[R-P] /M. Husson/ Adonde va la crisis?
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Mie Nov 19 18:26:47 MST 2008
/Excelente y descarnado análisis que reenviamos por gentileza de
Gustavo Batistoni. Es particularmente sólida la argumentación que
desmonta la ilusoria separación entre un capitalismo "malo",
financiero, y un capitalismo "bueno", industrial. El sector financiero
no es un reducto de usureros malévolos y parasitarios (aún cuando en
efecto los financistas privados son, esencialmente, eso) sino un
sector objetivamente imprescindible en cualquier economía capitalista.
El problema está, entonces, en saber si este verdadero "servicio
público" puede quedar en manos privadas. Por supuesto que en un país
donde la ideología imperialista del libreempresismo ha llevado incluso
a sectores del campo nacional -incluso a sectores de la izquierda del
campo nacional- a doblegarse ante el criterio de que los servicios
públicos más "clásicos" pueden ser campo de acción del capital
privado, el problema es más profundo todavía. Pero la lógica es de
acero: la obra sobre la moneda y el crédito de Mariano Fragueiro es,
quizás, el aporte de un economista argentino que más habría que
difundir hoy./
¿Adonde va la crisis?
Michel Husson.
Frente al seísmo actual y al delirio de los mercados, un poco de
perspectiva es necesaria para comprender las raíces sociales de la
crisis. Es tanto más necesaria si se tiene en cuenta que las
consecuencias sociales de la recesión que viene son considerables.
Una crisis con varios niveles
La crisis actual no es sólo una crisis financiera. Combina diferentes
elementos que hay que tomar en su totalidad para comprender su
profundidad. Para ir a lo esencial, es una crisis que afecta a los
fundamentos mismos del capitalismo. Todo comienza con el gran giro de
los años 1980, marcado en el interior de cada gran país capitalista
por una degradación de la correlación de fuerzas entre capital y
trabajo en detrimento de los asalariados. Se pone en pie un nuevo modo
de reparto, apoyado en la baja tendencial de la parte de las riquezas
producidas que van a los asalariados /1. La tasa de ganancia se
restablece pero no conduce a un aumento comparable a la tasa de
acumulación /2. Dicho de otra forma, la parte de la ganancia no
invertida aumenta y engendra un flujo permanente de "capitales libres"
que toman la forma de activos financieros a la búsqueda de una
rentabilidad máxima.
La mundialización ha reforzado este proceso: la libertad de
circulación de los capitales, la desreglamentación bancaria, el
recurso a las deslocalizaciones, han permitido agravar la presión
sobre los salarios. Reivindicando una hiperrentabilidad máxima, los
mercados financieros imponen sus criterios y reducen los proyectos de
inversión considerados como suficientemente rentables.
Una primera interpretación consiste en distinguir el "buen"
capitalismo productivo del "mal" capitalismo financiero. Los mercados
financieros son entonces presentados como un parásito, una
excrecencia, que bastaría con eliminar o "regular" para volver a un
funcionamiento "normal" del capitalismo. Pensamos, al contrario, que
el capitalismo contemporáneo es un "puro capitalismo" en el sentido de
que los mercados financieros no son una distorsión sino, al contrario,
el medio para que funcione plenamente según sus propios criterios: la
esencia del capitalismo sigue siendo la búsqueda de un beneficio
máximo que pasa por la explotación de los trabajadores y ha tenido
siempre como vocación extenderse al conjunto del mundo. Pero el rey
está desnudo: el capitalismo prefiere no responder a las necesidades
sociales insuficientemente rentables más que arriesgarse a la bajada
dfe la tasa de ganancia.
La crisis financiera resulta en el fondo de una reivindicación
imposible del capital: obtener para el conjunto de los capitales
invertidos una rentabilidad en línea con los rendimientos que los
activos financieros procuran en ciertos segmentos. Pero la ley del
valor interviene periódicamente para recordar que el volumen de las
riquezas producidas está limitado por la extracción de plusvalía, en
definitiva, que no se pueden distribuir más riquezas que las que se
producen. Los activos financieros no son en el fondo más que derechos
de giro sobre la plusvalía. Su valor nominal es en cierto sentido
virtual pues solo cuenta la prueba de su conversión en bienes reales,
lo que parafraseando a Marx, se podría llamar el gran salto mortal del
mundo del capital ficticio al de la mercancía.
