[R-P] Aldo Ferrer teme el retorno de políticas de sometimiento financiero

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Vie Oct 3 13:54:53 MDT 2008


Aldo Ferrer: "No hay que volver a las políticas del fracaso"

La crisis económica y la advertencia del padre del modelo K. El autor
de "Vivir con lo nuestro" analiza las consecuencias del crack en Wall
Street. Resalta los logros de la gestión kirchnerista pero reclama
mayor coherencia entre acción y discurso. Y alerta: "Espero que el
pago a los holdouts no derive en un retroceso en el modelo."
Por Adrián Murano

Aldo Ferrer se pasó la vida pregonando una idea que lo convirtió en
best seller: "Vivir con lo nuestro". Considerado por sus pares como
uno de los economistas argentinos de mayor prestigio, Ferrer –que fue
ministro de economía, director en la banca oficial y asesor de varios
gobiernos– está sorprendido por la vigencia de aquel trabajo.

Hace 25 años que me preguntan sobre ese libro, sobre su título, y la
verdad es que sólo en la Argentina podría haberse publicado un trabajo
así –reflexiona–. En cualquier otro país desarrollado del mundo, me
hubiesen echado a patadas de las editoriales. Los editores me hubiesen
dicho: 'Pero esto es obvio, claro que hay que vivir con lo nuestro,
sino de qué vamos a vivir?'"

Ferrer sabe, sin embargo, que su título-consejo no es una obviedad
para un país que en los últimos cincuenta años se mostró más proclive
a importar dogmas foráneos que a asentar modelos autóctonos. "Es esa
vieja idea de que los de afuera nos van a salvar, ya sea con
inversiones, consensos o consejos", resume Ferrer, y da pelea.
Incansable. A los ochenta, el economista cuyas ideas inspiraron el
modelo económico de la era K está convencido de que la pelea recién
empieza.

En los '90, como creador del Grupo Fénix, le dio batalla a la ola
neoliberal que arrasó a la Argentina y la llevó a la agonía. Ahora
observa cómo ese "enemigo" besa la lona en el corazón mismo de su
matriz, Wall Street. Pero eso no lo tranquiliza: "Esta es una crisis
de la economía del dinero, pero la economía real sigue con los
problemas de siempre. Hay que estar atentos, porque todavía hay
quienes insisten en que la Argentina debe integrarse a ese mundo que
se está desmoronando", advierte en esta entrevista, como lo viene
haciendo desde las páginas del Buenos Aires Económico, donde ejerce
como Director Editorial.

–¿Cómo afectará esta crisis a la Argentina?

–La crisis del 2001/2002 marca un punto de inflexión en la historia
económica argentina porque en ese momento se desplomó toda la
estrategia neoliberal fundada en el financiamiento externo, la
inversión extranjera, la apertura indiscriminada a las finanzas
internacionales, la privatización de los principales activos del país,
públicos y privados, y extranjerización. Esa estrategia provocó el
derrumbe de la economía, un desorden espectacular.

El cambio de circunstancia, que en sí mismo fue provocado por el
default, implicó una caída de importaciones que permitió acumular
fuertes reservas, la pesificación del sistema monetario, la
recuperación de la autoridad monetaria, el ajuste cambiario que
reestableció la competitividad de la producción argentina, y un
aumento del nivel de actividad a tal punto de que hoy el Producto
Bruto Interno en la Argentina es sesenta por ciento más alto de lo que
fue en el 2002, y la tasa de inversión, la relación entre la inversión
y el producto interno, pasó del once o doce por ciento al veinticuatro
por ciento en la actualidad.

Todo esto se hizo con ahorro argentino, demostrando que la Argentina
tiene realmente un potencial considerable. El hecho de que el país
haya salido de esta crisis con recursos propios, controlando su
endeudamiento, sin apelar al crédito internacional, le ha permitido
enfrentar esta turbulencia internacional con relativa comodidad,
porque la verdad es que todos los problemas que hemos tenido en los
últimos meses no son consecuencia de los acontecimientos
internacionales, sino más bien de los problemas internos, el tema del
campo, el tema del Indec, el tema de la inflación, la supuesta crisis
energética que nunca se verificó. Son todos problemas internos.

Frente al mundo, la Argentina demostró que, parada en sus propios
recursos, está capacitada para pagar la deuda pendiente con ahorro
nacional. Las evidencias son que frente a los compromisos de deuda del
año que viene y del 2010, a menos que se produzca la alteración de la
política en sentido negativo, el país tiene los recursos para hacerse
cargo. No hace falta tocar el modelo.

–¿Cómo sería esa "alteración de la política en sentido negativo"?

