[R-P] [E. Lacolla] Ofensiva imperialista en A.Latina y centrifugación boliviana

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Lun Mayo 12 14:00:24 MDT 2008


Las tendencias centrífugas en Bolivia, espejo de
la ofensiva imperialista en América latina.
por Enrique Lacolla
(10.05.08)


Tras la fase esperanzadora de la reacción contra la experiencia
neoliberal, minada por la debilidad de unas dirigencias que no han
sabido aprovechar la ola de fondo que las impulsaba, el Imperio
contraataca.

Son estos unos días inquietantes para el país y para América latina.
En Argentina, el lock out de los empresarios del campo está
enfatizando una ofensiva contra el gobierno que este, hasta ahora, no
se decide a enfrentar con el debido rigor. Con un frente de
enardecidos pequeños o medianos productores y detrás de una pantalla
mediática casi sin grietas, las corporaciones agrarias y ganaderas
están tomando al país de rehén. Quieren el disfrute del máximo de sus
ganancias sin tomar para nada en cuenta los intereses generales de la
población. En aras de ese objetivo, parecen no vacilar en buscar la
desestabilización institucional.

Pero nuestro tema de hoy es el referéndum de Santa Cruz, en Bolivia,
otra página oscura que está indicando una recomposición del frente
antipopular tras el cual se percibe la mano del imperialismo y de los
sectores a ellos ligados. Ese referéndum ilegal, convocado para
proclamar la autonomía de ese departamento del Oriente boliviano, se
cerró con la aplastante victoria del Sí. Más allá del análisis
circunstanciado de los guarismos, que revelan una gran proporción de
abstenciones, proveniente, en su mayor parte, de la masa más pobre de
la población, las cifras tienen un impacto innegable: casi el 86 por
ciento de los votantes apoyó el estatuto y apenas un 14 por ciento
votó en contra.

¿Significa esto que la aspiración a la autonomía (que disimula mal el
propósito independentista de la región) consagra a la aspiración
secesionista con una sanción democrática?

Depende de cómo se lo mire desde una perspectiva histórica. La
secesión y la generación de estados desgajados del cuerpo de una
nación madre, siempre han sido, desde la época de las revoluciones
nacionales burguesas, intentos reaccionarios dirigidos a cortar, de la
Nación, a las zonas donde las oligarquías locales concentraban una
riqueza que las privilegiaba respecto de las áreas menos favorecidas
del país, cuando no podían reducir estas a su voluntad.

O bien se trató de conflictos determinados por el deseo de esos mismos
sectores de no perder su situación de privilegio a manos de otras
regiones que estaban creciendo a un ritmo superior y en base a
proyectos más modernos.

En el siglo diecinueve, Buenos Aires fue un ejemplo del primer caso.
Cuando creyó no poder imponer su proyecto a la Confederación, intentó
separarse de esta. El último de estos esfuerzos, casi a destiempo,
pues el modelo argentino ya había sido fraguado por Mitre después de
Pavón, fue la rebelión de Tejedor, sofocada en 1880 por el general
Roca. Este ha sido muy difamado en los últimos tiempos, pero a él se
debe, en última instancia, la estructuración de Argentina como una
unidad. Inestable e injusta, si se quiere, pero unidad al fin, en vez
de ser un espacio fracturado entre el Litoral, el Centro-Norte y una
Patagonia no sabemos si chilena o independiente baja británica.

Por otra parte, si atendemos al Estado nación por antonomasia, Estados
Unidos, no hay duda de que, desde el punto de vista de la voluntad de
los pobladores del Sur, este debería haberse desgajado de la nación en
1861, ya que la inmensa mayoría de sus habitantes estaba a favor de la
independencia. A la población esclava, que podría haber alterado un
poco esta proporción, no cabía contarla, pues no era una protagonista
del quehacer político, no disponía de volición propia ni tenía
capacidad alguna de decisión.

Confrontado a esta situación, el gobierno de Abraham Lincoln no se
preocupó mucho por la democracia. Expresivo del potencial del Norte
industrial proteccionista enfrentado al modelo agroexportador
librecambista del Sur, tomó la sencilla –aunque desgarradora- decisión
de no dejar irse al Sur, y lo forzó, en una guerra que costó 600.000
muertos, a quedarse donde estaba.