Todo esto no tiene nada de abstracto y corresponde a la experiencia
que han conocido ya y pueden conocer de nuevo los asalariados cuyas
jubilaciones dependen del destino de los fondos de pensiones. Para
ellos, el salto mortal se produce cuando hacen valer sus derechos a la
jubilación y descubren que su nivel real depende de las cotizaciones
en Bolsa del día. Un análisis reciente nos enseña así que durante los
últimos quince meses, la crisis financiera ha ocasionado en los
Estados Unidos una pérdida de 2.000 millardos de dólares para los
fondos de pensiones /3.
Políticas neoliberales y "técnicas" financieras
Para que la burbuja pueda tomar su auge, los capitales disponibles no
bastan; es preciso también que la reglamentación no constituya un
obstáculo. Sin embargo, ha sido burlada por decisiones de orden
político y por la puesta en marcha de sofisticadas innovaciones
financieras y de prácticas cada vez más opacas. Se puede citar el
"apalancamiento" que permite multiplicar la suma de la que dispone una
institución financiera inicialmente. Los productos derivados permiten
operaciones complicadas de compra y de venta a medio plazo. Los bancos
pueden desprenderse de sus créditos dudosos colocándolos con otros en
una especie de estuche-sorpresa que puede luego ser vendido bajo la
forma de título (de ahí el término de titulización). El riesgo ligado
a los diferentes créditos se pone a circular y no forma ya parte del
balance, escapando así a las reglas prudenciales que imponen una
cierta proporción de fondos propios.
La crisis de las subprimas ha estallado en un segmento relativamente
estrecho, el de los préstamos concedidos a familias pobres y
garantizados por la casa que compraban. Estos contratos eran
verdaderas estafas puesto que los bancos sabían pertinentemente que no
serían devueltos. Pero la titulización permitía librarse de ellos. El
cambio de signo del mercado inmobiliario ha coincidido con las
primeras quiebras de familias: la venta de las casas hipotecadas con
esos créditos podridos no era ya posible, de ahí un precio que no
cubría ya el crédito inicial. La crisis inmobiliaria ha desencadenado
a continuación una reacción en cadena: los bancos han descubierto sus
pérdidas una tras otra, se han visto progresivamente incapaces de
obtener nuevas fuentes de financiación para cubrir estas pérdidas.
Para frenar una serie de quiebras en cascada, los Bancos centrales y
los gobiernos han inyectado dinero o "nacionalizado" una parte de los
bancos.
Una crisis mundial
Desreglamentación, mundialización y financiarización van parejas. Lo
que hay de nuevo en la fase actual de la mundialización, es que
concierne a la producción que se hace a caballo de varios países o
continentes y que pone directamente en competencia a los asalariados
del mundo entero. Esto supone una libertad total de circulación de los
capitales uno de cuyos aspectos es la desreglamentación que les
permite efectivamente ir y volver a su antojo. La financiarización
multiplica los efectos clásicos de la competencia permitiendo a los
capitales "libres" hacer presión para alcanzar la rentabilidad máxima.
Esta crisis es la primera que reviste un carácter mundial. Sin
embargo, ha nacido en el seno de la economía más poderosa y se puede
afirmar que marca el fin de un modelo. En efecto, desde al menos hace
quince años, el crecimiento de los Estados Unidos estaba fundado en
una tendencia al sobreconsumo financiada por el resto del mundo. En el
interior, la tasa de ahorro de las familias baja constantemente desde
hace un decenio y es hoy casi nulo. Este dinamismo del consumo estaba
además reforzado por el endeudamiento. De esta configuración resulta
el déficit comercial que se ha abierto en proporción con este
sobreconsumo. El modelo no podía mantenerse más que con la condición
de que el déficit fuera financiado por entradas de capitales
provenientes de los países con excedentes (países emergentes y/o
productores de petróleo) /4.
Se constata que el modelo estadounidense se base en una doble
imbricación de los mercados financieros y de la economía real. En el
interior, son el crédito hipotecario y el enriquecimiento patrimonial
los que han tirado del consumo; en el exterior, son los capitales
quienes lo han financiado. Este modelo no era sostenible, como lo
mostraban en los estados Unidos mismos economistas simplemente
lúcidos. No ha podido mantenerse tanto tiempo más que por una
verdadera huida hacia delante que explica la amplitud de la crisis
actual. La precedente fue el estallido de la "burbuja internet" en
2000. Choque considerable que fue amortiguado por un conjunto de
medidas, las principales de las cuales fueron el aumento de los gastos
militares y la bajada del dólar. De una cierta forma, los factores de
dominación política y militar de los Estados Unidos venían a sustituir
a un dominio estrictamente económico en declive.
