[R-P] [E. Lacolla] La crisis y las armas
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Lun Nov 3 06:57:47 MST 2008
La crisis y las armas
Por Enrique Lacolla
La debacle de Wall Street es la parte visible del iceberg. Para
sostener un sistema de poder económico cada vez más inestable, Estados
Unidos sigue apoyándose en la fuerza militar. Y no hay perspectiva de
que esto cambie.
La crisis de los mercados –que ha desestabilizado el sistema
financiero y que está comenzando a morder ya la economía real- no
debería apartar demasiado nuestra atención del escenario
político-militar que domina la escena mundial. Después de todo, puede
ser que en él se verifiquen las consecuencias más palpables y
peligrosas de esta crisis.
En medio de la marabunta financiera, en efecto, nadie, en el seno del
gobierno de Estados Unidos, ha juzgado conveniente revisar los
parámetros que han distinguido su acción exterior durante los años
recientes. Y en cuanto al candidato opositor y probable futuro
presidente demócrata, Barack Obama, los únicos indicios de cambio que
insinúa en este terreno van hacia una suerte de reordenamiento de las
prioridades tácticas, sin renunciar a la estrategia que la
superpotencia maneja a fin de implantar su peculiar noción de orden en
el mundo.
El presidente George W. Bush firmó, el 14 de Octubre, la ley del
presupuesto militar, que asciende a 512 mil millones de dólares. Cifra
que aumenta el budget anterior y que, sumadas otras inversiones en
otros gastos militares, lleva el presupuesto del Pentágono a alrededor
de los 600 mil millones, la mitad de las inversiones militares en todo
el mundo. Es decir, que la Unión gasta en su presupuesto militar lo
que todos los otros países del mundo expenden en materia de defensa.
Esto, mientras el déficit federal ronda los 455 mil millones de
dólares, cifra que aumentará con el "plan de salvataje" de Wall
Street. Según los cálculos de de David M. Walter, quien dirigió la
revisión de las cuentas norteamericanas hasta marzo de este año, a
esta altura del partido la deuda pública de Estados Unidos implica un
descubierto de… ¡53 mil millones de millones de dólares! Y después nos
hablan del "riesgo país" que tendría la Argentina…
Lo que explica el mantenimiento de esta situación es el flujo en la
compra de bonos del Tesoro norteamericano por el resto del mundo. La
apuesta militar estadounidense es en gran parte producto de la
necesidad de sostener este tinglado artificial. No hay enemigos
militarmente equiparables a la vista, pero importa mantener un poder
gigantesco no sólo para sostener los proyectos hegemónicos que pasan
por obtener el control de la energía y la presencia geopolítica que
importan al sostenimiento de la preponderancia, sino también para
reafirmar una supremacía que reconfirma a los inversores extranjeros
para seguir financiando el déficit estadounidense. El miedo no es
sonso, dicen. ¿O sí?
La credibilidad de Estados Unidos reposa cada vez más en su fuerza
militar; es decir, que el fiel de la balanza se inclina del lado del
país que posa sobre uno de sus platillos la espada más pesada. No se
puede descuidar tampoco el papel que la estructura de "defensa"
norteamericana juega en el mercado del trabajo. Se ha hablado en
muchas oportunidades de keynesianismo militar, y con razón. No sólo se
ocupa en las Fuerzas Armadas a bastante más de un millón de jóvenes
que de lo contrario tendrían que estar buscando empleo en el mercado
laboral, sino que, como Estados Unidos finca su noción de supremacía
no tanto en la presencia física de sus efectivos sobre el terreno como
en su superioridad científica, en su necesidad de mantenerla y en la
posibilidad que tiene de armar a los países que se alinean con él, lo
que redunda en la fabricación y perfeccionamiento de una parafernalia
tecnológica y de diversos sistemas de armas que mantienen encendidas
a las usinas de pensamiento innovador en esos campos específicos.
Se trata de un sistema permanente de salvataje que permite bombear
cada vez más dinero público a la caja del complejo militar-industrial.
Como contraprestación, es la fuerza, como base de una política
exterior, lo que determina al resto del mundo a aportar capitales para
no tener que enfrentarla o no tener que sobrellevar la vorágine que
sobrevendría al estallido de la burbuja.
La perspectiva apocalíptica del coloso desenfrenado es, pues, parte
esencial del programa que consiente a la primera economía mundial
seguir haciendo equilibrio en el filo de la navaja. El costo que pagan
la sociedad norteamericana y el resto del mundo por este peligroso
juego de volatinero es inconmensurable. En Estados Unidos ese precio
se mide en la disparidad que hay entre el gasto militar y el gasto
social. En el resto del mundo por las crecientes probabilidades de
choque en las regiones calientes del planeta.
Al respecto Barack Obama no parece diferenciarse gran cosa de su
contrincante a la presidencia de Estados Unidos. Lejos de plantear (al
menos públicamente) una remodelación de la política exterior que
reduzca el papel militar de Estados Unidos, reconfirma la necesidad de
mantener su estructura. A su entender lo que único que hay que cambiar
-pues algo hay que cambiar cuando la palabra cambio es el leit motiv
de la campaña electoral-, es la orientación de la presencia
norteamericana en el extranjero. Habría que disminuir la presencia
estadounidense en Irak y reforzarla en Afganistán. A esto se reduciría
el cambio. A modificar la puntería.
Ahora bien, si Washington va a persistir en su objetivo hegemónico
este desplazamiento parece improbable. Amén de peligroso para sus
mandantes. Si tenemos en cuenta el carácter irreductible de la
topografía afgana y lo intratables que son sus habitantes, meterse más
en ese avispero implica la gran posibilidad de repetir los reveses
británicos y soviéticos en diversos momentos de la historia. En el
caso actual, de profundizarse la actividad norteamericana –o de la
OTAN, que vendría a ser lo mismo- en ese país, la posibilidad de una
conflagración dentro de Pakistán se incrementaría muchísimo. Y en este
caso se trata de un país dotado de armamento nuclear. ¿O Estados
Unidos estará buscando justamente un pretexto para remover este? En
cualquier caso, menudo lío el que se produciría…
La inestabilidad generada por la actividad norteamericana en Medio
Oriente, una zona de por sí volátil, como es obvio no va a ceder con
una retirada parcial de Irak. Hay indicios recientes de ello que así
lo demuestran, como el ataque de una aldea fronteriza siria por
helicópteros norteamericanos. Por otra parte, la alianza atlántica
persiste en su propósito de integrar a sus filas a Georgia y a
Ucrania, así como en construir un escudo misilístico en territorio
polaco y checo. El riesgo que significan estas políticas no termina de
ser mensurado por el estáblishment norteamericano, o no parece
importarle demasiado, embarcado como está en una carrera a todo o nada
por el dominio mundial.
(www.enriquelacolla.com)
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Néstor Gorojovsky
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