[R-P] [De la Serna] El "campo" no es la Patria

juan maría escobar escobar45 en infovia.com.ar
Vie Mayo 30 05:16:47 MDT 2008


Página 12, 30 de mayo de 2008

Haga patria ("mate un...")


 Por Eduardo De la Serna

Coordinador del movimiento Carlos Mugica de sacerdotes en opción por los 
pobres.

Muchos recordamos slogans como el viejo "haga patria, mate un cura", o "un 
judío", o "un gaucho", o lo que fuere según la posición e intolerancia del 
dicente. Es cierto que en nombre de la "Patria" -casa de los padres- hemos 
negado fraternidad (y sonoridad) a todo ese sector, grande o pequeño, que no 
pertenecía a nuestro modo de pensar o vivir. El tema parece ser "la patria 
soy yo", en la misma línea del dicho "l'état c'est moi", "la tradizione sono 
io", siempre repetido, generalmente, por los que tienen algo de poder, o 
creen tenerlo, o lo reclaman.
Hoy parece ser que algunos se tironean el reclamo de "ser la patria" y de 
ese modo excluir a los demás, a "los otros". ¿Y la patria? Mal, gracias...
Tengo mi posición tomada en todo este conflicto. Posición que puede no 
interesar a nadie, pero quisiera compartirla para que a aquellos que les 
interese les pueda servir, o me puedan servir sus comentarios.
Sé que muchos me dirán que no tengo buena información. Les aclaro que es 
cierto. Por eso creo que las cosas técnicas deben manejarlas los técnicos, 
o -para ser más precisos- discutirlas ellos y aportar caminos para que los 
que tienen que tomar las decisiones las tomen. Pero creo que el problema 
hace mucho que dejó de ser técnico. El problema hoy es político. Por un 
lado, creo que tenemos un gobierno con muy poca capacidad de diálogo, que 
suele ver a los que piensan diferente como adversarios y a veces hasta como 
enemigos. Esto se ha manifestado en decenas de momentos: desde las 
relaciones con la hermana República Oriental del Uruguay, las relaciones con 
la jerarquía eclesiástica, y ahora en el desencuentro con un sector poderoso 
del campo. Eso no significa que se deba estar de acuerdo. El diálogo no se 
mantiene con los que están de acuerdo con uno; en ese caso se parecería más 
a un soliloquio. Pero, por otro lado, por supuesto que quienes dicen que "la 
cosa es ganar o ganar", o "el problema son los Kirchner" no manifiestan 
ninguna disposición al diálogo. Eso tampoco significa actitud de "bajar la 
cabeza". Estoy de acuerdo con que el/la Presidente/a no vaya ni a la 
Sociedad Rural ni al Te Deum para ser retado públicamente.
Cuando veo los rechazos al ALCA, los resultados de las elecciones en los 
países vecinos, y a su vez los problemas que se van suscitando en Bolivia, 
entre países hermanos como Ecuador, Colombia y Venezuela, entre Argentina y 
Uruguay, para poner los ejemplos más evidentes, no puedo menos que recordar 
lo que me decía un rabino amigo: "esas cosas no pasan en EE.UU. porque allí 
no hay embajada yanqui". Pero yo me hago algunas preguntas: el dirigente De 
Angeli dice: "Queremos ser un país agroexportador". ¿Quiénes son esos 
"nosotros"? ¡Yo no! No quiero volver a la Argentina de la generación del '80, 
que exportaba granos y carne al mundo para que el mundo le venda los 
productos elaborados. Y mucho menos en este tiempo. No quiero ser el país al 
que le "da lo mismo fabricar acero que caramelos", como decía Martínez de 
Hoz y avalaba Domingo Cavallo. Personalmente creo que el debate de qué país 
queremos los argentinos es un debate que se da en cada elección, no al pie 
de un monumento. Es verdad que deseo que se habiliten las instancias de 
democracia indirecta con plebiscitos y referéndum que la Constitución del '94 
propuso y nunca se reglamentaron. Pero quisiera debates en serio y no en el 
caliente de una asamblea o ante los tiempos siempre tiranos de los medios de 
comunicación. Debates en los que participen las universidades y las 
fábricas, las escuelas, las comunidades religiosas, las organizaciones 
sociales, civiles, los colectivos... Pero me resulta raro que Gualeguaychú 
maneje nuestras relaciones exteriores y casi nos lleve a la ruptura con 
Uruguay, y ahora maneje mucho de nuestra relación campo-Gobierno. Además, 
recuerdo haber escuchado a su dirigente mientras impedían los pasos de todos 
los camiones preguntar a la asamblea si estaba de acuerdo con el paso de 
cítricos (cosa que obviamente se aceptó... al fin y al cabo se trata de 
Entre Ríos).
Los otros días hablaba con una religiosa que trabaja con indígenas y 
campesinos en el norte argentino y confirmó lo que escuchamos de otras 
partes: los campesinos están divididos en este tema y los más pequeños 
campesinos están de acuerdo con el Gobierno. Los campesinos a los que les 
confiscaron las tierras para el triunfo de la "patria sojera", los que 
tienen 5 o 10 hectáreas. Los mismos a los que la antiguamente combativa 
Federación Agraria dejó de lado.
"Quiero ser enemigo de Cristina, pero sus enemigos no me dejan", me decía un 
conocido con el que tengo muy buena relación y aprecio. Es verdad que hay 
decenas de cosas que no me gustan y quisiera debatir, sin que esto 
signifique negar su legitimidad; como no puedo negar la legitimidad de 
democráticos gobiernos pasados que he detestado. Pero cuando veo a muchos de 
los enemigos del Gobierno, no puedo menos que solidarizarme con él. Cuando 
escucho a Macri o Carrió, cuando leo algún diario o veo sus primeras planas, 
cuando veo a algunos políticos en Rosario, no puedo menos que sentirme en la 
vereda de enfrente.
Sé que el tema es complejo, que en los discursos una y otra parte parecen 
razonables, y también parecen razonables las críticas al "otro bando". Esto 
entra en el terreno técnico; pero a la hora del terreno político no quiero 
una patria sin el campo, ni mucho menos contra el campo, pero mucho, mucho 
menos quiero una patria que se identifique con el campo. Ese modelo de De 
Angeli no lo quiero para mi país. Si lo quisiera, si quisiera hacer esa 
patria, leería La Nación, escucharía otros medios, viajaría por otros 
lugares a los que elijo conocer, y hubiera votado otros candidatos (y repito 
que no voté a Cristina).




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