[R-P] El campo tiene espaldas para seguir el paro
silvio ansaldi
silvioansaldi en yahoo.com.ar
Dom Mayo 18 19:56:22 MDT 2008
Contraponiendose con su argumento predilecto , de que
estan apretados economicamente , con el ajuste de las
retenciones moviles .
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EL AGUANTE DEL CAMPO
Cuánto pueden seguirla
Por David Cufré
Una de las razones que llevaron a las entidades
agropecuarias a resolver la continuidad del lockout es
que sus bases tienen espaldas para seguir. El núcleo
de manifestantes y piqueteros rurales está integrado
por productores de soja, que más allá de los motivos
que encuentran para sus reclamos, en su mayoría
atraviesa una situación desahogada. A diferencia de
otras épocas, se encuentran sumamente líquidos, no
están acosados por deudas y disponen de capacidad
financiera para retener la cosecha. De acuerdo a
estimaciones de analistas privados, coincidentes con
otras que hacen en el Gobierno, la media de
productores en conflicto podría mantenerse sin
comercializar granos por un mínimo de dos meses a un
máximo de seis.
Esa proyección toma en cuenta sólo el aspecto
económico financiero. El costo de esa retención es
bajo. La mayoría de los productores de soja empezó la
cosecha hace un mes y ya la levantaron en un 85 por
ciento. Algunos entregaron sus cereales a acopiadores,
otros la guardan en silos de cooperativas y otros la
almacenan en silobolsas, que a raíz del lockout se han
convertido en un furor. Los granos resisten sin
problemas algo más de un año en esas bolsas gigantes
de 25 metros, sin perder calidad. Los productores que
tienen la máquina para cargarlas con soja gastan un
promedio de 4,5 dólares por tonelada, mientras que
aquellos que contratan el servicio pagan unos 7,5
dólares una sola vez. Ese es el único gasto directo de
sentarse sobre la soja.
El próximo desembolso fuerte de muchos de esos
productores vendrá con la siembra de trigo, que
debería empezar el próximo mes. Sin embargo, esos
cultivos se están demorando por problemas de sequía.
Pero si efectivamente empezaran en un par de semanas,
el grueso de los ruralistas podría afrontar el gasto
sin despeinarse. A la vez, cuentan con la posibilidad
de financiarse con sus proveedores de insumos y pagar
cuando cosechen. Casi nadie recurre a esa opción
porque disponen del efectivo para comprar al inicio,
con la doble ventaja de esquivar el costo financiero y
quedar a salvo de los fuertes aumentos de precios en
fertilizantes y herbicidas.
Si es por el bolsillo de la mayoría de los sojeros, el
lockout agropecuario podría extenderse hasta bien
entrado el invierno. En zonas mixtas, adonde se
desarrolla la agricultura pero también la ganadería o
la lechería, los productores resuelven su situación de
caja diaria con la liquidación de hacienda o la venta
de leche a las usinas. Esto ocurre, por ejemplo, en el
centro oeste de Buenos Aires o en la región de mar y
sierras.
El mayor problema para llevar el conflicto mucho más
allá en el tiempo es la situación de quienes perciben
ingresos por actividades asociadas con la producción
primaria y, de manera indirecta, los comerciantes y
proveedores de servicios en las localidades del
interior. Ellos también han crecido los últimos años
de la mano de la explosión de la agricultura, pero
están lejos de ostentar billeteras tan abultadas.
Página/12 informó el último lunes que en Gualeguaychú,
por ejemplo, los vecinos viven la contradicción de
apoyar la protesta rural pero sufrir en carne propia
las consecuencias del menor nivel de actividad y el
aumento de precios, producto del desabastecimiento por
los cortes de ruta. En Pergamino, la capital de la
soja, también se notó una caída en las ventas y una
postergación de proyectos inmobiliarios. En ningún
caso su futuro es sombrío, pero en el día a día esos
sectores son el eslabón más débil de la protesta
rural.
Si el respaldo que brindan las ciudades del interior
se transforma en lo contrario, las corporaciones
agropecuarias verán que los plazos de su lucha se
acortarán significativamente. Los primeros que están
exteriorizando su mal humor son los fleteros. Los
transportistas rurales registran caídas de facturación
que llegan al 50 por ciento y eso los pone en una
situación complicada.
Dentro del campo de la producción agropecuaria, los
ganaderos –tanto los de invernada como los de cría– y
los tamberos pueden seguir conviviendo con el lockout,
ya que ellos sí están comercializando. Un lockout de
cualquier otro sector, tanto industrial como comercial
o de servicios, no podría durar tanto como el que
están llevando a cabo los productores más favorecidos
del mundo rural. Las pérdidas que sufrirían por parar
sus actividades serían enormes. De hecho, las
principales cámaras patronales les exigieron a los
ruralistas que se sienten a dialogar con el Gobierno,
porque sus negocios se están viendo afectados por la
medida de fuerza. El sector del campo en conflicto, a
pesar de sus quejas, puede darse un lujo de una
protesta larga que nadie más –mucho menos los
trabajadores– podría realizar.
Nota de P12 enviada por
Silvio Ansaldi
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