[R-P] El restablecimiento de la IV Flota
Fernando lavayén
fernando.lavayen en gmail.com
Dom Mayo 4 08:34:25 MDT 2008
Si alguien tiene dudas sobre la importancia que tiene la noticia, para el
futuro de la política latinoamericana que lea el siguiente editorial de La
Nación del 2 de mayo.
RECOMIENDO ANTES TOMAR ALGUN REMEDIO PARA LAS NAUSEAS.
"Si bien el Caribe, América Central y América del Sur no entrañan los
riesgos de Irak ni de Medio Oriente, el anuncio del restablecimiento de la
IV Flota podría implicar, en realidad, ----la visión prospectiva de una
región que, más allá de haber sido inofensiva para las otras y dañina para
sí misma en las últimas décadas, estaría expuesta a emular a otras que, en
su momento, tampoco parecían peligrosas.------ Sobre todo, si no repele como
corresponde determinadas actividades ilegales que encuentran en la
corrupción de no pocos estratos de la sociedad su pista aceitada."
"Si uno no tiene nada que ocultar, tampoco debe temer que, dentro del
respeto a la soberanía y las leyes, los Estados Unidos procuren patrullar la
zona para protegerse a sí mismos. En caso contrario, sería prudente que los
gobiernos de la región se pregunten qué hacen para ser vigilados y, en
cierto modo, controlados en forma tan estricta. "
Fernando L.
La Nación
El restablecimiento de la IV Flota
Viernes 2 de mayo de 2008 | Publicado en la Edición impresa
No debe ser tomado a la ligera el anuncio del Pentágono sobre el
restablecimiento de su IV Flota, disuelta en 1950. Su misión será vigilar
buques, aviones y submarinos que transiten por el Caribe, América Central y
América del Sur con el fin de emprender, en conjunto con fuerzas armadas de
otros países, tareas de contingencia, de cooperación y, si es necesario, de
combate contra el narcoterrorismo y las actividades ilícitas.
La IV Flota, equipada con un portaaviones nuclear, coordinará sus
actividades con el Comando Sur de las Fuerzas Navales de los Estados Unidos,
establecido en Mayport, Florida. Está previsto que comience a operar el 1°
de julio próximo. Frente a ello, los gobiernos de Cuba y de Venezuela han
expresado su rechazo ante la presunta intención del Pentágono de "asustar" y
"amenazar" a la región, de modo de "mantener el poderío económico, político
y militar".
Esa visión sesgada del restablecimiento de la IV Flota puede tener dos
lecturas: una, la política, indicaría que ambos gobiernos temen que se trate
de una intromisión y que, por más que digan a coro que "no nos asustan",
prefieren mantener a raya el poderío naval norteamericano; la otra, la
práctica, indicaría que ambos tienen algo que ocultar y no se sienten
cómodos ante la posibilidad de verse expuestos a la mirada indiscreta de los
Estados Unidos y de sus vecinos regionales.
El restablecimiento de la IV Flota tendrá connotaciones en la Argentina,
Brasil y Chile, cuyos militares se aprestan a realizar ejercicios con los
norteamericanos. Esto es positivo, sobre todo en momentos en los cuales se
esperan gestos de Washington tras la frialdad en las relaciones con el
continente que sellaron los atentados terroristas del 11 de septiembre de
2001 en virtud de otras prioridades, como las guerras contra el régimen
talibán en Afganistán y contra Irak.
Esta decisión no parece ser aislada ni tener un plazo fijo, como el gobierno
de George W. Bush, en enero de 2009. Se trata de una decisión acordada entre
el Pentágono y el poder político que ha coincidido con el problema
diplomático tripartito derivado del bombardeo por parte de Colombia de
territorio ecuatoriano en el cual fue liquidado el segundo de las Fuerzas
Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Raúl Reyes. En él estuvieron
involucrados tanto ambos países como Venezuela.
Evidentemente, el factor Hugo Chávez, con sus arengas contra los Estados
Unidos, su defensa de las FARC y su propio equipamiento militar -capaz de
romper el equilibrio regional-, ha influido en esta fuerte señal que los
Estados Unidos quisieron transmitir a la región. La consecuencia cercana
será la disposición para el desplazamiento de naves de gran porte, entre las
cuales se cuentan submarinos, y la incorporación de oficiales y
suboficiales, como ocurre con la V Flota, en el Golfo Pérsico, y la VI
Flota, en el Mediterráneo.
Si bien el Caribe, América Central y América del Sur no entrañan los riesgos
de Irak ni de Medio Oriente, el anuncio del restablecimiento de la IV Flota
podría implicar, en realidad, la visión prospectiva de una región que, más
allá de haber sido inofensiva para las otras y dañina para sí misma en las
últimas décadas, estaría expuesta a emular a otras que, en su momento,
tampoco parecían peligrosas. Sobre todo, si no repele como corresponde
determinadas actividades ilegales que encuentran en la corrupción de no
pocos estratos de la sociedad su pista aceitada.
Sin ser el destinatario de estas sospechas, Chávez ha dado sobradas muestras
de que, con sus acuerdos con Irán y otros Estados poco amistosos y con sus
desmesuradas compras de armas, no planea regodearse a solas con su
socialismo del siglo XXI y contemplar desfiles militares en Caracas. A su
vez, la crueldad de las FARC y sus probados nexos con el narcotráfico
representan otra amenaza, apenas atenuada con el Plan Colombia (del cual
participan los Estados Unidos para la erradicación de cultivos).
Si se suman las insistentes voces que se refieren a terrorismo, tráfico de
drogas y de armas, y contrabando en la Triple Frontera, a pesar del control
del que se jactan los gobiernos de la Argentina, Brasil y Paraguay, el
restablecimiento de la IV Flota cobra un sentido mucho más amplio que sus
premisas iniciales, más asociadas con planes cooperativos que disuasivos.
Si uno no tiene nada que ocultar, tampoco debe temer que, dentro del respeto
a la soberanía y las leyes, los Estados Unidos procuren patrullar la zona
para protegerse a sí mismos. En caso contrario, sería prudente que los
gobiernos de la región se pregunten qué hacen para ser vigilados y, en
cierto modo, controlados en forma tan estricta.
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