[R-P] Un articulazo!!!

carola chavez tongorocho en gmail.com
Mie Oct 1 18:12:44 MDT 2008


Corregir y consolidar el proceso para fortalecer el apoyo popular
Construir ciudadanía

Aram Aharonian
Suramericapress



Si lo que se desea es un proceso político dirigido a enfrentar el
capitalismo y sus valores es necesario marchar con la ciudadanía,
ganarse a la mayoría. Excusarse en que la población no está
suficientemente madura es ignorar que la educación, la cultura, no
depende del pueblo sino del Estado, pero también del capital privado,
de la televisión y los otros medios de comunicación, y de la Iglesia
católica, que son los que han montado esos patrones de conducta.

La población estuvo preparada para tomar las calles en abril de 2003,
pero este proceso que sin lugar a dudas tuvo un impulso popular muy
grande –quizá hasta el 2005-, con actividad de calle, de masa, fue
perdiendo fuerza. El movimiento revolucionario se fue burocratizando,
paternalizando.

Y, las grandes mayorías, convertidas en sujetos de la política, fueron
frenadas, alejadas de la participación y el protagonismo, que fue
reemplazado, al decir de Vladimir Acosta, por una teresacarreñización
del proceso. A ello hay que sumar la insistencia del tema del
magnicidio posible, que ha logrado alejar al Presidente de las masas,
rodearlo de cinco anillos de seguridad, lejos, lejos del pueblo y sus
problemas.

La democracia participativa y protagónica -que venimos recitando desde
hace unos años-, el socialismo, se construyen desde abajo, día a día,
y no se decretan. En nombre de una supuesta mayor eficiencia no hay
decisiones colectivas, no se consulta con la ciudadanía, con los
cuadros medios, con el (los) partido (s).

Si a este cuadro le sumamos corrupción, burocratismo, ineficiencia,
desatención de problemas cotidianos que son fundamentales (seguridad,
abastecimientos, empleo, basura), no es difícil que se vaya generando
descontento, escepticismo, frustración e incluso rechazo. Situación
que se ve agravada por el bombardeo permanente de los medios
comerciales de comunicación que invadieron incluso los lugares de ocio
de la ciudadanía, las salas de las casas.

Y en materia de formación no se puede olvidar a la Iglesia católica,
que sigue insuflando a los niños, incluso desde la etapa preescolar,
de los mitos que forman la religión, con un pensamiento (único) dócil.
Niños que van a la escuela donde reciben los valores de capitalismo y
regresan a su casa, donde la televisión se encarga del resto. Estamos
hablando de adoctrinamiento ideológico. El único muerto seguro es el
que está tres metros bajo tierra, suelen decir en mis pagos. Cuando la
oposición estaba destruida, fue el propio gobierno con ingenuidad que
le dio beligerancia al poner en marcha el referendo por la reforma
constitucional. Previamente, se había lanzado la campaña por los
(matemáticamente inalcanzables) 10 millones de votos en las elecciones
presidenciales de 2006, sobre un universo de poco más de 14 millones
de electores. El triunfo fue rotundo, pero con poco más de siete
millones.

Y entonces a alguien se le ocurrió denunciar que en Venezuela había
cuatro millones de oligarcas… para lo que el país debiera tener 500
millones de habitantes. Lo que sí había eran varios millones de
personas manipuladas por una excelente campaña publicitaria de la
oposición. Demasiado triunfalismo oficialista y demasiada
subestimación de la oposición.

Y hay confusión: la dirección de la oposición no son esos dinosaurios
políticos ni esos pichones de fascistas que salen a hacer el circo
mediático: la verdadera dirección está en el norte, desde donde se
digitan seudo dirigentes, medios de comunicación, estrategias. Lo que
está en juego no son escaños parlamentarios sino el poder. Porque si
una vez apelaron al golpe de estado, hoy se sienten con posibilidades
de hacerlo sin bayonetas, pero con el arsenal de los medios, que
potencian el descontento de los sectores populares ante la ineficacia,
la ineficiencia, el burocratismo y la corrupción.

La amnistía otorgada después de la reelección puede leerse tanto como
un gesto magnánimo en la victoria o una prueba de debilidad, a
concesión, en un país donde la impunidad sigue imperando. El pueblo
bolivariano es el que ha sufrido en carne propia los delitos de estos
fascistas, saboteadores antinacionales, y resiente esa decisión.

