[R-P] " 'Sostener ' el dólar' ha llegado a ser sinónimo de subsidiar la adicción del Ejecutivo norteamericano a la diplomacia militar hegemónica " / M HUDSON

Ezequiel Beer ebeer en telecentro.com.ar
Dom Mayo 25 22:38:41 MDT 2008


REVISTA SINPERMISO: www.sinpermiso.info

25/05/08


Para salvar la economía hay que sacrificar el Imperio

Michael Hudson* (ex economista de Wall Street especializado en balanza de 
pagos y bienes inmobiliarios en el Chase Manhattan Bank (ahora JPMorgan 
Chase & Co.)




" 'Sostener el dólar' ha llegado a ser sinónimo de subsidiar la adicción del 
Ejecutivo norteamericano a la diplomacia militar hegemónica "

La crisis financiera y económica actualmente en curso de profundización no 
podrá aliviarse sin afrontar varios problemas de los que la opinión pública 
no quiere oír hablar. Su sola mención levanta un muro de disonancias 
cognitivas.
Para principiantes: el problema actual de la deuda no es marginal, sino que 
ha llegado a ser estructural; y los problemas estructurales no pueden 
resolverse con paliativas meramente marginales. Lo que Alan Greenspan llamó 
"creación de riqueza" se reveló como una mera inflación de precios de los 
activos: una puja al alza, fundada en el crédito, de los precios 
inmobiliarios y de los mercados de valores. La Economía de la Burbuja lastró 
con deudas a los hogares, a los bienes raíces y las empresas, mientras que 
los recortes fiscales de Bush a los segmentos fiscales más altos obligó a 
los presupuestos federales, estatales y locales a un endeudamiento de mucho 
mayor calado.
Esta política pudo mantenerse mientras los precios de las propiedades 
hinchados por la deuda crecían a una tasa más rápida que la tasa de interés 
que tenía que pagarse. Pero el pago de intereses y las cargas de 
amortización desviaban el gasto de los consumidores y de las empresas fuera 
del consumo y de la producción.
Eso es lo que significa "deflación por deuda". Los sectores financiero e 
inmobiliario recibían un dinero que antes se gastaba en bienes y servicios. 
El servicio de la deuda no puede gastarse en bienes de consumo (por parte de 
los propietarios de vivienda) o en inversión de capital (por parte de 
empresas con deuda apalancada). El efecto es la ralentización de las ventas 
y del ingreso empresarial, y por consecuencia, del alquiler comercial y del 
mercado de bienes raíces.
En 2006 se alcanzó un punto en el que el crecimiento del servicio de la 
deuda rebasó los ingresos operativos o la capacidad de los propietarios de 
vivienda para seguir adelante (sobre todo, cuando se dispararon las tasas de 
interés). La idea salvadora directriz de la Fed consiste en prestar a los 
deudores lo suficiente para que puedan pagar a los banqueros y a otros 
acreedores, subsidiando su insolvencia para que puedan mantenerse al día en 
sus obligaciones de pago. La alternativa es el valor líquido negativo: la 
venta de viviendas, edificios de oficinas y empresas comprometidos como 
colateral y venderlos a precios por debajo de la hipoteca o del valor del 
préstamo. Ese subsidio lo único que hace es ganar tiempo para que el 
problema de la deuda reaparezca luego con raíces aún más profundas.
Porque la verdad es que el actual nivel de deuda no puede ser pagado. El 
problema no está en absoluto confinado en la base de la pirámide, sino que 
está concentrado en su cúspide. El gobierno mismo de los EEUU es en realidad 
el mayor deudor subprime del mundo. Sus 2,5 billones de dólares de deuda 
contraída con bancos centrales extranjeros -sumada a una deuda todavía mayor 
contraída en el extranjero por el sector privado- no puede pagarse, dados 
los graves déficit militares y comerciales de la nación. El reconocimiento 
de este hecho político en el núcleo del sistema financiero internacional ha 
llevado a los gobiernos y a los inversores extranjeros a deshacerse de bonos 
y valores denominados en dólares. Eso ha llevado al descenso de la tasa de 
cambio del dólar, elevando los dolarizados precios del petróleo y de otras 
materias primas.
