[R-P] [W. Bello] Todo lo que usted quiere saber sobre el origen de esta crisis pero teme no entenderlo
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Lun Oct 6 06:16:04 MDT 2008
Gentileza de Mario Pereyra
[Introducción de los traductores: Todos nos hacemos estas preguntas
sobre la actual crisis financiera: ¿ya pasó lo peor? ¿Qué causó el
colapso del centro neurálgico del capitalismo global? ¿Fue la codicia?
¿Fue el de Wall Street un caso de alguacil alguacilado? ¿Fue falta de
regulación? Pero ¿no hay nada más? ¿No hay nada sistémico? ¿Qué tiene
que ver la crisis de sobreproducción de mediados de los años 70 con
los acontecimientos recientes? ¿Qué pasó, pues? ¿Cómo trató de
resolver el capitalismo la crisis de sobreproducción? ¿En qué
consistió la reestructuración neoliberal? ¿En qué medida la
globalización de los 80 y los 90 fue una respuesta a la crisis de los
70? ¿Por qué la globalización no pudo superar la crisis? ¿Cuáles
fueron los problemas de la financiarización como vía de salida a la
crisis de sobreproducción de los 70? ¿Por qué la financiarización es
tan volátil? ¿Cómo se forman, crecen y estallan las burbujas? ¿Cómo se
formó la presente burbuja inmobiliaria? ¿Y cómo creció? ¿Cómo pudieron
las hipotecas subprime degenerar en un problema de tales dimensiones?
¿Y cómo es posible que los titanes de Wall Street se desplomaran como
un castillo de naipes? ¿Qué pasará ahora?
Todos, en efecto, nos hacemos esas preguntas. Pero pocos pueden tratar
de contestarlas con la insólita combinación de elegancia, profundidad,
claridad y extremada sencillez del economista y politólogo Walden
Bello. Y mucho menos en apenas 4000 palabras]
Todo lo que usted quiere saber sobre el origen de esta crisis pero
teme no entenderlo
por Walden Bello
05/10/08
El derrumbe de Wall Street no se debe solo a la codicia y a la falta
de regulación estatal de un sector hiperactivo. Procede también, y
sobre todo, de la crisis de sobreproducción que ha venido minando al
capitalismo remundializado desde mediados de los 70. Así ve esta
crisis de fin de época Walden Bello.
Muchos en Wall Street todavía están digiriendo los acontecimientos
epocales de las últimas semanas:
* Entre 1 y 3 billones de dólares de activos financieros evaporados.
* Wall Street, nacionalizado, con la Reserva Federal y el Departamento
del Tesoro tomando todas las decisiones estratégicas importantes en el
sector financiero, y a todo eso, con un gobierno que, tras el rescate
de AIG, pasa a dirigir la mayor compañía aseguradora del mundo.
* El mayor rescate desde la gran depresión, con 700 mil millones de
dólares reunidos a la desesperada para salvar al sistema financiero
global.
Las explicaciones habituales ya no bastan. Los acontecimientos
extraordinarios precisan de explicaciones extraordinarias. Pero antes…
¿Ya pasó lo peor?
No, si algo ha quedado claro con los movimientos contradictorios de
estas semanas en que, al tiempo que se permitía la quiebra de Lehman
Brothers, se nacionalizaba AIG y se fraguaba la toma de control de
Merril Lynch por el Bank of America, es que no hay una estrategia para
afrontar la crisis; a lo sumo, respuestas tácticas, como bomberos que
se pisan la manguera, abrumados por la magnitud del incendio.
El rescate de 700 mil millones de dólares de las obligaciones
hipotecariamente respaldadas en poder de los bancos no es una
estrategia, sino, básicamente, un esfuerzo a la desesperada para
restaurar la confianza en el sistema, para prevenir la erosión de la
fe en los bancos y en otras instituciones financieras y para evitar
una afluencia masiva de retirada de fondos de los bancos como la que
desencadenó la Gran Depresión de 1929.
¿Qué causó el colapso del centro neurálgico del capitalismo global?
¿Fue la codicia?
La vieja y venerada codicia jugó su parte. A eso se refería Klaus
Schwab, el organizador del Foro Económico Mundial, el jamboree de la
elite global celebrado anualmente en los Alpes suizos, cuando dijo a
su clientela en Davos este año: "Tenemos que pagar por los pecados del
pasado".