Hacen falta líneas políticas, más allá de las que domingo a domingo
traza el Presidente, que también tiene derecho a equivocarse, sobre
todo cuando no es informado debida y verazmente sobre lo que acontece
en el país, en las misiones, en los ministerios. La línea política no
puede ser reemplazada por consignas y no es lo mismo política
comunicacional que campaña publicitaria.

Nuestros dirigentes debieran saber dónde está la izquierda y la
derecha, cuál es la línea política interior y exterior de este
proceso, y no esperar que sea el Presidente quien deba recordar o
marcársela oportunamente. Para enfrentar el paradigma imperialista del
fin de las ideologías se llama al fin de los partidos dentro del
espectro bolivariano. Y aparecen "socialistas" por doquier. Hoy se
admite que puede haber varios partidos y que tendría que haber un
Frente Amplio o Polo Patriótico.

"Un proceso revolucionario supone mucha gente y mientras mas gente
mejor. Supone que haya posiciones distintas e intereses de clases
también distintos. Lo que tiene que tener es una línea política
discutida, la aceptación de un liderazgo compartido y colectivo, pero
claramente en la persona del Presidente, una línea política debatida y
una praxis que vaya en esa dirección", dice Vladimir Acosta.

Y el partido "unido" no puede repetir la estructura clásica del modelo
leninista impositivo de arriba hacia abajo y del centro hacia afuera
(que aplicaron desde el PCV hasta AD y COPEI), porque eso destruiría
quizá las fuerzas vivas, lo más hermoso e importante de este proceso,
que es la participación popular. No puede ser que un cogollo elabore
una línea política que deben cumplir los demás. La línea política debe
ser una creación colectiva, que se reaprende a diario. El partido debe
ser horizontal, para recibir y nutrirse de la opinión y la
participación de la ciudadanía, que es la que realmente sabe lo que
pasa en cada comunidad y en la gran comunidad.

En el 2002, la vanguardia la tenía la gente en la calle. Pero sin
dudas, ese frenazo a la participación y el protagonismo populares
sirvió para el ascenso de posiciones conservadoras, de la derecha
dentro del bolivarianismo. Hoy los sectores moderados, conservadores
–e incluso arrevolucionarios- son los que tienen mayor peso. Y por eso
la esperanza está allí, donde está la gente, la ciudadanía, el pueblo,
que no puede ser acusada ni de contrarrevolucionaria ni de traidora
por burócratas ineficientes anquilosados en las estructuras del poder.

El triunfo del proceso bolivariano no sólo es importante para
Venezuela, sino para toda América latina. La esperanza del continente
está centrada en los avances de este proceso. El problema no es que
haya sectores moderados, sino que éstos han obtenido ventajas
económicas, que los llevan a ocuparse de otros intereses, sin
intención alguna de seguir avanzando. Son quienes hablan de acuerdos
con la oposición, de combatir a los radicales del proceso.

La derecha no comparte el poder con nadie, lo quiere para ella sola.
Todos los muertos de este proceso los ha puesto el pueblo. Dentro del
gabinete presidencial hay gente que no cree que la tarea sea
consolidar para seguir avanzando, sino que se trata de pedir una
tregua a la derecha para corregir los errores y estabilizar el
gobierno. Hay dos posibilidades: se trata de ingenuidad, de creer que
la derecha es idiota; o de entreguismo. Se trata de corregir, de
consolidar algunos procesos que están haciendo agua para fortalecer el
apoyo popular, para seguir hacia delante, de forma más sólida.

Sectores populares denuncian que Polar y Cargill, los mismos grupos
que desabastecieron el país durante el sabotaje petrolero, hoy son
abastecedores de Mercal, con mercaditos desabastecidos por la
ineficiencia y la corrupción administrativa. Mercal fue una respuesta
excelente para terminar con las roscas y garantizar al abastecimiento
alimentario.

El proceso bolivariano está viviendo una situación parecida a la del
2002 y el camino no debiera ser el de la conciliación para tratar de
fortalecerse, porque significaría la capitulación. El movimiento
popular –al que se ha querido descalificar y desarticular y que acaba
de dar una nueva lección en las elecciones internas del PSUV- debe
tener suficiente fuerza para salir a la calle, porque es la única
esperanza de que el proceso siga adelante (lo que algunos burócratas
llaman radicalización), para lograr una Venezuela soberana, con
justicia social, digna, con el liderazgo del presidente Hugo Chávez a
la cabeza de una línea política clara, compartida, comprometida con
las luchas populares.

Vale la pena recordar una frase del Che: para ser revolucionario hay
que haber hecho la Revolución.


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