[R-P] El Retorno de la Politica ( Por Ricardo Forster / Ensayista. Filósofo. Profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA )

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Lun Mayo 5 05:58:08 MDT 2008


[Dice Forster: «la profundización de políticas signadas por la
búsqueda de mayor equidad se topará con la violenta oposición de las
clases dominantes que no están dispuestas a renunciar a ninguno de sus
privilegios ni a aceptar que la historia, ya clausurada de acuerdo con
su propia visión del mundo, pueda, nuevamente, ponerse a andar en otra
dirección».

En realidad, la "búsqueda de mayor equidad" no se sale ni un milímetro
del libreto trazado en los noventa, ya que el centro de ese libreto
era la abrogación de la soberanía nacional más que la redistribución
negativa de la riqueza.

Las "clases dominantes que no están dispuestas a renunciar a ninguno
de sus privilegios" ni siquiera están dispuestos a aceptar medidas que
tratan de salvar lo salvable dentro del marco heredado (la
redistribución de la riqueza, tan mentada, no es tomada en sí misma
nada más que eso).

¡Qué decir de medidas realmente profundas, entonces!]

Gentileza de Ezequiel Beer

Pagina 12 -
Lunes, 05 de Mayo de 2008


Del terrorismo de los economistas al retorno de la política
Por Ricardo Forster *

Durante muchos años los argentinos fuimos prisioneros de un discurso
dominado por los mandarines del lenguaje económico; fuimos pasivos
receptores de un discurso cuasi terrorista en el que se clausuraba de
una vez y para siempre cualquier alternativa diferente de la del
neoliberalismo; los economistas profesionales, aquellos en especial
que oficiaban de gurúes de los grandes grupos económicos y que estaban
a la vanguardia de la especulación financiera, habían logrado
introducir una palabra mágica: inexorabilidad, que quería decir
precisamente eso: que el triunfo de la economía de mercado y de la
globalización constituían no sólo la expresión del éxito del
capitalismo más concentrado y liberal sino, en un sentido más amplio y
decisivo, el fin de la historia, el arribo a una época en la que
quedaban para siempre cerrados los conflictos políticos, las luchas
ideológicas y cualquier alternativa a las leyes sacrosantas del
mercado. Nada quedaba por hacer, apenas esperar que algo de la riqueza
infinitamente producida en los países centrales se derramase sobre
nuestras pobres sociedades tercermundistas. Un clima de resignación y
desasosiego dominó la escena hasta vaciar de contenidos antiguas y
venerables posturas intelectuales que se resistían a esta clausura de
la historia. Lo que quedaba herido de muerte era la posibilidad de
imaginar alternativas políticas y económicas capaces de introducir
demandas de equidad en el interior de sociedades brutalmente
desiguales.

Lo inesperado ocurrió, sin embargo, en Latinoamérica cuando desde la
Venezuela de Chávez, pasando por el Brasil de Lula, la Argentina de
Kirchner, la Bolivia de Evo Morales, el Uruguay de Tabaré, el Ecuador
de Correa (y ahora el triunfo del ex obispo Lugo en el Paraguay
poniendo fin a la hegemonía salvaje de los colorados y abriendo una
luz de esperanza para un país destruido por décadas de dictadura y
gobiernos corruptos) comenzaron a hacerse sentir no sólo nuevas
perspectivas que parecían olvidadas, sino que regresó con insistencia
lo que quisiera definir como la cuestión de la política allí donde se
iniciaron procesos complejos, de acuerdo con cada país y con cada
proyecto, de redefinición del papel del Estado en la regulación de las
economías, asociado todo esto con ciertos modos de la participación
popular que podían aparecer como anacrónicos respecto de los vientos
dominantes de la época.

América latina, y Argentina no fue la excepción, giró hacia posiciones
que muchos calificaron de "populistas" pero que, en líneas generales,
tenían más que ver con un freno al abusivo dominio del neoliberalismo
que con el retorno efectivo a modelos que hundían sus raíces en el
primer peronismo, en el varguismo brasileño o en el cardenismo
mexicano de los cuarenta. Se trató, más bien, de la introducción de
políticas gubernamentales en disonancia con la retirada del Estado y
fuertemente inclinadas a redefinir la lógica de la distribución de la
riqueza en un continente que había visto cómo en los últimos veinte
años las cifras de la desigualdad alcanzaban niveles escandalosos, los
más altos del planeta, acrecentando exponencialmente la pobreza y la
marginación. Frente a ese cuadro algo comenzó a sacudirse en el cuerpo
sudamericano y eso que se inició tímidamente pasó a convertirse en
insoportable para la lógica del establishment. Hugo Chávez se
convirtió en el diablo, en el nuevo comeniños una vez derrotado el
comunismo, Evo Morales tuvo y tiene que lidiar con las conspiraciones
separatistas de los nuevos ricos de Santa Cruz de la Sierra mientras
profundiza la política de nacionalización de los hidrocarburos, a Lula
la prensa intentó desbancarlo pero no lo logró, Correa fue jaqueado
por la invasión colombiana –vanguardia de la política de Estados
Unidos hacia nuestro continente– y el gobierno de Cristina Fernández
sufrió la poderosa embestida de los dueños de la tierra acompañados
por los grandes medios de comunicación que asumieron, claramente, un
rol de oposición (de derecha) allí donde esta última carece de
cualidades y condiciones para serlo.