Cuanto más crezca el déficit comercial y el gasto militar en el extranjero 
de los EEUU, más dólares colocarán los exportadores extranjeros, y otros 
receptores de fondos estadounidenses, en bancos centrales extranjeros. Los 
bancos centrales se hallan entonces en una situación en la que apenas pueden 
gastar su dinero en otra cosa que en comprar títulos del Tesoro 
norteamericano. Han comprado tantos, que los norteamericanos ya no necesitan 
cargar con el coste del déficit presupuestario federal estadounidense 
comprando bonos para financiarlo; los extranjeros lo han hecho por ellos. En 
efecto, han prestado al gobierno de los EEUU los dólares y el intercambio 
exterior para librar su guerra en Oriente Medio, una guerra, dicho sea de 
paso, que los votantes extranjeros no apoyan. Financiar el déficit de pagos 
y el déficit del presupuesto federal de los EEUU es subsidiar la guerra.
Estos últimos años, los gobiernos extranjeros han buscado alternativas a la 
compra de títulos del Tesoro de los EEUU. Pero cuando los chinos trataron de 
comprar activos de Union Oil, el Congreso vetó el acuerdo, acusando a la 
propiedad pública de preparar un camino de servidumbre. Para que China 
comprara las privatizaciones estadounidenses tendría que creer que el 
Congreso de los EEUU le permitiría aumentar los peajes de autopista y otras 
cuotas de acceso a infraestructuras, lo bastante al menos como para 
compensarla por la caída del dólar. Pero la respuesta más probable serían 
nuevas quejas contra el peligro amarillo. De modo, pues, que los gobiernos 
extranjeros se hallan ahítos de dólares que no pueden usar pata comprar 
activos estadounidenses reales, ni pueden tampoco gastar en exportaciones 
norteamericanas ahora que el país está en vías de desindustrialización. Todo 
lo que pueden hacer es prestar  dinero al gobierno de los EEUU.
Esa es la vía que llevó a los banqueros Medici a la bancarrota hace unos 
siglos. Hacia 1776, Adam Smith llegó a la conclusión de que ningún gobierno 
había pagado jamás su deuda externa. Tampo sector privado alguno ha reducido 
tampoco, desde tiempos inmemoriales, su nivel de deuda (salvo por 
bancarrota, moratoria o denuncia). Esas son opciones que tenemos hoy 
abiertas. Pero no son de recibo para la deliberación pública. La última vez 
que los economistas profesionales se enfrentaron al problema de la deuda 
global fue en los años 20 del siglo pasado, respondiendo al elevado nivel, 
impagable, de las reparaciones alemanas y de la deuda interaliada con los 
EEUU. Desde entonces, se ha hablado mucho de teoría monetaria, pero se ha 
prestado poca atención a la medición de la capacidad de las economías para 
subvenir a su deuda nacional y exterior.
La Fed trató a mediados de marzo de revertir el desplome de los precios de 
los activos inundando el sistema bancario con 200 mil millones de dólares de 
crédito. Se permitió a los bancos reconvertir, a través de la Fed, sus 
préstamos hipotecarios dudosos y otros préstamos de mala calidad a su valor 
nominal (no a su valor de mercado, que era sólo del 20%). La coartada de la 
Fed es que esa inyección permitirá a los bancos recuperar su actividad como 
prestamistas y "hacer que la economía se mueva de nuevo". Pero los bancos 
están usando ese dinero para apostar contra el dólar. Toman prestado de la 
Fed a bajos intereses y compran bonos denominados en euros que ofrecen tasas 
mayor de interés, un proceso que les permiten hacer ganancias con las 
divisas, puesto que el euro sube en relación con activos denominados en 
dólares. La Fed, así pues, lo que hace es subsidiar la fuga de capitales, 
exacerbando la inflación por la vía de provocar el alza del precio de las 
importaciones (señaladamente del petróleo y las materias primas). Esas 
mercancías no son más caras para los consumidores europeos, sólo lo son para 
quienes las compran pagando con dólares. (Eso afecta también a América 
Latina y a otros países del área dólar.)
El comportamiento de la Fed (no sólo bajo la dirección de Alan Greenspan) 
plantea la cuestión de los bancos centrales: ¿se necesitan para algo? Su 
idea ha sido siempre patrocinar normas orientadas al acreedor, a la 
desregulación financiera y a salvar al sector financiero a expensas 
públicas, arrinconando a la economía en una esquina de deuda. Pero, al 
proceder así, la Reserva Federal se priva de poder resolver los problemas 
que ella misma creó bajo la presidencia de Greenspan. Su papel -y en verdad, 
el de los bancos centrales en general- es mantener precisamente el tipo de 
políticas que han engendrado el actual desaguisado financiero.
Desde que se fundara el Banco de Inglaterra en 1694, los bancos centrales de 
todo el mundo han venido representando los intereses del sistema bancario 
comercial. Desgraciadamente, el marco financiero temporal ha sido siempre el 
corto plazo. Los bancos ganan dinero encontrado más y más clientes a los que 
prestar fondos, mientras que los banqueros de inversión y las casas de 
intermediación toman sus comisiones y se largan. Está en su interés promover 
la Burbuja Económica que inducirá a los compradores de bienes raíces y a los 
aventureros empresariales a tomar préstamos con objeto de cabalgar la ola de 
la inflación de precios de los activos. Esos préstamos, a primera vista, 
parecen sostenerse por sí mismos, puesto que, en tomarlos, crecen los 
precios de las viviendas, de las acciones y de los bonos. Esos activos 
pueden, además, ponerse como colateral para ulteriores préstamos a medida 
que los precios y las deudas crecen de consuno.
Ese es el tipo de "creación de riqueza" de la que trataba de jactarse Alan 
Greenspan.  Pero, mira por dónde, no es un proceso que genere estabilidad 
para el conjunto de la economía. A medida que los intereses del sector 
financiero entraban en manifiesto conflicto con los de la economía "real" de 
consumidores y productores, la política de la Reserva Federal lo que trata 
de hacer es resolver el problema de le deuda con más deuda todavía, en forma 
de rescate de bancos que hicieron malos préstamos. Los rescates están 
concebidos para permitir que los bancos puedan prestar el dinero necesario 
para sostener los precios de los activos y preserva el precio de mercado del 
colateral que respalda los créditos hipotecarios, y prestar a empresas 
superlativamente apalancadas y los fondos hedge. Al rescatar bancos para 
incrementar la capacidad de préstamo de éstos, a fin de conseguir aquellos 
objetivos, la Fed ha terminado por convertirse en activo jugador de una 
guerra destinada al endeudamiento del sector de los bienes raíces, del 
trabajo y de la industria.
El resultado es una intrusión sin precedentes del Estado, no de un modo 
socialista, sino, al contrario, de un modo que se sirve del bolsillo público 
para proteger las finanzas y la propiedad en la cúspide de la pirámide 
económica. Eso se hace por el despeñadero de un camino financiero a la 
servidumbre, promoviendo un régimen de servidumbre por deudas. A través del 
sistema de la Reserva federal, lo que hace el gobierno es "resolver" el 
final de la Economía de la Burbuja suministrando créditos suficientes para 
endeudar a la industria y a la agricultura, al trabajo y al capital 
tangible: presta dinero para que se pueda pagar el servicio de la deuda de 
créditos que, de otro modo, caerían en la morosidad.
Como se dejó dicho, empero, la deuda más cargada de problemas es la deuda 
exterior, y el mayor deudor internacional subprime es el gobierno de los 
EEUU. Está ahora endeudado con gobiernos extranjeros -que tienen en sus 
reservas títulos por valor de 2,5 billones de dólares- y con inversores 
privados -unos cuantos billones-, mucho más allá de su capacidad para 
devolver la deuda, y eso por no hablar de su disposición política a pagar. 
Por eso los extranjeros no aceptan ya los dólares de los que se deshacen los 
consumidores norteamericanos, por eso los inversores norteamericanos compran 
empresas extranjeras y por eso el ejército de los EEUU extiende sus bases 
por doquier.
