[R-P] Salieron de Guatemala y cayeron en Wateworse (Guatepeor, en inglés)

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mar Nov 4 05:49:36 MST 2008


Gentileza de Alicia Ester

/Un argentino que, como millones de norteamericanos, fue golpeado por
el crac de las hipotecas./

Escapó de la crisis argentina en 2001 y lo perdió todo en EE.UU.

La ciudad se llama Adelanto, pero es una de las que más retrocedió en
este país. Tanto que ya muchos la bautizaron Foreclosure city (Ciudad
remate) por la inmensa cantidad de viviendas que están cerradas,
abandonadas, porque sus dueños no pudieron pagar más la hipoteca. El
lugar es silencioso y no se ve a nadie ni aquí ni allá. Pero hay un
truco para darse cuenta enseguida de cuándo una casa está en
problemas: en esta ciudad enclavada en medio del desierto
californiano, la vivienda que luce el jardín amarillo, seco, seguro
que tiene bandera de remate.

La del arquitecto argentino Gustavo Bertran, de 49 años, es una de
ellas. Y, a un paso de las elecciones de mañana, martes, su historia
refleja el drama de los millones de estadounidenses que perdieron su
casa, su trabajo, y hoy viven al limite. "En el 2001 esto era arena,
desierto total", cuenta Gustavo, mientras mira con cierta nostalgia el
barrio que hasta hace poco fue el suyo. "Pero en poco tiempo
comenzaron a construirse un montón de casas. Con el boom inmobiliario
había lista de espera de hasta un año para poder comprarse una".
Ahora, el contraste es inmenso: al menos un 30% de las viviendas de
esta zona está deshabitado, con el pasto que pide agua a gritos.

Gustavo llegó desde Venado Tuerto a los Estados Unidos en 2001, unas
semanas después del atentado contra las Torres Gemelas. Vino porque no
estaba cómodo con su profesión en la Argentina y en California tenía
familiares. "La zona estaba creciendo explosivamente. Había muchísmo
trabajo para todos y era un ritmo realmente apabullante de
construcción", dice y cuenta que enseguida se puso a trabajar en el
estudio de un arquitecto local. Con él estuvo seis años.

Junto con su esposa, Patricia Cagnoli, Gustavo alquiló por varios años
una casa. "Pero todos nos decían lo mismo: 'ustedes son los únicos que
no se capitalizan teniendo una propiedad. Las casas aumentan 50 mil
dólares como mínimo al año y ese es dinero que tienen para ustedes. En
dos años la cuota te va a parecer una risa por lo que va a valer la
casa'". El arquitecto trata de explicar: "Todo el mundo estaba tentado
a hacer eso. Era casi obligatorio. Y dijimos 'ok', vamos a subirnos a
ese tren, vamos a comprarnos una casa".

Concretaron la operación en agosto de 2006, en la cúspide del valor de
las viviendas. Con un crédito de 300 mil dólares que les dio el banco
con financiación total -sin poner un centavo- alcanzaron una casa de 4
dormitorios en Adelanto. Pagaban 2.500 dólares por mes de cuota.

Pero la debacle comenzó en 2007.

Gustavo ya tenía bastante trabajo por cuenta propia. "'Para qué seguir
empleado en un estudio, por hora, cuando el negocio lo podía hacer
yo?", se preguntaba. Entonces decidió abrir una oficina particular, a
mediados del año pasado. "No exagero si digo que 15 días después de
haberme emancipado comenzaron los problemas", cuenta Gustavo. Con la
explosión de la burbuja, los contratos se caían semana a semana, los
clientes dejaban de llamar, cancelaban los proyectos, incluso los que
ya habían señado. "Había desaparecido el cliente típico, el latino que
accedía un crédito para edificar su casa". Poco después, las empresas
dejaron de pagarle y ahí fue el gran golpe.

Gustavo ya no tenía trabajo y las deudas comenzaban a apretar. La
cuota que pagaba de su casa ya le resultaba imposible y la vivienda
cada vez valía menos. Dejaron de pagar, por consejo de los abogados. Y
comenzaron las llamadas acuciantes del banco, que no quiso renegociar
la deuda. En marzo de 2008, la casa se puso a la venta por un
mecanismo que se permite que se venda a menos del precio que vale.
Llegó a ofrecerse por una tercera parte de lo que ellos la habían
comprado, pero nadie la quiso. "En ese momento, el banco nos declaró
en default", dice Gustavo.

--'Y qué pasó con la casa?

--Nosotros la abandonamos porque ni siquiera teníamos una respuesta
del banco. Nosotros no dormíamos, teníamos insomnio, no sabíamos qué
hacer. La orden de remate iba a llegar en cualquier momento. Entonces
nos fuimos antes de que viniera la comunicación del juez.

Los Bertran ahora alquilan una casa en Victorville, a 100 metros de la
Ruta 66, donde reciben a las enviadas de Clarín con un almuerzo. La
nueva vivienda es un chalet grande, sencillo para los estándares de
los Estados Unidos, pero tiene la virtud de lindar con un campo de
golf, por lo que el verde es lo que abunda a la vista. Pagan 1.150
dólares de alquiler.

--'Mientras sigue la crisis, cómo viven?

--De los ahorros. En la Argentina alguna vez lo hice y sobreviví. Pero
nunca pensamos que eso iba a pasar en los Estados Unidos.

--'Hasta cuándo aguantarán?

--Ese es un tema que hablamos a diario con Patricia. Uno tampoco se
puede ir en el límite. Uno debería llegar a la Argentina con la frente
alta y con algo como para iniciar un trabajo allá. Uno no se puede ir
con los últimos 100 dólares de la cuenta. No quiero decir que queremos
irnos, pero tenemos que ir pensando alternativas porque hay quien dice
que esta situación puede ser más catastrófica aún.

A Patricia se le llenan los ojos de lágrimas. "Yo amo a mi país, está
toda nuestra familia allá", dice. Pero agrega, con un suspiro de
esperanza: "Ojalá que no nos tengamos que volver. Yo creo en esto. No
puede ser que todo termine así".

http://www.clarin.com/diario/2008/11/03/um/m-01794898.htm

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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría


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