¿Fue el de Wall Street un caso de alguacil alguacilado?
Desde luego. Los especuladores financieros rizaron el rizo hasta
confundirse ellos mismos con la creación de contratos financieros más
y más complejos, como los derivados, tratando de ganar dinero a partir
de todo tipo de riesgos (incluidos exóticos instrumentos de futuros,
como los credits default swaps o contratos de protección de derivados
crediticios, que permitían a los inversores apostar, por ejemplo, a
que los prestatarios de la propia corporación bancaria ¡no serían
capaces de devolver su deuda! Tal es el comercio multibillonario
no-regulado que acabó tumbando a AIG.
El 17 de diciembre de 2005, cuando la International Financing Review
(IFR) anunció sus premios anuales del año –uno de los programas de
premios más prestigioso del sector—, dejó esto dicho:
"Lehman Brothers no sólo mantuvo su presencia global en el mercado,
sino que dirigió la penetración en el espacio de preferencia…
desarrollando nuevos productos y diseñando transacciones capaces de
subvenir a las necesidades de los prestatarios… Lehman Brothers es el
más innovador en el espacio de preferencia precisamente por hacer
cosas que no pueden verse en ningún otro sitio."
Huelgan comentarios.
¿Fue falta de regulación?
Sí. Todo el mundo reconoce ahora que la capacidad de Wall Street para
innovar y excogitar instrumentos financieros más y más sofisticados ha
ido mucho más allá de la capacidad regulatoria del Estado, y no porque
el Estado no fuera capaz de regular, sino porque la actitud
neoliberal, de laissez-faire, imperante impidió al Estado diseñar
mecanismos efectivos de regulación.
Pero ¿no hay nada más? ¿No hay nada sistémico?
Bien, Georges Soros, que lo vio venir, dice que lo que estamos pasando
es la crisis del sistema financiero, la crisis del "gigantesco sistema
circulatorio" de un "sistema capitalista global… que está reventando
por las costuras".
Para seguir con la idea del archiespeculador, a lo que estamos
asistiendo es a la intensificación de una de las crisis o
contradicciones centrales del capitalismo global, cual es la crisis de
sobreproducción, también conocida como sobreacumulación o
sobrecapacidad.
Se trata de la tendencia del capitalismo a construir una ingente
capacidad productiva que termina por rebasar la capacidad de consumo
de la población debido a las desigualdades que limitan el poder de
compra popular, lo cual termina por erosionar las tasas de beneficio.
Pero, ¿qué tiene que ver la crisis de sobreproducción con los
acontecimientos recientes?
Muchísimo. Pero, para entender la conexión, tenemos que retrotraernos
a la llamada Época Dorada del capitalism contemporáneo, al período
comprendido entre 1945 y 1975.
Fue un período de rápido crecimiento, tanto en las economías del
centro como en las subdesarrolladas, un crecimiento propulsado, en
parte, por la masiva reconstrucción de Europa y del Este asiático tras
la devastación de la II Guerra Mundial, y en parte, por la nueva
configuración socio-económica institucionalizada bajo el nuevo estado
keynesiano. Un aspecto clave de esta última fueron los severos
controles estatales de la actividad de mercado, el uso agresivo de
políticas fiscales y monetarias para minimizar la inflación y la
recesión, así como un régimen de salarios relativamente altos para
estimular y mantener la demanda.
¿Qué pasó, pues?
Bien, este período de elevado crecimiento terminó a mediados de los
70, cuando las economías del centro se vieron inmersas en la
estanflación, es decir, en la coexistencia de un bajo crecimiento con
una inflación alta, lo que la teoría económica neoclásica suponía
imposible.
Sin embargo, la estanflación no era sino el síntoma de una causa más
profunda, a saber: la reconstrucción de Alemania y del Japón, así como
el rápido crecimiento de economías en vías de industrialización, como
Brasil, Taiwán y Corea del Sur, añadió una enorme capacidad productiva
e incrementó la competición global, mientras que la desigualdad
social, dentro de cada país, y entre países, limitó globalmente el
incremento del poder adquisitivo y de la demanda, resultando así
erosionada la tasa de beneficio. La drástica subida del precio del
petróleo en los setenta no hizo sino agravar la cosa.
