[R-P] El último acto de saqueo de Bush. Por Naomi Klein
Nelson B.
nelsonbergamasco en gmail.com
Vie Nov 7 16:04:59 MST 2008
El último saqueo de Bush
Por Naomi Klein
En los días finales previos a las elecciones, muchos republicanos parecieron
haber abandonado la lucha por el poder. Pero eso no significaba que
estuvieran descansando. Si el lector quiere ver cómo trabajan realmente los
republicanos, observe el vigor con el que asignan grandes porciones del
paquete de rescate por 700.000 millones de dólares.
En una reciente reunión de la Comisión de Finanzas del Senado, el
republicano Bob Corker se hallaba consagrado a esa tarea, con un plazo muy
claro en su mente: el día de la asunción del nuevo presidente, el 21 de
enero de 2009.
"¿Cuánto podrá haberse gastado para el 20 de enero, aproximadamente?",
preguntó Corker a Neel Kashkari, el ex banquero, de 35 años de edad, a cargo
del paquete de rescate.
Cuando los colonizadores europeos advertían que no tenían otra opción que
entregarles el poder a los ciudadanos locales, solían dedicar su atención a
despojar el tesoro local de su oro y a apropiarse del ganado y de los
objetos valiosos. Si se ponían realmente desagradables, como los portugueses
en Mozambique, a mediados de la década del setenta, solían derramar concreto
por los agujeros de los ascensores, para que no volvieran a funcionar. La
pandilla de George W. Bush prefiere instrumentos burocráticos, subastas de
"activos en problemas" y el "programa para comprar patrimonios netos". Pero
no hay que equivocarse. El objetivo es el mismo que tenían los portugueses
derrotados: un frenético saqueo final del erario antes de entregar las
llaves de la caja fuerte.
¿De qué otra forma explicar las asombrosas decisiones que han gobernado la
asignación del dinero del plan de rescate? Cuando el gobierno de Bush
anunció que inyectaría 250.000 millones de dólares en bancos de Estados
Unidos a cambio de patrimonios netos, el plan fue bautizado "nacionalización
parcial", una medida extrema con el fin de que los bancos pudieran volver a
prestar dinero.
Por cierto, no ha existido nacionalización alguna, ni parcial ni ínfima.
Los contribuyentes no han adquirido control alguno de esos patrimonios. Los
bancos están usando ese dinero de la manera en que lo desean (en
bonificaciones, en fusiones, en ahorros). Y el gobierno se limita a rogar
que esas instituciones usen parte de ese dinero para prestarlo.
¿Cuál es, entonces, el propósito real del paquete de rescate? Me temo que
sea algo mucho más ambicioso que un regalo a las grandes empresas. Este
paquete de rescate ha sido diseñado para continuar saqueando el Tesoro de
los EE. UU. durante los años venideros.
Hay que recordar que la principal preocupación entre los sectores más
poderosos de la bolsa de valores -especialmente, los bancos- no es la falta
de crédito, sino la baja en los precios de sus acciones. Los inversionistas
han perdido toda confianza en la honestidad de los bancos, y por sobradas
razones.
Y ahí interviene el Departamento del Tesoro. Al comprar parte del paquete
accionario en esas instituciones, el Tesoro está enviando una señal al
mercado de que las acciones están seguras. ¿Por qué? Porque el gobierno no
va a permitir que eso se derrumbe.
Si esas compañías vuelven a estar en problemas, los inversionistas pueden
presumir que el gobierno seguirá inyectando dinero. (Basta ver lo ocurrido
con AIG.)
El verdadero propósito del plan de rescate es amarrar el interés público a
las compañías privadas. El secretario del Tesoro, Henry Paulson, está
entregando a las empresas incluidas en el programa de adquisición de
patrimonio neto -y la cifra puede alcanzar a millares- una implícita
garantía del departamento a su cargo. Los inversores que buscan sitios
seguros para depositar su dinero verán en esos acuerdos algo más
tranquilizador que una evaluación triple A de Moody´s.
Una garantía de ese tipo es inestimable. Pero para los bancos lo mejor es
que el gobierno les está pagando, en algunos casos, miles de millones de
dólares... para que acepten ese sello de garantía. En cambio, para los
contribuyentes, el plan es muy riesgoso, y podría costar mucho más que la
idea original de Paulson de comprar 700.000 millones de dólares en deudas
tóxicas.
Es de señalar que Fannie Mae y Freddie Mac disfrutaron de ese tipo de
garantías silenciosas. Durante décadas, el mercado entendió eso, pues esas
empresas privadas estaban vinculadas con el gobierno. El Tío Sam siempre
sacaría las papas del fuego. De esa manera, mientras las ganancias eran
privatizadas, los riesgos eran socializados. Pero el implícito apoyo del
gobierno creó poderosos incentivos para inversiones insensatas.
Ahora, con el nuevo programa de rescate, Paulson ha tomado el desacreditado
modelo de Fannie y Freddie, y lo ha aplicado a un amplio sector de la
industria bancaria privada. Y, una vez más, no hay razón alguna para que los
bancos se abstengan de inversiones riesgosas. Pues el Departamento del
Tesoro no les ha exigido que cedieran sus instrumentos financieros de alto
riesgo a cambio de los dólares del contribuyente.
Para alentar aún más la confianza, el gobierno federal ha ofrecido garantías
ilimitadas a muchas cuentas de depósitos bancarios. Y, además, el
Departamento del Tesoro ha estado alentando a los bancos a fusionarse. De
esa manera, las instituciones que queden en pie serán "demasiado grandes
para dejarlas caer".
Tal vez ésta sea la innovación más creativa de Bush: un capitalismo sin
riesgo alguno.
Pero existe un rayo de esperanza. En respuesta a la pregunta del senador
Corker, el Departamento del Tesoro está teniendo problemas para diseminar
los fondos del plan de rescate. Ha exigido hasta ahora 350.000 millones de
dólares de los 700.000 millones de dólares. Pero la mayor parte de ese
dinero no ha sido asignado. Entre tanto, con cada día que pasa se hace más
claro que el plan de rescate fue "vendido" con falsas premisas. Nunca se
intentó que continuara el flujo de préstamos. La idea era convertir al
Estado en una gigantesca aseguradora de Wall Street, una red de protección
para las personas que menos lo necesitan a expensas del dinero del pueblo,
que más lo necesita.
Y esa grotesca duplicidad ofrece una oportunidad. Barack Obama, el ganador
de las elecciones del martes último, tendrá una enorme autoridad moral. Y
esa autoridad puede ser usada para congelar los fondos del plan de rescate,
no después de asumir el cargo, sino ahora. Todos los acuerdos deben ser
renegociados de inmediato, esta vez otorgando al público las garantías.
Es riesgoso, por supuesto, interrumpir el plan de rescate. Al mercado no le
va a gustar. Pero no hay nada tan riesgoso como permitir a la pandilla de
Bush que haga este regalo final a las grandes corporaciones. Un regalo que
podría continuar durante los años venideros.
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