[R-P] [E. Lacolla] Crisis económica y realineamiento mundial
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Sab Oct 4 10:28:48 MDT 2008
Crisis económica y realineamiento mundial
Por Enrique Lacolla
La compleja catástrofe económica en Estados Unidos tiene un correlato
militar que convendría empezar a considerar en sus eventuales
consecuencias.
El quebranto de Wall Street tiene más de una lectura. Por un lado el
desastre pone en evidencia la locura del turbocapitalismo: esa forma
de especulación desenfrenada que mueve ingentes cantidades de dinero
virtual de una plaza a otra en cuestión de segundos, y que además
exige un mercado teóricamente libre y la derogación absoluta de los
controles y regulaciones estatales. Por otro, el crac de Wall Street
expone a la economía real –la vinculada a la producción de bienes y
servicios, y que provee el grueso de la mano de obra en el mundo
entero- a una crisis en el empleo y el crédito que repercutirá en el
ahorro privado y el nivel de vida de cientos de millones de personas,
cosa que a su vez derivaría en un acrecentamiento de las tensiones
sociales y en una serie de reordenamientos estratégicos a nivel
internacional, de los cuales no se sabe qué puede salir. Lo último,
pero no lo menos importante, es que la crisis brinda la oportunidad
para una nueva reconcentración capitalista que pronuncie el poder de
las entidades bancarias que conforman la Reserva Federal, y que tienen
una relación privilegiada con el Tesoro, el Ejecutivo y el Congreso de
Estados Unidos. Los contactos entre ellos son muchos y variados. De
las acciones de "salvataje" que emanan de las oficinas gubernamentales
en Washington se derivan hundimientos y alzas financieras que pueden
ser aprovechadas por quienes están más sólidamente posicionados en los
mercados y tienen más fuertes vínculos con el poder; el cual en
realidad es su agente y no hace otra cosa que ejecutar sus intereses.
Ello permite que estas fuerzas anónimas compren cuando baja el valor
de las cotizaciones y vendan cuando estas recuperan puntos al
reanimarse el mercado por una señal oficial. Como puede ser el "bail
out" por 700 mil millones de dólares anunciado por Bush y que tantas
dificultades tuvo para pasar en el Congreso.
De hecho, lo que el Tesoro y la Reserva Federal hacen es tomar el
salvataje de las entidades financieras y derivárselo a una red de
bancos privados que hacen su negocio con el proceso de compras y
fusiones. Es decir, que se trata de una "nacionalización" de la deuda
privada a pagar por los contribuyentes comunes.
Es imposible discernir las complejidades de este juego de masacre. Uno
tan sólo puede constatar que a través de él se sigue verificando el
cumplimiento de la regla de hierro que comanda el sistema capitalista:
la maximización de la ganancia, cueste lo que cueste y caiga quien
caiga. Y esa regla nos llevará a un incremento de las tensiones
mundiales que sólo podría ser repelida por unas acciones de masa
provistas de directivas políticas claras. Cosa que resulta improbable
porque no hay dirigencias importantes que aparezcan comprometidas con
un cambio en profundidad y ello determina que los pueblos estén sin
brújula, sumidos en un universo mediático que los atonta y en el cual
pueden encontrar, a lo sumo, alimentos para incrementar su cólera,
pero poca o ninguna alternativa para orientarla creativamente.
Pero por esto mismo la inquietud cunde en la administración
norteamericana. Las razones dadas sobre el retorno de la primera
brigada de combate de la 3ra. División, de servicio en Irak, en el
sentido de que será desplegada en Estados Unidos en el caso de ataques
terroristas que siembren pánico en la población y obliguen a tomar
medidas de control que contengan a las multitudes, no convencen a
nadie y hacen presumir más bien que esa disposición de las autoridades
apunta a estar en condiciones de lidiar con posibles tumultos civiles
derivados del colapso financiero y su seguro impacto en la caída del
empleo y de los fondos de pensión.