¿Cómo trató de resolver el capitalismo la crisis de sobreproducción?
El capital ensayó tres vías de salida del atolladero de la
sobreproducción: la reestructuración neoliberal, la globalización y la
financiarización.
¿En qué consistió la reestructuración neoliberal?
La reestructuración neoliberal tomó la forma del reaganismo y del
thatcherismo en el Norte y del ajuste estructural en el Sur. El
objetivo era la revigorización de la acumulación de capital, lo que se
consiguió: 1) removiendo las restricciones estatales al crecimiento,
al uso y a los flujos de capital y de riqueza; y 2) redistribuyendo el
ingreso de las clases pobres y medias a los ricos, de acuerdo con la
teoría de que se motivaría así a los ricos para invertir y alimentar
el crecimiento económico.
El problema de esa fórmula era que, al redistribuir el ingreso en
favor de los ricos, estrangulaba el ingreso de los pobres y de las
clases medias, lo que provocaba la restricción de la demanda, sin
necesariamente inducir a los ricos a invertir más en producción.
De hecho, la reestructuración neoliberal, que se generalizó en el
Norte y en el Sur a lo largo de los años ochenta y noventa, tuvo unos
pobres registros en términos de crecimiento: el crecimiento global
promedio fue de un 1,1% en los 90 y de un 1,4 en los 80, mientras que
el promedio en los 60 y en los 70, cuando las políticas
intervencionistas eran dominantes, fue, respectivamente, de un 3,5% y
de un 2,54%. La reestructuración neoliberal no pudo terminar con la
estanflación.
¿En qué medida la globalización fue una respuesta a la crisis?
La segunda vía de escape global ensayada por el capital para
enfrentarse a la estanflación fue la "acumulación extensiva" o
globalización, es decir, la rápida integración de las zonas
semicapitalistas, no-capitalistas y precapitalistas a la economía
global de mercado. Rosa Luxemburgo, la celebrada economista y
revolucionaria alemana, se percató de este mecanismo hace mucho
tiempo, viéndolo como un mecanismo necesario para restaurar la tasa de
beneficio en las economías metropolitanas. ¿Cómo? Ganando acceso al
trabajo barato; ganando mercados, aun si limitados, nuevos; ganando
nuevas fuentes de productos agrícolas y de materia primas baratos; y
creando nuevas áreas para inversión en infraestructura. La integración
se produce a través de la liberalización del comercio, removiendo los
obstáculos a la movilidad del capital y aboliendo las fronteras para
la inversión exterior.
China, ni que decir tiene, es el caso más destacado de un área
no-capitalista integrada en la economía capitalista global en los
últimos 25 años.
Para contrarrestar sus declinantes beneficios, un considerable número
de corporaciones empresariales situadas entre las primeras 500 del
ranquin de la revista Fortune han trasladado una parte significativa
de sus operaciones a China, a fin de aprovechar las ventajas del
llamado "precio chino" (las ventajas de costes derivadas de un trabajo
barato chino aparentemente inagotable). A mediados de la primera
década del siglo XXI, entre el 40 y el 50 por ciento de los beneficios
de las corporaciones estadounidenses dimanaban de sus operaciones y
ventas en el exterior, y señaladamente, en China.
¿Por qué la globalización no pudo superar la crisis?
El problema con esta vía de salida del estancamiento es que exacerba
el problema de la sobreproducción, porque añade capacidad productiva.
La China de los últimos 25 años ha venido a añadir un volumen tremendo
de capacidad manufacturera, lo que ha tenido por efecto deprimir los
precios y los beneficios. No por casualidad, los beneficios de las
corporaciones estadounidenses dejaron de crecer hacia 1997- De acuerdo
con un índice estadístico, las tasas de beneficios de las 500 de
Fortune pasó de 7,15 en 1960-69 a 5,30 en 1980-90, a 2,29 en 1990-99 y
a 1,32 n 2000-2002.
Dadas las limitadas ganancias obtenidas en punto a contener el impacto
depresivo de la sobreproducción, ya a través de la reestructuración
neoliberal, ya con la globalización, la tecera vía de salida resultó
vital para mantener y elevar la rentabilidad. La tecera vía es la
financiarización.