Este modelo no puede ya funcionar, y no hay en el horizonte previsible
modelo de recambio. Una de las líneas de fuerza del período abierto
por la crisis es entonces la siguiente: a falta de poder reequilibrar
su modelo de crecimiento, los Estados Unidos van a intentar rebotar
sobre el resto del mundo los costes de una incierta transición. Es
sobre el curso del dólar donde van a cristalizarse las previsibles
tensiones, porque su bajada puede influir sobre la actividad económica
en Europa y desanimar el aflujo de capitales que sigue siendo
necesario. Es difícil precisar mejor los contornos de este "ajuste"
pero es seguro que la evolución económica mundial será en gran parte
determinada por las medidas tomadas en Estados Unidos para imponer al
resto del mundo los costes de la salvaguardia de su dominación.
La trayectoria de la crisis
El en el momento en que se escriben estas líneas (11 de octubre), la
situación es verdaderamente desastrosa, puesto que la caída de las
cotizaciones bursátiles no ha podido ser frenada por una amplia serie
de medidas y de tomas de posición sin precedentes: el plan Paulson ha
sido votado, se han inyectado sumas considerables, se han llevado a
cabo nacionalizaciones parciales, y los principales bancos centrales
han bajado su tasa de interés de forma coordinada medio punto. Que
todo esto se haya hecho no es fácil de explicar. Asistimos sin duda a
un pulso entre las autoridades y un cierto número de intervinientes
que quieren aún más bajo la forma de dinero fresco o la compra de sus
activos podridos. Algunos bancos apuestan probablemente por la
posibilidad de comprar otros a un precio aún más de saldo.
Pero el panorama general es el de un verdadero pánico que gana a los
dirigentes. Que Jean –Claude Trichet, el presidente del Banco Central
Europeo, haya podido dirigirse a los mercados diciéndoles "calmaos"
dice mucho sobre este estado de desconcierto que no es fingido. Pero
hay algo de racional en este pánico, es la intuición de que tras la
crisis financiera se dibuja una verdadera crisis económica. Es
probablemente el hecho de que la recesión ha tomado ya el relevo al
crash bursátil el que obstaculiza una salida de la crisis financiera
que se podía razonablemente esperar teniendo en cuenta la amplitud de
los diferentes planes de rescate.
El espectro de 1929 está reapareciendo. Hasta ahora, muchos
observadores podían con razón subrayar la diferencia con 1929: los
gobiernos y las autoridades financieras habían tomado esta vez la
medida de la crisis y su intervención impediría que se produjera el
mismo escenario que en 1929. No era falso, pero la incapacidad de
estas intervenciones para morder en la situación y para recuperar las
Bolsas conduce a cambiar de perspectiva.
Lo que está en adelante al orden del día, es la recesión económica sin
más. El FMI acaba de revisar a la baja sus previsiones /5: en 2009, el
crecimiento sería poco más o menos nulo (0,5%) en los países
desarrollados tras una fuerte ralentización en 2008 (1,5%). El
crecimiento mundial, sostenido por los países emergentes y en
desarrollo se ralentizaría al 3%. Para el FMI, "la recuperación no
está todavía a la vista" y no podrá ser sino "gradual cuando llegue".
Un tal escenario es cualitativamente el único que se puede adelantar.
Llegará un momento en que las Bolsas toquen fondo y comiencen a subir,
sin que se pueda decir hoy qué grado de intervención pública será
necesario. Pero la salida de la crisis financiera será, y ya es,
extremadamente costosa y la recesión tomará inmediatamente el relevo.
Es el credit crunch (nadie quiere ya prestar a nadie) el que asegura
el interfaz entre las dos crisis. Las restricciones de crédito a las
familias se añaden a la bajada del poder de compra, la actividad de
las empresas está bloqueada por la falta de crédito, y este fenómeno
afecta en este momento a gigantes industriales como Ford o General
Motors, ya amenazadas por la caída de sus ventas.
Contrariamente a otros episodios similares pero de menor amplitud, la
vuelta a la normalidad tomará un tiempo proporcional a las sumas
engullidas, y lo más probable es un escenario a la japonesa. La crisis
bancaria e inmobiliaria del comienzo de los años 1990 había
desembocado en un decenio de crecimiento casi nulo de la economía
japonesa. Con una diferencia sin embargo: se habían podido invocar en
el caso japonés errores de política económica, mientras que el factor
principal de bloqueo será la dificultad de definir una configuración
coherente de la economía mundial. La crisis es en efecto una crisis
estructural que hace imposible la vuelta a los modelos de crecimiento
seguidos por los Estados Unidos y la Unión Europea e incluso, en un
horizonte más incierto, por China.
