[R-P] Más subtes, menos embotellamiento ( Proyecto Realizado por equipo de GEOGRAFOS - AÑO 2000-2002 /03 )
Ezequiel Beer
ebeer en telecentro.com.ar
Mie Mayo 28 11:06:06 MDT 2008
LA NACION - 28.05.2008
Editorial II
Más subtes, menos embotellamiento
El tránsito de superficie por la ciudad ha llegado a un irremediable estado
de máxima congestión. Durante gran parte de todas las jornadas laborables,
trasladarse en Buenos Aires se ha convertido en una aspiración no sólo harto
compleja, sino también molesta. De allí, entonces, que sea absolutamente
positiva la formal intención del gobierno porteño de construir otras tres
líneas de subterráneos (F, G e I) y continuar con el desarrollo hacia Retiro
de la línea H.
Pocos argumentos pueden rebatir el consenso acerca de que el subterráneo es
el medio de transporte más apropiado para los requerimientos de las grandes
urbes por el estilo de la nuestra, donde, según los técnicos, hay
condiciones ideales para construirlo, e incluso de otras en las cuales, como
ocurre en la isla de Manhattan, Nueva York, el suelo pétreo tornó difícil y,
por ende, más costosa la perforación de los túneles. Agil, seguro y poco
contaminante, el subte sigue demostrando sus virtudes en gran parte del
mundo y tiene las preferencias mayoritarias de quienes lo utilizan.
La ciudad de Buenos Aires empezó a disfrutar de sus servicios en 1913, entre
Plaza de Mayo y la entonces plaza Once (hoy, plaza Miserere). Poco después,
la línea se extendió hasta Primera Junta, en Caballito. Más tarde, ya
inauguradas cinco líneas, ciertos intereses subyacentes, junto con
imprevisiones financieras y situaciones críticas de la economía nacional,
conspiraron contra la expansión de los subtes. Entre 1944 y 1958, años en
que fueron iniciados los trabajos para que desde la estación Independencia
la línea E llegara hasta la Plaza de Mayo, no hubo avances. Ese último tramo
sólo pudo ser inaugurado en 1966.
Ahora, la aprobación mayoritaria de la Legislatura local ha viabilizado la
financiación, el llamado a licitación, la construcción y operación de las
líneas F (entre Barracas y Plaza Italia), G (entre Retiro y el Cid
Campeador) e I (entre Parque Chacabuco y Plaza Italia), junto con la
prolongación de la línea H desde Pueyrredón y Corrientes hasta Retiro. A eso
hay que sumarles las ya en obra, aunque demoradas, extensiones de la línea A
hasta la avenida Nazca, en Flores; de la línea B hasta Villa Urquiza, y la
prolongación de la línea E desde Bolívar (Plaza de Mayo) hasta Retiro, por
debajo de la avenida Leandro N. Alem.
No es poco, si se repara en cuánto no se hizo y cómo se dejó que el tiempo
transcurriera en vano. Es poco si la reflexión apunta a esos períodos de
inacción y proyectos frustrados que, de haberse concretado, ya podrían haber
dotado a nuestra ciudad de una amplia red de transporte subterráneo.
Un antiguo dicho expresa que es en vano llorar sobre la leche derramada. Las
experiencias frustrantes, que no fueron pocas, deberían servir para evitar
incurrir en los mismos errores. Es de desear que esta plausible empresa en
la cual se ha embarcado el gobierno local, con el respaldo unánime de la
masa de los usuarios, cuente con todos los recursos de financiación y
ejecución imprescindibles para que pueda llegar a buen puerto sin tropiezos
y sin otras dificultades que las propias de una obra de gran magnitud. La
ciudad de Buenos Aires la merece con largueza.
http://www.lanacion.com.ar/EdicionImpresa/opinion/nota.asp?nota_id=1016196
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