En el mundo ideal de la teoría económica neoclásica, el sistema
financiero es el mecanismo, merced al cual los ahorradores, o quienes
se hallan en posesión de fondos excedentes, se juntan con los
empresarios que tienen necesidad de sus fondos para invertir en
producción. En el mundo real del capitalismo tardío, con la inversión
en industria y en agricultura arrojando magros beneficios por causa de
la sobreproducción, grandes cantidades de fondos excedentes circulan y
son invertidas y reinvertidas en el sector financiero. Es decir, el
sistema financiero gira sobre sí mismo.
El resultado es que se ensancha el hiato abierto entre una economía
financiera hiperactiva y una economía real en estancamiento. Como bien
observa un ejecutivo financiero: "ha habido una creciente desconexión
entre la economía real y la economía financiera en estos últimos años.
La economía real ha crecido, pero nada comparable a la economía
financiera… hasta que estalló".
Lo que no nos dice este observador es que la desconexión entre la
economía real y la economía financiera no es accidental: que la
economía financiera se disparó precisamente para hacer frente al
estancamiento dimanante de la sobreproducción de la economía real.
¿Cuáles fueron los problemas de la financiarización como vía de salida?
El problema de invertir en operaciones del sector financiero es que
equivale a exprimir valor de valor ya creado. Puede crear beneficios,
de acuerdo, pero no crea nuevo valor –sólo la industria, la
agricultura, el comercio y los servicios crean valor nuevo—. Puesto
que los beneficios no se basan en la creación de valor nuevo o
añadido, las operaciones de inversión resultan extremadamente
volátiles, y los pecios de las acciones, las obligaciones y otras
formas de inversión pueden llegar a divergir radicalmente de su valor
real: por ejemplo, las acciones en empresas incipientes de Internet,
que se mantuvieron por un tiempo al alza, sostenidas principalmente
por valoraciones financieras en espiral, para luego desplomarse. Los
beneficios dependen, entonces, del aprovechamiento de las ventajas
orecidas por movimientos de precios que divergen al alza del valor de
las mercancías, para vender oportunamente antes de que la realidad
fuerce la "corrección" a la baja para ajustarse a los valores reales.
El alza radical de los precios de un activo, mucho más allá de los
valores reales, es lo que se llama la formación de una burbuja.
¿Por qué la financiarización es tan volátil?
Con la rentabilidad dependiendo de golpes especulativos, no resulta
sorprendente que el sector financiero vaya de burbuja en burbuja, o de
una manía especulativa a otra.
Puesto que está sostenido por una manía especulativa, el capitalismo
inducido financieramente no ha dejado de batir registros en materia de
crisis financieras desde que los mercados de capitales fueron
desregulados y liberalizados en los 80.
Antes de la actual debacle de Wall Street, las más explosivas fueron
la crisis financiera mexicana de 1994-95, la crisis financiera
asiática de 1997-1998, la crisis financiera rusa de 1996, el colapso
del mercado de valores de Wall Street de 2001 y el colapso financiero
argentino de 2002.
El antiguo secretario del Tesoro con Bill Clinton, un hombre de Wall
Street –Rober Rubin—, predijo hace cinco años que "las crisis
financieras futuras serán con casi toda seguridad inevitables, y
podrían llegar a ser hasta peores."
¿Cómo se forman, crecen y estallan las burbujas?
Sirvámonos, a modo de ejemplo, de la crisis financiera asiática de 1997-98.
* Primero: balanza de pagos y liberalización financiera impuestas por
el FMI y el Departamento noteamericano del Tesoro.
* Luego, entrada de fondos extranjeros en busca de rápida y elevada
rentabilidad, lo que significa que entraron en el Mercado inmobiliario
y en el Mercado de valores.
* Sobreinversión, lo que llevó al desplome de los precios en el
Mercado de valores y en el Mercado inmobiliario, lo que, a su vez,
condujo al pánico y a la coinsiguiente retiada de fondos: en 1997, en
unas pocas semanas 100 mil millones de dólares abandonaron las
economías del este asiático.
* Rescate de los especuladores extranjeros por parte del FMI.
* Colapso de la economía real: la recesión se extiende por todo el
Este asiático en 1998.