Visto desde este ángulo, el carácter reaccionario de la movida
autonomista de Santa Cruz queda en claro. Pero, como siempre ocurre en
estas lides, en especial cuando se trata de países débiles, hay
influencias externas que fogonean la disgregación. En el caso que nos
ocupa no cabe olvidar que ya en 2003 Mike Falcoff, asesor del
vicepresidente norteamericano Dick Cheney, vaticinó la pronta
desaparición de Bolivia del mapa sudamericano. Y se debe tomar en
cuenta que Philip Goldberg, actual embajador estadounidense en La Paz,
fue una figura de referencia para articular la política norteamericana
en los Balcanes durante la década de los '90, momento en que se
precipitó el desgarramiento de Yugoslavia. Su último destino fue
Kosovo...

Los embajadores norteamericanos no desembarcan en los países adonde
van dirigidos por azar o por su habilidad para trepar socialmente: son
especialistas en los temas que hacen a las políticas que Washington
quiere propulsar en determinadas zonas.

La situación boliviana en este momento se presta a todo tipo de
manejos segregacionistas. De los nueve departamentos en que se divide
Bolivia, entre cuatro y seis de ellos están controlados por el poder
de los gamonales, es decir, por el caciquismo y la oligarquía
latifundista. Santa Cruz, Pando, el Beni, Tarija, y hasta cierto punto
Cochabamba y Chuquisaca, se encuentran en manos de los sectores
conservadores, que se oponen al gobierno de Evo Morales, que sólo
cuenta con un apoyo consistente en La Paz, Oruro y Potosí. A esto se
suma el detalle, nada menor, de que en Santa Cruz se concentra el
mayor peso en lo referido a la producción, al desarrollo y a la
demografía, amén de detentar, junto a otros de los departamentos
rebeldes a la autoridad del Estado central, enormes reservas gasíferas
y petroleras que la convierten en un objetivo más que apetecible para
las transnacionales.

Digamos que el gobierno de Evo Morales y de su vicepresidente Álvaro
García Linera cometió no pocos errores que facilitaron la crisis
actual. Uno de ellos fue la utopía de devolver su razón de ser a las
"naciones originarias", que si bien puede parecer una reparación
histórica, no deja por esto de vulnerar un Estado que requiere de una
centralización férrea si quiere mantener unido a un país que cruje por
todas sus costuras.

Lo del reférendum del pasado domingo fue el primer acto de una pieza
que recién se inicia. Ahora bien, frente a la amenaza de caos y al
carácter desordenado y recorrido por las contradicciones internas del
MAS, otra vez, como tantas otras en la historia de América latina, el
ejército surge como valor decisorio. El racismo camba (o blanco) en
Santa Cruz y sus reivindicaciones respecto de su automanejo y de la
explotación egoísta de los recursos que contiene la tierra, y la
probabilidad casi segura de que su ejemplo inspire a las otras zonas
de Bolivia que quieren independizarse de La Paz, inquieta a las
Fuerzas Armadas. La cuestión es saber de qué Fuerzas Armadas se trata.
¿Habrá a su frente figuras capaces de gravitar en la unidad del país
sin romper la continuidad institucional? ¿Será esto posible? ¿Habrá en
ellas sectores proclives a ser comprados por el imperialismo?

De lo que no cabe duda es que de la actitud de los países de América y
en especial de los que conforman el Mercosur, dependerá en buena
medida la integridad de Bolivia. Argentina y Brasil tienen en este
sentido una responsabilidad sustantiva.

En oposición a los escarceos unitarios de Sudamérica de los que hemos
sido testigos esperanzados en años recientes, los separatismos están
siendo estimulados por el Imperio. No sólo en Bolivia, por cierto. Las
reivindicaciones postuladas a propósito de la rica región de Zulia, en
Venezuela, colindante con Colombia; y las que giran en torno de
Guayaquil en Ecuador, son muestras de una maniobra que avanza.

Sólo la conciencia de estos problemas y la coordinación entre los
países de Sudamérica para hacerles frente, podrán protegernos de los
tiempos oscuros que me temo están a la vuelta de la esquina.

-- 

Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría


Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular