[R-P] POSICIÓN DEL I.N.T.I SOBRE CONFLICTO CON EL CAMPO

Ezequiel Beer ebeer en telecentro.com.ar
Jue Mayo 29 10:16:09 MDT 2008


Ministerio de Economía y Producción
Secretaría de Industria, Comercio
y de la Pequeña y Mediana Empresa

INSTITUTO NACIONAL DE TECNOLOGIA INDUSTRIAL

Gacetilla de Prensa
20 de mayo de 2008
Se agradece su difusión




DONDE ESTAMOS *

Hace más de dos meses que comenzó la protesta de productores agropecuarios. 
Vale la pena explorar las sensaciones y nuevas convicciones de un ciudadano 
medio, que haya tratado todo este tiempo de informarse, entender la 
naturaleza del conflicto y no solo prever su evolución, sino en alguna 
medida y a su alcance, tomar partido.

Hoy ese argentino promedio, muy probablemente tenga claro:

. Que cultivar soja o maíz o trigo en este país es un buen negocio.
. Que, sin embargo, hay diferencias importantes según la región donde se 
siembre y según el tamaño de la explotación, sobre todo si se toma en 
arriendo todo o parte de la superficie.
. Que hay un factor favorable, de carácter extraordinario, vinculado a 
precios internacionales con un crecimiento brusco, que aumentaron 
notablemente la rentabilidad potencial.
. Que la cadena de valor es compleja, ya que quien siembra debe comprar 
semilla, fertilizantes o herbicidas a empresas monopólicas y debe vender su 
cosecha a una cadena de exportación o de industrialización también muy 
concentrada.
. Que además de esas distorsiones respecto de un mercado ideal, están 
presentes grandes capitales financieros, actuando como arrendatarios, para 
aprovechar la bonanza de precios. Estos capitales han desplazados a los 
arrendatarios tradicionales - propietarios con poca tierra o simplemente 
contratistas de siembra y cosecha - e incluso han convertido en rentistas a 
los desplazados, tomando en arriendo su tierra.
. Que el chacarero común es claramente el eslabón más débil de toda la 
cadena.
. Que el Estado, hasta ahora, no ha intervenido en esta cadena de valor, y 
por lo tanto no ha modificado el peso relativo de los eslabones 
concentrados. Simplemente, ha fijado un derecho de exportación para estos 
productos, obteniendo con ello recursos fiscales y buscando además impedir 
el traslado de los mayores precios internacionales al mercado interno de 
alimentos.

Sobre esta base de elementos, que no me parece sean negados por ninguno de 
los involucrados en el conflicto, salvo desde el tránsito por la 
irracionalidad circunstancial y para buscar "triunfos" discursivos o 
mediáticos, tal vez se pueda obtener alguna explicación solvente de las 
razones del conflicto y de su salida más útil para las mayorías.

El capitalismo, sobre todo el capitalismo globalizado, está lleno de 
ejemplos de cadenas de valor con eslabones fuertemente dominantes, que se 
apropian groseramente de la mayoría de la renta generada. La maquila 
mejicana; los sistemas textiles de toda el Asia; buena parte de la industria 
del Este de Europa, funcionan así. Llamativamente, en ningún caso la 
característica operativa predominante es el conflicto al interior de la 
cadena, donde los explotados - usualmente muy explotados - luchen contra los 
explotadores.

Las corporaciones dominantes son las que se ocupan de organizar el trabajo 
de modo que para los más perjudicados, esa tarea represente una mejora 
respecto de su condición anterior. Por supuesto, la mínima mejora posible. 
Suficiente como para que el nuevo status se vea como aceptable, a la vez que 
irremediable.

Estas relaciones que en términos psicológicos primarios podríamos calificar 
de perversas, aunque son corrientes en la economía, solo se modifican cuando 
el Estado u otras corporaciones en competencia por la misma mano de obra, se 
encargan de crear alternativas, que lleven a la mejora relativa de los 
explotados, con una variante frecuente: la mudanza de país para la 
corporación dominante.