Las repercusiones sociales
Una gran incertidumbre pesa pues sobre la trayectoria de la economía
mundial. Pero una cosa es segura: las clases dominantes van a hacer
todo lo posible para echar los efectos de la crisis sobre los
asalariados y sobre la mayoría de la población. La factura de la
crisis financiera y la recesión van a combinarse para pesar sobre el
empleo, el poder de compra y sobre los presupuestos sociales. Para
impedir a los capitalistas restablecer sus ganancias en detrimento del
bienestar social, existen entonces dos principales ejes de respuesta.
El primero es la nacionalización integral de los bancos y los seguros.
No se trata aquí de hacer demagogia sino de aportar una respuesta
simplemente coherente a la crisis financiera. El dinero público de los
diferentes planes de rescate puede no servir más que para comprar los
títulos "tóxicos" que han desencadenado la crisis. Sería demasiado
fácil que los bancos y otras instituciones financieras vean sus
pérdidas cubiertas por fondos públicos a la vez que conservan sus
ganancias. Sin embargo, es ésta claramente la función, por ejemplo,
del plan Paulson en los Estados Unidos, como lo muestra un economista
del banco francés poco sospechoso de anticapitalismo /6.
Solo una nacionalización que no fuera parcial y no se limitara a tomas
de participación provisionales permitiría verdaderamente "abrir los
libros de cuentas", consolidar los créditos cruzados, salvar a las
víctimas de las estafas subprimas más que preservar los beneficios
bancarios. Los reconvertidos abogados de las finanzas no tienen más
que una palabra en la boca, la de regulación. Pero las regulaciones
que existían han sido todas burladas por innovaciones financieras cada
vez más sofisticadas y no existe autoridad para hacerlas aplicar a
nivel mundial. Hay evidentemente que sostener medidas como la
prohibición de paraísos fiscales pero no se puede otorgar confianza a
las autoridades monetarias para regular de forma duradera las
finanzas.
Además del control que permite, esta nacionalización debería
desembocar en la creación de un polo financiero público, reconociendo
así que el crédito y los seguros tienen que ver con un servicio
público. La crisis actual ha demostrado que la finanza privada conduce
a la catástrofe social. Queda en suma que rehabilitar la idea de un
crédito duraderamente nacionalizado, lo que no es posible más que si
se pone en pie una gestión democrática que ponga al crédito al
servicio de las prioridades sociales.
El segundo eje trata sobre el reparto de las riquezas y se basa en una
idea simple. Si hay recesión, sería intolerable que los asalariados
sufrieran una nueva degradación de su situación, únicamente para que
las empresas pudieran continuar pagando dividendos. El medio mas claro
de afirmar esta exigencia es proponer un plan de transferencia de los
dividendos hacia un fondo para el empleo y los salarios, gestionado
también bajo control de los trabajadores. Al mismo tiempo, y se trata
de una medida de urgencia mínima, el mínimo del poder de compra
debería ser garantizado por la escala móvil de salarios, dicho de otra
forma por su indexación con los precios.
En los dos casos, debe ser defendido un principio esencial, el del
control democrático. Corresponde a la idea perfectamente legítima
según la cual los asalariados no tienen que pagar los gastos del
salvamento del capitalismo y deben tener un derecho de fiscalización
sobre las medidas tomadas y el reparto de las riquezas. La crisis del
capitalismo no implica mecánicamente una mejor correlación de fuerzas
a favor de los trabajadores; tiene al contrario muchas posibilidades
de ser el pretexto para nuevos retrocesos sociales. Pero la ruina del
sistema abre al mismo tiempo un espacio nuevo a las luchas sociales
que serán tanto más victoriosas y portadoras de futuro en la medida en
que tomen una dimensión anticapitalista clara.
Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR
NOTAS:
1/ Michel Husson, « La hausse tendancielle du taux d'exploitation »,
Inprecor n° 534-535, enero-febrero 2008.
2/ Michel Husson, « Le taux d'accumulation ne suit plus le taux de
profit », notehussonet n°2, 25 septiembre 2008.
3/ Peter Orszag, « Effects of financial market turmoil on pensions »,
7 octubre 2008.
4/ Michel Husson, « Etats-Unis : la fin d'un modèle », La Brèche n°3, 2008.
5/ FMI, World Economic Outlook, Octubre 2008.
6/ Patrick Artus, « Le but ultime du plan de sauvetage des banques aux
Etats-Unis s'il est mis en place : redonner de la rentabilité aux
banques », Natixis, Special report n°97, 26 septiembre 2008.
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Néstor Gorojovsky
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