[R-P] [E. Lacolla] La militarización de las Relaciones Internacionales
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Dom Mayo 4 06:26:46 MDT 2008
[En nuestros tiempos, las carreras de Relaciones Internacionales se
han puesto de moda. Como siempre, el ave de la Diosa Sabiduría canta
al anochecer, porque en el mismo instante en que miles de jóvenes
intentan saber académicamente cómo se intervinculan los Estados en la
arena de la política y la diplomacia el guante raído de los buenos
modales va rompiéndose y debajo de los jirones aparece el puño de
hierro de la "ultima ratio regum". Es un gusto, como siempre, acercar
una nota de Enrique Lacolla a la lista. Y ahora, que ha sido
cesanteado para que no hable, es un gusto y un deber.]
La militarización de las relaciones internacionales
por Enrique Lacolla
3.05.08
La difusa dictadura de los medios masivos de comunicación, oculta o
más bien disimula la naturaleza de las tendencias que más gravitan
para decidir las líneas de acción estratégicas en el mundo de hoy.
Todo parece reducirse a la lucha contra el "terrorismo" o el
narcoterrorismo. Con esta etiqueta, a la que con frecuencia se suele
adosar una presunta lucha por los derechos humanos, el imperio
norteamericano y sus aliados están militarizando las relaciones
internacionales a una escala desconocida desde los tiempos previos a
la segunda guerra mundial.
Los objetivos de esta política militar son ilimitados. Irak,
Afganistán, Irán, son apenas los frentes de tormenta de un intento
hegemónico de relieves mucho más vastos y que avanza como una
apisonadora, más allá de los eventuales altibajos que puedan
producirse en su marcha. Su propósito es el dominio del mundo para
constreñirlo dentro de los patrones de una globalización concebida a
la medida y a la conveniencia de las regiones desarrolladas del
planeta.
Para conseguir esto es necesario destruir los núcleos de resistencia
que puedan oponerse al proyecto económico del neoliberalismo o
reducirlos a acomodarse a este, abdicando toda posibilidad de
desarrollo independiente de parte de las naciones inconclusas. Una
llave maestra para conseguir este objetivo es vaciar por dentro los
Estados nacionales y fomentar su fragmentación, aprovechando las
eventuales cesuras, las posibles grietas, que puedan determinar la
fractura de su unidad. Hasta ahora, el más claro ejemplo de esta
tendencia fue la partición de Yugoslavia, primer ensayo de esta
táctica a partir del derrumbe del bloque del Este y del hasta entonces
relativo equilibrio bipolar. Pero en estos momentos podría estar
tocándonos el turno en América latina.
Estados Unidos y la Unión Europea colaboraron en la tarea de
desarticular Yugoslavia, lo que dio lugar a una guerra sangrienta. Ese
proceso culminó recientemente con la declaración unilateral de la
independencia de la República de Kosovo, la sexta provincia de la ex
Yugoslavia que proclama su separación de Serbia, hasta los años '90 el
factor aglutinante de una nación multiconfesional y multiétnica cuya
existencia la convertía en un elemento ponderador del área geopolítica
que se irradia desde los Balcanes.
El control de Kosovo por la alianza noratlántica tiene objetivos muy
claros para la agenda geoestratégica de Estados Unidos. En primer
término consiente un mejor control sobre los potenciales oleoductos y
gasoductos que irían desde el Mar Caspio y el Medio Oriente hasta la
Unión Europea, y el control de los corredores marítimos que vinculan a
esta con el Mar Negro. Pero también protegerá la ruta del comercio de
heroína, cuya producción se ha multiplicado a partir de la ocupación
de Afganistán por Estados Unidos, según lo admiten los observadores de
las Naciones Unidas.
Pues, aunque suene paradójico, tanto la CIA como los circuitos
bancarios internacionales tienen interés en proteger ese tráfico al
que condenan de labios para afuera. La CIA porque deriva de él grandes
ganancias para financiar sus operaciones encubiertas, y los segundos
porque con ellas aceitan el flujo de capitales.
Pero la gigantesca pinza que se diseña sobre el Medio Oriente desde el
Asia central a los Balcanes, y que gravita en última instancia contra
Rusia y China, tiene otras proyecciones, listas a ser activadas a
fondo cuando sea necesario o cuando la situación sea propicia. En
América latina tenemos mañana el referéndum autonomista de Santa Cruz
de la Sierra, en Bolivia, lanzado en forma ilegal por los
secesionistas santacruceños, que arroja la sombra de la disgregación
sobre ese país. Este asunto es gravísimo, y puede significar el punto
de partida para una desestabilización sudamericana que ya quedó
insinuada con la incursión colombiana contra un campamento de las FARC
en Ecuador.
También hemos tenido, poco tiempo atrás, la declaración oficial de la
reactivación de la Cuarta Flota estadounidense, consagrada a la
"custodia" de las aguas del Mar Caribe.
Esta unidad de la Armada norteamericana había sido disuelta como una
organización operativa después de la segunda guerra mundial, cuando
había servido como estructura dirigida a combatir la acción de los
submarinos alemanes en esas aguas. El poder estadounidense en esa zona
siguió siendo abrumador, desde luego, como dieron cuenta las
intervenciones en Guatemala, Santo Domingo y Panamá, por ejemplo.
Para no hablar de la inminencia de una invasión a Cuba en ocasión de
la crisis de los misiles en 1962. Pero ese poder de intervención era
cosa sabida y que no requería de una pantalla ofensiva -disfrazada de
defensiva- en esos lugares. Por mera presencia, Washington campaba por
sus respetos.
La callada pero ascendente preocupación por el control de los recursos
naturales no renovables –petróleo y agua, fundamentalmente-, el
ascenso de un gobierno popular en Venezuela y las incipientes luchas
latinoamericanas para escapar del abrazo de hierro de la
globalización, han hecho sin embargo que el Imperio vuelva a mirar
hacia el Sur con un talante más declaradamente agresivo. Los pretextos
sobre los cuales se instala esa agresividad son el narcotráfico, el
combate al terrorismo, los "derechos humanos" y, por qué no, un
argüído respeto hacia los "pueblos originarios". Esto es, el combate
por un mundo más limpio y más democrático.
Cómo se compaginan estos objetivos con el sostenimiento y el fomento
de gobiernos turbios como el albanés o regresivos como el de Arabia
Saudita y las monarquías de los emiratos petroleros del Golfo; con el
fogoneo de los separatismos, con el Plan Colombia y con las
aspiraciones a controlar los recursos de la Amazonia, son misterios
que no se aclaran.
Para ocultarlos bajo la nube de humo de la información desjerarquizada
o del comentario superficial, están los monopolios de la comunicación.
Luchemos, pues, por ensanchar los espacios de la libertad de expresión
que nos quedan. A partir de ellos se podrá ir fundando un proyecto de
recuperación de nuestra propia identidad. Y, en consecuencia, de la
formulación de nuestros propios objetivos en el mundo y en el tiempo.
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Néstor Gorojovsky
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