A medida que cae el dólar, suben los precios de las importaciones, con los 
combustibles y los minerales en cabeza. En algo hay que ceder. ¿Cómo pueden 
los hogares y las empresas pagar sus deudas, si los costes operativos de la 
calefacción, la electricidad y el transporte absorben cada vez más sus 
ingresos?
La única vía para detener la hemorragia es negociar la deuda como 
incobrable, empezando con los bonos del tesoro norteamericano que tienen los 
bancos centrales extranjeros. Mas, ¿qué pueden ofrecer a cambio los EEUU? 
Pedir a los gobiernos extranjeros un sacrificio económico de tal magnitud 
resulta de todo punto inviable, a menos que el gobierno de los EEUU esté 
dispuesto a negociar un gran acuerdo global. Teniendo, como tiene, poco que 
ofrecer en reciprocidad, la vía más prometedora para convencer a los 
gobiernos extranjeros para que renuncien a ver satisfechas las obligaciones 
contraídas por la economía estadounidense es incluir en la negociación la 
única cosa que Norteamérica puede ofrecer: la dimensión militar.
Y yo sólo puedo ver una vía para ofrecer eso. Los EEUU tendrían que estar de 
acuerdo en desmantelar todas sus bases militares de ultramar (o al menos, 
las que se hallan fuera del hemisferio occidental). Eso significaría 
renunciar a su sueño de imponer su hegemonía mundial por la fuerza de las 
armas. Eso los liberaría también, a ellos y a los otros países, de la 
carrera armamentista pos Guerra Fría. Contribuiría a revivir la producción y 
el consumo de la economía "real" al liberar recursos para gastar en consumo 
y en nueva inversión directa. De paso, liberaría a los EEUU del "Capitalismo 
del Pentágono", esto es, de los excesivos costes de contratos que, 
aparentemente, han conducido a la ingeniería industrial norteamericana a una 
situación de incapacidad para hallar métodos de producción minimizadores de 
costes, perdiendo por esa vía su habitual ventaja tecnológica competitiva.
Los países extranjeros han terminado por mirar a los EEUU desde la misma 
perspectiva con que la administración Bush miraba a otros países: cualquier 
potencial económico tiene, por definición, un carácter militar. De lo que se 
infiere que lo que podría llegar a ocurrir, ha de ser descontado desde el 
comienzo y, por lo mismo, desde el comienzo reprimido. Los EEUU se han 
convertido en la principal fuerza agresiva desestabilizadora del mundo. Sin 
abordar abiertamente los problemas que presenta este militar  "elefante en 
cacharrería", cualquier alivio de las obligaciones que la economía de los 
EEUU tiene contraídas con los gobiernos extranjeros no haría sino permitir 
que Norteamérica mantuviera o aun incrementara su presencia militar global, 
construyendo todavía más bases en el extranjero y e imponiendo un drenaje de 
balanza de pagos todavía mayor al dólar. "Sostener el dólar" ha llegado a 
ser sinónimo de subsidiar la adicción del Ejecutivo norteamericano a la 
diplomacia militar hegemónica.
Desgraciadamente, no es ésta una verdad que la opinión pública 
norteamericana quiera escuchar.

Michael Hudson es ex economista de Wall Street especializado en balanza de 
pagos y bienes inmobiliarios en el Chase Manhattan Bank (ahora JPMorgan 
Chase & Co.), Arthur Anderson y después en el Hudson Institute. En 1990 
colaboró en el establecimiento del primer fondo soberano de deuda del mundo 
para Scudder Stevens & Clark. El Dr. Hudson fue asesor económico en jefe de 
Dennis Kucinich en la reciente campaña primaria presidencial demócrata y ha 
asesorado a los gobiernos de los EEUU, Canadá, México y Letonia, así como al 
Instituto de Naciones Unidas para la Formación y la Investigación. 
Distinguido profesor investigador en la Universidad de Missouri de la ciudad 
de Kansas, es autor de numerosos libros, entre ellos Super Imperialism: The 
Economic Strategy of American Empire.

Traducción para www.sinpermiso.info: Roc F. Nyerro

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Counterpunch, 14 marzo 2008 





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