El actual modo de producción agropecuario en la Argentina no difiere 
cualitativamente de la maquila mejicana. Solo tiene diferencias 
cuantitativas muy importantes, que lo hacen parecer distinto.
En efecto, este negocio global es de muy alta renta y de permanencia en el 
tiempo, porque se trata de alimentos y porque además de ser imprescindibles 
para los que ya consumen, cada año se agregan decenas de millones de 
personas al mercado.

Tanta renta disponible permite asignar una parte relevante de ella a un 
segmento que no controla la cadena, pero que cuenta con la fortaleza que le 
da el hecho que es imprescindible: los dueños de la tierra.

Los monopolios (de insumos, de comercialización interna e internacional) y 
el gran capital financiero sumado como inversor, dan una tajada a los dueños 
de la tierra y el resto (los pequeños propietarios o arrendatarios o 
contratistas) se adapta, recibiendo lo justo para que estén, pero no más que 
lo imprescindible. Esa adaptación implica, casi mecánicamente, también 
trasladar el problema a los aún más débiles: los trabajadores rurales, que 
penan sin salarios dignos y sin cobertura social en su gran mayoría.

Este no es un hecho nuevo en la Argentina. Todo el sistema de producción 
ganadera fue organizado hace más de un siglo por los frigoríficos ingleses, 
que definieron qué se producía, cómo se transportaba, cuánto cobraban los 
amigos y cuánto los no amigos. Los ganaderos ponían Presidentes y Ministros, 
pero la política ganadera - además de otras - la ponía Inglaterra. Tanto, 
pero tanto duró esta subordinación, que tengo grabado a fuego en mi memoria 
el desesperado comentario televisivo del Subsecretario de Ganadería del 
gobierno de Galtieri en abril de 1982. Cuando Inglaterra declaró el bloqueo 
a Argentina por la invasión de Malvinas, le preguntaron al hombre qué haría 
Argentina con la exportación de carne. Casi entre lágrimas contestó que no 
tenía idea, que la crisis que se generaría sería gravísima. Dijo eso a pesar 
que en ese momento Inglaterra ya representaba solo el 30 por ciento de las 
compras de carne argentina y cinco años después ya se vendía carne a más de 
20 países.

Un sistema así se regularía solo, a partir de las definiciones distributivas 
de los monopolios intervinientes, si no fuera por un actor externo: El 
Estado.

El Estado extrae renta en forma de impuestos y con ello, disminuye la renta 
de los actores del sistema, pero sobre todo de los más débiles, porque los 
más fuertes reajustan las relaciones internas para mantener su tasa de 
ganancia.

El punto que a mi juicio explica los últimos dos meses de conflicto es que 
si el Estado se limita a eso - a extraer la renta extraordinaria vía 
impuestos - hay toda una cultura de reacción, que incluye evasión impositiva 
en las ventas o en el pago de las obligaciones sociales de los trabajadores, 
en paralelo con la redistribución interna de las cargas a favor de los 
monopolios. En un camino de imposición creciente, sin embargo, en parte 
provocada por la evasión previa, hay un momento en que se deteriora la renta 
de los más débiles hasta un grado tal que la cadena comienza a ser inviable. 
Esto puede ser cierto o simplemente puede haber una sensación colectiva que 
se ha llegado hasta allí.

El chacarero no cree que ni los exportadores, ni los proveedores de insumos, 
ni siquiera los fondos de siembra pagando arrendamientos en dólares por 
adelantado, sean modificables. Son quienes deciden y decidirán donde él se 
pone y cuanto gana. Eso se favorece - reitero - porque hay bastante para 
repartir. El ajeno, el prescindible, el que molesta y en última instancia 
llega hasta no dejarnos vivir - piensan los miembros del sistema - resulta 
ser el Estado.

En tanto y en cuanto no se advierta que esta descripción de brocha gruesa es 
muy cercana a la realidad se caerá en caracterizaciones confabulatorias, que 
jamás podrán explicar por qué salvo los peones de campo, que de tan 
explotados hace tiempo que buscan fugar del sistema, todos los vinculados 
directa o indirectamente a la producción agropecuaria terminan alineándose 
en la protesta.