Es probable que el paracaídas monetario que la administración lanzó al
mercado y que in extremis sorteó los obstáculos con que chocaba en el
Congreso, más los esfuerzos que puedan cumplir los bancos europeos
para asegurar sus plazas, permitan acotar los efectos inmediatos de la
crisis. Pero esta va seguir, y las disposiciones tomadas son
impopulares tanto entre los habitantes de Estados Unidos como entre
los de la Unión Europea. Y lo serán cada vez más a medida que se
incrementen la contracción del crédito y la disminución del consumo.
La fractura de poder unipolar y sus posibles consecuencias
La loca carrera para apropiarse de la riqueza a través de la
manipulación financiera es el motor que explica la crisis actual. Es
la razón del torbellino económico y de la devastación social. En ella
la guerra juega un papel importante. Guerra y globalización van de la
mano ¿O acaso el 11 de septiembre no suministró el pretexto que
Estados Unidos necesitaba para lanzarse a concretar su proyecto
hegemónico? Aunque este, día a día, se enfrenta a mayores
dificultades. La debacle económica tal vez marca el final del mundo
unipolar, pero va a acarrear consecuencias que no serán fáciles de
afrontar. El hecho de que se vaya a una multiplicación de las fuentes
de poder en vez de al predominio de una sola de ellas, es positivo, en
la medida que limita la capacidad de Estados Unidos para seguir
expandiendo su gasto militar en gran escala; pero, por otra parte,
también implica que otras superpotencias emergentes ingresarán a
disputar el control de áreas geográficas, materias estratégicas y
mercados.
En medio de este desquicio, Rusia despunta de nuevo como el gran poder
que fuera hasta hace poco. Con sus finanzas en orden como consecuencia
de la regulación estatal, con un poderío militar acrecentado y con las
serias advertencias que lanzara en los últimos tiempos por los
intentos de la OTAN de cercarla y reducirla a poco más que una
potencia asiática, puede hacer valer el dato nada menor de que dispone
de la llave que cierra y abre la traslación de energía –en forma de
petróleo y gas- a una Europa necesitada de esta.
Conviene echar un vistazo a la nueva configuración política mundial
que puede estarse gestando, aunque nos haría falta un mapa para
expresarla de manera bien inteligible. Si vemos el proceso actual con
los ojos de la historia del siglo XX, observaremos que la situación de
Europa occidental, con Alemania como fuerza centrípeta, está volviendo
al juego pendular que tenía a Rusia y a las potencias anglosajonas
como referentes contrastantes de atracción. En la teoría geopolítica
de Halford Mackinder, la Región Cardial o Isla Mundial (Rusia, Asia
central y China) es la que podría predominar en el mundo si gana o
arrebata a los países del "Creciente exterior" (el hemisferio
occidental e Inglaterra), la adhesión de los países del "Creciente
interior" (el Asia Menor y Europa occidental). Este juego ya costó dos
guerras mundiales, más allá de los datos específicos que
caracterizaron a cada una de ellas. La Unión Europea podría estar
asomándose así a un dilema como el encarnado, por ejemplo, en el pacto
Hitler-Stalin, si dejamos de lado a las personalidades en juego y a
las comparaciones ideológicas y nos ceñimos a los datos crudos de las
políticas de poder.
Estas ecuaciones pueden parecer inverosímiles, pero sólo si no vemos a
la historia como una continuidad. Así como, se me permite la
digresión, también hay una continuidad lamentable entre nosotros,
donde por estos días nos volvemos a encontrar con el sabotaje urdido
por la coalición de estancieros y chacareros –el "partido del campo"-,
que quiere reducir al país a sus estrechos intereses de grupo, al
pretender una maximización de sus beneficios absolutamente
desproporcional a su peso económico y demográfico. Pero este es otro
tema.
(www.enriquelacolla.com)
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Néstor Gorojovsky
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