[R-P] Editorial del programa Horizonte Sur - Jorge Eduardo Rulli - 4 de mayo
juan cruz
gauchocruz en argentina.com
Lun Mayo 5 08:58:47 MDT 2008
seguramente a alguien le interesará, todavía no salió en www.grr.org.ar, y para el que
no lo escuchó en la radio
para leer en 15 minutos y pensar por mucho tiempo más
Habla Jorge Eduardo Rulli
Durante muchos años fuimos ignorados o aún peor, menoscabados por el grueso de
la dirigencia política y de los periodistas del sistema. Las preocupaciones que
manifestábamos de manera permanente, eran acerca de las consecuencias
ambientales de los modelos económicos, de sus impactos sobre el medio y sobre la
salud de las poblaciones, y por si todo ello fuera poco nos preocupábamos además
por destacar los mecanismos de sumisión a las nuevas dependencias globales, así
como las decisiones que nos habían conducido a ese estado que muchas veces
denominamos de transcolonialidad, o sea de nuevo colonialismo pero de las
corporaciones transnacionales.
El común de los activistas que conforman las muchas organizaciones
socioambientales que han llenado el vacío dejado por los partidos, comprendió
rápidamente en cambio nuestro mensaje y aprendió a realizar las conexiones entre
los montes de árboles implantados para pasta, la minería por cianurización y los
monocultivos de soja, así como sacar sus propias conclusiones acerca de cómo el
manejo por REPSOL de nuestro petróleo, y la falta de rol del Estado aportaban a
estas nuevas, y extrañas dependencias de principios del siglo veintiuno.
Lo que en algún momento nos pareció un objetivo difícil, casi inalcanzable, tal como
fuera el propósito deseable de unir en la comprensión de sus protagonistas, las
diversas luchas populares, resulto más fácil de lo que pensábamos. Fueron muchos
los que rápidamente comprendieron que el modelo agrícola era un modelo minero,
que los eucaliptos eran otro monocultivo extractivo y que el modelo minero era puro y
sencillo saqueo y devastación de los ecosistemas. Lamentablemente, la dirigencia
política y sus comunicadores, parecieron ir a la zaga de la conciencia popular.
Todavía ven a los actuales conflictos con el campo, fundamentalmente, como
rencillas por el poder; suelen vivir estos conflictos como traiciones o como
agresiones al propio rol, como desafíos a la propia autoridad, desafíos a los que
tienen que responder de igual manera o acaso cuando los exceden, dejar enfriar para
que pase la tormenta.
Hallaron por ejemplo, que un cambio de ministro puede ser un modo de zafar de una
situación engorrosa y no dudaron en sacrificar a quien no llegara a integrárseles
totalmente. Ahora, con algunos enroques de funcionarios, continúan negociando
situaciones parciales, pero esas negociaciones se desarrollan en un marco de total
ausencia de políticas de Estado, como si el país fuese el tendedero de un
mercachifle.
No pueden comprender o no quieren comprender, lo que cada vez más y más
argentinos en todos los rincones de la patria comprenden e incorporan con admirable
lucidez. Que la Argentina aceptó hace mucho las reglas internacionales que les
fijaron las corporaciones transnacionales y la Organización Mundial de Comercio, y
que no se sale de esa situación de colonización, con remiendos o con paliativos, sino
solamente regresando a los orígenes del problema para comprenderlo y cambiar el
rumbo. Necesitamos revisar las políticas establecidas en los años noventa, y aún
antes todavía. Porque ya no podemos negarnos a reconocer que estas políticas
económicas fueron diseñadas durante la dictadura militar por una burguesía
prebendaria del Estado y que sus fundamentos, no solo no han sido revisados, sino
que buena parte de esa burguesía pareciera haberse reproducido entre los amigos
del poder. Esta ha sido la ceguera política o acaso la gravísima complicidad, de
sucesivos gobiernos democráticos, que no hicieron sino continuar por la huella
establecida, al permitir que empresas como Techint, Los Grobo, Deheza o acaso el
suplemento Rural de Clarín, diseñaran las políticas públicas y propusieran los
objetivos de la acción de gobierno. Ahora, la crisis ha desnudado a la monarquía y es
público que teníamos razón, y resulta imposible no recordar que lo dijimos una y mil
veces hasta quedar afónicos, y que nos tildaron de utópicos, de delirantes, de
pretender volver a las cavernas, de no estar bien informados, de ser obsesivos y
monotemáticos con la soja y con los monocultivos.
No estoy planteando un problema de susceptibilidad, de reconocimiento o acaso de
justicia en el plano de las memorias y de los registros. Muchos años de
compromisos con las luchas nacionales y sociales, me hacen ser sumamente
escéptico respecto a los reconocimientos de esta índole y a estar al tanto que la
historia suele ser escrita por los vencedores y por los oportunistas. Me preocupa que,
tal vez sin la mala intención que podría suponerse, el intento de resolver la crisis del
campo a partir de la improvisación o de la incómoda conciencia de haber estado
respaldando activamente a quienes hoy se les vuelven contra, conduce por caminos
que no son sino más de lo mismo y tan pero tan peligrosos, como aquellos que los
han traído hasta la crisis actual en la que se encuentran y en la que parecen
sofocarse. Es el caso de los dineros que como devolución de retenciones se les
ofrecen a los pequeños productores y que inevitablemente los confirmarán en el
camino de una creciente sojización, así también, parece ser el caso de los dineros
que se le están concediendo a diferentes municipios para desarrollar producciones
de alimentos bajo invernáculos, con el asesoramiento de organizaciones como el
INTA o como la organización paraestatal y para empresarial de Mariano Winograd,
que lleva el sugestivo nombre de "5 al día", aunque no refiere a lo que podríamos o
nos gustaría imaginar, sino a la ingesta de vegetales, y que no es más que el patético
ejemplo de un agronegocio diseñado para pobres, pensado y reservado en el plan de
las corporaciones para cuando los otros agronegocios condujeran al colapso y a la
crisis social. El gobierno, entonces, en su penosa improvisación de soluciones a la
crisis, no hace sino “descubrir”, aquellas alternativas que habían sido pensadas
como plan B por las mismas empresas que los condujeron al desastre del que
pretenden escapar. Pero están en un brete y no lo saben, están en el brete de creer
en la escala, en el endiosamiento de las tecnologías, en creer que lo grande es
bueno y que mejora lo pequeño, que el crecimiento del producto bruto es deseable,
que el deber de un gobernante es el de dar de comer, como si los ciudadanos
fuésemos niños. Creen en la ciencia empresarial, creen, siempre creen, pero no son
capaces de crear… Lo suyo es un credo, un paradigma del que les resulta difícil
escapar, aún más todavía, ni siquiera lo intentan…
Mientras tanto, y cuando la película Hambre de Soja se proyecta por el canal oficial, no
podemos nosotros como Grupo de Reflexión Rural continuar con los mismos
discursos, sino que tenemos el deber de ahondar las reflexiones para comprender
inclusive a todos aquellos que no nos comprenden y para continuar mostrando y
señalando caminos posibles, y en particular caminos y tareas que puedan ir
imponiéndose desde abajo y convirtiendo en verdad la realidad, aun sin contar con el
apoyo de la dirigencia política. Partamos de que la opción sigue siendo liberación o
dependencia, pero añadamos que la condición para jugar hoy en el campo del
pueblo, es claramente la de anteponer lo nacional a lo social y ello no va en
desmedro de ninguna situación particular de injusticia, sino que refiere a la
necesidad impostergable de comprender que las diferentes situaciones no son
hechos aislados, sino que participan de un mismo modelo colonial que ha sido
aceptado y convalidado, por los gobiernos de la democracia.
Esto implica la necesidad de ver el bosque, no tan solo los árboles, y significa
comprender el modelo global de la dependencia que contiene a los agronegocios,
las cadenas agroalimentarias, los monocultivos, la minería química, los montes para
pasta de papel, la privatización del petróleo y la dependencia de la deuda externa. Que
lo veamos resulta impostergable. De lo contrario, todo lo que hagamos no serán sino
paliativos, maquillaje o el entrar en nuevas encerronas.
Necesitamos auditar a los exportadores y recuperar la Junta Nacional de Granos,
incluyendo los silos y los puertos que le pertenecían y que se encuentran actualmente
arrendados por el Estado. Necesitamos precios sostén para todos los alimentos que
forman parte del patrimonio alimentario de nuestro pueblo. Necesitamos zonas
protegidas de producción de alimentos alrededor o cercanas a cada una de las
poblaciones, y además resulta imprescindible habilitar ferias y mataderos
municipales para los pequeños productores en cada localidad, así como volver a
permitir la comercialización de leche fresca en las zonas en que se la produce. La
producción local debe, de esa manera, rendir culto a la pequeña escala y a la calidad,
y esto implica abandonar el paradigma competitivo y consumista vigente y volver a
una matriz cultural de arraigos, de trabajos rurales y de desarrollos locales. En esta
perspectiva, nada más lejano que las producciones en invernáculos que se
proponen, y que implican dependencia a insumos y grandes cantidades de
agrotóxicos que envenenan los alimentos que se producen en ellos, así como la
salud de quienes trabajan en esos ámbitos cerrados, altamente contaminados por
los venenos que no se disipan.
Resulta imperioso que el Estado a nivel municipal se fortalezca y asuma nuevas e
imprescindibles tareas, tareas políticas que contengan el diseño territorial, la
producción de alimentos y la conservación de los recursos naturales. Estamos
convencidos que este es justamente uno de los niveles actualmente más débiles en
nuestra organización institucional, a la vez que una de las carencias más urgentes
que deberíamos corregir. Los municipios, trabados por miradas mezquinas,
cobardías injustificables y compromisos de parentesco o inhibiciones aldeanas, no
actúan frente a los poderosos, les permiten continuar destruyendo los ecosistema y
contaminar los ríos impunemente, a la vez que ignoran su propia responsabilidad
como institución del Estado que debería hacerse responsable del destino de los
vecinos, levantan barrios en cercanías de silos e incineradores o acaso en
proximidad de los cultivos de soja que circundan las localidades, y, mientras rinden
culto a los privilegiados del pueblo y alientan las rencillas partidocráticas locales, son
incapaces de establecer mecanismos mínimos de participación que contengan a los
diferentes sectores. No parecen darse cuenta del crecimiento de la conciencia y de la
bronca entre sus vecinos, no asumen que el riesgo que corren es cada vez más grave
y que su desidia, su impotencia y sus míseros manejos, empujan a situaciones
límites. En cada una de las constantes y periódicas visitas que realizamos a los
pueblos, encontramos similar panorama por parte de los Estados municipales: a la
vez que nos sorprendemos por la enorme cantidad de líderes potenciales existentes
entre la población, y que, expatriados de la actividad pública, ejercen su acción
ciudadana desde las instituciones de estudio, desde el periodismo o desde
organizaciones sociales, mientras una minoría pueblerina a cargo de los controles,
posterga la resolución de los problemas y no se atreve a ejercer con suficiente
autoridad el mandato recibido por las urnas.
Como Grupo de Reflexión Rural nos hemos propuesto el empoderamiento de la
población, y esto significa el compromiso de respaldar todo intento organizacional del
común, en especial cuando se trata de reclamos justos y de generar mecanismos de
participación y de toma de decisiones de manera horizontal. Apostamos a una
creciente toma de conciencia socioambiental, en especial, a la conciencia de que el
poder reside en cada uno de nosotros y que los mecanismos de subordinación y de
iniquidad social, los crea cada uno, cuando delega ese poder. El camino que nos
hemos propuesto y que transitamos desde hace ya mucho tiempo, es por naturaleza
lento e incierto. Es posible que sus logros se hagan más evidentes en los períodos
de crisis, tales como en el presente, cuando resulta necesario innovar en las
prácticas y en los dirigentes que se han demostrado inadecuados, pero si la
conciencia aun no es suficiente, no bastará con soluciones aparentes, soluciones en
que sólo se cambien los hombres y mujeres que conducen, porque se habrán
generado nuevas formas de la dependencia, de tal manera que se reincidirá en el
error y las consecuencias serán las de repetir los fracasos, aunque de manera
diversa, una y otra vez. Nos hemos decidido a que el común o al menos todos los que
más podamos, sepan lo que debería hacerse si estuviesen en el lugar de los que
deciden. Por eso le hablamos a un poder que presuponemos sordo y soberbio, le
hablamos no tan solo por si acaso nos escuchan, en realidad les hablamos para que
los demás escuchen lo que les decimos, y entiendan no solamente lo que habría que
hacer, sino también, entiendan que el poder es indiferente y que, con contumacia,
solamente insiste en políticas erradas. Lo nuestro no es por lo tanto una mera
educación o capacitación popular, es algo mucho más mágico y maravilloso, es el
develamiento en la intimidad de cada uno, de las profundas debilidades del poder. Es
también, el conducir a cada uno a enfrentar en el espejo sus indefensiones y
debilidades, a la vez que revelarles sus propias fortalezas y posibilidades. No
sabemos qué efectos puede tener el fenómeno que se está logrando, el de un
escenario en que muchos, muchos más de los que en nuestros sueños alguna vez
imaginamos, saben y además saben que saben, lo que tendrían que hacer si
estuviesen en el lugar de aquellos que teniendo que decidir por ellos, no solamente
no lo saben, sino que se manejan con creciente estupidez y porfía. Solo el tiempo
permitirá conocer si las semillas que muchos hemos sembrado en estos tiempos
difíciles pero preñados de esperanzas, fructificarán y en quienes fructificarán... A
nosotros nos basta con preservar la tenacidad y la antigua fe del sembrador.
Jorge Eduardo Rulli
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