La eventual utilización política de este alineamiento, con el fin de 
acorralar y quitar fuerza y voluntad de cambio a un gobierno con discurso 
popular es una consecuencia directa de la estructura productiva que se ha 
descrito, pero no es la causa del problema.

UNA REGLA DE ORO

Quisiera poner énfasis en que estamos evaluando un clásico de la política 
económica de un país: Como lidiar con sectores esenciales en que hay 
monopolios u oligopolios. En la globalización, agregaría dos cosas más:
. Que algunos de esos monopolios son de actuación mundial.
. Que los grandes capitales financieros, sin patria y sin interés sectorial 
específico, pueden sumarse al problema y en este caso lo hacen.

Sostengo una regla de oro:

ES IMPOSIBLE CONTROLAR LA ACCIÓN MONOPÓLICA EN UNA CADENA DE VALOR SI EL 
ESTADO - REPRESENTANDO EL INTERÉS GENERAL - NO SE INTRODUCE EN LA PROPIA 
CADENA, COMO UN ESLABÓN MÁS.

No basta con legislar al respecto. No basta con acordar aspectos parciales o 
totales.

Una nueva ley de arrendamientos, que desaliente a los grandes grupos 
financieros, sería un hecho positivo. Pero es insuficiente en una actividad 
donde hay muchos contratos que no se firman.

La compensación a los productores por tamaño y por distancia también es un 
hecho positivo, pero su ejecución será muy complicada porque la opción de 
trabajar en negro es más rentable.

Las retenciones son un instrumento necesario para captar la renta 
extraordinaria. Pero a la vez sirven de promotoras de la concentración en 
las etapas de industrialización de los productos primarios, ya que los 
grandes inversores hacen rápida utilización de la diferencia de derechos de 
exportación entre las materias primas y productos terminados.

Entre el grano de soja y el biodiesel hay 20 por ciento de derechos de 
diferencia. Entre el maíz y el azúcar de maíz (fructosa) otros 20 puntos. 
Entre la harina de soja y los pollos 35 puntos. Entre el maíz y los pollos 
20 puntos. La lista podría seguir, pero está claro que al frenar el precio 
interno del grano, se genera a la vez un negocio fabuloso para el producto 
industrial. Como dato de confirmación, no es de extrañar que en este momento 
Cargill esté comenzando a participar de la producción de fructosa en la 
Argentina, donde no tenía ninguna planta, mientras en Brasil tiene cuatro.

Cada medida tomada solo como legislador/regulador o como agente fiscal es 
insuficiente. Porque el monopolio sigue allí y tiene la fuerza, la 
imaginación y la experiencia mundial para descubrir e implementar su 
reacción, antes y por encima del funcionario público.

Lo único que controla al monopolio es que deje de serlo. Por orden de 
importancia, en consecuencia, resulta inexorable que un gobierno popular 
cumpla los siguientes pasos:

. Compre y venda granos y todo otro producto del campo que sea necesario, 
fijando de ese modo precios de referencia.
. Exporte granos por sí o apoyando cooperativas de productores nacionales.
. Importe insumos básicos para la agricultura.
. Recupere su capacidad de producción de semillas.
. Apoye - con su poder de compra y no solo con legislación - la producción 
regional de leche y su industrialización; de carne vacuna o aviar y su 
industrialización.

Cuando y cómo lo hará depende de los complejos procesos de organización que 
se necesitan para todo eso. Pero deberíamos tener claro dos conceptos:

. Recorrer un camino como ese es inexorable si se quiere integrar de verdad 
la producción agropecuaria y todos los que dependen de ella a un colectivo 
nacional.
. Hasta entonces, el sistema buscará - y conseguirá - autorregularse 
eludiendo al Estado y continuando la expulsión, o el deterioro de la calidad 
de vida, de todos los actores más chicos.

* Enrique M. Martínez
Presidente del INTI



Contacto: presidencia en inti.gov.ar
 





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