En definitiva, se trató y se trata del retorno de la política, de la
instalación en la escena latinoamericana de una gramática que parecía
olvidada y que respondía a otra época de la historia. Una rareza en un
tiempo dominado por la economía y sus lógicas que suelen, por lo
general, desechar lo político en nombre de las más diversas formas de
la gestión y de las reingenierías sociales, esas que en los noventa
nos dieron un Collor de Melo, un Menem o un Fujimori. Tal vez por eso
deberíamos leer los últimos acontecimientos de la escena nacional
desde una perspectiva más amplia, entendiendo el papel y el lugar que
ocupó cada uno de los actores del conflicto, entendiendo que los
tiempos por venir estarán signados por esta disputa que, insisto, es
esencialmente política.

Si esto es así, si comenzamos a retornar a una escena política antes
devastada por la hegemonía del discurso económico neoliberal, una
hegemonía que desbarrancó la posibilidad misma de pensar desde
tradiciones emancipatorias alternativas a la lógica del capitalismo
salvaje, lo que es fundamental volver a discutir no es solamente las
modalidades de la intervención económica, sino los modos a través de
los cuales se podrá recrear al mismo tiempo un pasaje a la política de
la mano de una reinvención democrática sustentada en algo más que el
decisionismo kirchnerista; es decir, de qué modo las políticas de
transformación ligadas a la redistribución efectiva de la riqueza, al
mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores populares y a
la ampliación del rol regulador del Estado se conjugan con la
emergencia de amplios movimientos sociales que se constituyan en base
de apoyo de esas políticas.

Entre las debilidades del Gobierno quizá la más evidente y
problemática sea precisamente la que nos remite a una base de
sustentación social de un proyecto que todavía no termina de
delinearse, pero que tímidamente parece apuntar hacia una refundación
estatal ligada a un modelo económico en disputa con la hegemonía
neoliberal. Pero, sin esa base social y política de sustentación, las
perspectivas de éxito son muy limitadas, y esto más allá de los
avances reales que se puedan seguir dando en el plano económico. Los
acontecimientos de las últimas semanas, la ferocidad con la que la
derecha mediática asociada con los dueños de la tierra y los
imaginarios reaccionarios de amplios sectores de las clases medias
embistieron contra el Gobierno en una época de bonanza económica, de
crecimiento espectacular del PBI y del consumo, puso en evidencia el
núcleo de la debilidad gubernamental, una debilidad nacida de la
incapacidad de generar, hasta ahora, un genuino acompañamiento
popular. Es en este sentido que cualquier medida que se tome deberá
comprender esa necesidad de interpelación y reconocimiento sabiendo
que la profundización de políticas signadas por la búsqueda de mayor
equidad se topará con la violenta oposición de las clases dominantes
que no están dispuestas a renunciar a ninguno de sus privilegios ni a
aceptar que la historia, ya clausurada de acuerdo con su propia visión
del mundo, pueda, nuevamente, ponerse a andar en otra dirección.

Salir de los noventa, de la lógica de la resignación que invadió
nuestras sociedades, supone volver a discutir el entramado de economía
y política al mismo tiempo que no se debe ni puede invisibilizar la
profunda derrota cultural de las visiones progresistas ante la brutal
naturalización del imaginario liberal; un imaginario que modificó
conductas sociales, formas de la sensibilidad, prácticas culturales y
modos de ver el mundo pulverizando, en muchos casos, la tradición de
los oprimidos. Por eso, no es cuestión, exclusivamente, de insistir
con un discurso neodesarrollista o afincado en la lengua de los
economistas, un discurso de las cifras y de los escenarios
productivos; se trata, por el contrario, de politizar la economía, de
inscribirla nuevamente en el interior de un proyecto de transformación
que sepa dejarse interpelar por los sujetos de las injusticias, por
aquellos sin los cuales todo proyecto será apenas una pura
manifestación de deseos altruistas sin base genuina de sustentación y
profundización.

* Ensayista, filósofo, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-103563-2008-05-05.html

-- 

Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría


Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular