[R-P] La crisis política colombiana, Betancourt y Uribe

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mie Mayo 7 06:03:28 MDT 2008


Gentileza de Roberto Blanco

Revista SEMANA On Line- Colombia- 06/05/2008

COLOMBIA
La reforma política de Íngrid

Hoy hace diez años se firmó un pacto entre Ingrid Betancourt y Andrés
Pastrana para sacar al país de la que entonces se consideraba la peor
crisis institucional de la historia, después del 8.000. Si hubiera
prosperado esa iniciativa quizás no estaríamos hoy en otra crisis.

Por Catalina Lobo-Guerrero

El apartamento de Ingrid Betancourt y Juan Carlos Lecompte, donde
vivían antes de que ella fuera secuestrada, está lleno de retratos de
Ingrid, de sus premios, y de objetos que recuerdan sus ideas
políticas. Los que la conocen bien saben que ella guardaba desde los
recortes de prensa de las noticias que le interesaban, hasta los
documentos del partido Oxígeno Verde, y los panfletos y material de
propaganda de sus campañas. Luego de su secuestro, todas sus ideas
quedaron archivadas en varias cajas que hoy descansan contra una pared
en el largo corredor de la entrada.

Pero entre las cosas que habría que desempolvar está todo el material
publicitario de la famosa reforma política que Ingrid y los
"Independientes" buscaron impulsar hace 10 años para blindar al
congreso del clientelismo, las maquinarias políticas y la corrupción.

En ese entonces se hablaba de que el país atravesaba la peor crisis
política de su historia, después del Proceso 8.000, el escándalo por
infiltración de dineros del narcotráfico en las campaña de 1994. Diez
años más tarde, hay una sensación de "deja vue" cuando el país pasa
por un conflicto grave que pone en jaque la institucionalidad y vale
la pena preguntarse si la situación actual no hubiera sido distinta
con la reforma política de Ingrid vigente.


El referendo de Ingrid

"Para ella fue muy frustrante haber obtenido la más alta votación y
darse cuenta de que en el Senado, no obstante, seguían los mismos con
las mismas de antes, y que nada había cambiado en cuanto a la
politiquería que permitía que los mismos siempre llegaran al poder",
dice Juan Carlos Lecompte, recordando lo que sentía la senadora al
haber sido elegida en 1998.

Cuenta que por ese motivo Ingrid y un grupo de casi 30 líderes
políticos empezaron a hablar de la necesidad de una reforma que
transformara la manera en que la gente accede al poder. El primer
borrador de esa reforma lo escribieron en el mismo apartamento de
Ingrid, el ex senador Eduardo Chávez y Claudia Vásquez. Luego se
fueron adhiriendo otras ideas y otros representantes, en ejercicio y
salientes, que llegaron a ser conocidos por el nombre de "los
independientes".

Los puntos clave de la reforma que llegó a conocerse como el
"Referendo contra la corrupción", y luego como el Refrendo de Ingrid,
eran esencialmente cuatro. El primero de ellos buscaba ampliar la base
electoral (con el voto obligatorio y la mayoría de edad a los 17). "Lo
que pensábamos era que había que ahogar los votos corruptos con un mar
de votos limpios. El clientelismo y la corrupción avanzan mejor cuando
hay menos votos", recuerda el ex senador Eduardo Chávez, y uno de los
asesores más cercanos de Ingrid.

La reforma también buscaba que fuera el estado el que financiara las
campañas políticas, brindando acceso gratuito a los medios, transporte
gratuito el día de elecciones y que se cubrieran todos los gastos de
campaña para movimientos y partidos, no para candidatos. De esta
manera se quería evitar que dineros mafiosos entraran a financiar las
campañas.

La reforma de Ingrid proponía una independencia de los organismos de
control, a tal punto que los cargos de contralor y procurador fueran
decididos por elección popular y que el fiscal general fuera elegido
por la Corte Suprema de Justicia, de una terna presentada por la Corte
Constitucional. Con esto se buscaba disminuir la influencia del
ejecutivo sobre las decisiones de la Fiscalía.

Por último, la reforma quería cambiar las reglas de juego electorales
y de los partidos, con una lista única en cada circunscripción
electoral, para acabar con las microempresas electorales. La
afiliación política debía ser a un solo partido para acabar con las
maquinarias, y se buscaba implementar el voto preferencial. También se
iban a suprimir las suplencias temporales para acabar con el negocio
de los renglones en las listas y la pérdida de la investidura y
personería jurídica a los candidatos y partidos que infringieran las
disposiciones electorales. De esta manera los partidos debían
responder también por las acciones de sus representantes.

En una entrevista con Semana en 1998, Ingrid dijo lo siguiente acerca
de su plan de reforma a través de un referendo: "Es indispensable
porque se necesita abrirle paso a una dirigencia comprometida con
solucionar los problemas de los colombianos y no con enriquecerse y
aumentar su propio patrimonio. Para eso hay que combatir las
maquinarias y el clientelismo. "

El pacto incumplido con Pastrana

Todos los puntos de este referendo quedaron consignados en el
"pasaporte anticorrupción", una campaña publicitaria que simbolizaba
la alianza entre los Independientes con Andrés Pastrana. Ingrid y
Pastrana firmaron un pacto el 6 de mayo de 1998 para que una vez éste
llegara a la presidencia, se hiciera en un corto plazo la reforma
política. El slogan de campaña presidencial de Pastrana era "El cambio
es ahora", pero los Independientes añadieron un nuevo slogan para
simbolizar la necesidad urgente de la reforma: "El cambio radical".

Pero una vez Pastrana ganó las elecciones, el cambio no fue tan
radical, y el pacto con Ingrid y los independientes empezó a
convertirse en una promesa de campaña que no podía cumplir. Desde
antes de posesionarse Pastrana conformó una comisión de la Reforma
Política, de la cual hacían parte: Humberto de la Calle, coordinador
de la comisión, Ingrid Betancourt, senadora, Fabio Valencia Cossio,
senador, Manuel José Cepeda, Hernando Yepes, constituyente de 1991,
Parmenio Cuellar, ex senador, Hugo Escobar Sierra, presidente del
Directorio Conservador, y Eduardo Chávez, ex senador.

La comisión empezó a trabajar en la propuesta, reformulando algunos de
los puntos iniciales de la propuesta de Ingrid, pero se encontró con
un obstáculo en el camino con nombre propio: el Ministro del Interior,
Néstor Humberto Martínez, quien rápidamente mostró amplias diferencias
con la propuesta original. La principal era que ese reforma debía
pasar por el congreso, y no ser un referendo para que lo votaran los
ciudadanos.

El 19 de septiembre de 1998 la comisión se reunió en el hotel Casa
Medina y allí Pastrana les anunció que no podía llevar a cabo el
referendo como estaba planteado originalmente, y que lo iba a someter
al congreso de la república. Según los amigos cercanos de Ingrid, este
episodio para ella fue una "encerrona" y una traición por parte de
Pastrana.

A partir de ese momento Ingrid y la mayoría de los independientes se
apartaron de la reforma política que siguió impulsando el gobierno a
su manera y buscaron impulsar su propio referendo por medio de la
recolección de firmas, con miras a lograr la revocatoria del congreso.
El Tiempo publicó una cita de Ingrid sobre su decisión: "Hacer el
referendo con el Congreso es como reformar el Código penal con los
Rodríguez".

Pero para Pastrana, quien había tenido una campaña para la presidencia
bastante difícil, haber impulsado una reforma que purgara de entrada a
su congreso, con quien tenía que gobernar era muy difícil. Hubiera
sido su suicidio político.

La batalla final

A partir del 1 de octubre Ingrid y los Independientes salieron a
recoger firmas para el "Referendo anticorrupción" y empezaron a hacer
una campaña de lobby para que los congresistas votaran en contra de la
reforma política del gobierno. La reforma política fue aprobada el 14
de mayo de 1999, pero muy pronto aparecieron varios micos y un mes
después de que Ingrid Betancourt iniciara una campaña anti reforma en
el Senado, el proyecto se hundió por 10 votos contra 9 en la Comisión
I.

La recolección de firmas para el referendo de Ingrid continuó un año
después. Se necesitaban 130.000 para que fuera aprobado, pero el 5 de
mayo del 2000 el Congreso dejó vencer el término para decidir sobre el
referendo por vía popular, y se determinó que los ciudadanos debían
recoger el 10% de las firmas del censo electoral (2.200.000) y auto
convocar al referendo.

Quince días después, la Registraduría expidió una planilla para la
recolección de los dos millones de firmas adicionales y los
Independientes empezaron a organizar una firmatón masiva, pero con
muchos problemas de financiación. Según Juan Carlos Lecompte, en ese
entonces costaba 200 pesos recoger cada firma. "Se necesitaban 260.000
millones de pesos, y esos recursos no los tenían", dice Lecompte, y
añade que muchos de los empresarios que normalmente habían apoyado a
Ingrid tenían miedo de apoyar un referendo popular que revocara el
Congreso. "Si esa propuesta de referendo se hubiera dado en el ocaso
del gobierno de Pastrana, cuando ya estaba desprestigiada su labor,
tal vez hubiera pasado," dice.

A través del "firmatón" solo llegaron a recoger 770.000 firmas de
1.300.000 que se necesitaban para que la reforma no se hundiera. "Nos
quedamos con las cajas llenas de los formatos. Nos dio muy duro porque
ahí estábamos perdiendo una batalla importante", dice Chávez. Pero
agrega que después de esa derrota Ingrid y algunos de sus seguidores
empezaron a construir el partido Oxígeno Verde, de cobertura nacional
y ella empezó a preparar su futura campaña presidencial, que debía
incluir como punto central una reforma política.

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el tiempo- Colombia/ editorial/ columnistas/ 06/05/2008

COLOMBIA
LA RESPONSABILIDAD DE URIBE

Uribe no puede eludir responsabilidad en la crisis. Nada
sucedió a sus espaldas

Ahora resulta que son los partidos uribistas los que deben responder
por sus actos. Según el Comisionado de Paz, "no fueron los partidos
políticos los que eligieron al Presidente en el 2002 y en el 2006,
sino que eran los candidatos los que aprovechaban esa buena imagen del
Presidente para hacerse elegir". Como si el Presidente no les hubiera
entregado los ministerios, entidades descentralizadas, embajadas y
consulados, que les permitieron reforzar su poder electoral en
departamentos y municipios. Como si no los hubiera legitimado,
llevándolos a los consejos comunales para que entregaran los cheques a
las madres comunitarias, artesanos o desplazados que cada sábado se
benefician del activismo presidencial.

Al Presidente se le olvida que está en el gobierno gracias a que esos
partidos (con su auspicio clientelar) le torcieron el cuello a la
Constitución, para aprobar la reelección inmediata. Y que fueron ellos
los que aprobaron las reformas tributarias para sostener el gasto
público, o votaron la Ley de Tierras, la Ley Forestal o el Estatuto de
Desarrollo Rural, que legalizan las nuevas modalidades de tenencia y
explotación de la tierra. Y que ha sido la falta de control político
de esos partidos uribistas la que ha permitido que el Gobierno siga
entregando subsidios y aranceles con nombre propio, o la que ha
impedido que prosperen las mociones de censura contra los ministros de
Agricultura y de Defensa.

Es el talante uribista. O mejor, de Uribe. Ese que Antanas Mockus
cuestiona sin ambages, al decir que no le importan los medios que
tenga que utilizar para lograr sus fines. Y cuando esos medios se
desbordan, pues no tiene problema en negar a quienes sirvieron a
ellos. Y si son exitosos, no duda en atribuirse los éxitos que
resulten de allí. "Lo hace casi sin parpadear". Es la ética en la que
no importan los principios, sino los resultados.

Ese talante es el que se ha extendido por todo el territorio,
reforzando la politiquería y el clientelismo que los partidos
tradicionales habían sembrado con solidez. Y que tiene al país ante
una crisis de esta magnitud. Si Uribe hubiera utilizado ese mandato
ciudadano para gobernar alejado de la politiquería y el clientelismo
que tanto combatía, el país tendría un rumbo muy distinto. Y el
Gobierno, otros aliados. Si hubiera seguido el camino de Mockus,
Fajardo, Bromberg, Cardona y tantos otros que han demostrado que es
posible gobernar sin acuerdos por debajo de la mesa, la política se
estaría tramitando de otra manera. Uribe no puede eludir su
responsabilidad política en la crisis. Las cosas no sucedieron a sus
espaldas. Su gobierno gestó la coalición que hoy lo tiene contra los
palos. Allí nació el partido de la U, se fortalecieron el Conservador
y Cambio Radical y tuvieron un lugar decisivo Colombia Democrática,
Colombia Viva y Convergencia Ciudadana. A ellos les entregó la
burocracia y la contratación pública. Y su voracidad solo terminará
estrechando el cerco. Esa que, cuando todo se degrada, solo permite
considerar la hora de renunciar. Como dice Mockus, antes de que la
historia y la justicia den su fallo definitivo.

Pedro Medellín Torres

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Néstor Gorojovsky
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