–Aún existen problemas fundamentales como el desempleo, la fractura en
el mercado de trabajo, la desigualdad social, la pobreza, que sigue
siendo un dato grave de la realidad argentina y que debe enfrentarse.
Todos estos problemas son anteriores a esta crisis, y son consecuencia
de las pasadas políticas de subordinación a los mercados
internacionales, al mundo del dinero y de las finanzas
internacionales.

Cuando el país se alineó con los países más exitosos como los de Asia,
que crecen sobre la base de su ahorro interno, cuando se alineó con
esas estrategias realistas de vivir con lo nuestro, el resultado fue
realmente notable. Entonces respecto del futuro yo diría que en la
medida en que el país consolide estos ejes de política económica que
fueron tan exitosos, lo que cabe esperar es que la economía conserve
un impulso de crecimiento.

Pero ahora se abre una serie de interrogantes al futuro, el riesgo,
por ejemplo, de que con la apertura de esta operación con los
"holdouts" se reinstale el debate económico sobre el financiamiento
externo como una condición necesaria para mantener la solvencia del
país y para financiar el desarrollo. Eso sería un gran error, porque
sería ocuparse de lo marginal y desatender lo fundamental, que es
generar los instrumentos adecuados para canalizar el importante ahorro
argentino a los fines del desarrollo. Espero que el pago a los
"holdouts" no sea un retroceso del modelo.

–¿O sea que, en este contexto, evalúa como riesgoso el pago a los holdouts?

–Corremos el riesgo de volver a poner en el centro del escenario lo
que tiene que ser complementario y accesorio, que es el financiamiento
externo, y no ocuparnos de lo fundamental, insisto, que es movilizar
el ahorro nacional.

Por el otro lado, si este proceso se da en un sendero de apreciación
del tipo de cambio, con una inflación que no fue frenada por la
apreciación del tipo de cambio, que fue considerable en los últimos
dos años, se van a ir achicando los espacios de rentabilidad y
necesariamente se van a ir planteando a mediano plazo otra vez
desequilibrios en los pagos internacionales, incluso una
desaceleración de la tasa de crecimiento y de la tasa de inversión,
que en definitiva van a reducir la capacidad contributiva de la
población e ir generando algunos problemas en el financiamiento
público. Así que yo diría que hasta ahora hemos sido muy exitosos.

Hay que tratar de consolidar las políticas que hicieron eso posible y
estar muy atentos. No hay que volver a las políticas que nos llevaron
al fracaso.

–¿Observa una intención de hacer esa rectificación en el modelo, es
decir, de privilegiar el regreso al mercado internacional de
capitales?

–Mire, tengo la impresión de que la Argentina, por razones de la
debilidad de lo que yo llamo la densidad nacional, ha cultivado en un
sector de la opinión la idea de que el país no tiene recursos, que es
un país de bajo potencial, que solo puede crecer sobre la base del
financiamiento externo y la apertura incondicional a los mercados
internacionales y a la subordinación de los criterios que son los
mismos que han llevado a la crisis mundial ahora.

Hay una cierta visión que se arrastra a lo largo del tiempo con esta
idea de la impotencia Argentina, que además es instrumentada por
intereses ligados a un modelo dependiente de inserción internacional.
Y cuesta mucho, le ha costado mucho a la Argentina, construir modelos
alternativos.

Lo ha hecho en algunos momentos y lo ha hecho claramente después del
2002 cuando el país se dedicó a poner la casa en orden, a recomponer
la gobernabilidad de la economía sobre la base del superávit en el
presupuesto y en el balance de pagos, fortalecer las reservas del
Banco Central y aumentar la inversión interna. Y esto provocó un
resultado espectacular.

Entonces, estas viejas imágenes del pasado, sumado a una serie de
tensiones que se arman en el escenario político por razones tal vez
propias de la inmadurez de nuestro sistema –el conflicto del campo, el
tema del Indec–, se inserta toda esta idea que prevaleció en los
últimos tiempos de que la Argentina iba a tener dificultades para
cumplir con sus compromisos externos, lo cual es una falsedad
absoluta, porque todos los números indican que el país tiene recursos
para cumplir con los vencimientos del 2009 y 2010. Por lo tanto no hay
ninguna perspectiva de default, a menos que nos volvamos todos locos y
hagamos disparates.

–El Gobierno, sin embargo, dio señales claras de que tiene intenciones
de retornar a los mercados internacionales…

–Eso es lo que tenemos que ver. En Nueva York la Presidenta ponderó
los logros de este modelo de crecimiento, la defensa de la industria,
el trabajo argentino… Ese fue el mensaje, aunque hay que poner las
acciones concretas a la altura del mensaje. Espero que primen las
ideas sensatas fundadas en la experiencia y, repito, no poner el carro
delante del caballo suponiendo que otra vez el financiamiento depende
del crédito externo, de la inversión extranjera, ignorando que la
fuente fundamental de la acumulación, aquí y en todos los países que
crecen, es siempre el ahorro interno.