* A pesar de la desestabilización a gran escala, todos los intentos
realizados para imponer regulaciones nacionales o globales del
sistema financiero fueron rechazadas con razones puramente
ideológicas.
Volvamos a la presente burbuja. ¿Cómo se formó?
El actual colapso de Wall Street arraiga en la burbuja tecnológica de
fines de los 90, cuando el precio de las acciones de las empresas
incipientes en el mundo de Internet se disparó, para luego
desplomarse, resultando todo ello en la pérdida de activos por valor
de 7 billones de dólares y en la recesión de 2001-2002.
Las laxas políticas monetarias de la Rerserva Federal bajo Alan
Greenspan estimularon la burbuja tecnológica, y cuando está colapsó
dando paso a la recesión, Greenspan, tratando de prevenir una recesión
duradera, rebajó en junio de 2003 los tipos de interés a un nivel sin
precedentes en 45 años (al 1%), manteniéndolo en ese nivel durante más
de un año. Con eso lo que consiguió fue estimular la formación de otra
burbuja: la burbuja inmobiliaria.
En fecha tan temprana como 2002, economistas como Dean Baker, del
Center for Economic Policy Research, alertaron sobre la formación de
una burbuja inmobiliaria. Sin embargo, en fecha tan tardía como 2005
el entonces presidente del Consejo Económico de asesores de la
Presidencia de la nación y actual presidente de la Reserva Federal,
Bern Bernanke, atribuía el incremento de los precios de la vivienda en
EEUU a "unos fundamentos económicos robustos", y no a la actividad
especulativa. ¿A quién puede sorprender que el estallido de la crisis
subprime en verano de 2007 pillara a este hombrecito con la guardia
totalmente baja?
¿Y cómo creció?
Oigámoslo de boca de uno de los propios jugadores clave en los
mercados, de George Soros: "Las instituciones hipotecarias animaron a
los hipotecados a refinanciar sus hipotecas aprovechando la
revalorización experimentada entretanto por sus casas. Rebajaron sus
criterios de préstamo e introdujeron nuevos productos, como hipotecas
a interés variable, hipotecas que 'sólo servían intereses' y 'ofertas
promocionales' con tipos de interés para partirse de risa. Todo eso
animó a especular con la vivienda. Los precios de las casas comenzaron
a subir a un ritmo de dos dígitos. Eso sirvió para retroalimentar la
especulación, y el alza de los precios inmobiliarios consiguió que los
propietarios de casas se sintieran ricos; el resultado fue el boom
consumista que ha sostenido a la economía estos últimos años."
Observando las cosas más de cerca, se ve que la crisis hipotecaria no
resultó de una oferta superior a la demanda real. La "demanda" estaba,
por mucho, fabricada por la manía especulativa de promotores y
financieros empeñados en conseguir grandes beneficios a partir de su
acceso al dinero foráneo que inundó a los EEUU de la última década.
Ingentes volúmenes hipotecarios fueron agresivamente ofrecidos y
vendidos a millones de personas que, normalmente, no habrían podido
permitírselo ofreciéndoles unos tipos de interés ridículamente bajos,
ulteriormente ajustables para sacar más dinero de los propietarios de
casas.
¿Pero cómo pudieron las hipotecas subprime degenerar en un problema de
tales dimensiones?
Porque los activos pasaron entonces a ser "segurizados": quienes
habían generado las hipotecas, procedieron a amalgamarlas con otros
activos en complejos productos derivados llamados "obligaciones de
deuda colateralizada" (CDO, por sus siglas en inglés), lo cual resultó
relativamente fácil dado que trabajaban con diversos tipos de
intermediarios que, sabedores del riesgo, se deshacían de esos títulos
de valores lo más rápidamente posible, pasándolos a otros bancos e
inversores institucionales. Esas instituciones, a su vez, se deshacían
del producto, pasándolo a otros bancos y a instituciones financieras
foráneas.
Cuando aumentaron los tipos de interés de los préstamos subprime, de
las hipotecas variables y de otros préstamos inmobiliarios, el juego
tocó a su fin. Hay cerca de 6 millones de hipotecas subprime, el 40%
de las cuales entrarán en impago en los próximos dos años, según
estimaciones de Soros.
