teniendo en cuenta la duración de los reset,
que es de tres a cinco años. Y algo más: ya había 855.000 millones de
dólares de subprime, pero hay 1 billón de Alt-A.

"Fannie" posee o tiene en garantía 340.000 millones. Wachovia tiene
122.000 millones de option-ARM. Countrywide, sacada de la quiebra por
el Bank of America (el salvador de Merrill Lynch), 27.000 millones.
WaMu (Washington Mutual), 53.000 millones, de los cuales el 13% van a
reset el año próximo. Y he aquí que Standard&Poor bajó la calificación
de WaMu al nivel de los junk bond, el nivel más bajo (bonos chatarra o
basura).

No es inocente terminar esta lista, muy incompleta, con WaMu, porque
es una caja de ahorro –del ahorro del público, que comienza a sentir
el viento de las balas: los money market funds (SICAV monetarios) (8),
considerados hasta ahora tan líquidos y seguros como las cuentas a la
vista, ¿no fueron acaso desbordados por demandas de retiro después que
sus clientes vieron como se derrumbaban sus tenencias como
consecuencia de la completa pérdida de valor de los títulos de Lehman,
en los cuales esos SICAV se habían invertido ingeniosamente? Una
corrida de los ahorristas: he aquí lo que completaría absolutamente el
cuadro…

Sin querer proseguir con este escenario catástrofe, pero con más razón
si se lo toma en consideración, las necesidades de recapitalización
bancaria son tan importantes, tan generalizadas, y ocurren en un
contexto de rechazo a compromoterse por parte de aquellos que todavía
están a flote, que el Estado, ya no solamente prestamista, sino
accionista y recapitalizador en última instancia, se enfrenta a una
tarea financiera cada vez menos soluble con recursos estándar. Aun
cuando es probable que el Estado Federal terminará, en algún tiempo,
por pagar los warrants (9), y luego las acciones que le otorgan la
propiedad de AIG, después de los 200.000 millones de dólares de una
operación similar con "Fannie-Freddie", no podrá renovar con demasiada
frecuencia esas larguezas, porque sus recursos son limitados.

Stándar&Poor's estima en diez puntos del Producto Bruto Interno (PIB)
lo que todo esto podría costar en su totalidad. Ya sea en forma de
recapitalizaciones en diversas direcciones o a través de una
estructura de contención gigante que podría tranquilizar a las
finanzas privadas por todos sus activos averiados, el problema es el
mismo. Esos diez puntos de PIB ¿van a salir del bolsillo del
contribuyente estadounidense, torpedeando lo que queda de crecimiento?
¿O, por el contrario, se va a permitir seguir inflando el déficit de
la deuda pública, con el riesgo de que los títulos del Tesoro y el
dólar se vuelvan inmanejables, transformando la crisis financiera
privada en una crisis de las finanzas públicas, con una crisis
monetaria agregada?

Sólo hay malas soluciones, por lo menos de conformidad con los cánones
usuales de la ortodoxia. Por eso nuestros amigos de la gorra irán
hasta donde sea necesario para hacer lo que debe hacerse; también es
la razón por la cual los dogmas que tantos conversos han adorado
estúpidamente, se van a ir rápidamente al tacho de basura.
Recapitalizaciones por emisión monetaria, embargos puros y simples,
control de cambios… si las cosas van mal, tal vez todavía no hayamos
visto nada. La historia avanza por caminos extraños. Abramos bien los
ojos, porque entramos en un territorio desconocido.

N O T A S


(1) Es el principio número uno del texto "Quatre principes et neuf
propositions pour en finir avec les crises financières (Cuatro
principios y nueve propuestas para terminar con las crisis
financieras) ", La nouvelle pompe à phynance, blog de Le Monde
diplomatique: www.monde-diplomatique.fr/2007/09/LORDON/15165
(2) No se trata de una exposición neta porque los compromisos de
comprar/pagar compensan los compromisos de vender/recibir.
(3) Office of the Comptroller of the Currency, Nueva York, 30-9-2007.
(4) "Decisive inaction", Financial Times, 11-92008.
(5) Tipo de créditos inmobiliarios otorgados a tomadores de crédito de
solvencia muy dudosa, e incluso desconocidos del sistema bancario.
(6) El episodio de Lehman se desencadenó a partir del anuncio del
fracaso de las negociaciones con vistas a una toma de participación
del banco de desarrollo coreano KDC.
(7) Véase Ibrahim Warde, "Des 'fonds souverains' au chevet des
multinationales (Los 'fondos soberanos' ocupan un lugar privilegiado
entre las multinacionales)", Le Monde diplomatique, mayo de 2008.
(8) N. de la T.: Las SICAV (Sociedades de Inversión de Capital
Variable)  son sociedades anónimas que tienen por objeto exclusivo la
adquisición, tenencia, disfrute y administración en general y
enajenación de valores mobiliarios y otros activos financieros para
compensar por una adecuada composición de sus activos, los riesgos y
los tipos de rendimientos sin participación mayoritaria económica o
política en otras sociedades.
(9) Los warrants son opciones, es decir, derechos a comprar acciones.

-- 

Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría


Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular