[R-P] Gra, gra, gracias a la tierra?

Leonardo Cofré lcofre en hotmail.com
Vie Mayo 16 17:04:57 MDT 2008


Como si fuera el final del programa de Pettinato en el 13, y estuviera 
sonando el tema de Billy bond y la pesada de cortina musical, muchos 
dirigentes agropecuarios piden, esperan, que demos loas, que le agradezcamos 
al campo, a la tierra por su labor, otra falacia mas usada como argumento y 
que aquí el bueno de Pierri, investigador del Centro Interdisciplinario de 
Estudios Agrarios, FCE/UBA, trata en la nota junto a otras ¨verdades 
camperas¨. EN ese nivel de debate estamos, ante esas intrincadas estupideces 
y argumentos cuatreros nos encontramos.
L  E  O
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Por José Pierri *
No hay que agradecer tanto
Se debe relativizar un argumento repetido en los últimos tiempos acerca de 
que debemos "dar gracias al campo". Desde ya que en términos generales 
debemos agradecer a todo aquel que realiza una tarea productiva y/o laboral 
en el país: en la industria, en la recolección de residuos, en la reparación 
de maquinarias, etcétera. Pero no andamos por ahí dándoles gracias a cada 
momento al conductor del ómnibus ni al camionero, al albañil o los 
petroleros, ni a todos los que de alguna manera trabajan en una sociedad. 
Hoy todos dependemos de todos y sin ese trabajo social sería imposible la 
producción y exportaciones del sector sojero.
Debe imponerse un poco de claridad y racionalidad en un debate en que muchos 
emiten opiniones sin demasiados fundamentos y vierten opiniones 
apocalípticas sobre la situación del país cuando éste se ha recuperado de 
manera sensible a solo seis años de haber atravesado la peor crisis de la 
historia argentina. Se entiende el análisis parcial vertido por los 
integrantes del sector interesado, pero son incomprensibles en algunos 
políticos de derecha, centro o izquierda. Parece que la confusión es 
generalizada. Así por ejemplo se destaca y critica el avance de la inflación 
y acto seguido los mismos piden medidas para el campo que significarían un 
avance aún mayor del proceso inflacionario.
El paro agropecuario comenzó cuando se anunciaron las retenciones móviles a 
las exportaciones de soja y una rebaja mínima a las de maíz y trigo. Se 
agregaron luego otras problemáticas, que deben ser estudiadas para ver la 
justeza del reclamo en algunos casos. Debemos subrayar que el conflicto gira 
en torno de la soja; no de otras producciones agrarias ni particulariza 
sobre la situación de miles de explotaciones medianas o pequeñas de zonas 
extrapampeanas, que presumiblemente sí son las más afectadas en la actual 
situación.
Otra realidad incuestionable es que no se encuentra en la historia de 
nuestro país y dudo que en la historia mundial una modalidad de lockout 
empresario de la extensión en tiempo y la gravedad de la modalidad de 
protesta que la que protagonizan las entidades del agro pampeano en una 
época de mejoramiento de la rentabilidad y cuando se puso fin a los remates 
de campos de productores endeudados propio de los años de la 
Convertibilidad, cuando desaparecieron decenas de miles de explotaciones. En 
ese sentido y en relación al presunto "aguante" declamado por las entidades 
del agro, parece que el mismo era mucho más débil cuando la política liberal 
despoblaba el campo y liberaba las tasas del crédito bancario y se disolvían 
la Junta Nacional de Granos, la Junta Nacional de Carnes y otras entidades 
que durante décadas subsidiaron/ayudaron al sector, medidas que sólo 
motivaron protestas mucho más débiles que las actuales.
El cultivo de soja batió sucesivos records de producción y exportación, 
independientemente del gobierno de turno: dictadura militar, presidencias de 
Alfonsín, Menem, De la Rúa, Duhalde y Kirchner. El motor del crecimiento 
continuo fue el cambio en el mercado mundial de la soja, monopolizado hasta 
los '70 por los Estados Unidos y en el que hoy aparecen como nuevos 
principales importadores China, India, Pakistán, Irán, Bangladesh. Cuando el 
negocio tomó escala planetaria en los '90, un pequeño grupo de grandes 
plantas aceiteras controló oligopólicamente el negocio, desplazando a 
empresas nacionales y cooperativas como FACA, ACA, Aceitera Chabás. Hoy 
cinco empresas -Cargill, Bunge, Aceitera General Deheza, Dreyfus y Vicentin- 
controlan el 80 por ciento de las exportaciones de aceite y harina de soja y 
junto con un puñado de otras grandes empresas internacionales controlan más 
del 90 por ciento de las exportaciones de grano del cultivo.
El tenor de las opiniones de muchos de los que participan del debate ofende 
a la inteligencia y a la cordura. Para aclarar el debate sobre la soja y el 
problema agrario no se lo debe confundir con las opiniones generales sobre 
el Gobierno, como suelen hacerlo muchos reclamantes y/o opinantes. La mezcla 
de temas produce confusión. Indudablemente las políticas económica y social 
del Gobierno deben o pueden ser censuradas y/o enfrentadas (tren bala, 
necesidad de una política más activa de distribución del ingreso), pero 
utilizar, sin un análisis previo, el conflicto agrario con el fin de lograr 
acumulación de fuerza política parece alejarnos de la racionalidad.
* Investigador, Centro Interdisciplinario de Estudios Agrarios, FCE/UBA. 




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