[R-P] [J. Coscia] El nombre de "argentinos"
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Mie Mayo 28 10:08:22 MDT 2008
[Este artículo de Jorge Coscia fue publicado en La Voz del Interior el
24 de mayo pasado. Más de uno percibirá que me está dedicado, así que
sumo este motivo algo narcisista a los valores propios de la nota y la
reenvío a la lista.]
/Tenemos muchas tareas pendientes pero hay una que nos une con el día
de largada: la integración con nuestra propia entidad nacional que
es, sin dudas, latinoamericana/
El 25 de mayo y el nombre de argentinos
Jorge Coscia
Diputado nacional. Cineasta. ex director del INCAA.
Un amigo suele decir de la magna fecha de los argentinos: "El 25 de
mayo de 1810 fue un golpe boliviano". Lo fundamenta alegando que los
mejores cuadros de la rebelión habían estudiado en las aulas de la
Universidad de Chuquisaca. Moreno, Castelli y Monteagudo, sin duda
anudaron gran parte de sus visiones revolucionarias e iluministas en
las aulas de la ciudad altoperuana del Virreinato. Para darle aun más
razón a su teoría, allí está Cornelio Saavedra, presidiendo la
Primera Junta y nacido en el actual territorio de Bolivia.
El chiste podría tener dos acepciones, una desvalorizadora, prima
hermana del desdén que muchos argentinos sienten por los emigrados del
otrora Alto Perú.
Pero mi amigo orienta el chiste hacia otra concepción, a sabiendas de
que compartimos una visión nacional que trasciende las actuales
fronteras de los países latinoamericanos.
Ambos tenemos presentes la frase con la que Jorge Abelardo Ramos
comienza su memorable libro Revolución y contrarrevolución en la
Argentina: "La historia de los argentinos se desenvuelve sobre un
territorio que abrazó un día la mitad de América del Sur".
En esa frase se resume una visión de nuestra historia, pero
principalmente de nuestro destino, que es en definitiva nuestra
historia por venir.
Es bueno recordar que la primera tarea que se propuso la Junta de
Mayo fue la expedición auxiliadora a las provincias del Norte. La
meta era llegar al Alto Perú, sin duda el corazón cultural y
económico de la presencia española en América del Sur. Esta meta se
repitió en otros intentos que, con victorias y derrotas que fallaron
en el objetivo inicial, mantuvieron alejadas las luchas principales
de la ciudad de Buenos Aires.
La mayoría de los combates y tragedias "argentinas" de nuestra
independencia, tuvieron lugar en el actual territorio de Bolivia.
Juana Azurduy es sin lugar a dudas la referente principal del papel
de la mujer en nuestra historia y también era altoperuana. El nombre
de Bolivia es posterior a esas luchas y expresa el más formidable
fracaso de nuestra historia latinoamericana: la balcanización.
Ramos también nos lo dice en el comienzo de su libro: "Somos un país
porque no pudimos integrar una Nación y fuimos argentinos porque
fracasamos en ser americanos. Aquí se encierra todo nuestro drama y
la clave de la revolución que vendrá".
Sin duda los argentinos enfrentamos el Bicentenario con muchas metas
y tareas irresueltas. Pero hay una, que aún hoy, después de dos
siglos, entronca directamente y sin sutilezas con nuestro día de
largada: la integración con nuestra propia entidad nacional, que es y
será indefectiblemente latinoamericana. La Junta de Mayo y sus
estudiantes chuquisaqueños, comprenden rápidamente los peligros de
nuestro aislamiento. El puerto aislado tiene destino de colonia, sólo
en la interacción con el anhelado norte está la realización del
proyecto de Mayo.
Muchas claudicaciones llevaron a la pérdida de nuestro Alto Perú. El
mismo Bolívar consideraba increíble que el gobierno de Rivadavia en
Buenos Aires sintiera desdén por los territorios altoperuanos del
virreinato que diera matriz a la Argentina.
Su nombre da nombre a un país y corona su propio fracaso por no poder
concretar la ansiada unidad latinoamericana.
Cuántas claves se encierran en esta gran tragedia de nuestra
historia. La primera de ellas es que la sangría balcanizadora
continúa abierta. Bolivia se enfrenta a un nuevo proceso que amenaza
dividirla. Aunque querramos, no podemos desentendernos de ese drama
que nos amenaza, entre otras cosas, por la estratégica provisión del
gas que de allí nos llega.
La segunda clave está dada por la fuerza con que hoy ha revivido la
voluntad de integración latinoamericana en muchos liderazgos de sus
20 repúblicas.
Cada vez que se puso en movimiento la energía revolucionaria e
integradora, una fuerza de signo contrario le salió al paso. Ese es
el gran dilema con que nos acercamos al Bicentenario. No hay una
política genuinamente nacional, si no es también latinoamericana. No
podemos desentendernos del drama que afecta a nuestros hermanos de La
Paz, Chuquisaca, Potosí, Cochabamba, e incluso el territorio de Santa
Cruz, tentado también por la vorágine sojera. Cuánto se parece la
mezquindad de su dirigencia a la de los referentes del lock out
agrario argentino, que si tuvieran un territorio con el que poder
secesionarse, seguramente ya estaríamos escuchando hablar de
"Sojalandia" y sus derechos autonómicos. Tampoco pareciera una
casualidad, más allá de algunas válidas razones, que quienes cerraron
un puente al Uruguay hoy lideren el cierre de las rutas al resto de
los argentinos. La estrechez aldeana de ciertas dirigencias no es ni
ingenua ni ajena al regocijo que sus resultados producen en los
enemigos históricos de nuestra integración.
Nuestro compromiso con el drama boliviano debe darse en el marco de
nuestros esfuerzos en el Mercosur, pero requieren de un compromiso
aún mayor, como lo fuera en los primeros meses de la patria la
empresa auxiliadora a ese territorio de la América del Sur en el que
nacieron nuestros sueños de ser libres.
Al hacerlo nos auxiliaremos también los argentinos, por ser nuestra
empresa de construcción nacional imposible si le damos la espalda a
nuestros intereses latinoamericanos.
El Bicentenario debería ser honrado con esa clara conciencia de que,
como los fundadores de la patria, también somos bolivianos.
Todos, aun los que "descendemos de los barcos", formamos parte de un
proyecto nacido, como promisoria quimera, en las fuentes minerales del
cerro de la plata en Potosí, del cual nos viene el muy plateado
nombre de argentinos.
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Néstor Gorojovsky
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