A los que hay que añadir otros 5 millones de impagos en los próximos 7
años, derivados de los tipos hipotecarios variables y de otros
"préstamos flexibles". Pero los títulos, cuyo valor se cuenta por
billones de dólares, ya se han infiltrado como un virus en el sistema
financiero global. El gigantesco sistema circulatorio del capitalismo
global ha sido fatalmente infectado.
¿Pero cómo pudieron los titanes de Wall Street desplomarse como un
castillo de naipes?
Lo que ocurrió con Lehman Brothers, Merrill Lynch, Fannie Mae, Freddie
Mac y Bear Stearns fue, simplemente, que las pérdidas representadas
por esos títulos tóxicos rebasaban por mucho sus reservas, lo que
condujo a su caída. Y más caerán, probablemente, cuando sus libros de
contabilidad, que en los que ahora esos títulos figuran en el Haber,
se corrijan para reflejar el actual valor de esos activos.
Y muchos otros les seguirán, a medida que vayan quedando expuestas
otras operaciones especulativas, como las centradas en las tarjetas de
crédito y en las diferentes variedades de seguros contra riesgos. AIG
cayó por causa de su gigantesca exposición en el área no-regulada de
los contratos de protección crediticia derivada (credit default
swaps), unos derivados financieros que permitían a los inversores
apostar dinero a la posibilidad de que las empresas no pudieran
devolver los préstamos.
Tales apuestas sobre impagos crediticios representan ahora un mercado
de 45 billones de dólares, un mercado, como dicho, que carece de toda
regulación. La ciclópea dimensión de los activos que podrían quedar
dañados en caso de que AIG colapsara fue lo que movió a Washington a
cambiar de idea e intervenir para rescatarlo, luego de haber dejado
caer a Lehman Brothers.
¿Qué pasará ahora?
Puede decirse sin avilantez que habrá más bancarrotas y más
nacionalizaciones e intervenciones públicas, desempeñando las
instituciones y los bancos extranjeros un papel auxiliar del gobierno
de los EEUU. Que el colapso de Wall Street irá a más y prolongará la
recesión norteamericana. Y que la recesión en EEUU se comunicará a
Asia y al resto del mundo, que sufrirá también una recesión, si no
algo peor. La razón de esto último es que el principal mercado
exterior de China son los EEUU y que China, a su vez, importa materias
primas y bienes intermedios –de los que se sirve para sus
exportaciones a los EEUU— de Japón, Corea y el Sudeste asiático. La
globalización ha hecho imposible el "desacoplamiento". Los EEUU, China
y el Este asiático andan ahora como tres prisioneros atados a una
misma cadena.
¿Y en suma?
El desplome de Wall Street no sólo se debe a la codicia y a la falta
de regulación estatal de un sector hiperactivo. El colapso de Wall
Street hunde sus raíces en la crisis de sobreproducción que ha sido la
plaga del capitalismo global desde mediados de los 70.
La financiarización de la inversión ha sido una de las vías de escape
para salir del estancamiento, siendo las otras dos la reestructuración
neoliberal y la globalización. Habiendo resultado de poco alivio la
reestructuración neoliberal y la globalización, la financiarización
pareció atractiva como mecanismo de restauración de la rentabilidad.
Pero lo que ahora ha quedado demostrado es que la financiarización es
una senda peligrosa que lleva a la formación de burbujas
especulativas, capaces de ofrecer una efímera prosperidad a unos
cuantos, pero que terminan en el colapso empresarial y en la recesión
de la economía real.
Las cuestiones clave son éstas: ¿Cuán profunda y duradera será esta
recesión? ¿Necesitará la economía de los EEUU generar otra burbuja
especulativa para salir de esta recesión? Y si tal es el caso, ¿dónde
se formará la siguiente burbuja? Algunos dicen que la próxima surgirá
en el complejo militar-industrial o en el "capitalismo del desastre"
sobre el que escribe Naomi Klein. Pero eso es harina de otro costal.
Walden Bello, profesor de ciencias políticas y sociales en la
Universidad de Filipinas (Manila), es miembro del Transnational
Institute de Amsterdam y presidente de Freedom from Debt Coalition,
así como analista senior en Focus on the Global South.
Traducción para www.sinpermiso.info: Ricardo Timón y Mínima Estrella
Focus on the Global South, 25 Septiembre 2008
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Néstor Gorojovsky
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