Por eso digo: los noventa nos llevaron al fracaso. Tenemos que
abrirnos al mundo, integrarnos al mundo, pero en el comando de nuestro
propio destino, y eso significa, en primer lugar, vivir con lo
nuestro.

–¿Por qué nos cuesta establecer un modelo de desarrollo?

–Insistimos en ir al fracaso frente al éxito. Es decir, en muchas
oportunidades nosotros tuvimos la posibilidad de desplegar un
desarrollo de todo el campo, de toda la industria, de todas las
regiones y fracasamos por razones políticas, por divisiones en la
sociedad argentina, por haber tomado malas decisiones.

–Nos creamos nuestros propios ciclos.

–Exacto, y creo que por eso es tan importante debatir estos temas con
profundidad. La presidenta anunció que esta operación de los holdouts
tiene que ser tratada por el Congreso. Es la ocasión para generar un
gran debate político.

Yo he propuesto la necesidad impostergable de crear un consejo
económico social con la participación de los sectores de la
producción, del trabajo y de la inteligencia argentina, por ejemplo,
las universidades, para elevar el nivel del debate y de la
participación. Propuse también crear un consejo de asesores económicos
de la presidencia, como hay en Estados Unidos, que es un organismo de
alto nivel que enriquece la calidad del debate.

–¿Qué respuesta tuvo?

–No lo sé. Lo escribí, lo publiqué, no he escuchado ninguna reacción,
pero creo que son temas que están pendientes. La presidenta dijo en su
discurso inaugural que era necesario mejorar la calidad institucional
de la república, y esto es claramente cierto.

–A propósito de su propuesta, hace un tiempo se lo mencionó como
posible integrante de un consejo de notables que le devolviera
credibilidad al Indec…

–Yo no sé de dónde salió eso, pero nadie me llamó. Ahora, mire como
son las cosas: esto del Indec se parece un poco al tema este de los
"holdouts", en el sentido de que corremos el riesgo de discutir lo
accesorio y no lo principal. En el Indec ya hemos pagado ese riesgo al
discutir la medición de los precios en vez de discutir el aumento de
los precios. Es como si discutiéramos el termómetro en vez de discutir
la fiebre.

Lo que ha pasado, entonces, es que se ha creado un imaginario de
incredulidad cuyo único antídoto es devolverle al instituto toda la
autonomía necesaria para que sea absolutamente incuestionable. Hay
buena gente en el Indec, buena gente fuera del Indec, en las
universidades, se puede elegir los mejores técnicos por concurso,
darle toda la autonomía necesaria, y entonces que nadie cuestione la
objetividad de los índices.

–¿Qué se requiere para fundar un modelo a mediano y largo plazo?

–Liderazgos nacionales, estabilidad institucional y pensamiento
crítico constituyen lo que yo llamo la densidad nacional de un país.
Cuanto más fuerte es la densidad nacional más exitoso es el desarrollo
y la calidad de las políticas. En esos terrenos hemos tenido y
seguimos teniendo debilidades muy serias.

Fracturas fuertes en la cohesión social, liderazgos que acumulan
poder, muchos de ellos, como comisionistas de intereses
transnacionales, inestabilidad institucional y predominio del
pensamiento alienado que viene de los centros de poder mundial, como
fue en su tiempo el libre cambio y como fue en la actualidad el
consenso de Washington.

El éxito de estos últimos años ocurrió porque de alguna manera se
fortaleció la densidad nacional. Pero resulta que ahora corremos el
riesgo de volver a debilitar esa densidad nacional con la fantasía de
que hay que retornar a los mercados y que de esa manera va a haber
recursos para la inversión, lo cual es incompatible con la evidencia
histórica.

–¿La crisis de Wall Street implica una crisis del capitalismo?

–Esto es una crisis del mundo del dinero, no de la producción, de la
inversión y del trabajo. Ese es el mundo real, y ahí sigue habiendo
grandes desigualdades. Esta crisis del mundo del dinero va a quedar
encapsulada esencialmente en la esfera del dinero y creo que antes de
fin de año es probable que se le haya puesto un piso.

Y vamos a estar subsistiendo con los otros problemas del mundo real
que estaban planteados desde antes. Ese es el mundo al cual deberemos
integrarnos como ejemplo y, a la vez, como proyecto de país.

Veintitrés

www.elortiba.org

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Néstor Gorojovsky
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