[R-P] [E. Lacolla] Golpismo para los tiempos que corren

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Sab Mayo 17 14:02:02 MDT 2008


Golpismo para los tiempos que corren
Por Enrique Lacolla

/Lo que su origen fue un tema económico, como el de las retenciones al
agro, está tomando un giro que apunta a una franca desestabilización
institucional./

Arrecia la campaña contra el gobierno instrumentada desde los grupos
del agro, los monopolios de la comunicación y ahora el entero espectro
de la oposición política. A título personal, no comparto todos los
criterios del ejecutivo nacional, que no se decide a batirse de
acuerdo al principio futbolero que afirma que la mejor defensa es un
buen ataque. Es de temer que, de tanto contemporizar y no animarse a
asumir las tareas pendientes de un proyecto industrialista, concebido
dentro del marco de una superior unidad regional sudamericana, esté
perdiendo una oportunidad de oro.

Pero ante el escandaloso ascenso de la marea neoliberal, la cual, ante
la falta de resistencia que cree detectar se ha prendido a la garganta
del gobierno y busca una desestabilización institucional que nos
devuelva a la subordinación exterior y a la coerción económica
interior contra los sectores menos favorecidos, se hace inevitable
tomar partido. Y este no puede ser otro que la defensa de la
institucionalidad y del legítimo derecho que tiene un Estado emanado
de comicios democráticos, en el sentido de imponer una orientación
económica que grave a los sectores de mayores recursos que se
adjudican un crecimiento del Producto Bruto Interno que en realidad
proviene mayormente de otros sectores. En primer término del esfuerzo
y el sacrificio de millones de trabajadores.

Basta observar la acumulación de titulares en algunos de los más
prestigiosos periódicos del país: "La oposición se unirá al reclamo
del agro", "Un clima de extrema tensión social", "Camioneros se suman
a la protesta", y el carácter martillante y omnipresente de esta
prédica en el ámbito televisivo, prédica apuntada a instalar el tema
en los sectores de clase media más vulnerables al lavado de cerebro,
basta contemplar esto, decimos, para comprender que se está ante una
movida de características golpistas.

Golpistas, desde luego, en la medida en que pueden serlo en un país
escamado por ese tipo de procedimientos. Esto es, que no se trata ya
de "golpear a la puerta de los cuarteles" (casi vacíos por otra parte,
como consecuencia de políticas erróneas a comentar en otra
oportunidad), sino de fomentar un descontento que, ante un eventual
nuevo desabastecimiento de las góndolas de los supermercados,
instalará en la sociedad la expectativa inflacionaria. Una expectativa
que nada tendrá que ver con la inflación que en la actualidad
efectivamente existe, pero que puede ser considerada como vinculada a
una mejor redistribución del ingreso y, en consecuencia, a un mayor
consumo.

La otra inflación, la de veras peligrosa, es la que surge del sitio,
del asedio, del bloqueo a las ciudades de parte de los productores
agrarios, que desabastecen o amenazan con volver a desabastecer al
grueso de la población metropolitana.

En un contexto psicológica y políticamente inestable, como es el que
caracteriza a parte de nuestra clase media, y frente a un Estado sin
respuestas, la práctica del cacerolazo se convierte en un instrumento
de presión que puede conducir a choques mayores y a un vertiginoso
descenso en la apreciación que merece el gobierno.

Parece evidente que, a pesar de lo exiguo de su compromiso con una
reversión del modelo neoliberal que devastó a la Argentina durante las
últimas décadas del siglo XX, el gobierno de los Kirchner resulta
intragable para el establishment. Aunque más no sea por el potencial
de cambio que tiene por ser una emanación de la voluntad democrática
del pueblo.

Frente a los dos gobiernos Kirchner desde los medios siempre se han
planteado problemas a los que se magnifica fuera de toda proporción.
Primero fue la inseguridad, a la cual, sin embargo, los medios se
cuidaron muy bien de vincular con la destrucción social generada por
el modelo implantado por el neoliberalismo.

Y ahora es la "rebelión del campo", que en realidad es la sedición de
unos medianos productores bien provistos, y de una Sociedad Rural
vinculada a las transnacionales, que los fogonea desde atrás. Para
todos ellos nunca nada es bastante y requieren el total de la torta
exportadora, sin importarles un adarme las posibilidades y los
derechos que el país en su conjunto tiene de beneficiarse con una
parte de producto de la renta diferencial agraria. Amén del derecho
que tiene el gobierno de regular la producción para que no se
produzcan los efectos distorsivos de un monocultivo –la soja-,
generado por la coyuntura internacional y explotado irracionalmente.

Ahora bien, ¿cómo defender a quien no se quiere defender? Por
contradicciones internas, por una frivolidad que presume que los
problemas se arreglan por sí solos o por complicidad respecto al
modelo, el gobierno nacional asistió a la ofensiva de una oposición
cada vez más envalentonada, desde una pasividad de mal agüero. El
primer síntoma de esta floja actitud estuvo dado por la  complicidad o
tolerancia que se tuvo para con los piqueteros "paquetes" de
Gualeguaychú que, desde hace más de un año, bloquean de tanto en tanto
los accesos al Uruguay, infiriendo un daño mayor al proyecto
estratégico del Mercosur y violando el derecho internacional.

Si no hay acuerdo con los productores, hay que salir de esa pasividad,
apelando a los legítimos instrumentos de los que el gobierno dispone
para liberar las rutas. La Gendarmería, para hablar claro. Cuidado, en
cambio, en referir esa tarea a grupos de choque progubernamentales que
podrían incentivar el clima de anarquía.

La clase dirigente argentina tiene poco de dirigente. Se engancha al
primer tren que pasa. El modelo neoliberal consagrado sin tapujos en
la era de Menem no encontró otra oposición que la de grupos aislados.
Ahora, la ilegítima deuda externa que aún nos oprime ni siquiera ha
sido repudiada formalmente y convertida al menos en un motivo de
agitación en el Congreso y en los foros internacionales; y la opción
latinoamericanista abierta por el Mercosur y por Venezuela en un
momento de quiebre del modelo sistémico de los '90, ha sido asumida
solo parcialmente. La oposición, por su parte, ni siquiera ha revisado
el siniestro papel jugado por muchos de sus personeros en ese período.

Y mientras tanto el panorama mundial se está ensombreciendo. Las
posibilidades de un conflicto mayor en el Medio Oriente se pronuncian.
La crisis financiera ronda. La IV Flota norteamericana se inaugura en
aguas del Caribe, con el pretexto de que Hugo Chávez se apresta a
expandir su revolución a otros países de Sudamérica. Y también con la
excusa de que lo hace para defender a Estados Unidos del
narcoterrorismo…, ¡con un portaaviones y un submarino nuclear, nada
menos! La globalización se militariza aceleradamente. El proyecto de
los biocombustibles amenaza el equilibrio ecológico en grandes zonas
de Sudamérica y a nosotros en ella… Pero todos estos problemas, que se
ciernen sobre el mundo y que deberían ponernos en aptitud de enfrentar
su amenaza, no parecen inquietar a nuestra dirigencia que, muy en
especial desde el frente opositor, da la sensación de preferir el
juego de masacre antes que la búsqueda de soluciones concertadas y
caracterizadas por una visión de conjunto, que conciba a la sociedad
no como a una vaca lechera susceptible de ser exprimida sin fin, ni
como una oportunidad para obtener réditos electorales, sino como una
base material y moral desde la cual concebir nuevos desarrollos.

Nos falta un trecho para constituirnos como una sociedad en serio.
Deberíamos tratar de acopiar la actual experiencia para acortar el
camino.

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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría


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